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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2019

La vieja repblica de los nuevos revolucionarios

Carlos Luque
Rebelin


Primero, algo, lamentablemente, personal.

Al referirme a los textos y algunas concepciones de la doctora Alina B. Lpez Hernndez no me he propuesto yo, (ni podra hacerlo) competir con sus conocimientos especializados, ni mucho menos debatir en un terreno del saber donde no tengo la misma competencia.

Por esa razn, cuando desde la primera vez que me llamaron la atencin sus ideas, y su respuesta a un texto mo fue subtitularlo con una exhortacin a la polmica, a ms de divertirme con ciertas ironas elitistas, como suponer un banal orgullo por mis apellidos, con la sugerencia aadida de que no estaran en correspondencia con mis saberes, opt por no responder. Como recordaba el Quijote, no agravia quien quiere hacerlo.

Mi inters al publicar las consideraciones que me provoquen un tema o autor cualquiera, es compartir con el posible lector el tiempo o el esfuerzo que haya aplicado, con la esperanza de que pueda serle til. Por otra parte, considero que nobleza obliga, y, por tanto, el especialista o erudito que tenga que acudir a la irona elitista para refutar a quien le adverse una concepcin, deja mucho que desear con respecto a la sabidura que, como se sabe, es algo muy diferente y superior a la informacin, o la erudicin.

En efecto, hay medios donde para m no sera ningn honor dar a conocer lo que escriba, y con toda franqueza, La Joven Cuba, hasta el momento, no es uno de ellos. Opino y escribo a ttulo personal, sin alianzas ni contubernios con ninguna institucin o persona, aunque cierta paranoia meditica no pueda concebirlo, quizs porque su aparicin en ciertos medios s obedezca a determinadas alianzas o filiaciones ideolgicas, en busca de notoriedad, o vaya a saber con qu objetivos. Cuando algn texto es publicado en Cubadebate, Rebelin, u otras varias plataformas que lo han replicado, ha sido por iniciativa de algn otro lector. Slo una vez envi uno a Rebelin.

En cambio, s tengo como un honor que ninguno de mis textos, y ninguna de mis ideas, jams han tenido, ni tendrn, resonancias y acogimiento alborozado en otros ciertos medios que alegremente se disponen a difundir cuanto vaya a tono con sus objetivos. Por algo ser que ocurre eso, y lo contrario.

Leo y reflexiono desde la posicin del hombre comn que, no por serlo, debe estar ajeno a los aportes intelectuales. Pero en mi caso, no buscando principalmente los frutos de la erudicin, aunque tambin ello produce placer, sino interesado en su resultado definitivo y ms importante: la propuesta de fondo, la ideologa que est en el fundamento del investigador o pensador, su cosmovisin y, desde all, lo que difunde, til o intil, al imaginario social que contribuyen a crear.

Tengo en cuenta que el ciudadano comn, pero interesado en informarse y reflexionar, sostiene y fundamenta sus decisiones polticas e ideolgicas, en una alta probabilidad, no slo impulsado por las perentorias necesidades materiales, sino tambin por la cosmovisin que se va formando, en no poca medida, por la influencia de las ideas que se proyectan, desde las academias y centros productores de ideas, sobre la sociedad.

Aunque el ciudadano no sea totalmente consciente de ello, las ideas van diseminndose, condicionando, moldeando mentalidades, valores y formas de actuar y, al final, se concretan en opciones polticas.

No otra es la razn y el objetivo de las guerras ideolgicas y culturales que estn hoy en todo su apogeo, disputndose el imaginario de las sociedades, que manipulan, desinforman y utilizando la falsa imparcialidad del conocimiento para lograr sus objetivos.

Ahora, a las ideas.

Al respecto de lo anterior, es decir, la influencia del trabajo intelectual sobre la sociedad, tengo en cuenta lo afirmado por Fernando Martnez Heredia, cuando opinara que Cuba vive una pugna cultural crucial entre el capitalismo y el socialismo. No se necesita ninguna sapiencia especializada para notarlo con cada vez ms claridad.

