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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2019

Resea de Crtica de la razn precaria: La vida intelectual ante la obligacin de lo extraordinario, de Javier Lpez Als
La universidad neoliberal y la Crtica de la razn precaria

Miguel lvarez Peralta
CTXT

En su libro, Javier Lopz Als analiza el impacto que la inestabilidad y la competitividad laboral tienen sobre la investigacin acadmica. Es decir, sobre el pensamiento.


Antigua librera de la Universidad de Salamanca. DOMINIO PBLICO

En los ltimos aos, se vienen alzando cada vez ms voces de alarma ante el impacto negativo que las recetas neoliberales de gestin estn teniendo en la universidad. La creciente dependencia que sufre el mundo acadmico respecto de unos rankings que priorizan cantidad sobre calidad, cada vez ms controlados por dos multinacionales , y en un paisaje atravesado de precariedad , incertidumbre y fomento de la competencia entre individuos, son algunos de los factores que moldean el da a da de docentes e investigadores. Y al final tambin, claro, de los estudiantes. En el caso espaol la situacin se ve agravada por unos recortes draconianos que siguen sin revertirse, a diferencia de lo que ocurre en los pases de nuestro entorno.

La obra ganadora del ltimo Premio Catarata de Ensayo precisamente estudia la aventura de intentar ejercer el oficio acadmico frente a este panorama. Con el ttulo de Crtica de la razn precaria: la vida intelectual ante la obligacin de lo extraordinario (Catarata, 2019) , Javier Lpez Als, exprofesor de la Universidad de Leeds, analiza el impacto que una precarizacin sin precedentes tiene sobre la investigacin y la enseanza. Es decir, sobre la actividad intelectual en la sociedad contempornea.

No es el primer ensayo dedicado al tema. Ttulos recientes como La desfachatez intelectual, de Ignacio Snchez-Cuenca (Catarata, 2016), El entusiasmo , de Remedios Zafra (Anagrama, 2017), En los lmites de lo posible , de Alberto Santamara (Akal, 2018) o No tengo tiempo, de Jorge Moruno (Akal, 2018), por citar algunos en castellano, han tratado ya la cuestin de la degeneracin del pensamiento pblico es decir, del pensamiento en el escenario de posrevolucin neoliberal. Mucho antes, autores de referencia como Richard Sennet, Judith Butler o Guy Standing, entre otros, haban trabajado este problema, cuando las consecuencias del fenmeno no eran an tan palpables. No se trata por tanto de una idea feliz que brota de la nada, sino que se inscribe en una tradicin de la que el profesor Lpez Als, doctor en Filosofa, se hace responsablemente cargo. La virtud de este ensayo, amn de su estilo asequible y agradable, nada abigarrado, est en la parsimonia y exhaustividad con que examina en lo concreto las consecuencias sociocognitivas de la precariedad a partir de su propia experiencia. Lo hace en primera persona, pero sin caer en lamentaciones ni en una excesiva afectacin, manteniendo cuidadosamente la voluntad de abstraccin y universalidad de sus observaciones. Se trata de una aportacin notable a un debate urgente.

Precariedad acadmica: un problema conocido y generalizado

El tema es de la mxima relevancia, considerando el papel constitutivo que la universidad juega en las sociedades modernas. Es la institucin encargada de proveer la formacin ms avanzada y especializada que se procura a s misma cada cultura, cada nacin. La fuente de sus avances cientfico-tcnicos, y uno de los pocos frenos de emergencia disponibles ante sus peores derivas. Motor y timn al mismo tiempo, puede impulsar la innovacin y pujanza de una economa frente a otras, y por tanto la calidad de vida y el desarrollo de su pensamiento. Buena parte de los avances y logros sociales que hoy disfrutamos se han gestado en la universidad. Por ello tambin, los cambios que esta sufre repercuten tarde o temprano al conjunto de la sociedad. Y algunos de ellos, como explica Als, estn haciendo saltar las alarmas.

