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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-08-2019

La lucha de las comunidades contra la minera
Defensoras de la Pachamama

Ral Zibechi
Brecha

En Ecuador las explotaciones mineras enfrentan una creciente resistencia indgena y popular. Protagonizado por las mujeres, el movimiento se ha convertido en la principal oposicin a los megaemprendimientos. Las victorias que cosecha en los planos social y judicial lo han puesto en el centro del escenario poltico de las regiones andinas.



 

(Desde Cuenca, Ecuador) Sin las mujeres no habra resistencia a la minera ni movimiento social, enfatiza uno de los mayores de la ronda, que va creciendo alrededor del fogn en el que se cocinan empanadas. El fuego arde pegado al camino de tierra que conduce a la mina Ro Blanco, donde la comunidad San Pedro de Yumate mantiene un bloqueo permanente del paso de maquinaria y vehculos de la empresa minera. La treintena de personas que integramos la ronda, a casi 3 mil metros de altura, rodeados por un bosque hmedo semitropical, estamos distribuidos de forma asimtrica. En una punta los varones, hablamos, analizamos y seguimos hablando. En tanto, las mujeres, la mayora del grupo, se afanan en torno al fogn armando empanadas de queso y banano, dorndolas sobre el aceite y disponiendo los trastos para comer y beber.

 

Adornando las construcciones donde los comuneros se cobijan de la lluvia y el fro, se destacan grandes murales multicolores y una pintada que reza: Fuera, chinos!. Una casilla y una barrera de control completan el cierre del camino. Este lugar naci el 8 de mayo de 2018, cuando las comunidades de la zona se organizaron para quemar el campamento minero, explica Paul, de 27 aos, quien luce una sonrisa tan estridente como su sombrero rojo. Yumate pertenece a la parroquia de Molleturo, de unos 15 mil habitantes, centro de una regin que incluye 72 comunidades. El levantamiento lo hicieron unas 30 comunidades y todo empez hace muchos aos, por un grupo de mujeres que se llaman pachamamas, campesinas mayores de la parroquia, explica Klever, otro joven que se regocija relatando su historia.

 

Chinos contra el Pramo

 

4.000 m.s.n.m., advierte un cartel instalado en el punto ms alto de la carretera que conduce de Cuenca hasta Guayaquil, en un punto que llaman Tres Cruces. Todo el camino es cuesta arriba por una excelente carretera que atraviesa el Parque Nacional de Cajas, un enorme macizo de pramo que, como dicen los comuneros, es una verdadera fbrica de agua. Por cierto, el agua de la colonial Cuenca (medio milln de habitantes) es pura, cristalina y potable, algo ya casi imposible en las ciudades latinoamericanas.

 

El recorrido de una hora se hace demasiado corto. Decenas de cataratas caen a la vera del camino, otras tantas se observan a la distancia, desplomndose de las montaas verticales a las que slo acceden cndores y halcones, y se esconden lagos glaciares y hasta mil fuentes de agua. Gloria tiene un pequeo restaurante cerca de Tres Cruces y conoce el pramo desde hace tres dcadas. El parque tiene unas 280 lagunas, pero hace tres aos militarizaron toda la regin, se queja, por la cuestin de la minera.

 

El control comunitario para impedir el trnsito queda bastante ms abajo, cuando la serrana se trasmuta en selva de altura y aparecen las frutas, los pltanos y los castaos, donde las petulantes orqudeas y las bromelias altaneras pavonean sus colores. Aqu pasaban unas 20 volquetas cada da, que nos robaron 330 toneladas de minerales, insiste Paul debajo de un poncho demasiado holgado.

 

La minera Ro Blanco debera ser una anomala en Ecuador, despus de que el Mandato Constituyente de 2008, o Mandato Minero, ordenara dejar sin efecto las concesiones que afectan fuentes de agua y zonas protegidas. Sin embargo, entre 2016 y 2017 el gobierno de Rafael Correa anunci la reapertura del catastro minero con concesiones por casi 3 millones de hectreas, lo que representa el 11 por ciento del territorio nacional. Una doble anomala, si se quiere, porque el referndum constitucional convocado por el actual presidente, Lenn Moreno, en febrero de 2018, incluy una pregunta sobre la prohibicin de la minera metlica en reas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos, que fue respondida afirmativamente por el 68 por ciento de los votantes.

