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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2019

Socipatas

Llus Rabell
Blog personal


A pesar de las alarmantes seales que perciben, nuestras sociedades siguen profesando un inmerecido respeto hacia el poder. Entendemos que la corrupcin pueda anidar en palacio. Pero se nos hace difcil aceptar que el gobierno est en manos de un puado de mediocres y aventureros. El Estado se alza muchas veces ante nosotros como un temible Leviatn. Pero, justos o atroces, seguimos creyendo que sus actos se movern, en ltima instancia, dentro de los parmetros de la racionalidad. Sin embargo, eso no es as. La locura y los impulsos suicidas gobiernan a veces el destino de las naciones. Ese es incluso uno de los rasgos caractersticos de nuestro tiempo, marcado por una profunda crisis de civilizacin. Y no se trata de un fenmeno indito: la trgica historia de Europa en la primera mitad del siglo XX as lo atestigua.

ric Vuillard cuenta en su libro La Bataille dOccident (Babel) las premisas y avatares de la Primera Guerra Mundial. Conocedores hoy de sus horrores, quizs uno de los captulos ms turbadores de la narracin es el que se refiere al conde Alfred von Schlieffen. Al frente del Estado Mayor tras una larga carrera militar, ya en 1905, concibi un vasto plan destinado a acabar de una vez por todas con el ejrcito francs. Metdicamente, de modo obsesivo, Schlieffen dedic los aos siguientes a pulir ese plan, evaluando todos los detalles, estudiando cada palmo de terreno, estimando y reconsiderando las fuerzas y recursos necesarios. Se trataba de rodear al enemigo a travs de una gigantesca maniobra envolvente, soslayando sus defensas, atravesando Blgica y hacindose con el control del norte de Francia. Fallecido en 1913, al igual que el hroe del Desierto de los Trtaros, Schlieffen no alcanz la gloria: nunca vio sus bocetos transformados en movimientos reales de tropas y armamento. No obstante, su plan gui puntualmente la accin del ejrcito alemn en los primeros compases de la guerra. La previsin era alcanzar una victoria total sobre Francia en 42 das antes de desplazar esos ejrcitos al Este, para aplastar a los del zar de Rusia. 42 das que se convertiran en cuatro aos de destruccin, millones de muertos y cientos de kilmetros de lodo, sangre y sufrimientos indecibles. Ni Schlieffen ni los testaferros de su plan pensaron nunca en una alternativa, por si las cosas no funcionaban tal como estaba previsto.

Considerando los acontecimientos desde la distancia, todo se antoja como una locura, una prdida total de contacto con la realidad. Y sin duda lo fue. Imperios y gobiernos se lanzaron, con frivolidad y desprecio por la vida humana, a una espantosa carnicera. Pero, no fue acaso una impensable locura tambin que, pocos aos despus, el pas ms culto e industrioso del continente cayese en manos de un personaje como Adolf Hitler?

