Portada :: Ecologa social
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2019

El capitalismo como fin del mundo

David Pavn Cullar
Revolucin 3.0


El Amazonas arde. Las llamas devoran el pulmn de la tierra, nuestra mayor fuente de agua y aire, el ecosistema con ms diversidad vegetal y animal en el mundo. Al final, en lugar de la selva de la que todos vivimos, tan slo nos quedan ceniza y humo, gases de efecto invernadero para intoxicarnos y para calentar an ms el planeta.

El fuego no cae del cielo. Viene de la codicia de quienes lo encienden. Sabemos que los grandes ganaderos y terratenientes, apoyados por el presidente brasileo Jair Bolsonaro, queman los bosques para convertirlos en pastizales y en tierras cultivables que a su vez producen todo aquello que se vende para ganar dinero.

De lo que se trata es de enriquecerse a costa de lo que nos rodea. No importa que se acabe con todo mientras que se obtenga una jugosa ganancia econmica. Es as como funciona el capital.

Empujndonos a la sobreproduccin y al sobreconsumo, el capitalismo ha deforestado ms y ha extinguido ms especies en un par de siglos que el homo sapiens en doscientos mil aos. Hay que entender bien que no somos nosotros, en general y en abstracto, los que estamos devorando el Amazonas y todo lo dems. Es lo que se quiere que pensemos para culparnos de lo que ocurre y para convencernos de que resulta inevitable, pero lo cierto es que existen innumerables ejemplos de convivencia armoniosa entre la naturaleza y la humanidad. Lo destructor no es lo humano, sino eso monstruoso que es el capital.

Es verdad que el capitalismo se disimulaba mejor hace medio siglo. Haba entonces algo de mesura y de vergenza. Luego el capital se ha tornado excesivo y cnico en el neoliberalismo, el cual, desde hace algn tiempo, se vuelve a su vez an ms excesivo y cnico en el neofascismo.

La poltica neofascista de Bolsonaro, como la de Trump y sus semejantes, nos descubre sintomticamente la verdad infame del capitalismo. Somos testigos de lo que Marx ya nos haba explicado: la forma en que la produccin de capital es la destruccin de todo lo dems. El capitalismo se pone en evidencia como lo que siempre ha sido, como devastacin de lo existente, como fin del mundo.

Ahora vemos que nuestro planeta y el capitalismo no pueden coexistir. Son mutuamente excluyentes. Debemos elegir o el capital o todo lo dems, o la bolsa o la vida, o el fin del sistema o el fin del mundo.

Optar por el capital o por el mundo es tomar posicin en un campo de batalla en el que se est decidiendo nuestro destino. Tenemos, como siempre, dos posiciones. Una es la de quienes parecen conocer tan slo el valor del dinero, los neoliberales y neofascistas que ven la naturaleza como recurso y mercanca, los capitalistas pirmanos que ahora se llenan los bolsillos al incendiar el planeta. La posicin contraria es la ocupada por las vctimas y los bomberos, quienes padecen el incendio y quienes intentan apagarlo, quienes recuerdan que viven de la tierra y conocen otros valores que el pecuniario.

El enfrentamiento entre las dos posiciones es una clara expresin de lucha de clases. Las posiciones enfrentadas corresponden alas tradicionales posiciones de clase capitalista y anticapitalista. Remiten a intereses, deseos e ideales contradictorios, adems de referirse a niveles socio-econmicos a los que evidentemente no pueden reducirse.

Los de arriba, los estratos y los pases ms opulentos, son aquellos en los que se concentra el capital. Son tambin, por eso mismo, los que ms contaminan y ms calientan el planeta. Son ellos los que ms consumen, los que ms generan basura, los que ms conducen automviles privados y los que ms viajan en avin o en cruceros.

Sabemos, por ejemplo, que el 10% ms rico de la poblacin mundial emite hasta once veces ms gases de efecto invernadero que el 50% ms pobre. Sin embargo, como tambin sabemos, son los de abajo los que sufren las ms graves consecuencias de la emisin de esos gases y del resultante cambio climtico. Slo esto ha hecho que la brecha entre los ingresos de pases ricos y pobres aumente 25 puntos porcentuales .

Los de abajo, como de costumbre, pagan las facturas de los de arriba. Los pases pobres han debido incluso convertirse en los vertederos de los pases ricos. Reciben su basura plstica y electrnica, pero tambin sus industrias ms contaminantes.

