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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2019

Lunas de hiel (IV)
Lorca y Dal, el amor, la amistad o la esgrima

Miguel ngel Ortega Lucas
CTXT

Hasta qu latitudes lleg la fascinacin mutua entre poeta y pintor es un enigma que tampoco puede decir su nombre


Federico Garca Lorca y Salvador Dal. LUIS GRAENA

Cadaqus, en el fiel del agua y la colina,
eleva escalinatas y oculta caracolas.
(...)
El horizonte virgen de pauelos heridos
junta los grandes vidrios del pez y de la luna.

Sobre una barca pesquera, noche de abril de 1925, Federico Garca Lorca contempla el perfil de Salvador Dal, recortndose en el lienzo azul satn del cielo y el agua. Ve su perfil de bronce, ve una rosa en el alto jardn que t deseas ; ve otras cosas en el silencio que no va a decir nunca.

Es posible que el amor que no puede decir su nombre sea mucho ms comn de lo que pensamos. No por prohibido, sino porque su naturaleza escape a toda definicin, clasificacin o taxidermia: lo vivo muta continuamente, cambia de color y de forma, como esos peces desbocndose en el agua nocturna; lo muerto es petrificacin. Lo primero no suele admitir un nombre fijo, porque se permite cambiar de rostro; lo segundo s, porque ya no sucede: sucedi. Es una estatua. Est muerto, inerte as algunos millones de parejas de este mundo.

El duende no se repite, como no se repiten las formas del mar en la borrasca.

El asunto de Barcelona no lo olvido, escribe Lorca, meses despus, a su amigo Benjamn Palencia: est pasando un verano melanclico y turbio. Cul era con exactitud el asunto, slo l lo saba. Lo que podemos aventurar es que fue por esa poca, Semana Santa de 1925 en Cadaqus, cuando la fascinacin mutua entre los dos artistas comenz a aproximarse a latitudes ms arriesgadas. Hasta qu punto, y en qu sentido, en cada uno de ellos, es el enigma que tampoco puede decir su nombre: quiz ninguno de los dos pudiera nunca identificarlo del todo.

S; ya sabemos que a Lorca le gustaban los hombres, y que el trmino asexuado era la categora ms prxima a Dal si es que hay alguna. Que a Lorca le atrajese, y por ende quisiera una comunin real en algn momento, ms all de conexiones csmicas, con la inevitable frustracin, es slo una mitad del puzle. Porque lo cierto es que algo muy ambiguo, escurridizo, se dio desde el principio en la relacin entre ambos, y esto toca ya rigurosamente a la parte daliniana del asunto. Es algo muy sutil, que, cotejado con el carcter del pintor, da como resultado un cuadro de los suyos: se escapan de continuo las explicaciones racionales, pero el mensaje onrico de la estampa parece decir algo a gritos.

Escribi ste en su Vida secreta a su humildsima forma: Aunque advert enseguida que mis nuevos amigos iban a tomarlo todo de m sin poder darme nada a cambio pues realmente no tenan nada de que yo no tuviera dos, tres, cien veces ms que ellos, la personalidad de Garca Lorca produjo en m una tremenda impresin. El fenmeno potico en carne viva surgi sbitamente ante m, vibrando con un millar de fuegos de artificio. Eran los tiempos de la Residencia de Estudiantes, principios de 1923. Dal, seis aos menor que Lorca, acababa de llegar a Madrid. Si el Dal adulto iba a ser una suerte de degeneracin delirante del Narciso, habra que imaginarlo con 18 aitos: A veces, contaba, yendo con el grupo   a cualquier sitio donde yo saba que iba a brillar Lorca como un fogoso diamante, de pronto me escapaba corriendo... Nadie ha podido nunca arrancarme el secreto de esas huidas, aada enigmtico, y no tengo la intencin de levantar todava el velo.

La explicacin ms inmediata de tal misterio puede ser que su ego faranico, de nio falto de atencin, no pudiera soportar que alguien brillara ms que l, y por eso sala corriendo. Pero tal vez la boutade esconda algo ms serio. Quizs hua por otros motivos mucho ms retorcidos del fogoso diamante andaluz.

La fascinacin de Lorca no fue menor en absoluto; su dependencia, a la postre, sera mayor. Es posible que la reverberacin intelectual, esttica, espiritual, que encontr en el pintor cataln no la hubiera visto antes ni la encontrara luego ya, nunca, en nadie ms (aunque de seguro quiso ms a otros hombres posteriores; Rafael Rodrguez Rapn por ejemplo). Para alguien tan sediento de comprensin, de comunicacin, a su nivel abisal de lucidez y percepcin y ensueo, Salvador Dal le debi de resultar un alma melliza con la que poder hablarlo todo, compartirlo todo, hacerlo (casi) todo.

No es necesario especular. Slo a tres sujetos, o entidades poticas, dedic Lorca una oda en toda su vida: a Fray Luis de Len, al Santsimo Sacramento del Altar ( homenaje a Manuel de Falla ), y a Salvador Dal:

Oh Salvador Dal, de voz aceitunada!
(...) alabo tus ansias de eterno limitado...

Pero ante todo canto un comn pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.

No es el Arte, dice, la luz que nos ciega los ojos, sino el amor, la amistad o la esgrima: fbula y rueca de tres puntas alternndose de continuo en una relacin delicadsima, en su sentido ms exacto.

