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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2019

Argentina ante un instante de peligro
Derrota de Macri, terrorismo financiero y lucha de clases

Martn Mosquera
Intersecciones


1. La derrota electoral aplastante de Macri es un acontecimiento fundamental que abre paso a una situacin nueva. Las clases populares encontraron en la candidatura peronista un canal para censurar polticamente a la derecha y expresar un amplio rechazo a las polticas de ajuste de los ltimos aos. Este resultado electoral tiene un fuerte alcance regional y constituye tambin una derrota para Trump, Bolsonaro y la derecha latinoamericana, que ahora ven desestabilizados parcialmente sus planes en la regin. Es una victoria popular en tanto refuerza la confianza de la clase trabajadora en sus propias fuerzas, eleva las achatadas expectativas sociales y puede ser un punto de apoyo para un ciclo de luchas que aspire a recuperar lo perdido en e l ltimo periodo . En cierta forma, el resultado electoral es el reflejo diferido del ciclo de luchas anti-macristas de los ltimos aos.

Este impacto evidencia que estas elecciones particularmente se haban convertido en un momento clave para la redefinicin de las relaciones de fuerza a nivel social. Tanto un ultra-izquierdismo tradicional (que considera que no se juega nada importante en las elecciones burguesas) como las distintas formas de movimentismo basista (que rechaza de plano el momento estatal de la lucha de clases) coinciden en subestimar el impacto en la remodelacin de las relaciones sociales de fuerza que se condensan a menudo en la lucha electoral. Estos das son una obvia desmentida a cualquier subestimacin de este tipo.

Sin embargo, como no poda ser de otra manera en el actual contexto, se trata de una victoria popular ambigua, contradictoria y que puede desdibujarse si no irrumpe pronto una intervencin social de amplitud. El canal distorsivo que encontraron las clases populares para derrotar a la derecha es la candidatura de un peronismo reunificado en torno a una figura de confianza de las clases dominantes como es Alberto Fernndez. Reflejo de la resistencia anti-macrista, este resultado electoral es tambin un reflejo de los lmites de esas luchas. Ante la falta de victorias sociales significativas, frente a la amplitud de la ofensiva neoliberal y en ausencia de una alternativa poltica de masas que encarne un programa radical de salida de la crisis, es probable que se haya extendido en la poblacin un realismo minimalista que se alinea con el horizonte gubernamental moderado del peronismo. En todo caso, a parece en tensin en la conciencia popular una expectativa en el retorno de polticas redistributivas del ciclo progresista (ms ideolgica pero ms progresiva en sus efectos) junto a un cierto posibilismo (ms realista en sus expectativas en el futuro gobierno pero ms desmovilizante) que se conforma con moderar un poco el ajuste en curso. La victoria de Fernndez es progresiva en buena medida precisamente por aquello que quisiera atenuar: un recobrado sentimiento de confianza de amplias capas populares en que es posible frenar la ofensiva neoliberal.

2. Las elecciones han mostrado la persistencia de una corriente a la izquierda del peronismo (FIT-U). Aunque con un resultado modesto, tiene condiciones para mejorar en las elecciones de octubre en un contexto de distensin de la polarizacin por el derrumbe del macrismo. La sobrevivencia para el ciclo que viene de un polo poltico que presione por izquierda al peronismo es un hecho positivo. Sin embargo, esta izquierda ha sido completamente exterior al movimiento de rechazo popular a la derecha, ubicndose nuevamente a contracorriente de un movimiento de fondo de la clase trabajadora que busc en este caso un recurso efectivo para desalojar a Macri.