ESPECIALMENTE RECOMENDABLE ES SU LECTURA PARA ESE JOVEN EJRCITO ACADMICO DE RESERVA QUE SON LOS DOCTORANDOS. DESDE QUE SE HA PUBLICADO ESTE LIBRO, ESTIS UN POCO MENOS SOLOS Y SOLAS

No se trata slo de profesores jvenes quejndose de su temporalidad. Hay mucho ms. No pocos catedrticos, e incluso rectores, han llamado tambin la atencin sobre la cuestin. El catedrtico de organizacin de empresas Ricardo Chiva adverta recientemente en eldiario.es: La universidad se ahoga en estos planteamientos organizativos (...) La investigacin ha quedado reducida a maximizar las publicaciones en determinadas revistas, lo cual pone el nfasis en lo cuantitativo (...) Ya no se trata de publicar trabajos rompedores o innovadores que mejoren sustancialmente la sociedad. El tambin catedrtico Fernando Vallespn denunciaba desde las pginas de El Pas : Los profesores, sobre todo los jvenes, se encuentran con que tienen que dedicar gran parte de su tiempo a labores de gestin por la palmaria falta de apoyo administrativo. Es como competir con un brazo atado a la espalda.

Por su parte, Esteban Hernndez sealaba en El Confidencial otra peligrosa vertiente de esta crisis: Existe una censura informal que funciona a travs de mecanismos de recompensa para investigadores que utilizan los marcos tericos adecuados, y que condenan al resto a la invisibilidad y a una carrera acadmica marginal. En un informe de hace slo dos semanas, la Fundacin Alternativas conclua que la comunidad cientfica vive una situacin angustiosa debido a la falta de movilidad y exceso de burocracia. Los profesores que forman la plataforma de Economistas sin Fronteras tampoco han escatimado en alarmismo: Las polticas pblicas en el mbito universitario espaol han generado unos incentivos perversos que estn acabando con la reflexin y el pensamiento crtico en todos los niveles. Son slo algunos ejemplos de una serie inacabable. La Crtica de la razn precaria   se suma a esas alertas, con el aadido de que hunde el escalpelo terico en la cuestin, para identificar qu palancas y resortes concretos estn lastrando el pensamiento crtico. Es decir, el pensamiento.

La investigacin reconvertida en negocio: un problema global

El impacto de la revolucin neoliberal en la esfera intelectual se produce a escala global, no es un problema espaol. Aqu slo hemos echado gasolina al incendio a base de recortes.

LOS SINDICATOS VIENEN DENUNCIANDO ADEMS QUE EN TORNO AL 60% DE LOS PROFESORES CONTRATADOS SON ASOCIADOS, LA FIGURA MS PRECARIA, QUE COBRAN ENTRE 400 Y 800 EUROS MENSUALES

En un reportaje que peridicamente se viraliza entre el profesorado, The Guardian daba testimonio de cmo cada vez ms profesores viven en los mrgenes de la pobreza . Igualmente, el diario britnico ha denunciado el rpido crecimiento de problemas de salud mental, explotacin salvaje, y generalizacin del plagio , entre otras dinmicas, debido a la presin de la competencia desenfrenada para sobrevivir en la academia. Tambin en el New York Times hemos podido leer que lo que ha cambiado en los ltimos aos es la aceptacin generalizada de las normas del mundo de los negocios por parte de las instituciones acadmicas, que reorientan su estrategia hacia la mejora de sus balances, pese a su estatus de organizaciones sin nimo de lucro. Esto ha resultado en la voluntad de cobrar a los estudiantes matrculas cada vez ms altas mientras se reducen los costos laborales y en la adopcin de un sistema hipercompetitivo similar a la estructura de torneo que rige toda nuestra sociedad.

Incluso el decano liberal The Economist criticaba como la dictadura de los ranking obliga a concentrar recursos en la investigacin que garantice resultados de alto impacto a corto plazo , olvidando medir la calidad de la docencia, o las investigaciones de incierto resultado y largo aliento, marginando con ello a las ciencias sociales y humanidades. Hemos pasado de ser docentes-investigadores a ser hacedores de publicaciones urgentes, para quienes la docencia representa un peaje que no aporta puntos de cara a la competicin. Sin embargo, el conocimiento en el que nos basamos para ello, acumulado a lo largo de los siglos, jams se hubiera podido producir en un clima como este.

En una carta publicada hace dos aos, la Conferencia de Rectores de Universidades Espaolas expresaba su preocupacin por las condiciones laborales del Personal Docente e Investigador, exigiendo la reduccin de la temporalidad y otras medidas. La situacin, sin embargo, ha empeorado. Segn los datos del Ministerio de Educacin , la mitad de los profesores universitarios an no tiene contrato indefinido al llegar a la edad de 50. Toda una vida de interinidad. Al cumplir los 35 aos, el 65% son ya doctores, pero slo uno de cada catorce profesores tiene un contrato estable que le permita, por ejemplo, meterse en una hipoteca razonable. Los sindicatos vienen denunciando adems que en torno al 60% de los profesores contratados son asociados, la figura ms precaria, que cobran entre 400 y 800 euros mensuales. El orden actual exige al profesor universitario que sea competitivo en una competicin global llena de trampas, pero no se le permite que salga de la temporalidad antes de haber trabajado, en promedio, 20 o 25 aos en la institucin. Tan precarios medios para tan altas expectativas afectan a su actividad intelectual. Primum vivere, deinde philosophari. Esa es la puerta de entrada al imperio de la Razn Precaria que describe Javier Lpez Als.

La vida intelectual ante la obligacin de lo extraordinario

Miedo, sensacin de vulnerabilidad, desorientacin, aislamiento, ausencia de reconocimiento. Son algunos de los males que acosan a la tarea intelectual, y que se vienen acrecentado en los ltimos tiempos, como los primeros captulos del libro van exponiendo. Factores que moldean la vida acadmica, imponiendo lmites, orientaciones, condiciones de partida, penalizaciones, obligaciones, estilos, modos de organizar el curso de las ideas y los tiempos.

NADIE EN ESTA GENERACIN ALCANZAR EL RECONOCIMIENTO INTELECTUAL LOGRADO POR LOS MEJORES DE LAS GENERACIONES PRECEDENTES, PORQUE NUESTRAS CONDICIONES DE TRABAJO LO IMPIDEN

El texto se reparte en dos mitades. En la primera, Precariedad y afectos si hace setenta aos se hablaba de el giro lingstico , en la ltima dcada vivimos el giro afectivo de las ciencias sociales,se analizan las condiciones vitales, sociales y personales de esa clase que se ha dado en llamar cognitariado o precariado intelectual. En la segunda parte, Precariedad y vida intelectual, desglosa las consecuencias cognitivas, y por tanto polticas, de esa nueva razn precaria.  

Para analizar las formas en que la precariedad impacta en la labor intelectual, el autor abandona toda simulacin de imparcialidad, arrancando desde la propia experiencia, pero sin abandonar en ningn momento la exigencia de precisin. De hecho, se subraya la necesidad de afrontar la produccin de conocimiento desde estructuras de comunidad intelectual, a menudo en oposicin a los presupuestos de la institucin neoliberal. Entre otras razones, para mantener a raya la propia subjetividad, como criterio de verdad, para poner distancia emocional con su objeto de estudio mediante la reflexin compartida, en el intento siempre inacabado de perseguir mayor objetividad, como si el fenmeno no consistiera en algo que enraza en el sujeto. Ese esfuerzo patente resulta muy de agradecer en tiempos tan lquidos, dada la psima suerte que ha corrido la nocin misma de objetividad en el ltimo medio siglo.

