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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-08-2019

Honduras y el narco-business as usual

Javier San Vicente
Rebelin


El pasado 2 de agosto se hizo pblico un documento presentado ante una Corte de Justicia de Nueva York, en el que fiscales federales acusan al actual presidente hondureo Juan Orlando Hernndez, a JOH a su antecesor Porfirio Pepe Lobo, a su hermano Tony Hernndez y a varias figuras clave de la poltica y la polica hondurea de ser coparticipes en una conspiracin para introducir cocana en los Estados Unidos. El documento contiene varias acusaciones ms, relacionadas con el asesinato de dos personas, financiacin de campaas polticas y del gobernante Partido Nacional, y la realizacin de maniobras para cesar a altos cargos policiales por suponer una amenaza para las actividades criminales de los acusados.

Estas revelaciones supusieron un exacerbamiento de la crisis poltica permanente en la que vive sumida Honduras desde el golpe de Estado de 2009, que se agudiz tras las cuestionadas elecciones de 2017 y con las movilizaciones sociales contra la privatizacin de la salud y la educacin que se han dado en los ltimos meses. La respuesta del gobierno fue la que se esperaba: en rueda de prensa el 3 de agosto el presidente compareca ante los medios para negar todas las acusaciones realizadas por la fiscala de Estados Unidos, atribuyendo los hechos a una conspiracin en su contra gestada por narcotraficantes perjudicados por su gobierno. No se produjeron dimisiones ni se va a realizar investigacin alguna.

Podr parece sorprendente fuera de Honduras que un gobierno se sostenga ante semejantes acusaciones, pero cuando se conocen los antecedentes el efecto sorpresa se diluye. Y es que los hechos contenidos en la acusacin presentada por el fiscal federal Emil J. Bove se basan en eventos que ya son de sobra conocidos en Honduras. Desde hace varios aos son continuas las noticias que llegan desde las cortes estadounidenses implicando a los principales cabecillas del Partido Nacional y las cpulas policiales y militares en el narcotrfico, siendo el documento hecho pblico el pasado 2 de agosto el ltimo episodio de una narconovela que se ha desarrollado ante el pblico hondureo e internacional bajo la mirada complaciente de Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional.

Desde hace dcadas el gobierno estadounidense, a travs de la CIA, la DEA y dems agencias cuenta con un inmenso equipo desplegado en Honduras, y colabora, si no es que controla, las labores de inteligencia, contrainteligencia y lucha contra el narcotrfico del estado hondureo. Ante esta situacin, lo lgico sera pensar que desde Washington han estado informados durante todos estos aos sobre el grado de penetracin del crimen organizado en las autoridades hondureas, lo que contradice totalmente las declaraciones y acciones del gobierno estadounidense, que oficialmente considera a Hernndez como un aliado.

El hecho de que el ejrcito hondureo se dedicase a derribar narcoavionetas, violando la legislacin estadounidense, obligando a la DEA a desconectar el nico radar capaz de detectar dichas naves no pareci convencer a Estados Unidos de que Lobo, Hernndez y su partido eran socios poco fiables en la lucha contra el narcotrfico. Tampoco import que se procesase judicialmente al hijo de Lobo y al hermano de Hernndez por trfico de drogas y armas a gran escala. Ni que al hermansimo del presidente se le llegase a acusar de conspirar para atentar contra el exembajador de Estados Unidos en Honduras James Nealon. Tampoco cambio el rumbo de las relaciones bilaterales las mltiples delaciones contra ministros y altos mandos de la polica y el ejrcito por parte de narcotraficantes presos en Estados Unidos. Con estos y muchos otros antecedentes, el 5 de agosto, el gobierno de Estados Unidos se reuni con Hernndez para reafirmar pblicamente la estrecha colaboracin y cooperacin entre el gobierno de Trump y el de Hernandez en materia de desmantelamiento de redes criminales internacionales.

Frente a esta situacin surgen varias preguntas: realmente existe una guerra contra el narcotrfico? Qu pretende el gobierno estadounidense lograr a travs de esa supuesta guerra? a algn pas o institucin internacional le importa en realidad la legalidad, la lucha contra la corrupcin o la defensa de la democracia y los derechos humanos? o simplemente las relaciones internacionales se basan en un discurso hipcrita que esconde el inters de mantener a quien sea en el poder con tal de que sea funcional a los dictados de las grandes potencias?

A estas alturas, resulta sorprendente que Juan Orlando Hernandez siga en el poder simplemente negando todas las acusaciones. Tambien lo es la total pasividad de la comunidad internacional ante todas las evidencias en contra del mandatario y su entorno. Aunque no se han producido actos de adhesin a Hernndez tan explcitos como el estadounidense desde otros estados, al da 7 de agosto ninguna embajada, u organismo internacional ha pedido explicacin alguna de lo acontecido ni tomado medida alguna.

Ante la actual situacin, habra que preguntar al gobierno espaol cmo valoran que con su cooperacin un gobernante acusado de narcotrfico haya logrado aprobar un Cdigo Penal que contiene una reduccin de penas del delito de narcotrfico, lavado de activos, y de varios delitos contra la corrupcin, al tiempo que abre la puerta a que se detengan las extradiciones de narcotraficantes hacia Estados Unidos. Tambin valdra la pena preguntar a la Unin Europea si han valorado el efecto de su cooperacin con Honduras, bajo la modalidad de apoyo presupuestario, el ms favorable para el gobierno. Sobre todo, teniendo en cuenta que existen redes de corrupcin a gran escala al interior de la administracin hondurea que ya han empleado fondos de la cooperacin internacional para fines partidistas y para el enriquecimiento personal de gobernantes. Esto en la Unin Europea lo saben muy bien, ya que financian una misin de la OEA contra la corrupcin, la MACCIH, que ha logrado evidenciar la existencia y operatividad de dichas tramas. Las alabanzas que han dedicado estos aos a Hernndez desde el FMI no han sorprendido a nadie, pues esta institucin se comporta como la banca privada, preocupada solo de cobrar a tiempo. Lo que s fue sorprendente fueron las efusivas felicitaciones por su desempeo econmico recibidas por Hernandez recientemente de una representante de la CEPAL. El silencio del resto de organismos y embajadas lo dice todo.

Lo que est ocurriendo en Honduras es un sntoma evidente de la grave enfermedad moral que corroe el mundo de las relaciones internacionales. Por un lado, evidencia la falacia de la guerra a las drogas, que hoy muestra su verdadera cara como instrumento de sometimiento y dependencia de las naciones latinoamericanas al podero estadounidense. Por otro, muestra que la inmoralidad y el mantenimiento del business as usual (en este caso narcobusiness as usual) son la regla y no la excepcin en el mundo de las relaciones internacionales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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