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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2019

El horizonte plurinacional en la nueva geopoltica post-occidental

Rafael Bautista S.
Rebelin


La patria es el Otro

Nicols Maduro


La significacin real de los conceptos no es algo que se defina tericamente. El tpico proceder acadmico hace de la definicin, lo abstrado del movimiento real de un algo que slo, va diseccin, es integrado al compendio disciplinar; por eso tenemos un montn de analistas, cuyos anlisis no pasan de la pura representacin. En esto consiste la razn perezosa de las ciencias sociales y su conformismo descriptivo de la realidad. Precisamente por no saber ascender metodolgicamente de lo abstracto a lo concreto, es que los conceptos no comparecen ante lo moviente de la propia realidad; porque la significacin real de los conceptos no es resultado de una abstraccin sino del cmo ese algo determina y es, a su vez, determinado en su movimiento real. Eso es ms que evidente en la reflexin geopoltica.

En trminos estratgicos, lo decisivo no es la descripcin ni siquiera pormenorizada de una situacin, tampoco la predictibilidad basada en datos pasados (a eso se dedican los acadmicos); la anticipacin de las consecuencias de los hechos polticos, que es lo que interesa al anlisis estratgico, no es fruto de la informacin habida sino de un conocimiento anticipatorio (no se trata de predecir lo que va a pasar desde lo que ya ha pasado, eso nunca ha funcionado, sino de otorgarle direccionalidad positiva al devenir poltico).

La reflexin geopoltica actual puede mostrarnos los alcances demasiado limitados del conocimiento disciplinar que ostenta todava el mundo acadmico. El propio Imperio puede prescindir de la produccin acadmica, porque el conocimiento que le interesa se realiza en los think tanks, donde se debaten los temas cruciales. Por ello es sintomtico advertir cmo el mundo acadmico se ha quedado siglos atrs y no puede ni siquiera advertir en qu clase de mundo nos encontramos.

En ese sentido, la tematizacin de lo que significa un horizonte plurinacional pasa por el reconocimiento de que no se trata de un nivel de reflexin homologable al anlisis emprico. La confusin de esto ha llevado al mbito acadmico a la total incomprensin de referentes utpicos, como el vivir bien, o la descolonizacin como reflexin metodolgica trascendental o el Estado plurinacional como superacin desde abajo del Estado moderno-liberal.

Haciendo una recapitulacin epistemolgica de la pertinencia de la reflexin en torno a los referentes utpicos o modelos ideales, sobre todo en un contexto de transicin civilizatorio global, cabe destacar el cmo las ciencias sociales, al no saber integrar la dimensin utpica en el anlisis de la realidad, se quedan con una pura empiria en cuanto consagracin de lo-que-hay, lo establecido; dejando de lado horizontes de posibilidad que amplifican la propia realidad y sus mrgenes de objetividad. La realidad no se reduce a lo-que-hay sino que, lo-que-no-hay, nos sirve para des-fetichizar el orden dado, en todos sus sentidos y, de ese modo, trascender epistemolgicamente la realidad en cuanto sistema cerrado.

Destacar horizontes de posibilidad utpica no es una simple descripcin sino oponerle a la inercia inmanente del presente poltico una nueva y trascendental direccionalidad histrica. En esto consiste lo poltico del conocimiento y esto es lo que significa pasar de la interpretacin a la transformacin.

La apuesta por la transformacin es ya la superacin de la mera resistencia y se manifiesta en la produccin de la autoconsciencia anticipatoria que hace de un pueblo sujeto trascendental (si la resistencia puede explicitarse como la imposibilidad de inclusin positiva al sistema, no es todava la produccin de un horizonte alternativo que trascienda definitivamente la realidad dada).

En el caso del horizonte plurinacional, se trata de una restauracin epistemolgica del fundamento que, como sustancia liberadora, se halla presente en toda la historia de liberacin de lo que, en Bolivia, se conoce como lo nacional-popular. El mismo Ren Zavaleta es preciso al afirmar que la forma de ingreso del campesinado nacional a la vida poltica es la defensa de la forma comunidad. Todo retorno a esta forma es lo que siempre ha dado cuenta del mximo de disponibilidad comn que gener en el pueblo su capacidad de trascendencia histrica.

Por eso no se trata de un retorno en los mrgenes temporales de la linealidad histrica moderna sino una re-conexin con lo-suyo-propio-de-s de un pueblo cuya historia no es algo pasado sino, lo que le enfrenta siempre como horizonte poltico; es decir, la temporalidad indgena describe ms bien un carcter circular que hace de la vivencia histrica la afirmacin continua de una procedencia siempre resignificada. Es lo que se llama la antigedad sagrada.

Slo la fragmentacin (el recorte temporal inmediato) de esta vivencia, hace aparecer en la experiencia un avance de carcter lineal; es decir, la idea moderna del tiempo recorta la propia experiencia histrica, haciendo de sta una mera sucesin progresiva de carcter inmanente. En contraposicin, el concepto de antigedad sagrada no pretende describir algo pasado sino la referencia mtica de una historicidad que en el retorno se proyecta siempre como recreacin constante de horizontes de sentido. A lo que se retorna es al fundamento, para renovarlo y actualizarlo ante los retos del presente. Ese fundamento ha sido siempre aquella insistencia que las luchas indgenas han actualizado para interpelar a todo el carcter satelital del Estado colonial.

La forma comunidad es la pervivencia de ese fundamento que destaca lo ms genuino de la lucha popular y es lo que ha asegurado siempre su base profundamente democrtica. Esto es lo que, como lo histrico trascendental, da razn de un horizonte plurinacional como la nueva posible fisonoma estatal en un nuevo orden post-occidental.

No es lo-que-hay lo que constituye lo real de lo poltico de la existencia sino precisamente lo-que-no-hay. Solo desde esa dimensin utpica es que lo poltico no se reduce al realismo espurio de la real politik. Los verdaderos realistas no son los que se someten a la realidad dada sino los que amplifican sta y le introducen horizontes epistmicos de posibilidad utpica: no miramos al mundo como lo que es, lo miramos como lo que somos.

Entonces, si la transicin civilizatoria nos impele a colegir qu hay detrs de los planes de sobrevivencia del orden imperial, tambin nos desafa a encontrar mrgenes de disuasin estratgica en la nueva recomposicin geopoltica del siglo XXI. Puede decirse que la estrategia de la globalizacin consista, entre otras cosas, en la demolicin sistemtica de la soberana de los Estados; por eso jurdicamente se fue consolidando, por mediacin de los tratados comerciales, al nuevo sujeto de derechos supra-nacional.

El poder financiero se encarg de proponer jefaturas jurdicas supra-nacionales en todos los acuerdos de integracin poltica y econmica; de tal modo que los Estados aparezcan como simples garantes de una negociacin exclusiva entre capitales globales. Desde que aparece el concepto de lawfare, Washington ha estado exportando esta nueva visin jurdica a Latinoamrica (bajo el pretexto de lucha contra con la corrupcin), poniendo de moda el realismo jurdico y el neoconstitucionalismo en las facultades de derecho; y es de destacar que la famosa judicializacin de la poltica es una de las consecuencias del realismo jurdico que propaga, adems, el componente del anlisis econmico del derecho (enfoque legal que proviene de la Escuela de leyes de Chicago). El lawfare es la expansin del nuevo concepto de guerra (patrocinado por las guerras de cuarta generacin) hacia otros mbitos, como el jurdico. Sin que nadie lo declare, nos encontramos ya en un estado de guerra naturalizado que precisamos desmontar para darnos cuenta a lo que actualmente nos enfrentamos.

Desde la diseminacin de las guerras de cuarta generacin, el propio concepto de guerra ha quedado obsoleto, llegando a amplificar no slo la clsica distribucin de las divisiones sino resignificando a stas (sus alcances y propsitos) desde la aparicin de la ciberntica y, ms an, con la inminencia de la inteligencia artificial. El concepto de guerra hbrida acopia toda esa actualizacin para hacer de la guerra un conflicto sin fin, lo cual pareciera un sinsentido dado que se supone que la guerra siempre tiene un propsito que la excede. El problema de ste que ya figura como un ingenuo optimismo es el contexto en que hace nicho el desarrollo de la guerra hbrida, esto es, el actual mundo de la post-verdad. Una guerra hbrida no podra desatarse en otro contexto, o sea, precisa de una radical relativizacin de todos los parmetros ticos y morales para diseminar todas sus consecuencias. Es en ese contexto que adquiere todo el dramatismo que significa una guerra como conflicto sin fin. Es decir, la guerra hbrida sera la radicalizacin de un estado de caos imperante que no se atreve a declararse como lo que es. Por eso desata un conflicto sin fin, que es el caos en su mxima expresin.

Esto quiere decir que la doctrina del caos constructivo es la constatacin de una situacin promovida como contexto del concepto nuevo de guerra, es decir, del caos se produce una naturalizacin del conflicto, mediante una sistemtica intervencin en la produccin de opinin pblica, cooptando todo el espectro comunicativo en la nueva fisonoma blica. La guerra se hace multidimensional y abarca todos los mbitos de la vida humana y esto se logra penetrando en la subjetividad social, de modo que el caos externo sea interiorizado como detonante permanente de un conflicto sin fin.

Los Estados-objetivo de esta nueva clase de guerra slo atinan a considerar la hibridez como la heterogeneidad de los mtodos que se usan. Pero la hibridez no es un adjetivo en esta clase de guerra sino lo que sustantiviza a esta nueva clase de guerra. Ya no se trata de lo unvoco de la guerra convencional sino de la subsuncin sistemtica de todo, hasta la paz, como mediacin blica. A esto conduce un mundo donde los parmetros del bien y el mal se hallan tan relativizados que todo cae en la lgica del conflicto.

El primer e inevitable mbito donde esto se manifiesta es en el poltico. Desde la reduccin de la poltica a mera ingeniera pblica o administracin gubernamental, asistimos a la continua prdida de racionalidad prctica y la consecuente despolitizacin de la vida pblica. Esto que pareciera halageo, dada la creciente inmoralidad de la vida poltica, slo conduce a la devaluacin del factor argumentativo en toda contienda pblica.

Esto quiere decir que la guerra hbrida no es en ningn caso una nueva ofensiva a la cual se pueda oponer un poder disuasivo. En una guerra hbrida nadie podra decir cmo empieza slo constatar que ya nos encontramos en medio de ella. En ese sentido, la activacin no opera de modo lineal; se trata ms bien de la constatacin de un rodeo que, lo que activa, es una situacin sin salida posible, por eso puede producir un literal desangramiento (como ya lo vimos en Medio Oriente): cuando se desata la fase militar, no parece haber fines prcticos ni un pretendido remplazo del poder; en tal caso, la guerra hbrida no es operada segn las expectativas de un golpe clsico. Los golpes pertenecan a un contexto de guerra fra. A lo que asistimos es a la decadencia del llamado mundo libre, es decir, al fin de una civilizacin, en cuya cada, el Imperio provoca la cada de todos los parmetros ticos y vitales que hacen imposible cualquier restauracin futura.

Por eso hasta el derecho internacional se desnuda como la legitimacin del derecho de conquista que impone el vencedor. Esto nos posibilita una revisin arqueolgica del concepto de derecho liberal, para descubrir en ste la formalizacin de los prejuicios modernos que emanan del laboratorio de dominacin exponencial que desata el centro geopoltico global desde 1492. Activar la guerra como conflicto sin fin es posible gracias a la naturalizacin de la injusticia y desigualdad que produce la modernidad en cuanto vida poltica, expresado en el concepto de Estado liberal.

Pero en la actual geopoltica imperial, el leviatn hobbesiano es ahora reducido a los Estados particulares dejando inclume el poder real global que pretende un orden mundial a la medida del capital financiero. Con la diseminacin de la idea de los nuevos movimientos sociales, desde los sesentas y desde Francia, no slo se fragmenta al bloque popular sino que toda la lucha se reduce a lo local y se deja de lado al verdadero poder que es mundial.

Los Estados particulares acaban como el chivo expiatorio de, por ejemplo, los derechos humanos, dejando beatificados el capital transnacional y el mercado mundial, siendo estos, en realidad, las verdaderas amenazas a la humanidad y la naturaleza. Hay que recordar que el mayo francs ms all de la gesta revolucionaria que ha significado es tambin provocado por la CIA contra el presidente de Gaulle, por haber solicitado la conversin de sus reservas de dlares en oro, poniendo en evidencia que el patrn dlar permita un endeudamiento irracional de la economa gringa a expensas de todo el mundo. Detrs del mayo francs haba tambin un propsito encubierto: subsumir toda crtica a la hegemona del dlar y a los valores que representa como aceptacin tcita de su inevitabilidad, es decir, diseminar toda posicin emancipatoria en cuanto particularizacin de la lucha popular; por eso no es casual la promocin que el posmodernismo francs recibe de los poderes fcticos. La nueva filosofa del llamado mundo libre puede criticar todas las grandes narrativas, siempre y cuando respete la supra-narrativa del mundo libre.

Frente al poder imperial, aun en su plena e implosiva decadencia, los pueblos no pueden liberarse si no desatan las cadenas supra-nacionales que ahora anteponen una sistemtica demolicin controlada (al modo del atentado a las torres gemelas) de las soberanas estatales, dejando a los pueblos sin base nacional y a las puertas de la desintegracin total, como ya sucedi en la ex Yugoslavia.

La demolicin estatal en toda la periferia es lo que queda despus del fracaso de las formas jurdicas liberales incluso en el centro. Si hay algo en el brexit que nos pueda servir de advertencia, es el advertir cmo las prerrogativas de un poder supra-nacional, como es la troika (el FMI, el Banco Central Europeo y el Consejo Europeo), acab subsumiendo soberanas nacionales como tributo obligado a la globalizacin neoliberal. Por eso el conflicto actual, incluso en USA, se da entre nacionalistas y globalistas (haciendo anacrnico el clsico antagonismo derecha-izquierda). Si el Imperio ya no puede reponer el mundo unipolar y el actual desorden tripolar no se explicita en una nueva fisonoma global, no es slo por la caducidad hegemnica de la narrativa moderno-occidental y la reafirmacin desarrollista de una economa del crecimiento, sino tambin por la ausencia, de parte del Sur global, de una liberacin explcita de aquella narrativa, que ha naturalizado sus valores en el propio horizonte de expectativas de los oprimidos.

Por eso resulta hasta problemtico aferrarse a la idea de revolucin moderna para expresar lo que sugiere la idea del retorno. Si la revolucin no se expresa como restauracin entonces caemos en la fatalidad progresiva de la temporalidad lineal moderna y la recada en lo mismo que se pretende superar, esto es, el capitalismo (como la expresin econmico-poltica ms acabada de la modernidad). Slo el descentramiento epistmico de la narrativa imperante es condicin de superacin de la consciencia satelital perifrica del Sur global.

Esto tambin pasa por la resignificacin del concepto de nacin como sustrato material de la transformacin de la idea del Estado moderno-liberal-colonial. Hegel pretendi superar el Estado particular concibiendo un Estado universal con-arreglo-a-la-razn; pero una vez descubierto el provincianismo anglo-sajn de aquella auto-atribuida razn universal, se nos abre la posibilidad de pensar un nuevo concepto de Estado con-arreglo-a-la-vida, como la fuente universal de todo proyecto vital, y que la forma comunidad ha insistido siempre histricamente.

Por eso, la defensa de nuestros Estados no significa una afirmacin del Estado moderno sino su transformacin en torno a la recuperacin de la materialidad que hace posible a todo Estado; de modo que ste objetive y realice la eticidad propia de nuestros pueblos y el horizonte utpico que contienen como lo diferido histricamente. Por ello, efectuando el factor des-colonial, lo nacional slo puede reconstituirse desde lo histricamente negado por el concepto de Estado-nacin. La patria es el Otro quiere decir que, desde la negatividad absoluta (de quienes han padecido la imposicin del Estado-nacin), es desde donde surge el contenido material, es decir, real, de lo que podra ser una verdadera nacin.