Con esta promesa de combinar distancia reflexiva e implicacin vivencial, la obra despega ilustrando la condicin de precario intelectual con una ancdota personal, en la que muchos podemos reconocernos. Un accidente informtico hizo perder a Lpez Als el disco duro donde guardaba el borrador de libro, sin que quedara copia de seguridad del mismo. Una fatalidad as obliga a tomar una decisin vital. Si crees en el valor de tu obra (es fcil verlo hoy, una vez premiado) puedes invertir en un nuevo ordenador y afrontar el coste de reparacin del disco daado, que puede ascender a mil euros, sin que se pueda garantizar la recuperacin del archivo. Pero si dudas, que es lo normal, puesto que lo ms probable en este gnero es que los beneficios no resarzan de los gastos, ser muy fcil abandonar la tarea, o postergarla indefinidamente. Todos tenemos algn manuscrito eternamente inacabado y olvidado en el fondo de algn disco duro. Si eso hubiera ocurrido, si las cbalas financieras de Lpez Als se hubieran inclinado del lado de la precaucin ahorrativa, en vez de hacia la audacia y el tesn, hubiramos perdido un ensayo muy necesario. Al recorrer este pasaje, el lector no podr evitar sentir que, en la adjudicacin del premio, el jurado ha estado doblemente acertado.

Fracasos individuales, causas sistmicas

En sus primeras andaduras, el libro interpreta las relaciones intergeneracionales en clave de resentimiento, aunque politizado, generado por un paternalismo tanto ms injustificado cuanto las promesas de progreso se iban truncando y emerga la amarga realidad: la generacin con ms altas expectativas y mejor formacin sera tambin la primera en mucho tiempo que vivira peor que sus padres. Ese fracaso colectivo, adems, durante mucho tiempo ha sido ledo a escala individual. Sobre el impacto intelectual de ese retroceso, la conclusin es tajante: nadie en esta generacin alcanzar el reconocimiento intelectual logrado por los mejores de las generaciones precedentes, porque nuestras condiciones de trabajo lo impiden. No slo por falta de estabilidad y seguridad, sobre todo por el conjunto de transformaciones culturales y organizativas que rigen la esfera intelectual en esta etapa del capitalismo, que impiden institucionalizar tradiciones intelectuales, escuelas, continuidades y renovacin a la altura de los proyectos de investigacin de largo aliento.

Cuando se adentre en el texto alguien que, como es mi caso, haya pasado ms de una dcada trabajando en cuatro o cinco universidades diferentes y en distintas disciplinas (despus de otros once aos de empleos alimenticios en precario como estudiante), tendr la sensacin de que cada captulo va rasgando velo tras velo una perspectiva polidrica e integral de su propia experiencia, perfilando los contornos de un ecosistema vivido, ms que conocido. Pgina a pgina, conforme van encajando las piezas de nuestro curso vital, ciertas desorientaciones se tornan en amargas certezas, pero tambin en brjulas, seales y decisiones. En ese sentido, la Crtica de la razn precaria, no puede dejar de tener algo de teraputico para el cognitariado al que interpela. Es un mapa. Uno muy completo.

LA SOLIDARIDAD Y LA COOPERACIN COMO PRINCIPIOS RESULTARAN HOY CONTRAHEGEMNICOS, Y AMENAZAN CON LASTRAR LA CARRERA PROFESIONAL DE QUIEN TRATE CONSTANTEMENTE DE MATERIALIZARLOS, TANTO COMO LA SALUD MENTAL DE QUIEN SISTEMTICAMENTE SE VEA EMPUJADO A DESHACERSE DE ELLOS

La institucionalidad salvaje e insuficiente que Lpez Als dibuja no podra resultar ajena a quien la haya habitado. La viveza y realismo de su representacin confirman otra sospecha generacional: muchos de los mejores se han quedado fuera. No slo por perversos mecanismos de seleccin adversa, tambin por los ritmos y sesgos fatales que impone la rankingnitis en el campo de las humanidades: pensar con profundidad, con todas las consecuencias, exige buena calma y mucha libertad para desplegar e implicarse con el propio pensamiento. Seal de ello es que, cada vez ms, muchos de los textos que exploran el pensamiento de la poca, como es el caso, provienen de fuera de la academia o de sus cada vez ms difusos mrgenes. De ah la distincin entre saber encerrado y saber expulsado que plantea el autor.