Asiticos, africanos y latinoamericanos deben envenenarse con exhalaciones lquidas y gaseosas de las fbricas en las que se produce lo que se consume en los entornos limpios, verdes y transparentes de Europa, Canad o Estados Unidos. Las naciones ms desarrolladas han prohibido tambin en su interior muchas de las sustancias con las que ellas mismas lucran al venderlas en las regiones menos desarrolladas. No debera sorprendernos que el cncer afecte y mate cada vez ms en los pases pobres en comparacin con los pases ricos.

La hecatombe mundial no se est viviendo igual abajo que arriba. Naciones fras y prsperas como Noruega, Canad, Suecia,Francia y Reino Unido se han visto incluso enriquecidas por el calentamiento climtico en tasas del 4% al 34%. Al mismo tiempo, mientras que se incendia el Amazonas y se padece una creciente deforestacin en casi todos los pases pobres, la superficie boscosa tiende a crecer en el continente europeo y en otras zonas ricas del planeta. El caso de Irlanda es el ms asombroso, con una multiplicacin de sus bosques por diez en el ltimo siglo.

Es como si el fin del mundo no estuviera ocurriendo en los pases ricos, sino slo en los pobres. Es como si fuera el fin del Tercer Mundo y no del Primero. Es como si fuera otra de tantas catstrofes que slo sufren los de abajo.

No debemos olvidar que los pueblos originarios asiticos, africanos y americanos ya conocieron el fin del mundo en el pasado. Ya lo vivieron cuando los colonizadores europeos los aniquilaron, los esclavizaron y arrasaron sus comunidades, culturas y ambientes naturales al abrir paso al naciente capitalismo. Todo ya fue devastado por los mismos que ahora lo estn devastando todo.

Los capitalistas de siglos anteriores ya supieron enriquecerse con el fin del mundo. Siguen enriquecindose ahora con el mismo fin del mundo en el Amazonas y en muchos otros lugares. Lo nuevo es que el mundo al que estn poniendo fin ya no es tan slo aquel en el que vive otro pueblo, sino aquel en el que habita ese gran pueblo cada vez ms indiferenciado en el que se est convirtiendo la humanidad.

Es el gnero humano y el planeta entero lo que est en peligro ante la misma pulsin mortfera del capital que ha devastado ya tantos mundos y pueblos en el pasado. Sabemos hoy que esta pulsin, que transforma todo lo vivo en capital inerte, puede terminar suprimiendo toda la vida humana sobre la superficie de la tierra. Quizs el cataclismo empiece por abajo, pero no respetar ni los bosques europeos ni los dems espacios protegidos en los que habitan los de arriba.

Los ricos no disponen an de un hbitat protegido como el Elysium de la pelcula homnima de Neill Blomkamp . Quizs ya existira si fuera posible construirlo, pero todava no es posible y el ritmo de la destruccin va demasiado rpido en relacin con los avances tecnolgicos. De cualquier modo es muy probable que se encuentre la manera de evitar la hecatombe, pero no por el mundo ni por la humanidad ni mucho menos por los de abajo y ni siquiera por los de arriba, sino slo por el capital que sencillamente no puede volatilizarse por causa de la desaparicin de la vida. Podemos aceptar el apocalipsis, pero no sus efectos en la economa.

Como dira Jameson, es ms fcil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Pero quiz la dificultad para imaginar el fin del capitalismo sea precisamente lo que nos proteja contra la destruccin total de un mundo que es necesario para la continuacin del capitalismo. El planeta y la humanidad se preservaran entonces para que el capital pudiera seguir consumindolos y destruyndolos al producirse a s mismo. Sin embargo, si todo queda subordinado y subsumido as al capital, podramos considerar que an existe como algo diferente del capital? No sera ms bien tan slo el capital del capital?

Heidegger fue quizs quien mejor comprendi que el mundo que slo se conserva como capital es otro fin del mundo que tambin acecha en el horizonte. Y al igual que el fin ms literal, no es tan slo un peligro, sino una realidad. Uno puede sentir con facilidad este otro fin en los pases desarrollados. No es fcil consolarse de los incendios en el Amazonas al caminar por los tristes bosques artificiales de pinos alineados que se extienden por toda Europa.

Ya sea verde como los rboles o rojo como el fuego, el capital es el fin del mundo. Slo podremos conservar el planeta y nuestra humanidad al acabar con el capitalismo. Tenemos que ser anticapitalistas para ser autnticos ecologistas. Para ser verdaderamente verdes, tenemos que ser tambin rojos. Hay que incendiar los bancos y no slo plantar rboles.

Fuente: https://revolucion.news/capitalismo-fin-del-mundo/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter