Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2019

Diez frentes de combate de la nueva cultura

Enrique Ubieta Gmez
jiri

Intervencin en el Taller Cultura y Liberacin de los Pueblos del XXV Foro de Sao Paolo, Caracas, 26 de julio de 2019


La cultura es lo primero que hay que salvar, alertaba Fidel. No hablaba solo del arte y la literatura. La nueva sociedad exige un individuo nuevo, es decir, una mujer y un hombre que participen conscientemente en su construccin. La cultura que llamamos socialista es de hecho una cultura de trnsito. No existe como meta, sino como proceso, en franca guerra contra la cultura dominante. Una Revolucin en el poder debe luchar contra la cultura global hegemnica (modo de vida, modelo de xito) que es la capitalista, en todos los mbitos de su reproduccin. Pero los revolucionarios no pueden esperar a tener el poder, o el gobierno (en el peor pero ms probable de los casos) para iniciar esa lucha, que es vital. Lo que comnmente identificamos como concientizacin de las masas, es un hecho cultural. La cultura dominante en el mundo es la de la clase dominante, y la nueva cultura avanza y retrocede, su xito siempre es parcial.

El socialismo no es un problema de cuchillo y tenedor. Es un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepcin del mundo, deca Rosa Luxemburgo. Para alcanzar esa nueva cultura se necesita una base material que la sustente algo que con frecuencia se olvida, pero la tarea no puede postergarse. Las revoluciones autnticas, cuando se producen, impulsan esa nueva mirada colectiva. Un milln de personas en la Plaza de la Revolucin no son una masa sin rostro, son un milln de protagonistas individuales. Pero la guerra cultural entre los dos modos de vida, incluso en una Revolucin que ha alcanzado el poder, no cesa. Abordar algunos aspectos de la batalla por la cultura que me parecen importantes, desde la experiencia revolucionaria cubana.

Romper los tabiques que separan lo culto de lo popular. Integracin de saberes.

Debe procurarse una integracin de saberes, que desdibuje las fronteras de las culturas etiquetadas con los adjetivos de alta y popular. En Palabras a los intelectuales (1961) Fidel le dice a los ms importantes escritores y artistas cubanos de entonces: En das recientes nosotros tuvimos la experiencia de encontrarnos con una anciana de 106 aos que haba acabado de aprender a leer y a escribir, y nosotros le propusimos que escribiera un libro. Haba sido esclava, y nosotros queramos saber cmo un esclavo vio el mundo cuando era esclavo, cules fueron sus primeras impresiones de la vida, de sus amos, de sus compaeros. Creo que puede escribir una cosa tan interesante que ninguno de nosotros la podemos escribir. Uno de los ms jvenes oyentes de ese discurso escribi algunos aos despus un libro emblemtico de la literatura de la Revolucin: Biografa de un cimarrn (1967). La vida de un hombre sencillo se converta en literatura clsica.

En sentido inverso, el primer libro que public la Revolucin en su recin creada Imprenta Nacional, a un precio casi simblico y en una tirada millonaria, fue la obra de Cervantes, El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Una obra clsica, la ms representativa de la cultura hispana, se puso al alcance de las mujeres y los hombres de pueblo. Por otra parte, la Revolucin cubana cre un amplio sistema de escuelas de arte en todo el territorio nacional y abri sus puertas a los hijos ms humildes del pueblo.

Hugo Chvez manejaba dos conceptos prcticos de cultura: la que se entiende como tradicin, hogar, hbitat, territorio, alma colectiva de cada pueblo, una visin en la que no hay jerarquas, cualquier cultura es tan importante como la otra, no hay cultura desarrollada y cultura no desarrollada y que vista en un proceso evolutivo y de enriquecimiento constantes puede definirse como identidad cultural; y la que responde al sentido martiano de ser cultos para ser libres, como instrumento de liberacin, de superacin, de crecimiento espiritual, como manejo de informacin, de comprensin del mundo.

Las revoluciones necesitan integrar los saberes, eliminar las barreras culturales y espaciales que separan a las clases sociales.

Saber y participacin social

La nueva cultura en construccin no es pasiva. Su rasgo principal es que existe solo si la sociedad y el individuo la asumen conscientemente. No se consume, se protagoniza. Es, ms claramente que cualquier otra, un modo de vida. El primer acto de una revolucin tercermundista es la alfabetizacin masiva de su poblacin. El conocimiento es indispensable, porque determina la capacidad crtica del individuo. La relacin entre saber acadmico y saber participativo es mutuamente enriquecedora en una Revolucin. No puede cultivarse un saber desentendido de los problemas sociales, ni pueden abordarse esos problemas sin una integracin de saberes.

En Cuba miles de adolescentes y jvenes, citadinos de clase media, partieron a las zonas rurales del pas; muchos se separaban por primera vez de sus padres, y se hospedaban en los humildes hogares de los que seran alfabetizados. La alfabetizacin era doble: el joven enseaba a su alumno por lo general mucho mayor en edad, a leer y a escribir, y su presencia era tambin una leccin del significado de la Revolucin. Por otra parte, el alfabetizador se alfabetizaba; su aprendizaje, abrupto, era de otro tipo: conoca otro mundo inimaginado antes por l, e interactuaba con sus habitantes. En meses, la alfabetizacin concientizaba al maestro y al alumno, era una intensiva escuela poltica.