El libro no trata de esquivar los temas ms espinosos, como las endogamias y mandarinatos institucionales de los que somos inevitablemente agentes y pacientes, por accin o por omisin, ni la tecnificacin de la arbitrariedad que, sumada a cierta atomizacin y opacidad de la investigacin, orienta la produccin intelectual a la mera superacin de los protocolos de evaluacin. Se observa tambin el papel del reconocimiento institucional, no ya como gratificacin aadida o sea de estatus, sino como condicin de posibilidad de la identidad profesional, como salvoconducto para proseguir y a menudo como salario emocional, expresin acadmica del imperante capitalismo afectivo.

Esta dictadura del reconocimiento, en entornos de fragilidad e incertidumbre post-crisis, estara fomentando que miremos a todo aquel que no sea un colaborador de facto (potencial fuente de sinergias, en lenguaje gur) como a un potencial competidor, una amenaza. En este sentido, Lpez Als distingue tambin entre organizaciones virtuosas y perversas: las primeras fomentan lo mejor de sus miembros en trminos personales y profesionales, orientando su actividad al bien comn, mientras que las segundas, caractersticas de este momento histrico, prcticamente boicotean lo anterior, obstaculizando objetivos comunes. La solidaridad y la cooperacin como principios resultaran hoy contrahegemnicos, y amenazan con lastrar la carrera profesional de quien trate constantemente de materializarlos, tanto como la salud mental de quien sistemticamente se vea empujado a deshacerse de ellos.

Precariado intelectual y salud mental

Hace un par de aos, un informe de RAND Europe titulado Entender la Salud Mental en entornos de investigacin situaba al personal universitario entre los de ms alto riesgo de burnout , un sndrome que acaba de ser reconocido por la OMS como enfermedad laboral. A m me fue diagnosticado en 2015, pero tampoco hubiera podido permitirme una baja laboral prolongada sin perder el tren, as que decid resolver con una buena dosis de frmacos, algo de terapia, y vuelta al ruedo. No soy ningn hroe, es lo que hace todo el mundo. No pasar demasiado tiempo en boxes.

El informe en cuestin , un metaestudio que revisa 48 investigaciones en el rea, concluye que un 37% de acadmicos presentaba algn trastorno de salud mental, aunque slo un 6,2% informa a sus superiores. Para romper ese tab, Reino Unido celebra ahora cada mes de marzo el Da de la Salud Mental en la Universidad (vase #UMHD19 ). Son cifras monstruosas, pero otros estudios arrojan tasas similares. Uno ms reciente, realizado en Blgica con colaboracin de instituciones chinas e italianas, sobre 3.659 investigadores de doctorado, revelaba que el 51% presenta sntomas de dao psicolgico, y el 32% estn en grave riesgo de desarrollar un desorden psiquitrico. En otro estudio publicado el ao pasado en Nature Biotechnology , el 39% de los doctorandos presentaba un perfil de depresin, frente a un 6% entre la poblacin general. Segn Francisco Alonso Fernndez, catedrtico de Psiquiatra y Psicologa Mdica de la Universidad Complutense , la prevalencia en Espaa es algo menor: en torno al 30% de los profesores presentan problemas de salud mental. Pero, cmo hemos podido llegar a una situacin tan catastrfica? A mi juicio, la Crtica de la razn precaria recoge todos los ncleos de inters principales de la cuestin.

En su vocacin expansiva y globalista, denuncia Lpez Als, la ideologa neoliberal ha terminado colonizando no slo el planeta, fsicamente, sino todos los aspectos de la vida, y especialmente el orden de los afectos, sembrando un rgimen emocional desequilibrado regido por criterios de uso y beneficio Alberto Santamara hablar de obesidad emocional. Se ha llegado a hacer de la pasin un motor de productividad, inscrita en una lgica sacrificial de autoexplotacin permanente, donde el tiempo de ocio ha quedado abolido. Hemos interiorizado las demandas disciplinarias del sistema productivo, quiz con algo de retraso en el mundo acadmico, pero sin duda con especial intensidad.

EN VEZ DE UNA TRAYECTORIA COHERENTE, CADA VEZ SON MS FRECUENTES LAS SINGLADURAS ERRTICAS QUE PERMITIRN ADAPTARSE A LA POSIBILIDAD DE UNA BECA, DE UN CONTRATO, UNA PROMOCIN, UN PROYECTO FINANCIADO

Orbitamos en torno a un nuevo tipo de biopoder, cuyo panptico son las mtricas del ndice Google-H. Byung-Chul Han se ha convertido en el filsofo de moda, a la zaga de Slavoj iek, exponiendo la correspondencia entre el sujeto del rendimiento y la sociedad del cansancio. Pero Lpez Als se distancia del coreano en su pretendida superacin del paradigma biopoltico foucaultiano: las medidas de autovigilancia y autocastigo, la servidumbre voluntaria y apasionada, no remplazan ni excluyen a las impuestas desde fuera por otros mecanismos de gestin y control, ms bien forman estratos que se superponen.

Efectivamente, no slo toda pasin ha de ser productiva, metabolizable por el mercado, para adquirir legitimidad. Hoy la pasin productiva es ya obligada, es la condicin de insertabilidad en el sistema productivo. Convertida en valor cultural e incluso moral, deviene una forma de control social del precariado, obligado constantemente a rogar y reconquistar su medio de vida sin perder en ello la actitud positiva. Su desproteccin va ms all de lo econmico, tiene que ver con la dualidad aislamiento/vasallaje y por tanto con la carencia de soporte comunitario. Todo un tobogn hacia la ansiedad, la depresin y los frmacos, esa parte de la vida que no aparece en Instagram. En las redes digitales, nuestros avatares conectan ms bien con la idea de cronificacin dulce , expresin que el autor toma de Jos Luis Moreno Pestaa, el imprescindible arsenal de justificaciones compensatorias del que nos proveemos para soportar lo que de otro modo se volvera insufrible, en palabras de Javier Lpez, el reino de la competitividad , que l sugerentemente define como lo que queda tras la desregulacin de la competencia .

Nmadas intelectuales: cuando la vocacin es un lastre

Otra distincin relevante que plantea Lpez Als es entre dos nociones distintas pero solapadas de preparacin :   como formacin cultural y como disponibilidad para la competicin desregulada. La primera conecta con el cultivo de un impulso vocacional cuya productividad es incierta y no est garantizada. La segunda, con garantizar esa productividad a pesar de la eventualidad, con la versatilidad para adaptarse al campo que el mercado seale en cada momento, superando la propia pulsin o vocacin y procurando una cierta maleabilidad de los propios intereses a demanda de la institucin o del mercado, cada vez menos diferenciables.

Segn esa lgica, toda vocacin se vuelve una rigidez intil, cada vez ms obsoleta, un obstculo contraproductivo y opuesto a la capacidad de reinvencin flexible. En vez de una trayectoria coherente, cada vez son ms frecuentes las singladuras errticas que permitirn adaptarse a la posibilidad de una beca, de un contrato, una promocin, un proyecto financiado hasta que se termina por extraviar la vocacin inicial. Navegar sin otra congruencia que la vaga posibilidad de llegar a alguna parte, no importa adnde. En ese caso, le deca el gato de Cheshire a Alicia, cualquier camino sirve.

Para Lpez Als, el abandono de planes de investigacin de largo aliento, que ocupan toda una vida, como ocurra en otras pocas, o la fragmentacin de saberes y la tendencia narcisista al hermetismo, la autorreferencialidad y la insatisfaccin acadmicas, son producto de este orden caotizante. La torre de marfil ya no simboliza la vanidad, sino el miedo.

