Portada :: Feminismos :: Ecofeminismo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2019

Ecofeminismo & Transicin energtica
La transiccin energtica ser feminista o no ser

Cristina A. Saavedra
http://eltopo.org/

La autora hace una aproximacin crtica y holstica a la transicin energtica desde un punto de vista ecofeminista, decolonial y anticapitalista.


De qu hablamos cuando hablamos de energa?

La concepcin de la energa es cultural. Si buscamos su definicin en la Wikipedia, nos encontramos con que, desde las ciencias de la tecnologa y la economa, se refiere a un recurso natural, incluyendo a la tecnologa asociada para poder extraerla, transformarla y darle un uso industrial o econmico. Buen ejemplo de ello sera el petrleo.

Sin embargo, existen sociedades radicalmente distintas que consideran a este ltimo como la sangre de la Tierra. Un ejemplo de ello son los Uwa, habitantes de las profundas selvas del oriente colombiano, que amenazaron con un suicidio colectivo si su territorio era intervenido por la industria petrolera. Bajo su cosmovisin promovan su lema: El petrleo es ruira y ruira es la sangre de la Madre Tierra tomar el petrleo es para nosotros como matar a nuestra propia madre.

La energa, por tanto, va mucho ms all de un concepto fsico que se mide en julios, pues es un elemento tambin social, poltico, econmico y cultural. No se puede entender sin el contexto en el que se usa y se extrae.

En trminos generales, la energa que consumimos podemos agruparla en la producida por los propios cuerpos endosomtica a partir principalmente de la alimentacin. Y la generada fuera de estos exosomtica. Los debates actuales de expertxs en transicin energtica ponen el foco, no casualmente, en esta ltima.

De esta forma se invisibilizan una serie de flujos energticos necesarios para el mantenimiento del actual modelo econmico-energtico y, sobre todo, de la vida. Aqu nos encontramos con los trabajos de cuidados, llevados a cabo de forma mayoritaria e injusta por cuerpos feminizados. Estos trabajos comprenden una parte material, como puede ser la preparacin de alimentos, entre otros. Pero tambin una parte relacional y emocional tan reclamada por el movimiento feminista: necesitamos amor y afectos para vivir. Esto tambin es energa, y de la buena.

Un modelo que expolia territorios y cuerpos

Sin embargo, como decimos, el discurso dominante se centra en la energa exosomtica. Histricamente siempre ha estado presente el fuego producido por la combustin de la madera en un primer momento, despus turba, carbn, petrleo y gas, siendo tambin antiguo el uso de las energas renovables de origen solar. Pero recientemente ha cobrado especial importancia un vector energtico: la electricidad, pudiendo utilizarse esta como trabajo, calor y luz.

As, este vector se ha tornado tan importante que se han llegado a crear grandes monopolios en torno a su control. Ello se ha traducido en una lucha sin fin por el dominio de los recursos materiales y del territorio, as como del cuerpo de otras personas.

Sin embargo, esto no es nuevo. El control de la energa ha sido a lo largo de la historia el control de las fuentes (recursos y territorio) y de los vectores (trabajo humano y trabajo animal). Es imposible entender el momento actual de consumo energtico sin los procesos de colonizacin de los pases del Sur Global en su momento, y los de neocolonizacin actuales. Un ejemplo de estos son los tratados de libre comercio (TTIP, TISA o el CETA) que afectan de forma agravada a la poblacin femenina, as como a otros colectivos en una situacin vulnerable.

Entre los muchos derechos que se pierden con ellos, se encuentran los energticos y la construccin de la soberana energtica de los pueblos, que se ve amenazada por la acentuacin del modelo fsil y mercantilizado, la posibilidad de ampliacin de la frontera extractiva (fracking, arenas bituminosas, etc.). Adems de la amenaza que suponen estos tratados y polticas para los procesos de remunicipalizacin de los suministros, ya que facilitan el terreno para que las empresas lleven a los Estados y administraciones ante los tribunales de arbitraje (ISDS).

La consecuencia directa de estos impactos es que aumenta la vulnerabilidad y hace falta cuidar todava ms. Los impactos del modelo energtico y socioeconmico nos muestran cmo degradamos el planeta a la vez que excluimos ms vidas, precarias y abandonadas a su propia suerte o a la de las personas de su entorno, que las acaban sosteniendo. A la vez, en contextos de precariedad se acenta la bsqueda de apoyo en redes de soporte mutuo que pide una mayor inversin de tiempo en tareas de cuidados, que principalmente asumen las mujeres.