Pero esa pugna no slo se manifiesta hoy en el hombre o la mujer simples, que de la casa al trabajo, y viceversa, acaso no lee mucho, y a veces saca sus conclusiones ideolgicas de los ms directos y perentorios intereses, no individuales, que son legtimos, sino del individualismo pedestre y atroz que tan bien alimentan las novelas que consume, y la vitrina omnipresente de la cultura capitalista que le ofrece una ilusin de vida imposible para la mayora de humanidad, a la vez que le bombardea cada da con las concepciones y el imaginario, tambin, de lo que es la democracia y una repblica verdaderas.

No menos importante es que esa pugna tambin se manifiesta en el escenario de las discusiones y los debates del que llamamos el mundo intelectual, acadmico y el resultado de sus investigaciones.

Como se sabe, al no ser que se niegue por ignorancia, u opcin filosfica, ninguna de las esferas del conocimiento est libre de un condicionamiento ideolgico, cosmovisivo, y, en ltima instancia, filosfico, o que pueda expresarse como tal, aunque algn investigador sea inconsciente de ello.

Incluso ni en las ciencias que llamamos naturales y exactas est ausente esa influencia. Hay todo un debate con respecto a eso, no, por supuesto, con respecto a cuestionar la objetividad de la ley fsica, sino con respecto a sus interpretaciones y su proyeccin filosfica y epistemolgica sobre los mtodos de las ciencias no exactas. Pero mucho menos est ausente el condicionamiento ideolgico en las ciencias sociales.

Es notorio tambin, y eso es bien conocido por los especialistas mucho mejor que por el profano, que al escoger el mtodo, al plantear sus hiptesis, el investigador no puede librarse de precondiciones, de enfoques condicionados, precondiciones y enfoques en que juega un papel decisivo la ideologa. Por eso se afirma que el mtodo ya condiciona en buena medida las amplias perspectivas del resultado.

En la mirada retrospectiva mucho ms intensa, y no pocas veces interesada, que hoy se dirige hacia la etapa neocolonial de nuestra historia, me parece que se manifiesta una corriente que quizs no sea del todo errneo llamar republicanista abstracta, en el sentido de que propone aplicar sus propuestas desde la abstraccin de las condiciones histricas objetivas del mundo actual. Y con olvido, tambin, de lo siguiente, que es un tema sobre el busco, incesante y acuciosamente, informacin y es mi modesta direccin en el estudio de este tema. Lo enuncio de esta manera:

Como resultado de la abstraccin republicanista, esa corriente deja fuera el hecho de que, as como los principios, procedimientos y mecanismos de las democracias republicanas capitalistas que se tienen por paradigmticas, o modlicas, o verdaderas, funcionan para conservar y garantizar el poder econmico y poltico de los intereses capitalistas, sin embargo, aplicadas en nuestro mbito sin tener en cuenta que al injertar en nuestras repblicas el mundo, el tronco ha de ser el de nuestras repblicas, (para recordar a quien nos advirti a tiempo de ello), funcionaran para dinamitar, debilitar, inficionar o abrir una brecha por donde desmontar las bases que hacen posible la resistencia y la supervivencia de los proyectos que se opongan a esas dominaciones.

Una simple pregunta nos deberamos hacer, y es de la mayor responsabilidad para el que se estime un intelectual revolucionario: por qu insisten tanto en que adoptemos esos mecanismos? Si aceptamos que desde todo punto de vista son nuestros enemigos, acaso debemos aceptar ese regio y bello regalo, ese verdadero caballo de Troya?

Creo que esa pregunta bastara para que quienes tienen la responsabilidad social que le otorgan y exigen sus saberes, mediten un poco ms y propongan respuestas, o al menos, no la desconozcan en sus enfoques y propuestas.

Pero meditar en ello no significa que cerremos los ojos ante las deficiencias que pueda tener nuestro propio proyecto de democracia republicana socialista, (todo lo cual es un oxmoron), o negar la mejora necesaria de algn proceder de nuestro diseo.

De lo que se trata es de la lucidez vital para que, al cambiar lo que tenga que ser cambiado, no pongamos en su lugar lo que el verdadero enemigo de las democracias quiere que pongamos. O que eliminemos lo que al enemigo le ha impedido aplastarnos. All suele equivocarse el republicanismo abstracto.

Muy conocido es que uno de los factores que precipitaron la disolucin de sistema sovitico fue la catica revisin, tendenciosa e interesada, de su pasado.

En aquellos aos no falt en Cuba quien tambin propuso que entre nosotros se desatara ese mismo proceso. Los idelogos del capitalismo saben muy bien qu fruto pueden obtener de ello, y por eso hoy baten palmas cuando cierta parte de una intelectualidad, en cualquier sociedad que deseen desmontar, comienza el proceso, al mirar a su pasado histrico, de edulcorar ciertas realidades, tergiversar valores, o comparar, as sea subliminalmente, la realidad presente con el pasado, mientras que sus agresiones, tambin culturales, el modelo de sus sistemas de vida e intereses, contribuyen a convertir en ms agnicos, o ms complejos de mejorar, incluso los elementos positivos que existen en la herencia republicana. Esa es la baza maestra de su juego cuando exigen la democracia plena a su modo de verlas: exigirla y obstaculizarla a la vez.

Ellos comprenden, y por ello lo aplauden, que no es raro que exista una correspondencia, o correlacin, (no digo absoluta, no en todos los casos, pero s real y lgica), entre el pensamiento que, al mirar atrs, comienza nostlgicamente a embellecer o magnificar una realidad que mereci ser revolucionada radicalmente, y el pensamiento que sostiene tesis contrarias al orden poltico que hizo, con toda legitimidad histrica, posible el cambio de un nefando estado de vida.

Esa correspondencia parece ser orgnica y fatal, pues si de tratar de mejorar el presente se tratara, el foco de la atencin sera natural que se ajustara a mejorar el presente, y por supuesto, estudiar la historia, pero sin necesidad de hagiografas del pasado, destacando sus muy dudosas luces, mucho ms que sus innegables sombras.

Obama nos invitaba, la esplendorosa e histrinica sonrisa aquella que obnubil algunas entendederas, a olvidar la historia. Sin dudas, no estaba pensando en lo que aquel pasado tuviera de modlico o virtuoso para sus fines. Sin dudas, lo consideraba mucho ms subversivo, sobre todo, por las condiciones que impusieron la necesidad de la Revolucin. Pero como cierta realidad de aquella historia pudiera servir no slo para las aspiraciones sistmicas capitalistas, hoy tenemos ONGs, tanques de pensamiento, generosas becas para jvenes, seminarios para ayudar a formar lderes en difundir la democracia, aplicados a su estudio y difusin.

Esa corriente de reescritura de un pasado virtuoso que, subliminalmente o no, procura contrastar con un presente que algo le debiera, o con el que estuviera en deuda, ha encontrado eco tambin no slo en el hombre comn que no mire ms all de su azucarera, sino tambin en el blanco predilecto adonde siempre van dirigidos especialmente esos dardos y artefactos ideolgicos, es decir, a la esfera de la actividad del pensamiento.

Pero, qu funcin real, tangible, objetiva y positiva, en trminos de resultados concretos para toda la sociedad, tiene una democracia, o una repblica en condiciones neocoloniales y de dependencia econmica?

Me parece que un ejemplo y una valoracin muy clara de esa respuesta posible, la ofrece una lcida reflexin de Fernando Martnez Heredia en una transmisin en vivo por Internet.

En aquella ocasin Rosa Miriam Elizalde le hizo esta pregunta:

Fernando, usted mismo ha alertado de la existencia en Cuba de un nacionalismo de derecha, que est en contra del bloqueo pero tambin implcita o explcitamente en contra de la Revolucin, invocando posturas centristas.

En su respuesta el autor de En el horno de los 90 comenz por referirse precisamente a la acumulacin cultural de ese nacionalismo, para de inmediato advertir que si nuestro proyecto fracasara, echaran mano a esa acumulacin para reprochar que: Y yo que quera que Cuba tuviera una buena democracia, que con el pluripartidismo salieran los mejores siempre y la administracin fuera una maravilla

Para acto seguido hacer esta valoracin cuya profundidad debiera ser objeto de mayor atencin:

Qu tienen que hacer los pueblos cuando tienen experiencia histrica?: No volverse a equivocar. Cuando yo era nio la democracia burguesa en Cuba rega muy bien y mejor que en muchsimos pases, y adems se trataba de que el presupuesto nacional fuera aprobado por el Congreso. El Presidente de la Repblica tena un Primer Ministro, se transmitan por radio los debates, la televisin nueva tambin se meti en la poltica, la libertad de expresin cubana en la Repblica burguesa neocolonial -no es una pseudorepblica.

All la libertad de expresin era bastante alta y por qu?, porque era funcional a la dominacin capitalista en Cuba. Que todo el mundo pudiera opinar lo que quisiera, pero que las cosas continuaran en lo esencial sin cambios; por eso todos los partidos polticos cubanos en un momento dado estuvieron a favor de la Reforma Agraria, pero solo el triunfo militar-poltico de los revolucionarios pudo hacer la Reforma Agraria. Esa es una experiencia histrica.

Este comentarista no tiene la suficiente formacin especializada para valorar en toda su dimensin lo que intuye como una profunda leccin de Fernando. Deben hacerlo los que se consideren preparados para ello y tienen esa funcin y responsabilidad social, sobre todo si lo citan o lo tienen como paradigma.

Pero creo que, en primer lugar, esa reflexin refuta en toda la lnea la hagiografa que se pretende hoy hacer de lo que fue, y por cierto, aqu repite Fernando, una repblica burguesa neocolonial.

Creo que la mdula est en la pregunta, y por qu?, que l mismo se hace: porque era funcional a la dominacin capitalista en Cuba. Y ello implica otra realidad histrica: la democracia de repblica burguesa y mucho ms si es neocolonial, tiene por esencia propiciar la dominacin capitalista. La presupone. Precisamente porque la estructura de lo que entiende y practica como democracia el capitalismo est en funcin de garantizar las condiciones de posibilidad de la dominacin de clase.

Cuando para nuestra realidad geopoltica e histrica se propone la admisin abstracta de los elementos de esa democracia o diseo de repblica, o lo que es lo mismo, se alienta por la eliminacin de elementos de la democracia nuestra que han demostrado en los hechos que ha funcionado para impedir derrotarnos, nada ms y nada menos, se est estimulando lo que nuestros enemigos estimulan y por ello exigen y aplauden.

Tambin mencionaba en aquella entrevista el imprescindible intelectual cubano el tema de la guerra de los smbolos. Entre ellos el ms nefasto y nefando, e intelectual y tericamente infame por daino, sera erigir en un smbolo virtuoso, o deslizar comparaciones insostenibles. El smbolo justo lo encierra la frase popular: qu repblica era aquella.

A fin de cuentas, lo que histricamente ms importa, por su valor intrnseco, y como saldo objetivo de lo que signific aquella Repblica, es decir, lo que indica la distancia insalvable que hay entre una concepcin de la democracia y sus resultados reales, lo recuerda Fernando ms adelante en esa entrevista. No se limitaba l al dominio imperialista en Cuba sino al,

dominio de la burguesa de Cuba, que mantuvo a casi la mitad de los cubanos sin saber leer y escribir -100 mil cubanos en La Habana no saban ni leer ni escribir cuando triunf la Revolucin-, 100 mil que mantuvo a la gente sin atencin mdica, donde morirse de diarrea de nio era lo ms normal y tener tuberculosis de adulto era de lo ms normal.