DESNATURALIZAR Y DESINTERIORIZAR EL ORDEN NEOLIBERAL, LLEVAR A CABO UNA OPERACIN DE EXTRAAMIENTO, ALIMENTAR LA TOMA DE CONCIENCIA. DEJAR DE IDENTIFICAR VALOR PERSONAL CON VALOR DE USO EN EL MERCADO PERMITIR PONER A SALVO LA AUTOESTIMA

La barbarie hacia la que nos deslizamos, advierte el autor, no se opone a civilizacin en trminos de sofisticacin tecnolgica u organizativa, sino en la incompatibilidad con una pluralidad real de formas de vida, autorreflexivas y no regidas por el miedo o la violencia. Como la civilizacin, la barbarie persigue producir a su manera ciertas formas de seguridad, aunque sea a travs de la lucha, pero a diferencia de sta, se desentiende de cualquier criterio de justicia y equidad. Por eso nunca lo logra. Produce ms bien un nomadismo intelectual cuya pertenencia grupal es siempre coyuntural y sobrevenida, sobre todo simblica y no de verdadero compromiso material con los otros miembros de la tribu intelectual, de quienes sin embargo temporalmente depende la productividad lograda. Por supuesto, ningn sistema de gestin es tan perfecto como para impedir numerosas excepciones, de las que tambin se ocupa el autor.

Esa competicin y precariedad que siempre marc la fase de aprendiz, la pasanta en cualquier oficio, ha ido creciendo con nuestra generacin. A buen seguro, muchos profesores de mediana edad se identificarn con estas palabras tomadas del quinto captulo, Precariedad a la deriva . Si biolgica, social e intelectualmente, el precario intelectual debe perseguir un ideal de madurez y responsabilidad, su realidad econmica e institucional lo fuerza a permanecer indefinidamente en una situacin de minora de edad. () De joven tena toda la carrera por delante; ahora, precisamente, como una carga que se desplaza al lado equivocado e impide avanzar, lo que siente es toda esa carrera por detrs, arrastrndola de un sitio a otro sin saber muy bien por qu o para qu. Sin destino. Ese precariado intelectual, desorientado y carente de destino claro y de mapa fiable, se dedica a acumular hitos en unos CV que suelen superar las cien pginas. Pero cuando en la carrera se pierde el horizonte, lo nico que queda es la certeza de seguir marchando y la inevitable presencia de la fatiga, advierte Lpez Als.

Cada vez ms, el precario carece de relato coherente que explique su propia odisea, lo que produce un impacto fatal no ya en el pensamiento crtico, sino en el propio bienestar mental, dada la ausencia de estructura narrativa slida, sustituida por una coleccin de momentos, vivencias, sensaciones ambivalentes que se van amontonando a lo largo de los aos. Reconocer su fracaso parcial sera un posible punto de giro, pero dicho reconocimiento operar fatalmente en su contra en una sociedad competitiva obsesionada con el triunfo. El problema es que la experiencia del fracaso es constitutiva del aprendizaje humano, adems de necesaria para construir un relato realista de s mismo, pero el precario no se puede permitir ese lujo, obligado a convencer a su entorno de que su carrera es una sucesin de xitos.

Salidas y lneas de fuga: el intelectual plebeyo

Pese a las enormes adversidades para el pensamiento crtico de las que el libro hace inventario, no todo en l es una invitacin al pesimismo de la razn. Su ltimo captulo, Salidas, sin prometer parasos, ofrece un respiro al optimismo de la voluntad, algunas lneas de fuga para buscar refugio.