 

Pese a todo, la minera es una realidad omnipresente. En 2017 Ecuador gan dos premios internacionales, concedidos por fundaciones mineras, como Mejor Pas en Desarrollo Minero y Pas ms Innovador en esa rea. La provincia de Azuay, en el sur, cuya capital es Cuenca, se lleva la palma de la resistencia a ese modelo: Las comunidades de Kimsacocha y Ro Blanco llevan ya una dcada resistiendo a la minera, explica la economista Nataly Torres, que integra el Colectivo de Geografa Crtica. Ambas minas estn localizadas en reas protegidas, donde nacen cinco ros que riegan la provincia. Los dos proyectos pretenden extraer oro. En 2013, Ro Blanco fue adquirida por Ecuagoldmining, perteneciente al consorcio chino Junefield. El dragn asitico es el mayor inversor en minera en Ecuador, superando a Canad.

 

Segn la sociloga Lina Solano, de la Universidad de Cuenca, en la regin del Cajas, en Azuay, se registran los mismos impactos negativos que conlleva la minera en toda Amrica Latina: vulneracin de los derechos humanos, militarizacin, criminalizacin de la protesta, divisin de las comunidades y pesadas consecuencias ambientales.

 

Triunfos que animan

 

En agosto de 2018 la Corte Provincial de Azuay dictamin la suspensin del proyecto Ro Blanco, que entraba en la etapa de explotacin. La justicia contempl la peticin de medidas de proteccin interpuestas por los habitantes de la parroquia de Molleturo. Pero no llegaron a esta instancia slo mediante el papeleo judicial, sino a travs de una larga pelea casa por casa y persona por persona.

 

En 2017 se hizo el primer paro de la comunidad de Ro Blanco, relata Paul. Pero vimos que la empresa compraba a los dirigentes, porque haba una conciencia de que esta lucha era similar a la que se hace por los derechos laborales, que siempre termina en negociacin y acuerdo. Cuando asumieron esa realidad, tomaron otro camino. Lo primero fue apostarles a las mujeres mayores y a la naturaleza.

 

De noche marchaba con mi amigo Ismael a escuchar las lagunas, desafiando el fro tremendo, hasta que las lagunas nos empezaron a hablar, sigue Paul, golpeando el poncho como para sacarse el fro. Tena 23 aos y cuando regres a mi casa, no s por qu, me puse a escuchar una grabacin que se llama "Entre la luz y la sombra", que despus supe que era del subcomandante Marcos. Descerraja una sonrisa traviesa, pero no para de hablar, repitiendo como un mantra la palabra autonoma.

 

Durante ao y medio un pequeo grupo nos dedicamos a caminar y recorrer las comunidades, golpeando puertas, hablando con cada familia sobre lo que se nos vena con la minera. Descubrieron que era el modo de establecer lazos de confianza para proseguir la resistencia, con base en relaciones cara a cara, sin representantes que luego se venden. De alguna manera, es la forma de recrear la construccin de comunidad, una tradicin que todos respetan y con la que se identifican.

 

Cuando decidieron quemar el campamento minero, una accin colectiva sin heridos ni muertos, las mujeres ocuparon la primera fila y arrostraron a los policas que protegan el lugar, que pronto desistieron ante la firmeza femenina. Nadie en sus casas era la consigna, y pasaron tres das en el monte hasta que los mandos militares aplacaron la rabia. Estn convencidos de que las comunidades tomaron la decisin, extraordinaria en sus vidas, cuando comprobaron que era verdad que el agua de las lagunas estaba cambiando por la mina. La naturaleza es muy potente, sentencia Daniel, el nico varn que colabora con las empanadas, quiz por su especial sensibilidad de msico pelilargo.