Este auto-aislamiento contrasta con las consecuencias que el mismo FIT-U reconoce ahora en el resultado electoral. Escribe Fernando Rosso del PTS: En el contexto internacional y regional, los resultados implican un revs para Donald Trump y el Fondo Monetario Internacional (...) El brusco cambio de signo poltico en la Argentina tambin tendr consecuencias decisivas para el equilibrio del subcontinente. Es una mala noticia para el golpeado Jair Bolsonaro y una demostracin de que el tan mentado giro a la derecha de la regin es tan real, como no consolidado. (...) La votacin masiva contra un Gobierno de derecha, que desde la huida a pedir un auxilio desesperado al FMI vena implementando un plan neoliberal ortodoxo, constituye -con todas las deformaciones del caso- parte de una relacin de fuerzas ms general. En la misma direccin escribe Jorge Altamira (ahora de la minora del PO): La derrota aplastante de Cambiemos constituye un revs para la poltica yanqui en Amrica Latina y tambin para la Unin Europea. Cambia el escenario poltico inmediato en Amrica Latina. Es un revs para la mentada derechizacin, y esto en medio de golpes severos de la economa mundial a Amrica Latina. Con los resultados de ayer, crecen las posibilidades de que el Frente Amplio no sea desplazado por la derecha uruguaya en octubre de este ao, o que Bolsonaro sea golpeado en las elecciones municipales en Brasil. (...) Ms que un resultado electoral, el domingo el rgimen poltico registr un sismo de magnitud, que expresa el nivel de la crisis del sistema. Ms optimista aun se expres el MST, que defini al resultado electoral como un aluvional y concluyente rechazo al ajuste de Macri y el FMI, un desplome del proyecto de normalizacin capitalista y un sntoma poltico de alcance continental: los resultados, aun con la distorsin del voto como procedimiento, cuestiona los planes de Trump y la bolsonarizacin de Amrica Latina.

Curiosa concepcin del combate poltico tienen estas corrientes que deciden mantenerse escrupulosamente al margen de un hecho que tiene, en sus propios trminos, repercusiones tan significativas. Sin embargo, otra poltica era posible y no implicaba necesariamente subordinarse al peronismo ni diluir independencia poltica: bastaba con adelantar un pronunciamiento ante un eventual balotaje, aclarando que no se ubica en el mismo plano a la derecha y al populismo. Esto es lo que hizo el PSOL en Brasil en relacin a la previsible segunda vuelta entre Bolsonaro y el PT.

Vale la pena detenerse un momento en este auto-aislamiento, porque est cargado de connotaciones estratgicas. La izquierda local ha generalizado la idea de que la independencia de clase es sin nimo de neutralismo o prescindencia ante ciertos grandes choques polticos nacionales . Se priva de ver lo evidente: en primer lugar, que en enfrentamientos entre fuerzas populistas o nacionalistas burguesas y la derecha o el imperialismo a menudo se dirime n de forma distorsionada parte de los intereses populares. Y, a su vez, que detrs de estas confrontaciones tambin se encuentra una vocacin de resistencia de las clases subalternas contra el capital con la que es crucial construir vasos comunicantes. Sin embargo, esta identificacin de independencia de clase con auto-aislamiento nada tiene que ver con la mejor historia del marxismo revolucionario. Para tomar solamente dos ejemplos clsicos que presentan simetras con nuestra situacin actual: Lenin intervino fervientemente a favor de que los comunistas votaran al candidato laborista Henderson contra los liberales (mientras caracterizaba al laborismo como un partido obrero/burgus, es decir, una formacin caracterizada por una direccin y un programa pro-capitalista pero una base obrera que obligaba a ciertas concesiones). Afirmaba Lenin: Si yo me presento como comunista y, al mismo tiempo, invito a votar por Henderson contra Lloyd George, seguramente se me escuchar. Y podr explicar en un lenguaje sencillo por qu los Soviets son mejores que el Parlamento (), sino tambin que yo querra sostener a Henderson con mi voto del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado". Con esta tctica entonces se abre un canal hacia las masas que permite acelerar la experiencia poltica de stas con el laborismo (la genial metfora de la soga y el ahorcado). Lenin luego agregaba, anticipndose a la tpica respuesta sectaria: Y si se me objeta que esta tctica es demasiado "astuta" o complicada, que las masas no la comprendern, que dispersara y disgregara nuestras fuerzas impidiendo concentrarlas en la revolucin sovitica, etc., responder a mis contradictores "de izquierda": no atribuyais a las masas vuestro propio doctrinarismo!. La gente entiende perfectamente bien que se promueva un voto defensivo contra la derecha, a la vez que se conserva una estricta independencia organizativa y programtica. A cambio, a las clases populares les cuesta entender el neutralismo indiscriminado de la izquierda trotskista local.

En una misma direccin se desarroll la actitud de Trotsky ante Crdenas en Mxico, el nico de los marxistas del periodo clsico que asisti y teoriz las primeras experiencias del populismo latinoamericano. A propsito de polticas como la expropiacin de las petroleras, Trotsky promova el apoyo a las medidas progresivas del cardenismo en su lucha con el imperialismo, defendiendo a la vez la independencia poltica de la clase trabajadora y de los marxistas revolucionarios. Indicaciones similares formul frente al APRA peruano.

