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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-08-2019

El andalucismo, en el 83 aniversario del asesinato de Blas Infante

Isidoro Moreno
Rebelin


Se cumplen 83 aos del asesinato de Blas Infante, perpetrado en la noche del 10 al 11 de agosto de 1936 en el kilometro 4 de la antigua carretera de Carmona, a las afueras entonces- de Sevilla. Desde la Fundacin que lleva su nombre, como se hace anualmente, se ha convocado a todas las asociaciones, colectivos, entidades y personas que lo reconocen como Padre de la Patria (quiz mejor Matria) Andaluza a participar en la ofrenda floral y el acto conmemorativo. La convocatoria es abierta, apartidista y no institucional, es decir, no la protagoniza ningn partido poltico (aunque algunos puedan estar presentes), ni ayuntamientos ni otras instituciones (aunque algunos de sus miembros puedan asistir) y la Fundacin solicita que si est presente algn personaje mediticamente conocido rehuse a convertir la ocasin en una oportunidad para hacer publicidad poltica de ninguna sigla, para que no haya otros protagonistas que Blas Infante y el Pueblo andaluz.

En los ltimos aos, no faltan crticas por el hecho de que participen en la ofrenda (casi siempre con bajo perfil) algunas organizaciones cuya visin de Andaluca no se corresponde con el pensamiento infantiano. All ellas con sus contradicciones. La Fundacin no se autoadjudica el privilegio de repartir carnets de andalucismo, ni en el acto, a pesar de realizarse en terrenos que son de su propiedad, al igual que el monumento, ha querido aplicar ningn derecho de admisin. Hacerlo sera contrario a los continuos llamamientos que, durante toda su vida, realiz Infante dirigindose sin excepcin a todos los andaluces para unirse por el ideal de una Andaluca grande y redimida. La asistencia, por consiguiente, es libre aunque sera una provocacin incalificable que acudieran individuos o grupos que desprecian, insultan o manipulan al homenajeado o hacen ostentacin de los smbolos de aquellos que lo asesinaron.

Convendra recordar, para que nadie se llame a engao ni tenga tentaciones oportunistas, que la sentencia que un inicuo Tribunal de Responsabilidades Polticas dict contra Infante, casi cuatro aos despus de su asesinato, dice que le fue aplicado el Bando de Guerra por revolucionario y por andalucista: porque form parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los aos sucesivos hasta 1936 se signific como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz. Aunque esto ltimo no responde exactamente a la realidad, porque nunca trat de crear un partido poltico, ya que consideraba a estos como mquinas electoreras gobernadas internamente de modo caciquil, s es muy cierto que la calificacin que ms cuadra al idelogo nacido en Casares es la de andalucista revolucionario. Se da la paradoja de que sus verdugos tenan ms claro el por qu lo asesinaron que algunos de quienes hoy repiten su nombre lo tienen de por qu lo hacen. Ello hace an ms necesaria la presencia en ese acto, sencillo y siempre emocionante, de los andaluces y andaluzas de conciencia: de quienes entienden el andalucismo como palanca para la transformacin revolucionaria (es decir, radical y a la vez pacfica) de esta nuestra nacin por obra de los propios andaluces.

Es evidente, sobre todo para quienes tenemos ya ms de sesenta aos, que el grado de conciencia andalucista es hoy menor de la que emergi el 4 de diciembre de 1977 y se ratific el 28 de febrero de 1980. Hay periodos que constituyen una aceleracin histrica de la conciencia a la vez de clase y de pas, y aquel fue uno de ellos. Andaluca, que era el mayor problema social del estado espaol, amenazaba por convertirse tambin en principal problema poltico al acentuarse la conversin del sentimiento andaluz (que siempre ha sido y es muy amplio) en conciencia nacional andaluza. Ello pona en peligro los objetivos de la reforma poltica pactada entre los reformistas del franquismo y la oposicin reformista -que no rupturista- de este y por ello fue neutralizado su potencial mediante pactos de estado y utilizando los instrumentos de la propia autonoma. Y vaciando los smbolos de su verdadero significado, incluyendo en este apartado al propio Blas Infante.

Creo imprescindible recordar esto porque solo desde un anlisis adecuado del pasado, abierto a la autocrtica, es posible situarse adecuadamente en el presente y orientarse sin anteojeras oportunistas o sectarias ante el futuro. No solo de un futuro como meta: esa Andaluca Libre por la que muri Blas Infante, una Andaluca basada en la equidad, sin desigualdades estructurales de clase, de gnero y tnicas, en unas relaciones sociales radicalmente democrticas en todos los mbitos de la existencia, en el desarrollo creativo de nuestra cultura y en la soberana colectiva y personal, sino tambin del futuro como camino para llegar a esa meta.