 

Ahora que la mina est parcialmente detenida, aunque la empresa estableci otro acceso algo ms abajo, han decidido construir porque, dicen, no pueden sostenerse slo a base de resistir. En setiembre inaugurarn el primer colegio autnomo, en Ro Blanco, con docentes voluntarios de la ciudad, porque ellos usaban las escuelas como centro de adoctrinamiento minero. Saben que las cosas van para largo, porque la minera de Ro Blanco est entre los cinco proyectos estratgicos definidos por el Estado ecuatoriano. De modo que sienten la paralizacin como algo momentneo, que se levantar apenas bajen los brazos. Adems de la escuela, decidieron crear una huerta comunitaria que les permita mantener el espritu colectivo e iniciar el largusimo camino hacia la soberana alimentaria.

 

Amas de casa y comadronas

 

Ya no confiamos en los hombres, escupe Yoana, 20 aos, mientras aparta a la pequea que quiere trepar, una vez ms, sobre la espalda de la madre. El veterano Manuel Huamn recoge el desafo frunciendo los pliegues de su frente: El valor ms grande en la organizacin son las mujeres. Nosotros vamos atrasito noms. En San Pedro de Yumate todos han podido comprobar que cuando las papas queman, cuando los militares apuntan, ellas siguen firmes. Alguien vuelve a mentar a las pachamamas, un nombre casi mtico, para explicar la fuerza inquebrantable de las mujeres. Daniel, el msico, explica: La clave son las comadronas. Mi abuela era comadrona, y puedo decirte que tienen una gran autoridad simblica y lazos muy fuertes, con los que ayudaron a nacer. Luego destaca que las pachamamas empezaron hace 23 aos, explicando en voz baja los daos que provocara la minera al bien ms apreciado, el agua. Se puede decir, entonces, que el movimiento ha nacido gradualmente, desde los vientres de las personas, alimentadas con esa agua fresca y cristalina que baja del pramo.

 

La creacin de la organizacin Frente de Mujeres Defensoras de la Pachamama fue en 2008, con mujeres de las parroquias afectadas por la minera en la regin del Cajas: Tarqui, Victoria del Portete y Molleturo, y con algunas que llegaron de la ciudad de Cuenca. Muchas se haban conocido aos antes en la Coordinadora Nacional por la Defensa de la Vida y la Soberana, en tiempos de Correa, cuando arreciaba la represin y se multiplicaban las inversiones chinas. La sociloga Solano asegura que el protagonismo femenino en todas las resistencias mineras puede explicarse por el rol que tienen en las familias y las comunidades como guardianas de la reproduccin. La posicin social de las mujeres, enfatiza, les permite una comprensin de las necesidades para la supervivencia. Cuando las fuentes de agua son afectadas, ellas deben recorrer largas distancias para abastecerse, lo que aumenta su carga de trabajo. Adems, las mineras casi no emplean mujeres, salvo para limpieza y cocina.

 

En la investigacin para su tesis de maestra, Solano recoge testimonios de mujeres originarias sobre persecuciones policiales y enjuiciamientos, tanto de las pachamamas como del Frente de Mujeres Guardianas de la Amazona, casi todas sin la menor experiencia organizativa previa. Nuestra niez era el agua, lo ms era el agua del ro que corra, recuerda Francisca, de 70 aos. Era maravilloso. Comamos agua de los pozos, bamos a baar en el ro, el agua del ro traamos, cargbamos en los cntaros. Era una vida muy bonita, exclama Isaura, de 72. Ambas de comunidades rurales de Tarqui y Victoria de Portete.

 

Cuando los citadinos decimos el agua es vida, formulamos un eslogan abstracto, como tantos otros. Para las comuneras, en cambio, es la vida misma. El agua es sujeto de sus vidas, como el pramo y las cumbres nevadas, las plantas y los animales. Quiz por eso los liderazgos colectivos surgen de modo natural, como los manantiales, pasando por el costado de egos y protagonismos, tan propios del mundo de los varones.

