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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2019

Un mundo grande y terrible

Julio Anguita y Manolo Monereo
Cuarto Poder


Siete aos sin Paco Fernndez Buey.

Lo culturalmente correcto y su primo, lo polticamente correcto, han realizado juntos un desarme unilateral de las ideas antagonistas que han asegurado lo que se ha llamado con razn y no por casualidad, el orden constituido, el estado actual de las cosas (Mario Tronti)

Antonio Gramsci calific como mundo grande y terrible al que le toc vivir y en el que luch toda su vida contra la explotacin y el fascismo. Las crceles mussolinianas acabaron con su vida de intelectual creador y activo dirigente comunista. Paco Fernndez Buey (1943-2012) hizo, en tres trazos magistrales, un resumen de la vida y obra de aquel gigante filsofo y revolucionario. Recordmoslos. Para Gramsci, la filosofa de la praxis, no era otra cosa que una hereja de la religin de la libertad a la que se opona con intencin de superarla. Y as intuy, desde su realidad, que en el futuro el filsofo democrtico y laico tendra que seguir vindose las caras con aquella. Es decir, que el pensamiento y la accin transformadora deberan seguir siendo algo ms que liberales.

La segunda y actualsima aportacin gramsciana fue la revalorizacin de la poltica en su acepcin ms noble. Una concepcin de la poltica como tica de lo colectivo. La poltica, fundamentada en la tica, permite distinguir entre un partido poltico y una mafia o secta; entre la poltica (propiamente dicha) y el delito. La tercera aportacin de Gramsci fue, y es, el desarrollo de un marxismo especialmente centrado en la dimensin cultural de la lucha de clases, las relaciones reales entre lo pblico y lo privado y la dialctica entre el internacionalismo y la persistencia de los sentimientos nacionales.

Hoy estamos tambin mutatis mutandis ante un mundo grande y terrible con problemas radicales que exigen saber interpretarlos buscando las lneas de fractura. El sistema mundo vive hoy un momento fundante que exige una adecuacin estratgica a las fuerzas que siguen luchando por la emancipacin social. Estamos ante una realidad que se muestra adversa, difcil, conflictiva, indita en muchos aspectos y de crisis sistmica global; en Espaa, adems, de crisis del rgimen forjado en la Transicin.

El mundo nuevo, diferente y mejor que haba prometido la globalizacin capitalista no ha llegado ni llegar. A las recurrentes crisis financieras se aaden las desigualdades, las guerras comerciales y el retorno (nunca se fue) del proteccionismo. Es ms, estamos a la espera de una nueva crisis y lo hacemos como si fuera una ley natural: su llegada es inevitable y no tiene remedio. Nos toca sufrir. Pero, si no proyectamos una accin estratgica contraria, nos tocar tambin padecer bajo un fascismo administrador de la escasez.

La actitud de la UE y de los pases que la integran ante las vctimas de la emigracin no slo evidencia la necesidad de una enmienda a la totalidad de la poltica europea y occidental sino que, adems y cual avestruz, quiere ignorar que a la inmigraciones hijas del hambre y de las guerras (provocadas, casi siempre, por las potencias occidentales como la de Libia) se sucedern las oleadas de gentes desalojadas de sus territorio por el cambio climtico y la subida del nivel de los mares. Se piensa en ello?

Un segundo elemento est tambin delante de nuestros ojos. Vivimos una gran transicin geopoltica. Vuelve la historia y se pone fin a los sueos de un imperium sin centro y sin potencias hegemnicas. El conflicto entre China y EEUU apenas si est en sus comienzos y marcar un largo ciclo y difcilmente se resolver sin que acte la trampa de Tucdides, sin la guerra; esta puede adquirir muchas formas. El momento lo podramos definir as: la poltica es la continuacin de la guerra por otros medios. EEUU, con o sin Trump, slidamente asentado en el hemisferio occidental, no aceptar la presencia de un Estado que le dispute la hegemona en el hemisferio oriental (ni en el resto del mundo). Llegarn hasta el final.

Un tercer elemento tiene que ver con la crisis ecolgico social del planeta y sus derivas. Para no olvidar: Manolo Sacristn habl ya de crisis civilizatoria del capitalismo, al menos, desde 1973; l y sus amigos dedicaron a esta cuestin una parte significativa de sus biografas ( Adinolfi, Fernndez Buey, Candel, Capella, Ros, Aubet, Sempere, Domnech, Recio, Riechmann, Grau) No nacimos ayer y difcilmente encontraremos el camino si no sabemos de donde venimos. La crisis ecolgica es hoy incuestionable. Los lmites del planeta se han sobrepasado ampliamente y sus consecuencias pueden hacerse irreversibles. La barbarie, en muchos sentidos, ya ha empezado. Ahora, de lo que se trata es de frenarla (si estamos a tiempo) y cambiar sustancialmente de posicin.

El cuarto elemento significa una novedad histrica radical. Como deca Anbal Quijano, el llamado descubrimiento de Amrica signific, a la vez, el triunfo del capitalismo, de la modernidad, y del racismo. Han sido cinco siglos de hegemona poltico cultural de occidente; esto hoy est terminando. No sabemos si habr otras modernidades. Lo que parece seguro es que la que hemos conocido mutar radicalmente. El mundo aparecer en su diversidad y habr que interpretarlo de otra manera. Nos quedan muchas cosas que ver, que redescubrir. Pronto amanecer frica y sus varios horizontes de sentido.

Se podra ampliar lo dicho, pero nos interesa, por ahora, los trazos gruesos. Llegar el momento del pincel fino y de distinguir las luces de las sombras. Frente a eso, qu aparece? Para nosotros, una etapa que definimos como momento Polanyi. Como es conocido, hace referencia a la reaccin de los estados y las sociedades al predominio de la mercantilizacin capitalista del conjunto de las relaciones sociales. Nancy Fraser ha hecho un anlisis ms complejo de este momento. Por cierto, la conocida marxista norteamericana habl hace muchos aos de que estamos en una etapa post socialista. Ahora volvemos a ello.

Momento Polanyi, etapa post socialista. Hay tres cuestiones que diferencian esta fase de la anterior: a) la cuestin del ideario o del punto de vista; b) el sujeto y los sujetos de la ruptura y c) el lugar, el Estado-nacin. Las cuestiones, como se ver, desbordan los lmites de un artculo como este. Nos interesa el debate en serio y que sea lo ms accesible para las personas. Las tres estn muy relacionadas y tienen que ver con las discusiones en torno a la globalizacin. La primera cuestin, la del ideario, nos parece la ms significativa. Por primera vez, en varios siglos, el socialismo, como sociedad alternativa al modo de producir, vivir y consumir del capitalismo, ha desaparecido del sentido comn de las clases trabajadoras. Se pueden discutir lmites, geografa y hasta topologa, pero lo sustancial, para los comunes y corrientes, es que el capitalismo no tiene alternativa. Esto pesar durante mucho tiempo sobre nuestra cultura poltica. Volver a situar el socialismo en la agenda no ser fcil.

Sobre la clase obrera y sus circunstancias se ha escrito mucho y no siempre bueno. Entre fuerzas polticas alternativas y militantes obreros hay consenso en que las clases trabajadoras han perdido centralidad, han sido desarticuladas internamente y su papel como sujetos del cambio ha perdido relevancia. Pero la clase obrera no ha desaparecido y seguir siendo un sujeto imprescindible para la transformacin social. Nadie duda de las dificultades del sindicalismo de clase, de la accin colectiva y del protagonismo de un actor que ha ido perdiendo peso poltico y capacidad de hegemona. Los lmites entre voluntad y voluntarismo se han estrechado mucho y se entremezclan con un artefacto meditico cultural que invisibiliza a las trabajadoras y a los trabajadores. Es parte de la cultura dominante. Lo que parece inadecuado es dar a la clase obrera por perdida y no intentar, en serio, echar races en las viejas y nuevas figuras que componen el heterogneo mundo del trabajo.

Las recientes elecciones europeas no despertaron demasiado entusiasmo y la polarizacin buscada (todos contra los populistas de derechas) dieron escasos resultados. Se trataba de organizar el frente Macron-Tsipras. A final, se repartieron el poder Francia y Alemania y a nosotros nos toc un consuelo llamado Borrell. Haba un consenso fuerte: la Unin Europea es la nica alternativa posible y los Estados nacin, artefactos histricos sobrepasados y carentes ya de fundamentos histrico sociales. Todo lo dems es secundario; es decir, las asimetra de poder interno, las relaciones centro y periferia, la descarnada hegemona alemana, la constitucionalizacin de las polticas neoliberales, las desigualdades sociales y el predominio de la oligarqua financiera, la escandalosa supeditacin a la poltica exterior norteamericana. Lo dicho, secundario y reafirmar, una y mil veces, la hiptesis federalista: los Estados Unidos de Europa como grandioso objetivo.

En la UE se da eso que Danilo Zolo llam analoga interna o analoga domstica. La integracin europea se intenta explicar de modo simple y sin contradicciones. Se coge como modelo el Estado nacin que, con mediaciones diversas, se trasplanta a la futura construccin europea que ser un Estado, pero supranacional; es decir, deber tener el monopolio de la violencia legtima, un sistema judicial unificado, un sistema fiscal propio, seguridad social y relaciones laborales comunes, los mismos servicios pblicos (sanidad, pensiones, educacin). Y un sistema monetario nico, que ya tenemos en la mayora, configurado como dispositivo-vanguardia para el disciplinamiento de las economas estatales especialmente las perifricas- desde los criterios marcados por Alemania y gobernados por la mano frrea de un Banco Central omnipotente y, por lo que se ve, omnisciente. Es curioso que la tecnocracia neoliberal requiera, para imponerse, de una ingeniera poltica jams soada por los planificadores soviticos. Nada ms y nada menos, que desmontar Estados con trayectorias de siglos, desarticular sociedades presuponiendo una homogeneidad cultural y social al servicio de una Unin Europea sin pueblo, sin soberana y sin poder constituyente.

La llamada estrategia funcionalista de construccin europea ha cumplido holgadamente su papel que no era otro que desposeer a la soberana popular de los diversos Estados de la Unin de su soberana econmica y monetaria. Los Estados Unidos de Europa es ideologa, falsa conciencia. Funciona y agrupa a una lite compacta que la UE organiza y legitima. Son los triunfadores de la llamada globalizacin que necesitan poner fin a las democracias basadas en el conflicto, la regulacin del mercado y del Estado social. Lo que se est construyendo no es un proto Estado sino una forma de dominio al servicio de los poderes econmicos gobernada, en ltimo lugar, por Alemania. Se suele citar mucho a Hayeck, pero se olvida una cosa importante: defendi un federalismo econmico que le quitara a la soberana popular el control de la economa, pero se opuso con igual fuerza a un sper Estado europeo. Es necesario subrayar este punto: los Estados de la UE no se van a disolver, se seguirn manteniendo como forma de dominio y de control social. De lo que se ha tratado siempre es de amputar la soberana de los Estados en aquello que pudiera beneficiar al movimiento obrero organizado, a la ciudadana desfavorecida y a las polticas alternativas al neoliberalismo.

Hay que volver, de nuevo, a Polanyi y a Fraser. La tradicin de los grandes partidos marxistas europeos lo tuvieron claro desde la II Guerra Mundial: la construccin del socialismo en torno a un bloque histrico hegemonizado por las clases trabajadoras; el Estado nacin como fundamento y la va democrtica como medio. Se podra decir hoy que es demasiado simple, pero se trat de una estrategia bien fundada y con un gran consenso de masas. La clave era una clase obrera y un bloque de fuerzas polticas y sociales con voluntad de gobierno y de poder en una perspectiva de ruptura con el capitalismo.

La idea de un sujeto poltico y social europeo alternativo a esto es, a nuestro juicio, un enorme error. A las pruebas nos remitimos: Cuntas huelgas generales ha convocado la Confederacin Europea de Sindicatos? Qu prcticas alternativas de masas han organizado las clases trabajadoras ms all de sus pases? Por qu una izquierda que pretende hacerse europea es cada vez ms dbil y los nacionalismos de derecha, de extrema derecha u otros supuestamente emancipadores campan por doquier? No hay relacin entre este tipo de integracin europea, la degradacin de nuestras democracias y la prdida de peso de las clases trabajadoras y de la sociedad? No es paradjico que, a ms integracin europea, ms dependencia de EEUU y menos capacidad para ser un sujeto autnomo en unas relaciones internacionales que cambian aceleradamente?

Solo con metforas y con caricaturas de la realidad no se hace poltica. El Estado nacin siempre ha sido necesario y, a la vez, insuficiente; imprescindible y necesitado de una visin internacionalista. Su transformacin marcar toda una etapa histrica y estar ligada a una democratizacin sustancial de las relaciones sociales. Defender el Estado democrtico, la soberana popular y los derechos sociales, no solo no es incompatible, sino que obliga necesariamente a una perspectiva internacionalista; es ms, diramos que europesta en el sentido que De Gaulle pudo definir como tal; es decir, los Estados nacin, la patrias, los pueblos, deben de convertirse en los autnticos sujetos de un proyecto civilizatorio, internacionalista y solidario de una Europa europea no limitada a la UE actual- que quiere construir un nuevo mundo ms justo, democrtico y en paz.

Sabemos, con mucha precisin, que una salida socialista a la catstrofe que nos amenaza, necesita de una palanca slida que, para nosotros, son bloques histricos sociales que construyen pueblo, patria y soberana. El internacionalismo solo ser real si se opone a los nacionalismos excluyentes, a la globalizacin y defiende unas clases trabajadoras que convergen en una humanidad radicalmente diversa.

Cuesta creer que defender estas cosas pueda ser entendido como una provocacin. Hay nostalgia, sin duda. La nostalgia de un siglo XX que puso contra la espada y la pared al capitalismo imperialista. Esta herencia de xitos y fracasos es la nuestra y, sin ella, nunca edificaremos un futuro de liberacin social y nacional. Antes hemos dicho que colocar de nuevo el socialismo en la agenda de nuestras sociedades ser una tarea muy larga y costosa, pero necesariamente hay que partir de un dato de la realidad: esta sociedad est avanzando en la barbarie y, o construimos desde abajo una alternativa polticamente viable, o seremos, irremediablemente, derrotados. Seguimos defendiendo una estrategia nacional-popular basada en la construccin de poderes sociales, fortaleciendo la unidad desde abajo que fomente el trabajo voluntario, y la auto organizacin social. Creemos que la izquierda, junto con todas las fuerzas sociales, polticas y culturales que todava quieren confrontar con la barbarie actual y la venidera, debera volver los ojos al poltico sardo y prepararse para organizar una resistencia ofensiva en la que el componente tico y programticamente alternativo sea inexcusable de su existencia.

Apostamos por el topo que sigue actuando bajo la tierra, sin olvidar lo que Lucio Magri nos deca: no olvidis que el topo est casi ciego.


Fuente original: https://www.cuartopoder.es/ideas/2019/08/19/un-mundo-grande-y-terrible/



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