Si algo fortalece al reformismo burgus es que la izquierda revolucionaria se coloque a su derecha o que acte como un factor divisionista que debilita la lucha contra el enemigo comn [1]. En cambio, si algo prepara mejor para enfrentar a la derecha y al reformismo burgus al mismo tiempo es que la izquierda se muestre no solo como el ala ms radical del movimiento de lucha, sino como la ms unitaria, no dividiendo un combate comn en funcin de diferenciaciones ideolgicas a priori. Las delimit aciones deben brotar al calor de la experiencia, donde aparecen las limitaciones de los reformistas para llevar las luchas hasta el final. Lo sabemos desde 1848 cuando Marx reflexion en torno a que los comunistas no formamos un partido aparte y ms an con el desarrollo de Lenin y Trotsky de la tctica del Frente nico. Es necesario recuperar el debate estratgico en la izquierda radical si queremos salir de las vas muertas, que se engendran y alimentan mutuamente, de la adaptacin al peronismo y el sectarismo ultra-izquierdista.

3 . Volviendo sobre la situacin general. La derrota de Macri agudiz una crisis econmica que estaba contenida. El da despus del acto electoral, el dlar aument ms del 25% y los precios de los bonos y acciones argentinas se derrumbaron en proporciones histricas. Bien entendido, es adecuada la definicin generalizada de terrorismo financiero para describir esta re accin : en el comportamiento de los mercados queda en evidencia el autoritarismo impersonal del capital, que siempre puso lmites muy estrechos a la democracia poltica. A los grandes grupos capitalistas le s disgust el resultado electoral y se disp usieron a condicionar la transicin en curso y al prximo gobierno con sus mtodos caractersticos ( corridas burs tiles, fuga de capitales). Pero tambin sucedi algo ms simple: con la derrota macrista qued desnuda la inviabilidad de la deuda y de la arquitectura financiera argentina, que se sostena artificialmente po r el apoyo poltico y econmico de Trump y el FMI a la reeleccin de la derecha . Esto no significa que se trate de una accin concertada por el gobierno y el capital financiero. Macri, hundido en una notable debilidad, en todo caso dej pasar los hechos y trat de prolongar polticamente este autoritarismo impersonal mercantil con su chantaje a la poblacin: votar as tiene estas consecuencias. Las disculpas que ofreci dos das despus muestra el aislamiento de su gobierno, que perdi el apoyo de los crculos capitalistas, los medios de comunicacin e incluso de los aliados partidarios, todos los cuales reclaman iniciar una transicin ordenada en dilogo con el peronismo. El carcter indito del sistema electoral argentino, con un sistema de primarias obligatorias que no funcionan como tales, alimenta una crisis poltica de desenlace incierto: el gobierno est completamente derrotado y sin embargo todava no invisti una nueva autoridad formal y ni siquiera tiene electo a uno solo de sus parlamentarios. La agudizacin de la crisis puede llevar a un colapso mayor de la coalicin macrista.

No podemos descartar que el caos actual se dirija hacia una crisis de mayores proporciones . La devaluacin del 25% de la moneda en un solo da significa un enorme golpe a los ingresos populares . Esta modificacin violenta del tipo de cambio estuvo anticipada y estimulada por el mismo Alberto Fern ndez, en un maniobra que record a Cavallo y Menem cuando anunciaban , luego de ganar las elecciones de 1989, querer un dlar recontra alto para recrudecer la crisis hiperinflacionaria que atormentara los ltimos meses de Alfonsn. El objetivo de F ernndez es previsible: que el macrismo realice el trabajo sucio de depreciar el salario de manera de que la mayor parte del ajuste ya est concretado para el momento de su asuncin. Ms aun, un gran hundimiento del macrismo y un colapso econmico le permitir tambin en trminos polticos una mayor autoridad presidencial y mayor pasividad frente a polticas antipopulares. Sin embargo, las recientes medidas populistas de Macri (eliminacin del IVA a algunos productos bsicos, bonos salariales, congelamiento de tarifas, etc. ) amenazaron con liquidar las pocas reservas del Banco Central , lo que obligo a F ernndez a salir de su cmoda pre sc indencia y a iniciar negociaciones hacia una transicin pactada con el macrismo. El peronismo necesita evitar que el actual gobierno liquide la caja en estos ltimos meses (y por eso cuestiona las medidas de Macri que significan una nueva erogacin fiscal) y a la vez no parece querer una crisis descontrolada que pueda comprometer tambin al inicio de su gobierno.

Mucho se ha discutido durante estos aos macristas sobre la inexistencia de una gran explosin del modelo kirchnerista en una crisis que justificara el posterior ajuste. El actual desarrollo incierto de los acontecimientos obliga a preguntarse si no podra precipitarse la crisis catastrfica que el macrismo hubiese querido que lo antecediera. En este caso, el proyecto macrista podra tener una victoria en la derrota, aunque dejara la vida en el proceso. Si se desata un espiral inflacionario descontrolado o si se llegara a una crisis hiperinflacionaria (donde se destruye la moneda como tal) las consecuencias se vuelven impredecibles. Como afirmara Perry Anderson: existe un equivalente funcional al trauma de la dictadura militar como mecanismo para inducir democrtica y no coercitivamente a un pueblo a aceptar las ms drsticas polticas neoliberales: la hiperinflacin. Anderson pensaba en la experiencia bolivian a y brasiler a , pero la hiper argentina de 1989 (y el consenso pasivo posterior frente a la apertura econmica y la reestructuracin neoliberal) es un caso que se ajusta ntidamente a esa descripcin .

La hiperinflacin funciona como un trauma colectivo en la medida en que se experimenta como una disolucin de la relacin social como tal y tiende a promover un anhelo de orden a cualquier precio (alguien tiene que parar esto) y un gran miedo paralizante. En una sociedad en la que las relaciones entre los individuos son mediadas por el intercambio dinerario dice Adrin Piva -, la crisis del dinero es, al mismo tiempo, un proceso de disolucin de los lazos sociales. A diferencia de un recorte salarial (como el ajuste del 13% al sector pblico del gobierno de De La Rua, por caso ), el espiral inflacionari o no se atribuye necesariamente al gobierno (el cual por momentos aparece como vctima de una dinmica que lo desborda), y tiende a percibirse como un proceso espontneo sin responsable directo (de hecho el automatismo impersonal del mercado es en buena medida un proceso sin sujeto), lo que dificulta identificar un responsable poltico que unifique un proceso de luchas. En estos casos, el capital apunta a doblegar a la clase obrera amenazando con una espiral de subas de precios y del tipo de cambio que destruya sbitamente los ingresos populares y genere un disolucin general de las relaciones sociales. Guillermo Calvo, el reconocido economista neoliberal que se destac por discutir el pavor que las clases dominantes le tienen al kirchnerismo (Cristina () va a realizar el ajuste con apoyo popular, culpando al gobernante previo") tambin dijo otra cosa importante que pas ms desapercibida: hay que hacer cosas que son polticamente muy impopulares, que slo se van a poder hacer si se rompe la economa (el subrayado es mo). No podemos descartar estar adentrndonos en una situacin de este tipo.

Sin embargo, un espiral inflacionario tambin puede fracasar en sus objetivos disciplinantes si la clase trabajadora logra sucesivamente desafiar los techos salariales ( como en 1975 y en 1981-1982 por ejemplo), frente a lo cual las clases dominantes a veces deciden intentar encarrilar un plan de estabilizacin antes que seguir estimulando una lucha salarial desbordada. En estos casos, el impacto salarial se reduce y la clase trabajadora puede compensar en conciencia, combatividad y autonoma lo que pierde en trminos materiales. Todas las grandes crisis de la economa argentina de las ltimas dcadas (1975, 1981-1982, 1989, 2001-2002) repitieron las caractersticas a las que ahora asistimo s , con diferente articulacin y peso relativo de sus diferentes componentes: violentas devaluaciones, alta inflacin, fuerte cada de los salarios y deterioro de las condiciones laborales. Pero l a clase trabajadora no sali igual de todas ellas desde el punto de vista de las correlaciones de fuerza sociales: en 1975 el movimiento obrero derrot el rodrigazo e n el marco de un alza de la lucha de clases que solo fue interrumpido de manera coercitiva por la dictadura militar; el 2001 fue un punto de inflexin que abri un largo ciclo, en cierto modo todava abierto, donde las clases dominantes no pu eden avanzar en toda la lnea. La crisis de 1989- 1991, en cambio, inaugur la dcada menemista. La crisis es un momento de incertidumbre radical, que puede redelimita r de forma radical la relacin entre las clases sociales.

La izquierda social, sindical y partidaria debe apostar a que la victoria electoral que signific el derrumbe de Macri y la confianza popular recobrada se prolongue en un ciclo de luchas que evite un deterioro abrupto del salario y una gran derrota social. Esto nos lleva al siguiente punto: el papel del nuevo peronismo en esta transicin, no solo como futuro gobierno sino tambin como conduccin de las ms amplias capas del movimiento de masas, por intermedio de los dirigentes sindicales y sociales.

4. Recapitulemos someramente la historia de este enigma terico que es el peronismo. Como explican los clsicos del marxismo, la burocracia sindical tiene una doble funcin. Por un lado es un factor de contencin, pasivizacin e integracin del movimiento obrero al Estado. Por otro , p ara cumplir este papel debe tener inevitablemente una cierta presencia real en la clase, movilizar ciertas luchas y satisfacer ciertas demandas. Esta doble naturaleza define tambin el carcter contradictorio de los privilegios de la burocracia sindical, no solo en el sentido de que provienen de una ubicacin estratgica que se nutre de esta doble funcin, sino tambin en que el ataque al movimiento obrero, en cierto punto, se transforma tambin en un ataque a sus propios privilegios (lo que suele resumirse en el poder de los sindicatos). La burocracia sindical es profundamente conservadora, pero la conservacin de sus privilegios a menudo guarda una relacin con la defensa de ciertas conquistas del movimiento obrero. En un momento en que las clases populares son ms heterogneas y fragmentadas que el viejo movimiento obrero fordista, esta caracterstica de la burocracia sindical puede extenderse hasta cierto punto a las direcciones de los nuevos movimientos sociales (con excepcin del movimiento feminista, que muestra bajos niveles de institucionalizacin y burocratizacin, lo que explica, en parte, el nivel de su dinamismo y combatividad). Las experiencias populistas latinoamericanas, as como el clsico reformismo obrero europeo, reproduce este carcter contradictorio de la burocracia sindical. Es ms, hasta cierto punto y en cierta forma, estas expresiones polticas funcionan como la representacin estatal de la burocracia sindical.

En nuestro pas, fue el peronismo quien cumpli el papel que la socialdemocracia desarroll en Europa occidental en la etapa de capitalismo de bienestar. Los aumentos de productividad del fordismo y el crecimiento de la posguerra permitieron la transaccin que fue caracterstica de esa etapa del capitalismo: la clase trabajadora tendi a aceptar disciplinadamente la monotona y la explotacin laboral a cambio de un acceso creciente al consumo. En trminos ms generales, la clase trabajadora accedi a la subordinacin poltica al rgimen capitalista a cambio de su integracin social subalterna. Esto implic un proceso de institucionalizacin de la lucha de clases, que se expres en la integracin de los sindicatos a la vida estatal y en la edad de oro de las diferentes formas polticas de conciliacin de clase (socialdemocracia, populismo latinoamericano, laborismo, etc.) como representacin gubernamental de este contrato (fordista) entre el capital y el trabajo.

Sin embargo, el peronismo es un fenmeno opaco y complejo, no enteramente anlogo a los reformismos obreros europeos, lo que explica su mayor elasticidad poltica. Propio de un pas dependiente, en sus inicios el peronismo se dispuso a ciertos niveles de enfrentamiento con el imperialismo y se dot de una ideologa nacionalista. Sin ningn origen en un partido marxista de masas o una cultura obrera democrtica , estuvo sometido desde su origen al arbitraje personal del caudillo carismtico. Sus fuentes ideolgicas son heterogneas, mayoritaramente anti-comunistas: cristianismo social, nacionalismo militar, conservadorismo popular. Verticalismo poltico, conservadorismo cultural y gestin de un fuerte poder econmico de la clase trabajadora se combinaron en el peronismo histrico. Como sabemos, esta historia no acaba a mediados de los aos 50 : e sta primer etapa mut en una experiencia de lucha de la clase obrera peronista contra los golpes militares y la proscripcin poltica y luego, en los aos 60/70, se produj o un proceso simultaneo de radicalizacin y peronizacin de la juventud de la cual surgen las corrientes del peronismo revolucionario; proceso que se interrumpi con la ltima dictadura militar. No intento hacer teora general sobre un fenmeno complejo que ha llenado bibliotecas, sino marcar algunas caractersticas de los acontecimientos fundacionales de este problema terico y poltico que es el peronismo.

La adaptacin del peronismo a la etapa posterior a la del pacto keynesiano en la que emergi tiene otros hitos. En la memoria nacional est grabad o el recuerdo que fue el populista Menem, y no la UCR, el partido de las clases medias, o alguna formacin poltica derechista, quien impuso la agresiva reestructuracin capitalista que acab definitivamente con el patrn de acumulacin que el mismo peronismo haba desarrollado en los aos 40. El menemismo , por si solo, funciona como un alerta decisivo contra cualquier mal-menorismo vulgar. Una de las peculiaridades del plan de estabilizacin de la convertibilidad es que permita combinar una violenta apertura econmica con un fuerte acceso al consumo de la clase trabajadora ocupada (que era la que tena representacin en los sindicatos, los cuales acompaaron mayoritariamente este proceso), mientras se desarticulaba la industria nacional heredada y creca exponencialmente el desempleo. Este breve acceso al consumo de las clases trabajadoras peronistas allan el terreno para que prestaran un consentimiento, activo o pasivo, a la reestructuracin neoliberal de los 90.

En ciertos casos, son justamente las direcciones polticas que las masas sienten como propias las que estn en condiciones de imponer polticas lesivas para sus intereses, sobre todo por medio del control de los sindicatos . De esto se trata los procesos de transformismo que analiz Gramsci. En estos casos, no suele ser el consentimiento abierto sino la desmoralizacin y la sensacin de falta de alternativa lo que convierte a est as formaciones polticas en instrumentos adecuados de la ofensiva capitalista. Quien instala que no hay alternativa (TINA) no es Margaret Thatcher con su brutal ofensiva anti-obrera, sino su rival histrico laborista, representante poltico de la clase trabajadora, cuando asume ms o menos mansamente sus polticas. Por eso, aquella lcida conservadora dijo certeramente que su verdadero triunfo poltico no fue otro que el laborismo neoliberal de Ton y Blair.

En general, cuando los procesos de reestructuracin se instrumentan por medio de fenmenos polticos de conciliacin de clase ameritan, por su propia naturaleza, de ciertos compromisos atenuantes para utilizar la expresin de Gramsci (aunque hay casos lmites excepcionales , como el ya mencionado menemismo o la claudicacin de Syriza en Grecia para dar un ejemplo reciente). Por ejemplo, quien introdujo el neoliberalismo en Francia no fue el conservadurismo gaullista, sino el Partido Socialista de Mitterrand (que haba sido encumbrado al poder en medio de una dinmica izquierdista, en torno al Programa Comn con el Partido Comunista, y que durante dos aos aplic medidas progresivas). Esta fue una de las razones que explica que el neoliberalismo francs nunca llegara al nivel de terapia de shock anti-popular que aplic Thatcher en Inglaterra, en lo que dio lugar a la llamada excepcionalidad francesa consistente en la supervivencia de conquistas obreras del periodo keynesiano y ralentizacin de la ofensiva neoliberal .

Todo esto debe estar presente en una aproximacin al tipo de fenmeno poltico que va a significar este tercer justicialismo post-83, en palabras de Julio Burdman, diferente al menemismo y al kirchnerismo, que est a las puertas del poder . En un texto reciente caracterizamos que: el PJ vuelve a aparecer como rbitro y figura de relevo en un contexto de crisis, como en 1989 y 2001. Si el ltimo kirchnerismo, con sus tensiones con las clases dominantes y su sectarismo poltico, haba lesionado el papel del PJ como partido del orden (sin el cual hubiese sido impensable la emergencia de una nueva derecha poltica), la auto-licuacin del kirchnerismo en una nueva reorganizacin conservadora del peronismo intenta retrotraer el camino recorrido. El peronismo en el gobierno va a apuntara estabilizar (atenuando) el ajuste en curso, para lo que necesita blindarse polticamente y consolidar la pasivizacin social (...) El propio peronismo necesita a la vez ganar las elecciones y moderar las expectativas sociales que su eventual victoria puede estimular: no hay pacto social que estabilice el retroceso salarial sin control de la conflictividad social y, por lo tanto, de las expectativas populares.

Esta caracterizacin se confirma aceleradamente en estos das, cuando Alberto Fernndez aparece como nuevo presidente electo. Estimul la inflacin, consinti el nuevo tipo de cambio y baj ordenes de no movilizar para no entrar en provocaciones, mientras se concreta un enorme golpe a los ingresos populares. La mayor parte de las conducciones sindicales (empezando por la direccin de la CGT) se alineo por el momento con este mandato desmovilizador. La sinceridad de Juan Grabois vuelve a desnudar la gobernabilidad que ofrece voluntariamente el peronismo, cuando declara al diario britnico The Guardian: Si el gobierno de Macri sobrevive, ser con el apoyo de nosotros, su oposicin social y poltica. Lo apoyaremos para evitar una crisis institucional. Hasta ahora el llamado desmovilizador del kirchnerismo se excusaba en la necesidad no poner en riesgo la victoria electoral; ahora, ms forzadamente, para cuidar el triunfo (luego ser, con total seguridad, para no afectar la gobernabilidad del gobierno popular). Con el macrismo noqueado, Fernndez muestra ntidamente la relacin entre su proyecto y la pasivizacin social. De qu sirve derrotar al macrismo si no podemos movilizarnos contra el deterioro de los ingresos populares por el que quisimos derrotar al macrismo?

En doblegar las tendencias a la pasivizacin social se libra la batalla central del momento poltico. Hay inquietud por abajo y las organizaciones vinculadas al peronismo no escapan a la presin. Aunque tmidos y balbuceantes, ya aparecieron los primeros anuncios de medidas de sectores del peronismo sindical y social. Por su parte, el movimiento piquetero puede volver a funcionar como eslabn dbil de la poltica de pasivizacin social si se entra en un espiral inflacionario, lo cual puede ayudar a bloquear una salida a la 1989. La experiencia piquetera ha mostrado tendencia a la adaptacin en la medida en que hubiera flujos significativos de asistencia social, pero tambin capacidad semi-insurreccional cuando no hay nada que perder. La izquierda sindical debe propugnar por amplios espacios de frente nico que hagan eje en reclamar medidas para combatir el deterioro de los ingresos populares, presionando por abrir puentes reales con franjas del sindicalismo peronista y no reducindose a una actitud anticipada de denuncia. La aplastante derrota electoral de la derecha y el sentimiento de confianza recobrada de amplias capas populares es un punto de apoyo para un nuevo ciclo de luchas. Se empieza a poner en movimiento la contradiccin entre las expectativas sociales que desata la derrota del macrismo y la poltica de contencin social del peronismo. La sociedad argentina puede volver a mostrar que las clases dominantes se enfrentan aqu, como en pocos pases, a un problema histrico de insubordinacin de la clase trabajadora frente a las necesidades del capital.

Nota:

[1] Las fuerzas que integran el FIT-U han cometido una larga serie de errores tcticos durante los ltimos aos, que evidencian una dificultad terica y estratgica para comprender y actuar frente a una experiencia de compromiso de clase como la que signific el kirchnerismo. Durante el conflicto de 2008 entre el gobierno y las patronales agrarias por las retenciones a los productos agrcolas, IS y el MST se ubicaron en el campo anti-gubernamental encabezado por la oligrquica Sociedad Rural, mientras que el PO y el PTS se pronunciaron por una tercera posicin equidistante. Todas las fuerzas del FIT-U se opusieron a medidas progresivas como la Ley de Medios, mientras que ante a expropiacin de las AFJP o la estatizacin parcial de YPF mostr posiciones divididas o ambiguas. Luego del ascenso de Macri al poder, la dificultad no se atenu: el FIT lleg al paroxismo de votar contra la ley que estableci el salario social complementario, excusndose en la paz social que ofrecan los movimientos sociales. Tambin acompaaron en el parlamento el desafuero a De Vido, cuando no tena condena firme, sentando un precedente peligroso que podra servir el da de maana para perseguir a un diputado de izquierda que participe en una movilizacin. Tuvieron muchas vacilaciones, cuanto menos, para defender a perseguidos polticos del kirchnerismo, como en el caso de la prisin preventiva a Milagro Sala o las persecuciones a Hebe de Bonafini. Esta orientacin estratgica es la que explica, fundamentalmente, la dificultad del FIT-U para penetrar en la base electoral del kirchnerismo, como qued en evidencia especialmente en las ltimas elecciones provinciales en Crdoba, donde el kirchnerismo baj su lista y el FIT igualmente retrocedi en votos (!).

Fuente: https://www.intersecciones.com.ar/index.php/articulos/177-argentina-ante-un-instante-de-peligro-derrota-de-macri-terrorismo-financiero-y-lucha-de-clases

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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