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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2019

Entrevista a Miguel Urrutia, acadmico Sociologa U de Chile
"Todos, en una medida u otra, alguna vez han sido vctimas de algn abuso policial"

Gabrielle Girardello
La Isquierda Diario Chile


Conversamos con el profesor de sociologa de la U. de Chile, Miguel Urrutia Fernndez, quien a lo largo de su desarrollo acadmico ha ligado su trabajo al estudio de los movimientos sociales, en vnculo fuerte de estos con la poltica y tambin con una preocupacin especfica de los movimientos sindicales. Urrutia advierte que se acerc ms al estudio sindical por el inters de sus propios estudiantes, sobre todo en cuanto al fenmeno de la subcontratacin y las movilizaciones derivadas. En esta ocasin quisimos desarrollar el tema que ha tenido encendido al Campus Juan Gmez Millas: la violencia policial.

Para empezar, tomando en consideracin la agenda represiva que viene impulsando el gobierno de Piera, qu relacin especfica ves entre el uso de las fuerzas represivas y el desarrollo de los movimientos sociales?

Primero hay que hacer la distincin entre la violencia terrorista estatal que vivimos en dictadura y la practicada en los regmenes democrticos. Son distintas, pero entre ambas hay una articulacin en favor del capitalismo. No podemos entonces pregonar que son exactamente lo mismo. Muchas veces se dice seguimos en dictadura, pero creo que desde un punto de vista de anlisis poltico, no es totalmente conveniente tomarlo as. Las violaciones a los cuerpos humanos, no solo a los abstractos derechos; y particularmente la criminalizacin de la protesta social sigue ocurriendo en regmenes democrticos liberales y parlamentarios, como el que tenemos ahora en Chile, pero la graduacin es distinta.

Ahora bien, los niveles de violencia del Estado en contra de las manifestaciones sociales siguen vigentes e incluso se intensifica el uso de la violencia en ciertas dimensiones de la vida social. Se ocupan otras formas de miedo e insegurizacin coletiva que claramente estn subvencionadas por los poderes del Estado: la escenificacin de la delincuencia y del narcotrfico, responden a un modelo de instalacin que se da precisamente en aquellos lugares que hicieron ms resistencia a la dictadura, eso no es casual, ni soy el primero en decirlo, sobre todo los historiadores del mundo poblacional chileno lo han planteado.

Slo por poner algunos ejemplos en la regin metropolitana: la poblacin La Bandera, La Legua, La Victoria, hoy todos sabemos que son centros de narcotrfico, que resisten mal o bien desde sus tradiciones de memoria poltica y de lucha, pero hay que ser muy ingenuo para creer que eso es casual, y si uno no lo es, puede advertir que los servicios de polica poltica de la propia dictadura son los que instalaron estas prcticas en esos lugares. Hay testimonios en la materia. Te dira que hasta la inteligencia poltica que mont la Concertacin en muchos casos us a la delincuencia comn para diluir ciertos movimientos, como la toma de Pealoln -que fue bien emblemtica- claramente afectando la convivencia en esos lugares.

Cmo se relaciona el legado de la dictadura a la situacin actual, con Aula Segura en los colegios, la discusin de instalarla tambin en las universidades, el control de identidad preventivo o el intento de toque de queda juvenil?

De alguna manera estas cosas se pueden hacer hoy con una mayor legitimidad que antes, cuando se implementaban directamente por la fuerza y sin pretensiones argumentativas, hoy hay algunos sectores de la poblacin que aceptan este tipo de polticas represivas porque las ven ligados a un endurecimiento general en contra de la delincuencia, delincuencia que es real, y en ese sentido opino como los zapatistas, que decan que el pueblo no se equivoca, los que nos equivocamos somos los que hacemos poltica. O sea tampoco podemos fustigar a los sectores populares por demandar una forma de vida ms segura, efectivamente tambin las prcticas son bastante similares a las de la dictadura, como las arremetidas de la polica al interior de los recintos educacionales, que eran calculadas durante la dictadura y hoy casi ya no se calculan, sencillamente ocurren, y eso sobre el trasfondo de esta necesidad general que hay de controlar el desorden, esta eterna idea de la lucha entre un orden y un desorden que, afortunadamente desde mi punto de vista, no es una cuestin que est ganada en el sentido comn de la poblacin.

Tampoco es que la gente apoye los abusos policiales, porque adems todo el mundo popular, en una medida u otra, alguna vez han sido vctimas de algn abuso o maltrato policial: desde una multa al comercio ambulante, hasta el maltrato en las manifestaciones, el hostigamiento, adems de la actitud evidente de provocacin que tienen las fuerzas especiales. Ellas provocan, todos lo sabemos, incluso en los eventos deportivos o de masas.

El 2011 fui detenido una vez y result bien ilustrativo para m. Parti por la indignacin y vergenza que sent al ver a un grupo de profesoras literalmente barridas por el chorro del guanaco. Su delito haba sido bajar a la calzada de la Alameda para protestar. Yo ni siquiera fui capaz de eso. Me acerqu a un poste metlico y comenc a golpearlo ruidosamente con una hebilla. Detuvieron a las profesoras empapadas y magulladas mientras una oficial vociferaba que era por interrumpir el trnsito, pero yo estaba sobre la vereda e igual me detuvieron en otra micro.