A la postre, fue funcional para los intereses de la sociedad toda, el diseo de aquella democracia, en aquellas condiciones? Puede afirmarse con puridad y sin ningn sonrojo terico que aquella Repblica garantiz libertades para todos sus ciudadanos y ciudadanas?

Que me disculpen los que as piensan y valoran, pero eso es hagiografa monda y lironda. El prrafo citado ms arriba es la respuesta de cunto se puede equivocar una concepcin abstracta de la libertad y la democracia burguesas.

El secreto del error quizs radique en no considerar que no existe la democracia en abstracto. Por ello nuestros enemigos tericos atacan con tanto celo casi todas las caractersticas, procedimientos institucionales y la arquitectura toda de la democracia cubana. Precisamente porque tienen muy claro que si adoptramos la que nos proponen encontraran el modo expedito de introducir el dominio que nos sacudimos en el 59.

Por esa razn, aquellos de nuestros intelectuales que de buena fe desean contribuir a mejorar nuestra democracia deben tener en cuenta qu elementos, siempre fruto de la creacin original, son los ms eficaces para blindar nuestra resistencia y la continuidad de nuestro proyecto, y cules, aunque en otras condiciones fueran apetecibles, slo con grave peligro en este minuto de la historia, no deben ser desmontados.

En otra ocasin propuse en mi modesto espacio ms que privado, personal, pues no estoy dispuesto a vender mis pocos conocimientos a otros muy dudosos, una reflexin acerca del hecho de que si aquellos sistemas, por la existencia de los cuales Cuba tiene que luchar agnicamente por su destino, blindan los basamentos de su orden econmico y social en sus constituciones y leyes, entonces, por la ms elemental de las lgicas, Cuba no podra permitirse dejar de blindar los suyos, sobre todo si nos asiste la razn histrica, que universal y sobradamente est a favor de las aspiraciones socialistas. Sobre todo si iniciativas como la nuestra estn bajo la constante agresin, y, sobre todo, adems, porque el mantenimiento del capitalismo que logran blindando sus sistemas, implica una amenaza y una agresin constante del nuestro, una desigualdad en la lid, cuando tienen todos los recursos a su favor. Es duro decirlo, pero el empacho de conocimientos, o una posicin metodolgica, o epistemolgica que conduce a opciones ideolgicas fallidas, puede conducir a no ver lo evidente. El sueo de la razn engendra monstruos.

Lo dicho hasta aqu no niega la herencia positiva que podamos asumir de las concepciones republicanas de aquel pasado cubano, tanto como el de las democracias histricas all donde han sido. Pero sin olvidar, como demuestra el historiador Josep Fontana en su libro, editado en Cuba, Democracia republicana fraternal y el socialismo con gorro frigio, que todas las conquistas sociales acumuladas se deben a las luchas obreras, populares, de los que no tienen, o nunca han tenido, la parte que les pertenece de la riqueza de la vida, tanto la material como la espiritual, no por la arquitectura de aquellas democracias, sino a pesar de ellas.

Es esa lucha la que le ha arrancado las sucesivas concesiones al dominio del Capital, no por ellas, sino a pesar de las diversas modalidades que adoptaron las democracias. Y Cuba no fue la excepcin. Que es el mismo Capital que, cuando dej de existir el contrapeso de la antigua comunidad socialista y la URSS, comenz a arrebatarlas y destruirlas hasta la deplorable situacin en que hoy vive la democracia mundial, tanto en los modlicos capitalistas de siempre, como en aquellos pases en los cuales, con el muro de Berln, se derribaron modos de vida que con todas sus insuficiencias y errores, segn las encuestas, hoy aoran.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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