Ahora bien, un horizonte plurinacional acta como criterio des-colonial que insiste en la recuperacin no slo de soberana estatal sino de la necesaria base democrtico-plural de toda concurrencia poltica que se propone un proyecto de vida comn. La superacin del Estado moderno-liberal-colonial no es un simple cambio de nombre o de actores sino de una sistemtica descolonizacin como desmontaje de sus contenidos ltimos. Por eso es tambin un desmontaje, ya no slo de lo institucional o simblico, sino de la propia subjetividad como correspondencia de la objetividad reinante; porque si la condicin racional de toda legitimidad consiste en el acto originario intersubjetivo que una comunidad poltica realiza para proponerse un proyecto de vida comn, esta legitimidad slo puede ser de carcter horizontal. Si la nacin es, en definitiva, un proyecto poltico, es porque esto se produce desde aqul acto intersubjetivo que se produce histricamente y adonde concurren las subjetividades para proponerse un proyecto valido para todos. Esta es la base plural democrtica que se produce desde abajo, para producir ideologa nacional como base de una verdadera poltica de Estado.

No hay ningn Estado de una sola nacin, lo cual no significa la disolucin pluralista de toda unidad posible, sino la constatacin de que toda legitimidad slo es posible desde la concurrencia plural como base democrtico-popular de todo proyecto estatal. Frente a la crtica liberal que confunde la base democrtico-plural con el pluralismo infinito, hay que decir que es, ms bien, el liberalismo el que nos conduce a la mala infinitud, Hegel dixit; porque el liberalismo parte del individuo metafsico y termina afirmando como lo hara el neoliberalismo, en boca de Margaret Thatcher que no hay sociedad, slo individuos (la forma sociedad es la formalizacin de una concurrencia de intereses particulares contrapuestos pues, en definitiva, todos buscan su propio provecho y utilidad, objetivado en la ganancia acumulativa como fin ltimo, siendo esto lo potencial disolutivo de toda pretendida unidad).

Por eso no es lo plurinacional lo que promueve una disolucin nacional sino el Estado liberal, pues la consistencia que produce es tan frgil que, en menos de tres siglos, se puede ver que hasta en Europa y USA se desata una crisis de identidad nacional que nos muestra Estados aparentes que implosionan ante la decadencia del orden unipolar y la globalizacin. La unidad de los Estados centrales slo fue posible por un bienestar producido gracias a la explotacin y dominacin de los recursos del tercer mundo; por eso el Estado moderno-liberal no es resultado de una emancipacin sino de una sistemtica subvencin que la periferia mundial realiza como transferencia de valor al primer mundo; la dinmica centro-periferia slo es posible gracias a una relacin inversamente proporcional que realiza el sistema-mundo-moderno-colonial: la plus-valorizacin del centro es producto de la desvalorizacin constante de la periferia y de sus propias expectativas. El primer mundo y el orden unipolar dependen de esa injusta y desigual estructura mundial.

Poe eso la transicin civilizatoria actual precisa de un horizonte alternativo ms all de los mitos y prejuicios modernos que han encapsulado a la humanidad en un encierro laberntico que encierra sus opciones en un fatalista eterno retorno de lo mismo. En esos trminos, pensar una geopoltica post-occidental pasa por darle direccionalidad propositiva desde sus propias utopas a la insurgencia ms autentica que ha pervivido por cinco siglos, para ensearle a la humanidad lo perverso del proyecto moderno. Gracias a los pueblos indgenas es que podemos desmitificar las expectativas modernas y mostrarlas como lo que son: la destruccin sistemtica de la vida. Por eso en su grito se compromete la naturaleza misma (la Madre resguarda la lucha de sus hijos), porque ese grito es expresin de la vida misma que clama por una restauracin de carcter universal.

Rafael Bautista S. es autor de: El tablero del siglo XXI. Geopoltica des-colonial de un orden global post-occidental, de prxima aparicin. Dirige el taller de la descolonizacin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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