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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2019

El problema es de (nos)otros, algunas reflexiones sobre lmites y limitaciones

Ana Carrasco-Conde
La Marea


La pequeez del ser humano se mide por su incapacidad de reconocer que necesita de un nosotros. Se mide tambin por lo que incluye ese nosotros y, sobre todo, por lo que excluye. Y es curioso porque de esa misma pequeez surgen las atrocidades ms grandes cuando, ciegos, pensamos que lo de otros no es cosa nuestra o, an peor, que los otros en su bsqueda de justicia y de derechos, en su peticin a veces ruego de querer vivir empeoran lo nuestro. Cuanto ms excluye ms pequeo es el nosotros que artificialmente se construye y cuanto ms pequea y uniforme deviene aquella primera forma del plural ms se engaa aquel que se llama a s mismo yo.

He de darles una noticia: por mucho que nos empeemos en decir yo o mo tales cosas no existen o, ms propiamente, no aislada e independientemente. Existimos en relacin con los otros y tanto es as que quienes somos se teje y entreteje con los seres vivos con los que convivimos. Porque, saben otra cosa?: El ser humano, nosotros, no vivimos, convivimos y al convivir somos con otros. Ser con otro no es que usted y yo interactuemos y cada uno se vuelva a su casa con su yo ms o menos enriquecido, significa que ese ser que yo soy se llena de sentido y significado con usted, y viceversa! Nos hacemos juntos. Y cuando vienen otros que nos aportan cosas diferentes nos rehacemos. Y sin embargo manejamos siempre la distincin entre ellos y nosotros. Existen dos opciones, parece, cuando nos enfrentamos a situaciones como la del Open Arms: o blindarnos porque no es cosa nuestra, o ayudarlos porque no es solo cosa suya. Cunto nos gustan los antagonismos y dibujar esa lnea que separa un ellos y un nosotros. Juguemos a ellos entonces, dibujemos lmites.

Es verdad que, como dijera Rousseau, nos empeamos en levantar vallas, cerrar puertos o poner fronteras para marcar los lmites que separan lo nuestro de lo suyo, pero incluso ese mismo lmite, lo queramos o no, nos construye. Cuidado, pues, con cmo construye el lmite. Si lo hace desde la amargura, el resentimiento, el egosmo, el miedo o el odio eso que usted quiere excluir seguir formando parte de lo que usted es, le rehar del mismo modo, pero, como pasado por el matiz del amargor, slo le llenar de hiel ms preocupado por conservar lo suyo que por construir lo nuestro. Y lo nuestro tiene sus ventajas, no se crea, entre otras que dejar de hacer un problema de lo que no lo es.

El problema no es nunca el otro, sino el modo en el que nos relacionamos con l. Nuestro problema no son los refugiados del Open Arms, del Ocean Viking o de cualquier otra embarcacin, es el modo que tenemos de gestionar el lmite que hemos querido imponer y qu tipo de lmite hemos construido. A veces recubrimos al otro con un velo compuesto de lo que Lacan llamara un tejido simblico-imaginario, en el que proyectamos lo que en l estamos predispuestos a ver. Si el velo est levantado con amargor y miedo, con recelo y desconfianza los veremos. Podemos politizar el hecho de que se abra un puerto o no a un barco lleno de refugiados y dar nuestra opinin en base a las ideologas de los nuestros. Podemos despolitizarlo y ver a personas que no son otros. Son (nos)otros y el lmite que parece separarnos en verdad no hace sino conectarnos con otra realidad que nos permite entender la nuestra porque por ms que parcelemos el mundo con lneas y fronteras, hay una parte de nosotros que, aunque no queramos ver, llama a nuestra puerta. No es otro mundo. Es el nuestro.

Los lmites se fijan. Las limitaciones se imponen. Solo conociendo y aceptando nuestras limitaciones puede darse forma autntica a nuestros propios lmites y puede romperse aquel que se nos impone cuando se fija de forma impostada una limitacin que en realidad no es cierta. No dejamos entrar a los refugiados no por limitaciones o incapacidades, sino por lmites fijados por los que nos precedieron, normalizados invisiblemente por la costumbre y legitimados por el orden del que formamos parte. Se abren ahora dos opciones: apoyar nuestra espalda contra la puerta (o el puerto) para reforzar el blindaje de la frontera y marcar la propiedad de lo nuestro o girarnos hacia aquellos lmites, hacia lo que llamamos nuestro y cuestionarlo. En la eleccin ms nos vale no olvidar que ellos nos necesitan, pero nosotros tambin a ellos. Que hay un Nosotros ms grande que nos da forma y nos conforma, pero tambin que da forma y conforma un mundo hecho a imagen de la misma pequeez que el ser humano elija darse.

Fuente: http://www.lamarea.com/2019/08/22/el-problema-es-de-nosotros-algunas-reflexiones-sobre-limites-y-limitaciones/



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