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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2019

La afluencia masiva de visitantes ha transformado los centros de las grandes ciudades en parques temticos
El nuevo turismo urbano

Emilio de la Pea
Ctxt


Hay cosas que no tienen lmite porque no estn sujetas a las leyes de la fsica. Bueno, las leyes de la fsica tampoco parecen tener claros los lmites. Pero en el mundo en que nos movemos, la amplitud de una calle est limitada, por ejemplo, por los edificios que hay a un lado y otro. La capacidad de un restaurante tambin est objetivada por el nmero de mesas donde se sirve comida. Sin embargo, los deseos, la imaginacin, el espritu viajero o la ilusin por ver algo nuevo son infinitos. Por si hubiera dudas, el turismo est tratando de demostrarlo de unos aos a esta parte. Ello pese a las enormes contradicciones que tiene llevarlo a la prctica.

En Espaa, el porcentaje de personas que no pueden permitirse ir de vacaciones es ahora menor que antes de que estallase la crisis. Son todava muchos: el 34%. Y son muchos ms entre los que ganan muy poco: el 70% debe quedarse en casa. Pero mientras para el conjunto la posibilidad de salir de vacaciones mejora, empeoran otras condiciones de la vida: comer carne al menos dos veces por semana, mantener la casa a temperatura adecuada, hacer frente a gastos imprevistos o pagar sin retrasos la hipoteca o el alquiler.

En la mayora de los pases ricos de la Zona Euro, la incapacidad de disfrutar de vacaciones afecta a un porcentaje mucho menor de personas, con la excepcin de Italia. Y, adems, la cifra de los que se tienen que quedar en casa ha ido disminuyendo claramente ms que aqu. Los sueos en ese caso se hacen realidad en mucha mayor medida. Eso explica en parte la avalancha de extranjeros que llenan Espaa con sus visitas en nmero creciente.

Pero la contradiccin mayor es la de compatibilizar los lmites reales con los deseos y las ilusiones, por mucho que estas puedan pagarse. Hay deseos vacacionales bien sencillos, por ejemplo, tostarse en la playa, darse de vez en cuando un remojn en el mar, leer un libro o navegar por la red y luego la comida, la siesta, el paseo al atardecer y la charla o ensordecerse de msica, bajo la excusa de bailar o ligar (no s si an se dice as). Ms sencillo y barato todava es ir al pueblo, leer, aburrirse, jugar a algo o, si se tiene aficin y un huertecillo, cuidar de los tomates y los pimientos.

Pero el turismo puede dar para mucho ms: viajar, conocer nuevas ciudades, buscar all lo caracterstico del lugar, visitar todo lo visitable y comer cosas nuevas. Es un tipo de turismo que ha existido siempre, pero que en los ltimos tiempos ha adquirido dimensiones nunca vistas, tanto en nmero de personas como en distancias desde el punto de residencia. Y aqu es donde chocan los deseos con los lmites. Decir que el abaratamiento del transporte, sobre todo del avin, ha contribuido decisivamente a ello no viene a cuento en lo que trato de exponer.

La ciudad de Madrid tuvo el ao pasado unos 10 millones de turistas. Barcelona, otro tanto, y slo cuento en ambos casos los alojados en hoteles. En 2000 fueron la mitad. En otras ciudades ha ocurrido algo parecido, aunque con un crecimiento un poco ms moderado. Qu buscan tantos visitantes? Qu quieren? Qu les gusta? Qu esperan a cambio de gastarse su dinero? Y aqu vuelven a chocar ilusiones con lmites. Los viajeros son el doble, pero las calles a visitar son ms o menos igual de anchas, el nmero de monumentos histricos no ha variado en exceso, los museos de valor tampoco. El mar con sus playas sigue estando donde estaba, en el caso de Madrid a unos 400 kilmetros de distancia.

Qu se les puede ofrecer para para que regresen contentos a sus casas? El consistorio municipal de Villar del Ro tambin se lo plante ante la inminente llegada de los americanos en la pelcula Bienvenido, Mister Marshall. Y slo un profesional ajeno al mismo fue capaz de dar la solucin. En sntesis, consisti en transformar el pueblo para que fuera del gusto de los visitantes, al margen de las necesidades de quienes vivan en l. El cambio mereca la pena porque, como compensacin, se llenaran los bolsillos.

La realidad no es exactamente igual que una pelcula, pero con profesionales con ideas claras y autoridades receptivas, es posible convertir las ilusiones de los visitantes en realidad, por encima de los lmites de una ciudad en la que viven tres veces menos de personas que las que llegan cada ao para pasar dos o tres das. Ya no bastan los tablaos, ni los museos y monumentos: all no caben todos y a muchos eso les parece un tpico muy explotado. Y hay muchas cosas que hacer en Madrid o Barcelona para colmar las ilusiones de los turistas. Ahora los que viajan lo hacen especialmente para comprar, comer y asombrarse de las singularidades del lugar que visitan. El comercio es clave: es posible transformar las tiendas. Las podemos dedicar a la venta de espadas toledanas, cermica pueblerina, figuras de El Quijote o Las Meninas, con introduccin de objetos ms actuales, como los corazones con la inscripcin I love Barcelona o I love Madrid. Pero esto son topicazos que no dan para satisfacer a tanto turista. Ahora lo que se lleva es comprar ropa, ropa y sobre todo ropa. El cambio se ha conseguido.

El turista moderno quiere tambin comer lo que toman los del lugar. Eso traslada al paladar y al estmago la sensacin de exotismo. Paella? S, pero es tan conocida que ya no colma la ilusin, est dentro de los lmites. No s a quien se le ocurri la idea de la tapa. No es nueva claro, pero s lo es para Madrid o Barcelona. Tapas se servan en Andaluca o en el Pas Vasco, en este caso llamados pinchos. He nacido en Madrid, donde siempre he residido, salvo un corto periodo que lo hice en Barcelona. Y ni en una u otra ciudad se tomaban tapas, pese a lo imaginativas y sabrosas que son. Ahora, un bar en el centro de Madrid que no sirva tapas (y lo ponga bien claro en el exterior) ahuyenta a los visitantes extranjeros. No es la nica comida extica que se ofrece a quien viene de fuera de Espaa. Tambin estn los churros. En el centro de Madrid han desaparecido prcticamente las churreras tradicionales. Esas donde se suelen comprar los domingos para el desayuno. Quienes all viven han quedado privados de esa costumbre sabrosa y grasienta. Sus locales fueron sustituidos por bares y tiendas de ropa. Sin embargo, proliferan ahora las chocolateras churreras. Salvo alguna excepcin son nuevas, pero algunas simulan que son de toda la vida.

Los paseos tursticos por la ciudad se realizan sobre todo por el casco histrico. Este, por definicin, no puede crecer: dejara de ser histrico. La avalancha de paseantes casi los desborda. Pero los sitios en los que asombrarse por su monumentalidad, aspecto antiguo o singular son en realidad los de siempre, como es natural: estn inevitablemente limitados, en contradiccin con la multiplicacin de gentes que los recorren. Las aglomeraciones se parecen a las del metro en las horas de ir al trabajo. La demanda de sitios donde detenerse no da para tanto curioso. Pero hay solucin: exprimir el inters de edificios y locales como se exprime un limn, rastrear entre callejuelas, como los buscadores de oro en los ros de California. Y se encuentran cosas. Hace unos meses fui como de costumbre a la peluquera, la de siempre. Suele estar bastante llena, pero lo de ese da super todo lo esperado. A la puerta, un grupo numeroso de turistas observaba y fotografiaba el establecimiento mientras la gua les explicaba no s qu del lugar. Pas como pude entre el grupo, entr y me sent como el retrato de La Gioconda. El corte de mi pelo no poda haber hecho tal transformacin.

Lo mismo que los vecinos de Villar del Ro convirtieron la localidad en un pueblo andaluz, el turismo ha transformado los centros de las grandes ciudades, aqu y en otros pases, en parques temticos. Para contribuir al gran invento, yo he ideado un nombre que caracterice al de Madrid: el Parque de las dos Ts, trapos y tapas.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190814/Firmas/27684/Emilio-de-la-Pe%C3%B1a-turismo-ciudades-Espa%C3%B1a-masificacion.htm



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