Ese comn pensamiento, unindoles en las horas oscuras y doradas, lleg a su cenit en el verano de 1927. Tras conseguir estrenar en junio Mariana Pineda en Barcelona, con Margarita Xirgu, Lorca regresa a Cadaqus, invitado por la familia de Dal. Es un mes de julio deslumbrante para l: disfruta de las playas, juega con los nios, toca la guitarra por las noches para sus anfitriones... Las fotografas que sac Ana Mara Dal, apunta Gibson, muestran a un Lorca radiante de felicidad... Y Dal comienza por entonces varios cuadros que tienen a Lorca como centro de gravedad, su cabeza cortada, dormida o muerta sobre la arena, trasunto quizs de la performance juvenil o psicodrama que gustaba escenificar el escritor en torno a su propio entierro para sus amigos.    

La esgrima : todo apunta a que ese verano se dio uno de los episodios en que Lorca trat de acercarse fsicamente a Dal, con el rechazo subsiguiente. Ya en Barcelona tras dejar Cadaqus, le escribe una carta cifrada de figuras surrealistas que el pintor slo poda intuir, o no. Hacia el final, le dice a las claras: Me he portado como un burro indecente contigo que eres lo mejor que hay para m. A medida que pasan los minutos lo veo claro y tengo verdadero sentimiento. Pero esto slo aumenta mi cario por ti y mi adhesin por tu pensamiento y calidad humana.... No deja de resultar pintoresca la ecuacin: segn Lorca, la vergenza slo hace aumentar su cario y adhesin al pensamiento y calidad humana del amigo deseado. Tremendos juegos malabares para convertir la realidad en llamas en una especie de bando municipal.

Porque en realidad se miraban en crculos, en una danza luminosa y macabra en la que slo l, quizs, se arriesg a plantarse alguna vez a pecho descubierto. Imposible, por supuesto, y nada cauto, arriesgar interpretaciones quienes nada podemos decir al respecto. Pero el puzle sigue hablando sin llegar a decir del todo. Segn Gibson, Dal qued marcado por ciertos terrores, inculcados por su padre, en torno a contraer enfermedades venreas o encontrarse impotente. Sabemos que no frecuentaba a los hombres pero tambin que odiaba las formas excesivamente femeninas (si una mujer le gustaba, como Gala despus, deba tener pechos pequeos, para empezar). Pero nada de esto sirve a la postre para dilucidar qu sombras se movan all al fondo de su psique, como marionetas obsesivas, con el perfil y la sangre de Federico Garca Lorca.

Tu San Sebastin de mrmol, le escriba Lorca en agosto desde el balneario de Lanjarn, en la Alpujarra, aludiendo a un cdigo comn en torno al santo que slo ellos conocan, pero de obvias connotaciones erticas, se opone al mo de carne que muere en todos los momentos, y as tiene que ser... Alma higinica, vives sobre mrmoles nuevos. / Huyes la oscura selva de formas increbles , haba escrito tambin en la mencionada oda al pintor.

De lo que Lorca est hablando, quizs, no es de naturalezas que no pueden encontrarse, sino de un terror, en la naturaleza de su ntimo adversario, que no le permite manifestar lo que en el fondo deseara. (Quizs; slo quizs.)

Siguieron escribindose mucho tiempo, hablndose con el tono ntimo que slo usaran los nios, o los amantes cmplices de muchos aos (por mucha imagen surrealista que hubiera de por medio: Yo ir a buscarte para hacerte una cura de mar, le dice Dal en 1928. Ser invierno y encenderemos lumbre... viviremos juntos con una mquina de retratar...). Pero ya haba comenzado el distanciamiento. Y ese ao, con la prdida aadida de quien s fue su amante, Emilio Aladrn, Lorca entrara en una de sus crisis ms oscuras hasta entonces. Mucho de esto influira en su decisin de huir a Nueva York. Pasaran siete aos sin verse, poeta y pintor, estallando en direcciones distintas cada una de sus vidas inverosmiles.

Alma higinica, Dal. En declaraciones tambin recogidas por Gibson, y pronunciadas ante un periodista francs en 1966 (Lorca haba sido asesinado treinta aos atrs por el mismo rgimen que ahora Dal saludaba sin pudor), el pintor deca sobre su entraable amigo: Era pederasta, como se sabe, y estaba locamente enamorado de m. Trat dos veces de... lo que me perturb muchsimo.... Seguan otras joyas verbales que no reproduciremos aqu [slo serviran para confirmar que se puede ser un genio sublime y tambin un sublime gilipollas, sin incompatibilidad alguna]. Pero es muy posible, tambin, que toda esa parafernalia daliniana sin descanso slo fuera una gigantesca mscara; sa que ocultara, como bien apuntaba Gibson, una vergenza invencible para relacionarse de verdad con los otros.

S hay un par de lneas verdaderas, en su Vida secreta, referidas a esos aos con Lorca:

La sombra de Maldoror se cerna sobre mi vida, y fue precisamente en ese perodo cuando, por la duracin de un eclipse, otra sombra, la de Federico Garca Lorca, vino a oscurecer la virginal originalidad de mi espritu y de mi carne.

La virginal originalidad del espritu y de la carne de Salvador Dal muerto de miedo ante lo que ensucia, es decir, la vida misma vislumbraron un reverso tenebroso, la sombra de la sombra de su psique, en Federico Garca Lorca:

Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire
frente a la mar poblada con barcos y marinos.

Miguel ngel Ortega Lucas @Ortega_Lucas

Fuente: https://ctxt.es/es/20190821/Culturas/27693/Miguel-Angel-Ortega-Lucas-lunas-hiel-Lorca-Dali.htm



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