En medio de las incertidumbres del actual desorden global, los inquietantes sntomas de la recurrente dolencia se manifiestan de nuevo en gobiernos y centros de poder. Fugas hacia adelante, todo o nada, ausencia de plan B Trump y Putin dinamitan los tratados de no proliferacin de cabezas nucleares y abren las puertas a una nueva carrera armamentstica. Mientras el planeta se calienta a ojos vista, en la Casa Blanca suean con comprar Groenlandia y esquilmar sus recursos, incluidos los glaciares. La guerra comercial entre Estados Unidos y China puede desestabilizar el conjunto de la economa mundial, con consecuencias de un alcance imprevisible. En Asia, en el Golfo o en el Bltico, las zonas de friccin militar entre las potencias se multiplican. Bajo el gobierno de los poderosos, y a pesar de que los arrecifes estn ya a la vista, el mundo parece seguir un rumbo de colisin. Slo hay que mirar al Reino Unido para convencerse de ello. La reciente filtracin del Sunday Times acerca de los escenarios que contempla el gobierno de Boris Johnson en caso de un brexit sin acuerdo con la UE hiptesis ms verosmil cada da que pasa se inscriben en esa dinmica. La Operacin Yellowhammer sera el dispositivo mediante el cual el ejecutivo debera hacer frente a previsiones tales como escasez de alimentos y medicinas, colapso de los transportes, quiebra de medianas y pequeas empresas, protestas masivas, agitacin en Escocia e incluso un posible repunte de la violencia en Irlanda, dando al traste con aos de esfuerzos pacificadores. Una calamidad de proporciones gigantescas, que daara gravemente las condiciones de vida de la poblacin y tendra afectaciones igualmente negativas sobre la economa europea. Atencin: no se trata de un sombro vaticinio de los partidarios de permanecer en la UE, sino de la previsin del propio gobierno brexiter. Y, sin embargo, como fascinados por el vaco que se abre ante ellos, ese gobierno y una buena parte de la sociedad se muestran decididos a seguir adelante. Cueste lo que cueste. Incluso al precio de pasar por encima de la propia democracia parlamentaria.

En esa atmsfera enrarecida prospera, junto a los lderes de rasgos populistas, una raza de siniestros asesores: Steve Bannon, cerebro de la internacional de la extrema derecha y diseador de la carrera de Trump a la Casa Blanca, o Dominic Cummings, terico del brexit y seleccionador del equipo de fanticos que constituye el gabinete de Boris Johnson. Tipos inteligentes, manipuladores y carentes de escrpulos. Para ellos, la verdad es tan irrelevante como la vida de las personas. Construyen relatos para movilizar sus emociones y reventar los marcos establecidos de la poltica. La campaa del brexit fue una retahla de embustes conscientes, deliberados y framente calculados. Las consecuencias dramticas que para las poblaciones, especialmente las clases medias y trabajadoras, puedan tener las aventuras a las que pretenden arrastrarlas les tienen sin cuidado. Son socipatas, incapaces de empatizar con el sufrimiento ajeno. Un Salvini puede martirizar a un puado de nufragos indefensos sin pestaear: la crueldad, exhibida como fortaleza, es su baza electoral.

Estos individuos, hoy encumbrados, revelan el signo de los tiempos que vivimos. No se trata de simples advenedizos, llegados accidentalmente al sanedrn del poder. Son la personificacin de las tendencias destructivas que surgen de las contradicciones de la globalizacin y la crisis de las democracias. Las lites tradicionales, acumulando riquezas y poder, han desertado las instituciones representativas tradicionales y globalizado sus negocios, emancipados de las viejas soberanas nacionales. Al tiempo, las clases medias, desestabilizadas, junto a los perdedores de la globalizacin, han entrado en ebullicin por doquier. Ellos constituyen la base social de los movimientos populistas y de las airadas tentativas de encontrar una tabla de salvacin en un ilusorio repliegue nacional. Los socipatas, autnticos aprendices de brujo, cabalgan sobre esa angustia. Aquellos para quienes trabajan tienen o creen tener sus intereses al abrigo de las tormentas que estn dispuestos a desatar. Es la lucha de clases. Cada poltica escoge a quienes mejor la encarnan. Estos modernos Rasputn expresan toda la violencia que late en el corazn del capitalismo tardo, incapaz de detener su alocada carrera depredadora. Y rezuman su tenaz odio de clase hacia el movimiento obrero y hacia una izquierda que, cada vez ms, deber buscar en mbitos de cooperacin internacional la solucin de los problemas que aquejan a los pueblos. Su apuesta inequvoca es una Europa solidaria y democrtica, no unas fronteras que ahogan el potencial de las naciones en lugar de protegerlas. Pido que Europa expulse a esos demonios, dira hoy el poeta.

Fuente: https://lluisrabell.com/2019/08/20/sociopatas/



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