El mtodo empleado en Venezuela (Yo s puedo) se apoya en la tecnologa y no requiere la movilizacin masiva de jvenes de la ciudad, pero introduce una perspectiva nueva. El propio alumno se convierte en su maestro, auxiliado por videos y cuadernos especialmente concebidos para ello. Existe un facilitador, un miembro de la comunidad, un alumno ayudante un poco ms avanzado que sus compaeros, pero el sujeto activo es el que se alfabetiza, el que se convierte en vencedor, en protagonista de su propio crecimiento.

Las misiones bolivarianas son mecanismos de insercin y empoderamiento de las masas en la transformacin del pas. El triunfo de una Revolucin es convertir a las masas en colectividades de individuos conscientes. El mayor peligro es crear, con la masividad de la educacin, jvenes informados de libros, y analfabetos de vivencias sociales y polticas. Jos Mart, lector voraz y erudito, recelaba de la falsa erudicin, la que se opona a la naturaleza humana y a las particularidades de nuestra regin.

Reconstruccin de la historia

La interpretacin de la historia depende del proyecto de futuro que se tenga. La historia oficial de un pas selecciona hechos y personajes, evade o silencia otros. La obra del historiador estadounidense Howard Zinn es elocuente: con su libro La otra historia de los Estados Unidos demuestra que esta puede ser narrada desde la perspectiva de los humildes, desde las luchas obreras. No es, por supuesto, la historia que se ensea en las escuelas de ese pas. En Cuba, con la Revolucin, adquirieron relevancia los protagonistas de las luchas obreras y campesinas y los combatientes revolucionarios. La historiografa contrarrevolucionaria se esfuerza en descalificar a esos hroes de la nueva Cuba: presenta al Che Guevara, por ejemplo, como un criminal, y trata de reivindicar al tirano Fulgencio Batista. Por otra parte, la industria del entretenimiento complementa la labor de la educacin burguesa y despliega una amplia gama de recursos correctores: banaliza la historia nacional de los pueblos del Sur, convierte en hroes a los invasores y en villanos a los patriotas, reafirma el mito de la superioridad y la invencibilidad de los imperialistas. Todo ello llega empaquetado en video juegos, series de televisin, pelculas, redes sociales.

El enemigo, que es el mismo para todos, nos divide desde la ignorancia. Los que compartimos fronteras nacionales y episodios esenciales de la historia (con frecuencia incluso hasta una lengua), ignoramos las vivencias del vecino y desconocemos a sus hroes, que son nuestros tambin. Es imprescindible, para nuestra mejor defensa, que aprendamos la historia de Nuestra Amrica, que hagamos nuestros a sus hroes populares. La historia de Amrica, de los incas a ac, ha de ensearse al dedillo, aunque no se ensee la de los arcontes de Grecia, peda Jos Mart en 1891.

La fragmentacin y reunificacin de sentidos

La izquierda debe reconocer el hecho de que la violencia de gnero, la racial o tnica, y la ecolgica (tambin se ejerce violencia sobre la naturaleza) y cualquiera de las multiplicadas fobias sociales, si bien no estn adecuadamente expuestas, como alguna vez se pens, en la crtica a la violencia de clase, tampoco son ajenas a ella, ni pueden ser pensadas como fenmenos autnomos, capaces de ser solucionados por s mismos. Las contradicciones de la sociedad capitalista actual no pueden reducirse a las contradicciones entre clases, pero estas no pueden ignorarse o subestimarse. La violencia imperialista expresa la esencia de un sistema que naci y creci de la explotacin del mundo colonial y neocolonial, y de sus propios trabajadores. La estrategia de los defensores de la violencia, es fragmentar su comprensin, hacer que nuestros jvenes la combatan en sus manifestaciones no estructurales. Es necesario construir vasos comunicantes entre los frentes de lucha porque todos son importantes, y la izquierda no puede darle la espalda a ninguno de ellos, pero tampoco puede detenerse o aislarse en alguno de ellos. El enemigo final siempre es el capitalismo;

Identidad cultural

La identidad cultural no es esttica. Est en permanente proceso de construccin, de ensanchamiento, aunque conserve sus matrices esenciales. Amrica Latina es poseedora de una gran riqueza cultural: esa diversidad es una ventaja, siempre que conservemos o abramos sus vasos comunicantes. El imperialismo necesita detener y diluir las identidades que se expresan al interior de una nacin y la que representa a la nacin misma, as como la regional, por motivos mercantiles que funcionan tambin como ideolgicos, porque facilitan la dominacin. La estrategia revolucionaria debe ser proteger y consolidar toda manifestacin de unidad y de diversidad culturales. Frente a la estrategia imperialista de dividirnos, los revolucionarios tenemos la obligacin de promover y defender la identidad nuestroamericana, sin desconocer o relegar su diversidad.