Lo anterior nos introduce necesariamente a todos los andalucistas en el debate sobre el qu hacer, aqu y ahora. Sin duda, existen diversas estrategias y tcticas sobre qu y cmo hacer. Lo que no es nuevo. Ya Blas Infante tuvo que enfrentarse a esta cuestin crucial. Nos dej escrito que haba, entre los andalucistas de su poca, quienes eran partidarios de priorizar el acceso a mbitos de poder: la consecucin de instrumentos polticos institucionales para desde ellos activar la conciencia andalucista. Y haba quienes optaban por privilegiar, antes que esto, la labor didctica, multidimensional y la prctica no solo poltica para desarrollar la conciencia de pueblo a travs de la difusin de la identidad histrica y cultural de Andaluca para, desde esa base, y en estrecha relacin con los gravsimos problemas sociales y culturales que sufrimos, debidos principalmente a nuestra situacin de colonia interna, primero de Castilla y luego del heredero de esta, el estado espaol -dependencia econmica, subordinacin poltica y alienacin cultural- hacer emerger una potente conciencia nacional. Infante, sin rechazar ninguna de las dos vas, sealaba que haba que ocuparse antes de nada de consolidar en las conciencias el Ser de Andaluca, porque sin que este fuera potente el acceso a instrumentos de Poder sera poco eficaz y posiblemente efmero. A buen seguro, su propia experiencia, las veces que se aventur en empresas electorales junto a, o incrustado en, partidos estatales aunque estos se proclamaran federalistas- tendra bastante que ver con este posicionamiento.

Personalmente, me inscribo en esta lnea. Despertar a Andaluca, como trat de hacerlo en su tiempo Infante durante las dos dcadas de su produccin y actividad poltica, vuelve a ser hoy la tarea fundamental tras ms de treinta y cinco aos de anestesia inyectada a los andaluces para desidentificarnos y hacernos creer que somos tal como les interesa que creamos que somos a quienes se benefician de nuestra alienacin, subordinacin y dependencia. Y este despertar difcilmente lo lograremos a golpes de eslganes polticos por ms justos y evidentes (para nuestro imaginario ideolgico) que estos puedan ser. Tampoco recogiendo las migajas electorales que puedan ofrecernos organizaciones que no tienen a Andaluca como sujeto poltico central, a cambio de verdiblanquear sus fachadas o sus papeletas de voto. Entiendo que, sin rehusar a utilizar los instrumentos institucionales, sobre todo a nivel local cuando ello sea posible y conveniente -el municipalismo ha sido, desde el siglo XIX, un eje central del andalucismo y Blas Infante contemplaba a Andaluca como un anfictionado (una confederacin) de municipios y cantones (comarcas)- , el esfuerzo principal deberamos ponerlo en impregnar de andalucismo, a la vez histrico, cultural y poltico, a la sociedad civil andaluza y a sus asociaciones y colectivos, de todo tipo, que no sean correas de transmisin de intereses u organizaciones ajenos y generalmente contrarios- a ese objetivo de despertar a Andaluca. Mostrar, a travs de nuestra prctica, que, en el caso andaluz, como en el de todo Pueblo, tenga o no estructuras estatales, las luchas sociales y la lucha nacional son dos dimensiones indivisibles de una misma lucha. Porque la emancipacin personal no ser posible sin la liberacin colectiva nacional, ni esta sin aquella.

Por supuesto, nadie tenemos la verdad absoluta en relacin al qu hacer y de ah la necesidad de dilogo sincero, democrtico y respetuoso entre las diversas familias andalucistas. Dilogo que debera producirse distancindonos todos de sectarismos, oportunismos y estriles personalismos. Superando las desconfianzas y los sentimientos de agravio o de supremacismo. Difcil, quiz muy difcil, ms an en una poca de gran fragmentacin. Pero imprescindible. El homenaje conjunto a uno de nuestros smbolos compartidos, al que todos reconocemos la condicin de maestro y mximo idelogo poltico, Blas Infante, en este 83 aniversario de su asesinato, podra ser una buena ocasin de mostrar nuestra disposicin por emprender este difcil camino del dilogo. Como tambin podra ser el prximo 4 de Diciembre la meta inmediata para mostrar en actos y en una o varias manifestaciones pblicas que el andalucismo sigue vivo y que ms gente de lo que muchos piensan siguen teniendo en la mente, y en el corazn, esa utopa que no quimera- de una Andaluca Libre formada por mujeres y hombres libres y en la que nadie sea extranjero. Que es la Andaluca por la que luch y muri Blas Infante va a hacer este sbado 83 aos.

Isidoro Moreno. Catedrtico Emrito de Antropologa Miembro de Asamblea de Andaluca

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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