En dictadura esto no daba ni para una ancdota, es cierto, pero justamente de eso se trata, de una supuesta superacin de la arbitrariedad en la experiencia democrtica de manifestacin poltica. Adems, me impresion el nivel de conciencia poltica con que los pacos actan. Sentado arriba de la micro uno se puso frente a m y comenz a golpearse los bolsillos con ambas manos. Yo no entenda, hasta que dijo: de aqu pago yo el colegio de mis cabros, no quiero que me lo den gratis. Reconozco que mi respuesta fue grosera y desclasada. Le pregunt y cuntos idiomas hablan sus hijos?. Ni ese paco, ni otros me tocaron un pelo. Me mantuvieron sentado adelante, pero atrs tiraban a los ms jvenes apilados y pasaban por encima de ellos.

Hay una violencia especficamente dirigida hacia la juventud?

S, y eso tambin hay que decirlo con todas sus letras. En los orgenes de la transicin eso fue sper fuerte, la militancia poltica dej de ser el objetivo tan drstico de la represin, pero el mundo de la juventud que se mantuvo en rebelda en esa poca, ya sea a travs de expresiones punkys o de cualquier tipo, era objeto de la detencin por sospecha y eso fue masivo, eran masivas las redadas.

Durante todos los 90 y la instalacin de esta hermosa democracia, la juventud, y particularmente a la juventud con ideas, la que no se dobleg al neoliberalismo, se vio sometida a una represin intensa y bien desoladora adems, porque, por ejemplo, era distinto en los aos 80 que me toc a m militar, tenas un resguardo si se quiere, por ltimo un relato heroico, pero esa generacin de los 90 es bien desoladora la condicin en que fue vctima de la violencia policial democrtica concertacionista, porque nadie los reivindicaba, no se les prestaba atencin.

Como que la nica represin a la que tena sentido criticar era la que tena carcter poltico y si, resulta que esos jvenes rebeldes de los noventa eran la poltica que haba, pero colaborbamos en invisibilizarla solo porque no era la misma poltica de los aos 80. El profesor Roberto Fernndez del Ncleo de Psicologa de la Memoria ha documentado esto. La rebelda de toda esa juventud en los 90 fue una rebelda poltica tambin, gracias a la cual -yo dira- estamos hoy en un ciclo interesante, con al menos una posibilidad de araar al neoliberalismo.

Para cerrar cmo se enfrenta esta represin institucional? La que en cierta forma se ha heredado de la dictadura pero que tambin se ha perfeccionado durante los aos, por ejemplo el nivel de militarizacin de la polica se mantiene o se ha perfeccionado desde la transicin?

Yo creo que ms bien se ha perfeccionado. Ha ido asumiendo sus desafos, adems madur sus objetivos. Efectivamente hay un proceso de repolitizacin en la sociedad chilena y hacia all se apunta la represin todo el tiempo, o sea, por algo la criminalizacin del mundo mapuche, la criminalizacin de la calle, de la manifestacin callejera y la provocacin con respecto a eso.

Y cuando digo la criminalizacin no es solo en los trminos ms dramticos, punitivos, delincuenciales, sino que el desprestigio que se hace de todo aquel o aquella que plantee un cuestionamiento al sistema y al orden, la idea de que son flojos, aprovechadores, de que son anti patriotas porque finalmente no quieren poner su fuerza a disposicin del avance del pas y que quieren todo gratis, como se dice normalmente, as que yo creo que con el correr del tiempo esta operacin represiva ms bien se ha perfeccionado.

Y sobre el qu hacer, esa siempre es una pregunta que se puede responder desde muchas partes, pero de entrada cabe hacer lo que hacen ustedes por ejemplo levantando un medio. La contra-informacin siempre es til, y eso adems cruzarlo con algo as como un trabajo de inteligencia desde el mundo de la protesta social, que pueda denunciar con ms contundencia, observatorios sobre violencia policial, pero no solo sobre la transgresin tan directa a los derechos humanos sino tambin sobre las polticas articuladas que tienen los aparatos represivos, o sea, a quin persiguen, por qu cargan a determinadas compaeras y compaeros.

Aqu siempre ocurre, el amedrentamiento en este Campus. Incluso cuando el rector Vivaldi sali electo la primera vez, haba un par de alumnos detenidos y acusados de montn de cosas que no haban cometido. Yo no digo que no ocurran cuestiones como las salidas con moltov por las que acusaban a estos estudiantes. Pero eso no es lo que importa a los represores. Ellos utilizan esos actos para perseguir a las y los lderes organizadores. Ese era el perfil de los falsamente imputados. La represin golpea donde hay algo de carisma, donde hay posibilidades de articulacin de los movimientos, ah es donde detienen y amedrentan y eso se da como pan de cada da.

En el fondo son blanco de la represin especficamente lugares o grupos sociales que muestran capacidad de organizarse

Y las dirigencias emergentes de los movimientos sociales son el objetivo. No tengo miedo en decirlo, y menos a ustedes que son un medio amigo, hermano. O sea, revisa los ltimos asesinatos de dirigentes sindicales y sociales en el pas.

Claro, suicidios, entre comillas

Montn de suicidios no, por favor, o sea, yo no soy polica, no me dedico a eso pero incluso como pinche ciudadano liberal que puedo ser, tengo derecho a sospechar, si no soy estpido tampoco cmo se mueren justo las dirigentas ecologistas, mapuche, los dirigentes sindicales, les da por suicidarse? No, no, no, ojo con aquello, el Estado chileno no tiene ningn antecedente de defensor de los Derechos Humanos como para no atribuirnos nosotros el derecho a sospechar sobre lo que est ocurriendo hoy.

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