En una Revolucin, la identidad nacional empieza a integrar elementos nuevos que surgen del proceso de transformaciones. La contrarrevolucin celebra el trabajo diluyente de la industria del entretenimiento yanqui, pero a la vez, pretende paralizar el movimiento de la historia, con el pretexto de que defiende sus tradiciones. En realidad, se niega a aceptar la existencia de las nuevas tradiciones creadas por la Revolucin. Cuando un contrarrevolucionario despliega hoy la bandera nacional de Cuba, produce una contradiccin de sentidos, ms all de su voluntad y de su comprensin: esa bandera ha incorporado al entramado simblico de sus formas y colores, los nuevos hitos y hroes de la Revolucin. Es por ello que los revolucionarios de cualquier pas o regin del mundo pueden enarbolarla como propia. Cuba ya no es y no podr volver a ser, el pas que exista antes de 1959.

La cultura de la solidaridad

La Revolucin es generadora de solidaridad entre pases y pueblos (a lo interno y a lo externo), porque no puede hacerse sin el concurso de todos, y porque su fin inmediato son los ms humildes. No se concibe tampoco como un hecho aislado, inconexo con otras realidades. La Revolucin cubana se autoproclamaba primer territorio libre de Amrica, precisamente porque aspiraba a la liberacin de los restantes, porque se asuma como un eslabn en el proceso emancipatorio de todos los pueblos. La cultura de la solidaridad, la que se recibe y la que se da, no se concibe como un favor que se dispensa, sino como un deber insoslayable. Desde los primeros momentos la Revolucin cubana cultiv la solidaridad en todos los mbitos posibles, y educ al pueblo en ella. La campaa meditica que se empea en desacreditar e incluso criminalizar la solidaridad mdica de Cuba en el mundo, pretende desarticularla, porque su sola existencia, es una escuela poltica que no se propone ni necesita formar a nadie. Los movimientos sociales y los partidos polticos no pueden desentenderse de las causas justas, para hacer avanzar la suya; se traiciona a s misma la causa justa que evade su responsabilidad con la justicia de los otros. Patria es Humanidad, sentenciaba Jos Mart.

Los smbolos y los paradigmas del xito

Las revoluciones no pueden subestimar la guerra de los smbolos. La industria del entretenimiento se apoya en el mercado para difundir los del capitalismo. Las pginas sociales de la prensa burguesa, narran historias de vida de sus hombres y mujeres de xito: banqueros y empresarios, deportistas y estrellas del arte, y tambin duques, prncipes y reyes, es decir, de los famosos y ricos. Ser como ellos, es la consigna implcita; en sentido inverso los nios cubanos repiten cada maana en sus escuelas, seremos como el Che. En el capitalismo no importa el cmo: se triunfa si se consigue acceder al nivel ms alto de consumo, por una herencia, por un buen matrimonio, por el robo de cuello blanco o a mano armada, por la lotera, etc. La cultura del tener, asentada sobre el consumismo depredador del medio ambiente, se presenta de manera atractiva, como el nico camino hacia la felicidad.

Apropiacin de las formas

Hoy el imperialismo pretende apropiarse de las formas tradicionales de la izquierda. Subrayo de las formas, porque el procedimiento conlleva un vaciamiento de sus contenidos revolucionarios. Ello incluye la utilizacin y a veces el secuestro de trminos y conceptos tradicionales de la izquierda. En Cuba hemos visto la aplicacin de ese procedimiento en huelgas de hambre y en marchas de madres vestidas de blanco como las de la Plaza de Mayo. Se utiliza el trmino de Revolucin de colores y smbolos como el puo cerrado para aludir a movimientos reaccionarios monitoreados por la CIA. Por otra parte, nos induce a desechar e incluso a repudiar palabras que son imprescindibles en nuestro lxico, como comunismo o imperialismo.

Las nuevas tecnologas

Todos los aspectos antes descritos alcanzan mayor intensidad en las redes de Internet. La izquierda debe aprender a usar esta herramienta, lo que implica conocer sus ventajas y sus peligros. La guerra por el poder desecha por inservible la verdad, y las redes compulsan al elector a decisiones que pueden atentar contra sus propios intereses. Es un medio que suele utilizarse para aislar y desmovilizar al individuo (especialmente al joven), y reagruparlo en colectivos rebeldes pero inocuos. Los revolucionarios no podemos desechar la verdad, aun cuando avancemos en el terreno movedizo del mercado electoral. Una experiencia positiva son las redes de redes, que permiten la movilizacin horizontal y trasversal, en aspectos compartidos, entre personas y movimientos no siempre afines. Un ejemplo es la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad.

El poltico revolucionario

Es indispensable que el pueblo aprecie la diferencia entre los polticos tradicionales y los revolucionarios. Es una diferencia que debe sustentarse en la tica de su conducta y en los procedimientos que emplea. La participacin en los mecanismos de la democracia burguesa no puede desdibujar la identidad de un revolucionario. El fin no justifica los medios. Un revolucionario no puede mentir jams, y debe estar siempre en la primera lnea de combate, all donde pide que estn los otros.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/diez-frentes-de-combate-de-la-nueva-cultura



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter