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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2019

Darle cuerda al mueco

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Haba que darle cuerda al mueco para que no parara de tocar los platillos, corriera de aqu para all atndole corto y entretuviera a la infancia. Esto suceda en los viejos tiempos con los juguetes destinados a ilusionar al auditorio ingenuo. Ahora ya no es preciso, basta con una pila para que se pase meses o aos agitndose, corriendo y sonando. Y no solamente eso, es posible fijar variaciones en el ritmo y en los movimientos para hacer creer que tiene algo as como vida propia. Por lo que las cosas del entretenimiento parecen haber mejorado. Sin embargo, aunque las pilas hayan sustituido a lo manual y el mueco se desplace metiendo ruido por su cuenta durante ms tiempo, lo sigue haciendo al comps marcado por el fabricante. Simplemente, lo que sucede es que la pila ha pasado a ser la moderna cuerda que discretamente pone en movimiento al mueco y adems le mantiene atado ms o menos largo dentro del escenario.

Extrapolando el asunto al imaginario social, se puede observar cmo diariamente los fabricantes de ilusiones bajan a la arena personajes del montn, hbilmente dirigidos como muecos y debidamente publicitados, con el propsito de entretener a los espectadores. En el escaparate miles de aspirantes a juguete en movimiento, aparatos estticos a los que inesperadamente por razones ocultas se pone la pila solamente a unos pocos, para aparentar que tienen vida propia. El problema es que, agotada la pila, el mueco ya no sirve, porque no es posible darle cuerda manualmente. Tal y como est montado el tinglado, cualquier personaje que salga a escena no puede hacerlo sin que se le ponga la pila de un solo uso, o lo que es lo mismo, sin tutela. Necesita que, al igual que suceda con el mueco, alguien le d cuerda, porque sin cuerda no hay movimiento. En trminos explicativos habra que decir que todo personaje que se precie debe ser promovido y amparado por uno de esos padrinos que manejan el negocio. De otra manera no sera posible salir a escena, o sea, hacer un poco de ruido temporalmente, aparecer en papeles e imgenes y ocupar un lugar ocasional en el mundo virtual; en definitiva, mantenerse por un tiempo siendo objeto de la atencin de los espectadores.

Pudiera decirse que este modelo resulta aplicable a casi todos los sectores, ya sea la poltica, la cultura o los negocios. Y es el padrinazgo, representado por algn grupo de poder, el encargado de sostener al producto en tanto le sea fiel y rentable; mientras que su agente, empeado en vender sus especiales cualidades, aunque concurran en cualquiera, es el que a las claras se deja ver. Pero como lo decisivo es promocionarlas, esto solamente lo puede hacer con xito si est respaldado por el de ms arriba, que es el que realmente hace que todo funcione. En cuanto al mueco apadrinado, cara al pblico convertido en icono del momento, se habr distanciado de la masa porque se ha hecho de l algo diferente, en base a dar publicidad a su imagen y auspiciando el despliegue de sus habilidades. De todo esto, lo que verdaderamente importa es sacar rentabilidad al personaje, para ello es preciso tener habilidad para vender las entradas a los que se acercan al recinto donde tiene lugar el espectculo, y esto ya corresponde al dueo del juguete como encargado de la taquilla.

A la muchedumbre le entusiasman las leyendas, tal vez las ideologas, pero sobre todo los mitos, probablemente con el propsito de salir mentalmente, aunque sea a base de mentiras para autoengaarse, de la rutina existencial que se las ha marcado desde siempre. En esto han jugado un papel determinante la idea de los dioses y, sobre todo, las elites. Estas ltimas, si bien proveedoras de creencias, sin embargo siempre se han reservado la exclusividad de la razn para dominar en el plano material.

En este panorama de ilustracin frustrada, hay que tener en cuenta el auge de la esttica de las oportunidades, que juega su papel ante las masas, mientras que la esttica de lo bello se reserva a las elites. Ahora, uno cualquiera puede ser mueco, lo que alivia la frustracin de las masas al sentirlo cercano a su existencia y suean que, desde esta ficcin, son elites. De esta manera el esperpento, lo repugnante y el ridculo visual vende ante las masas porque se sienten ellas mismas; adems de aportar nuevas frmulas de divertimiento, permite opinar sobre el espectculo como si se fuera parte, cuando solo se es espectador.

Hoy las elites, entregadas al comercio, son incapaces de superar su condicin de muecos humanos apadrinados por esos grupos de poder que se mueven en la trastienda del establecimiento comercial dndoles cuerda para ilusionar a las masas con el personaje y sus cosas. Detrs solo est el negocio. Fabricados para la ocasin, se trata de que aquellos se muevan por un tiempo, llamando la atencin de los ingenuos que han adquirido la entrada para acceder al recinto ferial. Cuando no vendan, porque se les ha agotado la pila y dejan de ser rentables, su destino ser el montn de los juguetes rotos. Mas el espectculo est garantizado, porque siempre habr preparado otro mueco de repuesto, asistido de una nueva tecnologa para ilusionar y vender ideologas, leyendas y mitos a quien quiera dejarse seducir. Las pilas ya no son recargables, tampoco se les da cuerda, puesto que, por exigencias del progreso mercantil, en realidad lo que se busca es la novedad. Hoy, el hecho de darle cuerda al mueco se ha adecuado a los tiempos marcados por la innovacin y el desarrollo para que funcione el espectculo.

Por encima de tales consideraciones, est claro que, dejando a un lado lo de la obsolescencia y las nuevas estrategias de marketing, sigue siendo necesario darle cuerda al mueco, tanto para que ande como para controlar sus movimientos, es decir, tenerle atado a quien manda. Por otro lado, el procedimiento de encandilar a la muchedumbre con el modelo elitista contina mostrndose plenamente efectivo. El objetivo sigue siendo el mismo, y no es otro que las masas estn entretenidas para que resulten pacficas. De esta manera, guiadas por las elites prefabricadas, no pensarn por su cuenta, no se saldrn del cercado y no tomarn el control del mercado.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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