La historia de la humanidad puede ser detallada, por tanto, a partir del funcionamiento de las sociedades y sus ciclos energticos. Estos se basan en el agotamiento de unos recursos y en una fe ciega en la tecnologa para que invente una nueva forma de acceder a ellos. A travs de esta visin se invisibiliza el lmite de los recursos tanto del planeta como de las personas y de las externalidades que estos procesos conllevan: crisis alimentarias, conflictos medioambientales, guerras, etc., all donde la poblacin cada vez es ms vulnerable y necesita mayor asistencia. Se solapan de esta forma la crisis ecolgica con la crisis de cuidados.

Unido a todo ello se suma la creencia de que, ante la superacin de los lmites fsicos del planeta debido a los altos consumos energticos, la solucin estar una vez ms en la tecnologa. Adems, ante percepciones de mejoras basadas en la creencia de que si algo es bueno, entonces ms de lo mismo ser mejor, aceptamos el crecimiento continuo de la produccin, de la movilidad, del consumo y del comercio internacional. Incluso en ocasiones, las alternativas que se presentan desde este paradigma como sostenibles, pueden tener efectos negativos en el bienestar humano y del planeta.

Un ejemplo de esto ltimo es el caso de los biocombustibles: si bien en cantidades pequeas podran jugar un papel importante para garantizar las necesidades de movilidad en unas sociedades que limitaran su transporte, en un marco como el actual, su generalizacin resulta fsicamente imposible. Adems, sus implicaciones ecolgicas y sociales (deforestacin y hambre) pueden ser mucho ms desastrosas que afortunados sus pretendidos beneficios.

A pesar de todo ello, el debate actual sobre la transicin energtica, vuelve a centrarse en una sustitucin tecnolgica: energas renovables. Sin embargo, est comprobado que si bien estas energas sern necesarias, no son la solucin, ya que el equilibrio energtico del planeta depende tambin de la energa que llega del Sol. Adems, los sistemas de captacin de stas dependen de unos materiales finitos y por tanto no puede asegurarse su permanencia en el tiempo. Con lo que, aunque sern tiles, la solucin que se hace urgente debe contemplar un decrecimiento energtico en el Norte Global.

Propuestas ecofeministas desde la energa

As, parece que las dimensiones ms relevantes a abordar para una transicin sostenible y justa son: (1) cambio de matriz productiva hacia energas renovables descentralizadas, esto es, produccin a pequea escala y cerca del punto de consumo, (2) un descenso del consumo en el Norte Global y (3) la construccin de un modelo basado en la justicia, la participacin y la soberana energtica. Esta ltima reside en la capacidad de una comunidad de gestionar la produccin de la energa que consume. Esto se contrapone a cualquier modelo de produccin centralizado y en manos de pocas personas o empresas.

Sin embargo, desde una lgica ecofeminista se va ms all. De igual forma que por parte del ecologismo se denuncia la explotacin de la naturaleza al considerarla como recursos infinitos apropiables, el feminismo pone encima de la mesa la explotacin de los cuerpos feminizados, los cuales han sido, y siguen siendo, fuentes energticas indispensables para el sistema. Ambos paradigmas se unen y confrontan a travs del Ecofeminismo que propugna un modelo econmico ligado a la sostenibilidad de la vida, humana y no humana.

Por ello, al hablar de energa, la propuesta ecofeminista la considera como un bien pblico y un derecho social y por tanto es imprescindible priorizar su uso para abastecer de manera equitativa las necesidades bsicas de la poblacin. Por lo que habr que preguntarse: qu necesidades sociales tenemos?, cules son los trabajos que estn sosteniendo la vida?, y los necesarios para garantizar vidas dignas? Abastecer estas necesidades y trabajos debera ser la prioridad esencial en la distribucin energtica, por encima de la obtencin de beneficios econmicos.