 

En una esquina de la ronda, mam Laureana, en silencio, no pierde detalle de los dilogos. A sus 76 aos, es una de las comadronas ms experimentadas de la parroquia. Responde con un susurro, diciendo que ayud a nacer en unos 200 partos. Lo dice sin el menor atisbo de vanidad, como si fuera la tarea que le depar la vida. Debe ser la forma de sentir el Sumak Kawsay, el buen vivir, como le llamamos los blancos. Vida sencilla, con la naturaleza, de modo que cada actividad contribuya a reproducir la existencia colectiva.

 

De la barricada al poder

 

La nutrida asamblea en Victoria del Portete, donde en 2011 los vecinos resistan la mina Kimsacocha, era presidida desde un elevado balcn por un grupo de comuneros, entre los que destacaba, alto y erguido, Carlos Prez Guartambel. Abogado y miembro de la organizacin de los kichwa de la sierra, Ecuarunari, la presidi entre 2013 y 2017, en el momento de mayor confrontacin con el presidente Rafael Correa, y continu en ese cargo hasta 2019. Se especializ en justicia indgena y public un grueso volumen con ese ttulo. El encabezar las movilizaciones comunitarias contra la minera le vali la acusacin de terrorismo por parte del gobierno de Correa, por obstaculizacin de vas pblicas. Nos conocimos hace ocho aos en Cuenca, en el Encuentro Continental por el Agua y la Pachamama, que pretendi coordinar las resistencias de la regin. En la apertura lanz un mensaje radical: El mismo discurso de las multinacionales de una minera sustentable y responsable lo repiten Rafael Correa, en Ecuador; Juan Manuel Santos, en Colombia, y Alan Garca, en Per. Ni Chvez se salva.

 

Prez Guartambel gan las elecciones provinciales de marzo pasado y en mayo asumi la gobernacin de Azuay. De esta manera, hizo pedazos los pronsticos de las encuestas que auguraban el triunfo de polticos tradicionales y se convirti en el primer prefecto indgena de la provincia. Antes de dar ese paso, cambi su nombre por Yaku (agua, en quechua). El diario local El Mercurio asegura que las lneas discursivas de Yaku calaron profundo tanto en redes sociales como en la esfera pblica a travs de su austera pero efectiva campaa. Los medios destacan su sencillez y el hecho de que se movilice en bicicleta y se ocupe de los problemas rurales que nadie tiene entre sus prioridades. En su apasionada defensa del agua, dijo que a esta la protegen sobre todo las mujeres indgenas, que son la clave de esta resistencia. Agreg algo ms, que qued flotando en el aire, en referencia a los objetivos de su pueblo: Caminamos en las huellas de nuestros antepasados.

 

Es probable que la rbrica definitoria de su gestin sea la convocatoria de una consulta provincial para frenar la minera metlica en la provincia. Como las instituciones son reacias, a principios de este mes Yaku anunci una minga para recolectar las 65 mil firmas necesarias para esa votacin, es decir, el 10 por ciento del padrn electoral de Azuay. Ya hubo un referendo en marzo en su regin, Kimsacocha, con un resultado abrumador: el 86 por ciento de los 15 mil vecinos dijeron no a la mina.

 

Pese a todo, en los movimientos de base y en las comunidades afectadas por la minera predomina el escepticismo sobre el alcance de cualquier gestin institucional, aun la que ejercen personas como Yaku, surgido del corazn de los movimientos. Cinco siglos aconsejan prudencia y los previenen de cualquier entusiasmo, sobre todo despus de experimentar la revolucin ciudadana corresta, que para muchas comunidades fue ms de lo mismo: minera y militares. Las mujeres de esas comunidades atesoran la memoria colectiva que fluye entre cocinas y chacras, desde las Laureanas hasta las Yoanas. Estarn all, como siempre, atentas y vigilantes, a veces en silencio y otras poniendo el cuerpo, para asegurar que la vida siga siendo vida, o sea, pachamama, a pesar de los pesares.

http://brecha.com.uy/



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