No basta con rebajar expectativas. El primer paso para salir de una trampa es darse cuenta, entenderla. Desnaturalizar y desinteriorizar el orden neoliberal, llevar a cabo una operacin de extraamiento, alimentar la toma de conciencia. Dejar de identificar valor personal con valor de uso en el mercado permitir poner a salvo la autoestima. A partir de ah, rehacer el mapa, registrar con precisin sus cambios y nuestros errores de clculo u orientacin, reconstruir los viejos objetivos con nueva forma y buscarlos por nuevos derroteros, con nuevo instrumental, evitar volver al bucle. En su crtica de la razn pura y de la razn prctica , Kant trat de superar la dicotoma entre racionalismo y empirismo en los albores de la modernidad, sealando las limitaciones de ambos sistemas. Salvando las distancias, en estos estertores de la modernidad que an llaman postmodernidad, la Crtica de la razn precaria propone superar la identificacin con la precariedad mediante una operacin que podramos llamar de reenmarcado estratgico.

SI EL PRECARIO INTELECTUAL BUSCA LA FUGA MEDIANTE LA INTEGRACIN EN UNA LGICA QUE LE RESULTA INSANA, EL INTELECTUAL PLEBEYO SE RECOMPONE AL MARGEN DE ESA LGICA QUE ENTIENDE PERVERSA

En concreto, Lpez Als sugiere emprender una transicin de la figura del precario intelectual a la de intelectual plebeyo , de lo adjetivo a lo sustantivo, cuya nueva adjetivacin no necesariamente es definitiva, ni hace falta fetichizar. Transicin que no busca reprobar la anterior condicin, sino el sistema que la produce y a quienes lo perfeccionan. El libro evita caer en la moralina fcil, huye de la lgica de apocalpticos frente a integrados. No confunde explicacin con justificacin. Lo que es innegociable, dice Als, es justamente eso, la manera en que uno se dispone a mirar el mundo, a relacionarse con la verdad de las cosas y con los otros para llegar a entenderlas. Sugiere marchar hacia la reconciliacin con el principio de realidad sin dejarse la dignidad por el camino, sin celebrarla ni darla por inmutable. Si el precario intelectual busca la fuga mediante la integracin en una lgica que le resulta insana, el intelectual plebeyo se recompone al margen de esa lgica que entiende perversa, pero sin dejarse guiar por las pasiones tristes del despecho, la envidia o el resentimiento. Otras propuestas incluyen pelear para organizar entornos ms justos, que no estigmaticen la vulnerabilidad sino que la mitiguen, y precaverse de la dualidad xito-fracaso tan central para el imaginario anglosajn (y cada vez ms para el mediterrneo), con su glorificacin del winner frente al loser . Fracaso no puede ser la ausencia de xito, advierte Lpez Als, pero sobre todo xito no puede ser la ausencia de fracaso, porque es un imposible lgico y biolgico. De otra manera, no cabe esperar ms que insatisfaccin y frustracin generalizadas.

Sin perder legibilidad ni frescura, y sin peajes en forma de estilo pomposo o lenguaje de palo, el de Lpez Als es un ensayo con maysculas, en el sentido pleno y clsico del trmino: metdico, exhaustivo, parsimonioso. No obstante, se deja leer muy bien de forma salteada, picoteando el ndice segn los focos de inters de cada cual. Especialmente recomendable es su lectura para ese joven ejrcito acadmico de reserva que son los doctorandos. Desde que se ha publicado este libro, estis un poco menos solos y solas. Pero tambin har bien a profesores e investigadores ms asentados. No les descubrir nada que no hayan sentido ya en sus carnes, pero les ayudar a poner en orden esa experiencia, y a buscar soluciones en comn. No es poca cosa.

Miguel lvarez Peralta es profesor en la Facultad de Comunicacin UCLM.

Crtica de la razn precaria: La vida intelectual ante la obligacin de lo extraordinario . Javier Lpez Als. Libros de la Catarata, 2019. ISBN 849-09-759-73

Fuente: https://ctxt.es/es/20190807/Firmas/27681/Miguel-Alvarez-Peralta-rese%C3%B1a-universidad-precariedad-neoliberalismo-Javier-Lopez-Alos.htm

 



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