El cambio cultural se torna entonces clave en todo este proceso. Es necesaria una combinacin de experimentacin y reflexin, de crtica y pedagoga. Como se seala desde el pensamiento crtico ecofeminista, el hecho de que los seres humanos vivamos de espaldas a nuestra supervivencia viene determinado principalmente por dos elementos articuladores de nuestra cultura: la desvalorizacin de los trabajos de cuidados, promovida por el patriarcado, y el tratamiento de la naturaleza como recurso apropiable, desde el antropocentrismo.

Es hora de que las sociedades europeas (y otros sectores del Norte) se empiecen a cuestionar tambin el sistema cultural. Es necesario aprender de otras experiencias y saberes de distintas latitudes que nos pueden proporcionar enseanzas bsicas para nuestra propia supervivencia y para la construccin de un modelo centrado en el mantenimiento de la vida, tambin en el energtico.

Para ello, una vez ms, el papel de las mujeres es primordial. Estas, junto con otros colectivos vulnerabilizados, son las que ms sufren los impactos de las polticas energticas neoliberales. La desigualdad de gnero es un factor de riesgo para sufrir pobreza energtica, o un obstculo para exigir la plena participacin y poder de decisin en los temas referidos a la energa. Factor que es interseccionado con otros como la edad, diversidad funcional, tipo de vivienda, municipio, pas o continente en el que se viva.

Sin embargo, tambin son ellas las que a partir de esas discriminaciones han creado experiencias nicas de superviviencia que pueden insertarse en proyectos emancipadores. Debido a sus papeles de cuidadoras, poseen un conocimiento real y situado de las necesidades de abastecimiento energtico de sus comunidades y de cmo afrontarlas manteniendo adems una relacin armoniosa con los ecosistemas donde viven.

La Red de Mujeres por una Transicin Energtica Ecofeminista

As, conociendo el modelo energtico actual, siendo conscientes de las ausencias presentadas y del camino ya construido pero no suficiente, desde el ecofeminismo proponemos nuevas maneras de relacionar las necesidades energticas con los recursos naturales.

Sin embargo, como hemos visto, este modelo actual adems de oligoplico, ecocida e injusto, es machista y falocrtico. Y de esto ltimo no se habla. Ello supone que, tanto en los espacios de poder del sector elctrico tradicional, como en aquellos en los que se estn articulando propuestas de cambio de modelo, se reproducen conductas y prcticas que profundizan en las desigualdades y crean barreras a nuestra participacin como mujeres.

Todo ello, unido a la creacin de la comisin de 14 expertos todos hombres, seleccionados por el Gobierno, oposicin, CCOO y UGT en 2017, colm el vaso de la indignacin comn de mujeres profesionales y activistas de la energa. Y siguiendo la premisa de defender la alegra, organizar la rabia, se llev a cabo el I Encuentro de Mujeres sobre Género y Energía, en el 2018 en Bilbao.

All nos reunimos hasta 150 mujeres de diversos territorios, demostrando que la masculinizacin de los espacios de mayor visibilizacin del sector elctrico, poco tiene que ver con la ausencia de mujeres y mucho con la falocracia imperante en este campo.

De ah surgi la Red de Mujeres por una Transicin Energtica Ecofeminista, sustentada por la elaboracin de unos principios de identidad y con acciones llevadas a cabo, como el manifiesto En energía, no sin mujeres, cuyo objetivo es promover la presencia pblica femenina en los eventos del sector.

Otra accin destacada ha sido la creacin de una base de datos de mujeres expertas en energa, para visibilizar que no hay ni una, ni dos, ni catorce; sino muchas ms. Y donde entendemos que el adjetivo experta tiene mucho ms que ver con la persona que trabaja para acabar con la pobreza energtica que con la que sabe del negocio pero poco hace por cubrir las necesidades de la gente.

Por ello, tanto en el encuentro de Bilbao como en su continuacin a travs de la Red, no hablamos de precios, ni de cmo extraer ms cantidad de combustible fsil a menor coste. No. Hablamos de impactos diferenciados, de solidaridad con las mujeres y de los territorios expoliados; de cmo relacionar los cuidados de las personas con los cuidados al planeta Hablamos, en resumen, de la vida, en el centro.

 

Cristina Alonso Saavedra. Ingeniera superior industrial, investigadora y activista ecofeminista. Integrante de la Red de Mujeres por una Transicin Energtica Ecofeminista

Fuente: http://eltopo.org/el_topo/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter