Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2019

Las dinmicas de competencia y acumulacin capitalista en la academia

Natalia Milln Acevedo
El diario


- El sistema nos propone que sigamos una vida de acumulacin sin lmite, una acumulacin que slo puede estar en nuestros relatos y creencias, porque la naturaleza de la tierra que habitamos y de nuestra propia vida es cclica y finita

-La mayora de las sociedades comulga con la falsa creencia de que la acumulacin infinita es posible y no importa cun prospera y fecunda se considere esta sociedad, siempre querr ms

Imagen: Ayuntamiento de Ciudad Real

Desde el pensamiento crtico es posible concluir que el sistema neoliberal en el que nos hemos instalado se encuentra en guerra con la vida misma. En guerra con los rboles y los ros, a los que considera recursos que deben ser explotados y manipulados para promover la acumulacin de capital. En guerra con las personas, dado que cree que una parte fundamental de la humanidad no ostenta la condicin ciudadana y, por tanto, es legtimo negar a esas personas todo derecho humano, incluido el de no ser asesinados, torturados o vendidos como mercanca. Y en guerra con nosotras mismas, con nuestros cuerpos y almas, dado que el sistema capitalista niega la propia esencia de la naturaleza humana, que necesita de la cooperacin, la solidaridad y la compasin para desarrollarse de manera plena.

Vivimos inmersas en un sistema que niega la propia esencia de lo que somos, un sistema que nos acelera cuando nuestros ritmos naturales son lentos, que nos individualiza cuando somos seres sociales y compasivos, y que nos pide fortaleza e infinitud cuando nuestra condicin es vulnerable y pasajera. As, el sistema nos propone que sigamos una vida de acumulacin sin lmite, una acumulacin que slo puede estar en nuestros relatos y creencias, porque la naturaleza de la tierra que habitamos y de nuestra propia vida es cclica y finita.

Hace poco, en una clase, un grupo de estudiantes me plante que el cuidado del medioambiente es, para los pases pobres, en este caso latinoamericanos, un lujo que estos Estados no se podan permitir. En realidad, me pareci un razonamiento muy pertinente, porque esta es la esencia misma del sistema ilustrado, moderno y racional que los seres humanos hemos diseado para organizar nuestra convivencia. Un pensamiento que entiende que la acumulacin de riquezas es la base misma de la evolucin social, y que el cuidado y el respeto por la propia tierra que nos ha acogido (es decir, por la vida) es un mbito superfluo al que llegaremos cuando la acumulacin de la riqueza est completada. Este pensamiento cuenta adems con la paradoja de que esa acumulacin nunca ser suficiente; una de las caractersticas fundamentales de la mente humana (que luego se expresa en el sistema social y poltico que hemos creado) es la necesidad infinita de crecer, de progresar, de avanzar. De esta manera, la mayora de las sociedades comulgan con la falsa creencia de que la acumulacin infinita es posible, y no importa cun prospera y fecunda se considere esta sociedad, siempre querr ms.

A mi juicio, lo ms importante del capitalismo no es el diseo econmico y poltico de la sociedad, sino el sistema de creencias, valores y relatos que legitiman y explican este sistema. El mbito intersubjetivo de creacin de realidades mediante la palabra, las imgenes y los estmulos ha configurado una historia paralela que ha naturalizado y desnaturalizado los fenmenos vitales. As, desde la academia, se plantea que las teoras "realistas" son aquellas que entienden que el "hombre" es un ser egosta que siempre busca sus propios beneficios y, por tanto, la regulacin de la vida cotidiana tiene que contener un alto contenido de violencia y disciplinamiento. Son las mismas aproximaciones analticas que nos explican que somos seres competitivos e individuales, que los otros son violentos y peligrosos, que la naturaleza es un recurso que debe ser adaptado a las necesidades humanas. Y, adems, son epistemologas racionalistas y antropocntricas que ubican al "hombre" en la cspide de la pirmide evolutiva y, por tanto, entienden como natural la violencia que se ejerce sobre millones de seres sensibles que son explotados, torturados y asesinados para que podamos, por ejemplo, alimentarnos como nos plazca.

Estas aproximaciones son las que niegan la naturaleza cooperativa e interdependiente de nuestra raza humana, las que entienden que amar la naturaleza que nos acoge y nos da vida es un postulado superfluo e irracional y que la compasin y el amor por todos los seres sensibles que habitamos el planeta (que en la realidad vital somos todos uno) es una superchera y un "buenismo" que slo sirve para ampliar el mercado de los estupefacientes y antidepresivos.

Este marco de creencias que a mi juicio niega las esencias ms reales y bsicas de la vida, se ha integrado a todas las estructuras y organizaciones humanas. Y esta perspectiva mercantilista y disciplinadora se encuentra plenamente vigente en la universidad; si una persona quiere dedicarse a la docencia universitaria, pronto sabe que hay un solo camino para poder ejercer esta profesin. Se nos exige acumular mritos; mritos que suponen participar en ms congresos, escribir ms artculos, ser parte de ms investigaciones, involucrarse en ms proyectos europeos, de innovacin docente, de transferencia, etc. Pero sobre todo se nos pide que escribamos artculos (preferentemente en ingls) en revistas hiperespecializadas donde es muy difcil publicar. Revistas cuyo impacto real en la vida es bastante cuestionable, aunque poseen un valor acadmico indiscutido e irrefutable. Estos requisitos son indispensables no slo para lograr una plaza estable en la Universidad, sino tambin para acceder a la acreditacin que habilita a los docentes a participar en los concursos de esas mismas plazas. Esta estructura, junto con la precarizacin, la inseguridad y el miedo propio de estos tiempos lquidos que habitamos, hace que los profesores no tengamos otro camino que ser parte de ese proceso disciplinado, hiperexigente y burocrtico si queremos siquiera aspirar a dedicarnos profesionalmente a la docencia y a la investigacin.

Por el contrario, nadie nos ha pedido, hasta ahora, que seamos personas conscientes y compasivas con los estudiantes que comparten el aula con nosotros. No existen mritos para poder valorar el compromiso de los profesores con la creacin de una conciencia crtica que ayude a las personas que van a la universidad a desarrollar su propia libertad y su propio ser. No hay cursos para ayudarnos a lidiar con el miedo y la inseguridad de la que somos parte en un sistema cada vez ms violento que desplaza a la invisibilidad a millones de seres sensibles. Cmo podemos ser profesores conscientes sin la posibilidad de compartir la vida que somos, la importancia de nuestro ser, la necesidad de ser amables y compasivos con el mundo? Cmo podemos ensear "algo" si negamos a la tierra que nos acoge, los ros de los que bebemos, al aire que respiramos? No es ms importante recordar la importancia de la vida, la solidaridad y el amor que entender a Hobbes y a Weber?

Sin embargo, somos parte de este proceso de acumulacin y competencia, vivimos urgidos por las dinmicas disciplinadoras del sistema que nos exhorta a acumular, y creo que este proceso nos aleja de nuestros compaeros, de nuestros alumnos y de nuestro propio ser. Incluso desde el pensamiento crtico tengo la sensacin de que seguimos esta dinmica acumulativa y competitiva. Muchas veces nos obcecamos por tener "razn", por acumular citas y conocimientos que legitimen nuestra posicin, por desarrollar la mejor oratoria, el mejor argumento, en definitiva, por salir victoriosos de la contienda competitiva que nos es dada.

Quiz sea una posicin endogmica reflexionar en este artculo sobre mi propio trabajo, mis miedos e inseguridades al ejercerlo y mi falta de capacidad para gestionar la burocratizacin de la vida acadmica; sin embargo, creo que estas dinmicas intersubjetivas se expresan en todos los mbitos laborales y profesionales; creo que este sistema no slo ha roto con la tierra, con la naturaleza y con las personas, sino que nos impele a romper con la esencia de nuestro propio ser. La posibilidad de dar clases, de contar las experiencias y los conocimientos propios, de tener compaeros y alumnos es ciertamente una oportunidad maravillosa y, pese al sistema que nos estructura y disciplina, creo que las profesoras y profesores podemos dar espacio a nuestra propia esencia humana, al amor por todos los seres que hay aqu y a la conciencia de la experiencia de la vida. Y de esta manera construir, en dilogo con las personas que formamos parte del aula, una alternativa consciente para nosotras y nuestro mundo.

Natalia Milln Acevedo, Economistas Sin Fronteras

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinin de la autora y esta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora.

Fuente: https://www.eldiario.es/zonacritica/dinamicas-competencia-acumulacion-capitalista-academia_6_926767319.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter