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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2019

Per
Jorge del Prado, 20 aos de su muerte

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


  Al referirse a Jorge del Prado vienen a la memoria tantas y tan variadas vivencias, que no resulta simple escoger motivos para abordar al personaje y proyectar su perfil en el escenario en el que nos hallamos.

Quiz podramos hablar del Parlamentario de Izquierda, del Constituyente y Senador Comunista que durante doce aos levant su voz respetable para defender causas populares, para subrayar identificaciones polticas, para horadar caminos en busca que persuadir a congresistas de otras bancadas.

Tal vez del poltico activo, del conductor del Partido, del lder natural de su estructura, del diseador de una estrategia definida para alcanzar mayores objetivos. Quiz del luchador callejero que se bata esforzadamente arriesgando la vida para representar una causa. O tambin del artista que haca volar sobre el lienzo los pinceles como si fueran giles palomas. O del dirigente obrero Secretario General del Sindicato Minero de Morococha y lder de la Federacin Minera en los aos de la Masacre de Malpaso

Todas estas imgenes, que acuden a nosotros como smbolo de un itinerario, en realidad provienen de una misma cantera: de su vida. Por eso probablemente sea ms justo hablar del hombre, de sus inquietudes ms sentidas, de sus ideas, sus expectativas, su esperanza, de su entorno poblado de nombres que acuden a partir de la bruma o la leyenda: Alfonso Barrantes, Isidoro Gamarra, Gustavo Mohme. Hablar de sus sueos, aquellos que pudo concretar. Y los otros que quedaron volando al aire libre a la espera de nuevas circunstancias.

La vida -deca el maestro uruguayo Jesualdo- no es ms que uno mismo, y hay que ser dueo, por lo menos de una estrella y de una flor cuando no nos dejan tener otra cosa.

Y en verdad, del Prado tuvo una vida excepcional en la que supo, sobre todo, ser l mismo. Y a falta de bienes materiales dej una estrella -su pensamiento-, y una flor -su acerada voluntad de lucha- como semillas en una tierra que sin duda ser frtil.

Conoc a Jorge hace muchos aos, a fines de la dcada del 40 del siglo pasado, y yo era simplemente un nio. Eran aos de pobreza para todos, pero sobre todo para l, dedicado desde antes a la actividad conspirativa, a la accin ilegal, al trabajo en la sombra contra la tirana imperante. All se confirm lo que deca Rolland: La miseria es un maestro no slo del pensamiento, sino del estilo; ensea la sobriedad, lo mismo al espritu que al cuerpo. Jorge era ya un hombre austero, metdico, sencillo, sin pretensiones materiales, pero con un profundo apego a la vida y a la libertad.

Intuyendo quiz el sentido de su mensaje, pero imbuido tambin de ideas polticas derivadas en buena medida de la militancia de mis padres, mantuve con l una relacin viva, permanente, constante, no exenta de dificultades, desacuerdos y contradicciones, pero que se manifest sobre todo en la identificacin con una causa que enarbolamos como ideal y que perdura en nuestro tiempo; que se aliment con identidades comunes, coincidencias bsicas y una vocacin por la lucha franca, abierta, desembozada, a grito herido; que macer con un accionar conjunto a lo largo de los aos y que tuvo probablemente su punto ms alto en la maana sombra, tumultuosa, convulsa, del 22 de marzo de 1984, en la Plaza Dos de Mayo, bajo la bandera de la CGTP, y en la que l, casi perdiera la vida.

Dos fueron en vida las obsesiones de este hombre valeroso. Una, fue la lucha permanente contra el orden de dominacin imperante. Y la otra, fue la batalla por la construccin de un modelo social que respondiera a las necesidades, inquietudes y requerimiento de nuestro pueblo, un orden socialista.

El capitalismo en todas sus variantes, modalidades y matices fue para del Prado siempre un rgimen de opresin. Una tirana de clase que arrebataba a los trabajadores no slo su bienestar material, sino ante todo su razn y su dignidad. El Socialismo, en cambio era para l, como para Toms Borges, la creacin del hombre nuevo: un hombre que tenga horror a los lugares comunes y a la arrogancia, que entienda la libertad como algo inherente a la revolucin, y que sea crtico y soador.

El acoso del enemigos, por un lado, y la propaganda distorsionadora por el otro, lograron construir para l, sin embargo, una otra imagen: la del hombre arisco, duro, cincelado en piedra, intransigente y obcecado; perfil distinto y distante del que realmente tena sensibilizado por sus inquietudes literarias, su asombrosa facilidad para el Origami, su vocacin de pintor, su predileccin por la campia, su apasionado amor por la infancia, una vocacin entraable mezclada con la miel de la sonrisa y la fuerza del cario.

Su vida entera estuvo ciertamente matizada de episodios como estos que recordaban lo que dijera Ilya Ehrenburg: lo importante en la vida es que un hombre tenga un generoso corazn. Y as lo fue, en efecto.

Por eso del Prado aport con su generoso corazn en distintos planos. Fue un aguerrido constructor sindical y un valeroso defensor de la causa obrera. Pero fue tambin un militante de partido, de objetivos precisos e ideas netas. Y un constructor de la ms amplia unidad, a la que dedic gran parte de su esfuerzo y de su sacrificio.

En suma, un revolucionario a carta cabal. Ascendi conociendo distintos avatares, pero luch en los socavones de las minas, en las concentraciones obreras, en los valles rumorosos, en las barricadas de Arequipa en la insurreccin del 50, en el escenario exterior. Y recibi por eso los ms elevados reconocimientos. Ningn peruano ostent, en efecto, las Ordenes de Estado que recibiera del Prado por su activa presencia en el movimiento revolucionario mundial.

Hoy a veinte aos de su muerte, bien podemos decir que hombres de esa fibra necesita el tiempo nuestro. No slo por su accionar resuelto, constante y consecuente; sino tambin por su tica, por la pureza de sus objetivos, por la prstina transparencia de su conducta, por su entrega sin cortapisas al ideal buscado. Gente que como del Prado fuera intransigente en la defensa de lo fundamental -los principios-, pero amplio, generoso, comprensivo y tolerante en todo aquello que formaba parte de la vida cotidiana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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