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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2019

Una globalizacin a la china?

Ricardo Molero Simarro
Pblico


La guerra comercial lanzada por Donald Trump contra China ha multiplicado los debates acerca de un posible conflicto abierto con Estados Unidos. Despus de aos de sinergia y dependencia mutua (productiva, comercial y financiera) de sus modelos de crecimiento, las referencias a la denominada Trampa de Tucdides se multiplican en los medios de comunicacin. Sin embargo, buena parte de esos anlisis se encuentran sesgados por la tendencia a asignar mecnicamente a China las inercias del expansionismo occidental. Histricamente, la poltica exterior china se ha orientado ms a asegurar su posicin geopoltica, habitualmente hegemnica, que a desarrollar un dominio de carcter imperialista. El proyecto poltico del Partido Comunista Chino se encuentra en la interseccin entre el socialismo, el desarrollismo y el nacionalismo. No en vano, gran parte del apoyo popular que sigue, en buena medida, manteniendo se basa en su capacidad de haber dado respuesta al sentimiento de humillacin nacional que se gener en el siglo que va desde el final de la primera Guerra del Opio en 1842, al de la invasin japonesa de China en 1945. De modo que los recientes movimientos externos e internos (incluida la campaa de claros tintes nacionalistas acerca de El sueo chino, lanzada por Xi Jinping) deben interpretarse como una nueva fase en el intento de reforzamiento de la soberana del pas asitico. Algo para lo que el logro de una creciente independencia econmica se considera fundamental.

En este sentido, se puede interpretar que la poltica exterior china se encuentra, fundamentalmente, al servicio del proceso de desarrollo del pas. Durante las tres primeras dcadas del proceso de reforma y apertura externa, China tom una posicin acomodaticia en sus relaciones internacionales, aceptante de los principios de la globalizacin neoliberal, proceso del cual se convirti en la plataforma productiva central. Los lderes chinos consideraban que la consecucin de un orden internacional cooperativo y armonioso era imprescindible para acompaar a la modernizacin econmica del pas. Por esta razn, durante los aos del liderazgo de Hu Jintao y Wen Jiabao la estrategia de ascenso pacfico defini su poltica exterior.

Sin renunciar a ese planteamiento, durante los ltimos aos China ha comenzado a transitar hacia una estrategia ms proactiva, que busca ejercer una creciente influencia y toma de partido en el orden internacional. Como parte de ella, ha desarrollado una nueva diplomacia, de marcado carcter econmico-financiero (aunque acompaada de asociaciones en materia de seguridad). Para ello ha conformado nuevas instituciones multilaterales, como el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS o el Banco Asitico de Inversin en Infraestructura; firmado mltiples acuerdos de intercambio de divisas con el objetivo de facilitar el comercio bilateral; y comprado, en plena crisis del euro, relevantes cantidades de ttulos de deuda pblica de pases europeos. Esta diplomacia tiene a la no injerencia en los asuntos internos de otros pases como principio rector y, por lo general, trata de evitar la beligerancia militar. Sin embargo, al mismo tiempo apuesta por el mantenimiento de las instituciones y principios del orden neoliberal, en especial del liberalismo comercial (profundizado internamente con las zonas de libre comercio de Shanghai y Hainan), lo cual no deja de resultar paradjico en pleno giro proteccionista de EE.UU.

Desde este nuevo rol internacional, China ha lanzado varias iniciativas clave para asegurar la continuidad de su proceso de desarrollo. La nueva etapa del mismo tiene como objetivo principal subir escalones en las cadenas globales de valor hasta convertir a la economa china en una potencia tecnolgica. Aunque, por naturaleza, esta es una transformacin de largo plazo, China est avanzando en ella a pasos agigantados, algo que es lo que ha encendido todas las alarmas en EE.UU. Sin embargo, la estrategia exterior china, lejos de orientarse como amenaza a la actual potencia hegemnica, lo que busca, ms bien, es seguir avanzando en su autonoma econmica y financiera. En el pas asitico esta autonoma es concebida desde una posicin de liderazgo, pero en interdependencia con otros pases. Es por esta razn que los proyectos para fortalecerla traspasan las fronteras chinas: tanto la Iniciativa de la Franja y la Ruta (la nueva Ruta de la Seda), como la paulatina internacionalizacin del renminbi (moneda del pas) estn concebidas como la plataforma desde la que emprender un crecimiento comn.

Por supuesto, hay que evitar ser ingenuo respecto a las intenciones chinas. Esas iniciativas no suponen ningn tipo de macro-proyectos de cooperacin al desarrollo, en el sentido habitualmente dado al trmino en Occidente. Por el contrario, ambas comparten una gran capacidad de extender la influencia de China, tanto en el entorno cercano (Sudeste Asitico, Asia del Sur y Central) y ms lejano (frica Oriental y Europa, especialmente del Este), como en el resto del mundo. Y ambas corren paralelas a movimientos estratgicos de carcter ms agresivo (como las reclamaciones de soberana, acompaadas de movimientos militares, en el Mar del Sur de China) con las que el pas asitico trata de asegurar unas rutas comerciales que son esenciales para su integracin en la economa mundial. No obstante, son iniciativas que buscan defender los intereses chinos desde la hegemona econmica (asegurndose el suministro de materias primas y bienes intermedios; apuntalando los mercados de exportacin; y desarrollando los privilegios que conlleva la emisin de una divisa potencialmente clave a nivel internacional); ms que desde el dominio territorial (va invasin militar).

De nuevo, no se trata de relativizar lo que el ascenso chino supone para el orden mundial, sino de entenderlo segn su propia lgica. No en vano, China aplica los principios de la interdependencia tambin a nivel interno, donde est combinando su plan Made in China 2025, con el que pretende reorientar su sector industrial hacia las actividades innovadoras; con una nueva legislacin ms protectora de la inversin extranjera y de la propiedad intelectual. Adems, esa legislacin se est viendo acompaada de la apertura a las empresas transnacionales de sectores estratgicos, hasta ahora protegidos, como el financiero, o el de las telecomunicaciones. De esta manera se est dando respuesta a una de las ms importantes reivindicaciones detrs de la guerra de Trump: el intento de frenar la transferencia forzada de tecnologa desde las empresas estadounidenses hacia las chinas. En realidad, en esta nueva fase, es probable que China tenga menos necesidad de continuar replicando tecnologas forneas, que de asegurarse el aprovisionamiento de algunos inputs (en especial, los semiconductores) que son clave para su industria de smartphones o para las redes 5G, entre otras ramas en las que China est tomando posiciones rpidamente. En todo caso, el pas parece seguir apostando por impulsar el desarrollo econmico interno en un contexto de creciente integracin externa.

En conjunto, distintos analistas han especulado sobre la posibilidad de que estemos asistiendo a la emergencia de un proceso de globalizacin a la china. En mi opinin, este proceso se caracterizara por un orden ms bipolar, que multipolar, aunque alejado de la poltica de bloques propia de la segunda mitad del siglo XX, dado, entre otras cuestiones, el actual solapamiento de las alianzas de seguridad desarrolladas por China con pases tradicionalmente bajo el dominio estadounidense. En l coexistiran la decadente institucionalidad post-Bretton Woods , con los nuevos organismos internacionales vinculados a la creciente influencia china. Los principios ideolgicos que han ordenado la globalizacin neoliberal (libre comercio, apertura a la inversin externa, desregulacin financiera, etc.) seran adaptados segn un pragmatismo similar al del proceso chino de reforma. Quizs el elemento ms determinante en la configuracin de este nuevo orden lo constituya la potencial re-articulacin de las cadenas globales de produccin. Si las mismas continan la actual tendencia a la interdependencia global (por supuesto, desequilibrada en el poder de toma de decisiones y en la distribucin de la renta en su interior), la probabilidad de conflicto geopoltico disminuira, dado el mantenimiento de un alto grado de dependencia mutua. Si, sin embargo, se empezasen a formar nuevas cadenas vinculadas a las iniciativas chinas de integracin, esa probabilidad podra aumentar.

Incluso en el mejor de esos casos, este sera un proceso lleno de contradicciones, que se encontrara lejos de poder asegurar una transicin hacia un orden internacional ms equitativo y sostenible. Durante aos se puso de moda hablar del Consenso de Pekn, como una alternativa al Consenso de Washington. Los mejores resultados de la pragmtica transicin china al capitalismo, que combin procesos acotados de mercantilizacin, con el mantenimiento de muchas de las ms importantes herramientas de intervencin del Estado en la economa (tipo de cambio; controles de capital; instituciones financieras, incluido el banco central del pas; empresas estratgicas, etc), sirvieron de contrapeso a los dainos sesgos ideolgicos que acompaaron a la puesta en marcha de planes de ajuste estructural a lo largo y ancho del mundo. No obstante, lo cierto es que ni China parece haber querido nunca convertirse en una referencia para el resto de econmicas semiperifricas; ni, dadas sus extremas particularidades, su modelo de desarrollo es realmente replicable por otros pases; ni, teniendo en cuenta los fenmenos externos e internos a los que se encuentra asociado, puede suponer una esperanza de fondo para quienes aspiran a lograr una mayor justicia en la sociedad global.

De hecho, las contradicciones generadas por la creciente influencia china podran abarcar prcticamente todas las dimensiones: la de los derechos civiles (con la creciente represin a movimientos sociales y tnicos; y la expansin de programas de control y vigilancia de la poblacin); la laboral (con la externalizacin hacia el Sudeste Asitico de las fbricas de bajos costes, asociados a escasos derechos laborales; adems del mantenimiento de la prohibicin interna de formar sindicatos autnomos); la ecolgica (con la profundizacin del extractivismo en los pases proveedores de materias primas, especialmente en frica y Latinoamrica; al mismo tiempo que con una insuficiente reduccin de las emisiones contaminantes en la economa china); la de la poltica internacional (con la ayuda al sostenimiento de regmenes autoritarios que suponen, indirectamente, varias de las iniciativas puestas en marcha; sin dejar de lado cmo la diplomacia financiera est generando una nueva dependencia de muchos pases respecto a China); e, incluso, la militar (con potenciales movimientos agresivos en los conflictos que resultan clave para el pas asitico; a pesar de su, en principio, renuncia a la beligerancia abierta).

En sntesis, tratemos de evitar los anlisis mecanicistas acerca de la expansin china; contextualicmosla dentro de su estrategia de desarrollo econmico como herramienta central para defender la soberana del pas; y, evitando caer en maniquesmos, seamos prudentes con las posibilidades que ofrecen las iniciativas de integracin, productiva, comercial y financiera, lanzadas por China. stas apuntaran a una reconduccin del proceso de globalizacin, que, sin embargo, se encontrara lejos de poder evitar muchas de las contradicciones, desigualdades e insostenibilidades a las que el orden neoliberal nos ha expuesto durante las ltimas dcadas.

 

 Ricardo Molero Simarro ( @ricmolsim ) es profesor de Estructura Econmica de Espaa en la Universidad Autnoma de Madrid. Forma parte de paradojadekaldor.com

Fuente: http://espacio-publico.com/una-globalizacion-a-la-china



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