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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-08-2019

El embrollo de las identidades y de la poltica socialista

Francisco Lou
Inprecor


Steve Bannon, el idelogo de la campaa de Trump, donde empez todo, se vanagloriaba de haber arrastrado a sus adversario a una trampa: "Quiero que hablen de antirracismo todos los das. Si la izquierda se concentra en la raza y la identidad y nosotros optamos por el nacionalismo econmico, podemos destrozar a los Demcratas" 1/. Los resultados parecen haberle dado la razn y son muchos los entusiastas o afligidos que repiten esta teora sobre centrar la atencin, el objetivo programtico y la forma de comunicar de cada una de las grandes fuerzas presentes. Si as fuera, la defensa de los derechos humanos y del feminismo o el oponerse al racismo habra favorecido la victoria de la derecha radical. La implicacin sera enorme: debera abandonar la izquierda los derechos de las mujeres o de los grupos oprimidos? Debera callarse ante la violencia domstica o la discriminacin tnica?

Dicho de otro modo, nos podemos preguntar si las izquierdas se han equivocado defendiendo el antirracismo, el feminismo o los derechos LGBT, u otras identidades; incluso, si tal actividad conduce a ignorar al pueblo como lo sugiere y lo festeja Bannon. Sin embargo, la teora de Bannon es histricamente falsa y no se corresponde con la realidad de los hechos. Es una mistificacin ideolgica. Ahora bien, no tengo la intencin de edulcorar el pasado reciente, ni de ignorar las dificultades de la izquierda a la hora de poner en pie una alternativa poltica coherente. Menos an quiero olvidar cmo distintos sectores de la izquierda han ignorado la lucha del movimiento feminista y antirracista contra la opresin (que afecta a la vida de mucha gente), y menos an el hecho de que determinados movimientos, defendiendo identidades se han limitado a querer ser reconocidos y que, en ese exilio, han aceptado una confortable divisin de las luchas sociales, lo que ha favorecido el contraataque de las derechas. Desde mi punto de vista, algunas izquierdas y movimientos tienen una gran responsabilidad en no haber creado un polo social capaz de unificar diversas causas emancipatorias bajo la forma de una expresin poltica mayoritaria; en haberse limitado a menudo al terreno de la confrontacin ms que al de la afirmacin, y por haber faltado a menudo a sus promesas de dar la voz y organizar a las y los desheredados de la globalizacin. En consecuencia, si hablamos de la hiptesis de Bannon, es necesario discutir de lo que hay que hacer para representar, construir y movilizar a la mayora popular de izquierdas.

El hecho es que diferentes expresiones identitarias han marcado la historia: la explotacin de las y los trabajadores, la opresin patriarcal, la discriminacin racial y tnica. Pero ellas se entrelazan siempre en identidades complejas y es este cruce el que permite descubrir la verdadera vida de la gente real. En este sentido, Nancy Fraser sugiri que el anlisis de todos estos movimientos debe tomar en consideracin su respuesta a una necesidad especfica de reconocimiento pero tambin su contribucin a la redistribucin de los recursos y del poder. Vamos a ver cmo este doble enfoque permite comprender el sentido y el papel social de estos movimientos y, muy en particular, de responder a la estrategia de Bannon, Trump y de sus seguidores en todo el mundo.

Es poltica la identidad?

"La irrupcin de polticas identitarias en las democracias liberales es una de las principales amenazas a las que est confrontada la democracia" explica Francis Fukuyama en un reciente libro sobre el debate que abordamos aqu 2/. El autor, politlogo liberal americano, explica que despus que el siglo XX se defini por la lucha econmica, en el segundo decenio del siglo XXI la izquierda ha girado hacia la lucha a favor de diversas identidades sociales, al mismo tiempo que la derecha se reorganizaba: "La izquierda se centra menos en la igualdad econmica en un sentido amplio y ms en la promocin de los intereses de un amplio abanico de grupos percibidos como marginalizados negros, inmigrados, mujeres, hispanos, comunidad LGBT, refugiados, etc-. Al mismo tiempo, la derecha se redefine en torno a un patriotismo que busca proteger la identidad nacional tradicional, a menudo explcitamente relacionada con la raza, la etnia o la religin" 3/. Ya habamos ledo esta tesis en la versin ms simplista de Steve Bannon.

Para Fukuyama, la izquierda se equivoca alejndose de la igualdad econmica para abordar las identidades de grupos marginalizados, mientras que la derecha lo hace adoptando el nacionalismo. Ahora bien, hay que indicar que esta opcin de la derecha tambin le parece peligrosa: el nacionalismo y la religin son "las dos caras de la poltica identitaria" que remplaza a los partidos de clase del siglo XX y son las "redefiniciones como patriota", que pueden estar relacionadas con el racismo o el fanatismo, las que representan las "principales amenazas" para la democracia (l se opone a Trump) 4/. Esta preocupacin es comprensible, porque este politlogo se hizo famoso en 1992 anunciando que a finales del siglo XX habramos alcanzado la etapa superior del liberalismo y que la sociedad moderna podra alcanzar una estabilidad permanente gracias al capitalismo De ah que la eleccin de Trump constituya tanto un revs para l como un epitafio para su teora.

Ahora, repitiendo lo que escribi en libros precedentes, al menos para citar a uno de sus hroes, el filsofo alemn Hegel, Fukuyama se acuerda de la tesis segn la cual la historia siempre ha estado animada por la lucha por el reconocimiento, que debera ser universal, consagrado por los derechos humanos efectivos. Las democracias se reduciran a eso: instituciones que prometen la igualdad y, por tanto, aceptan la diversidad. Pero, entonces, dnde estamos? Si a lo largo de la historia se dio una lucha por el reconocimiento de las identidades que exige el respeto de las diferencias, y si este reconocimiento constituye la propia definicin de la democracia, cmo podemos concebir que la identidad sea al mismo tiempo una amenaza? El libro de Fukuyama responde a esta preocupacin contrastando los movimiento sociales basados en la identidad, que trivializa, a los movimientos nacionalistas y religiosos, cuya importancia remarca, quizs porque los primeros son portadores de una lucha por los derechos de una comunidad y los segundos son la afirmacin de un sistema de poder. Volveremos a esta cuestin del papel de los movimientos por los derechos civiles, feministas y otros, pero por el momento analicemos esta fragmentacin de identidades conflictivas que son la expresin de tensiones polticas.

El anlisis de Fukuyama retoma algunos de los temas abordados hace decenios por otros analistas como Manuel Castells, un socilogo cataln profesor en la universidad de California. En su momento exiliados y joven profesor en Nanterre, Castells particip en el Mayo 68 de Paris y estos ltimos decenios se ha consagrado al estudio de los movimientos sociales. Su contribucin a la discusin que nos interesa en este libro comenz hace 20 aos con una triloga sobre "la era de la informacin", en la que afirma que la globalizacin no ha puesto fin, sino ms bien reforzado, las identidades religiosas, tnicas y nacionales. "En el ltimo cuarto de siglo, hemos experimentado una marejada de vigorosas expresiones de identidad colectiva que desafan la globalizacin y el cosmopolitismo en nombre de la singularidad cultural y del control de la gente sobre sus vidas y entornos", dice a propsito de un mundo caracterizado por el conflicto entre globalizacin e identidad. Pero describiendo estas identidades, Castells resalta ante todo que las mismas estn basadas en "categoras fundamentales de la existencia milenaria" o en "cdigos eternos e indestructibles" como Dios, nacin, etnia, familia y territorio 5/.

Si es as, esta "existencia milenaria" hara pagar un elevado precio a las sociedades modernas y, peor an, tendra una presencia inevitable. Reconozco que los cdigos son antiguos y pesados (y marcan la historia presente) pero reafirmo que todas estas categoras estn condicionadas espacial y temporalmente, siendo producidas por la vida social en determinadas condiciones histricas. En consecuencia, evolucionan. Esta evolucin puede ser lenta o a veces ms rpida, pero evolucionan. La construccin del sentido y la identidad es un proceso permanente que tiene ganadores y perdedores y donde nadie tiene la ltima palabra.

Al contrario de las tesis de Bannon, las identidades no se pueden concebir de forma que se justifiquen como un hecho natural, que dara la prevalencia a que lo que la gente es y no a lo que hace o la forma en que unos y otros establecen sus relaciones sociales. Existe un vnculo entre este concepto esencialista de permanencia de la identidad y la visin de la sociedad como una suma de individualidades, la quimera preferida de la derecha, que describe un mundo en el que los sujetos ideales definen su autenticidad a travs de sus propias proyecciones y traumatismos. En ese mundo, la persona no es ms que un sujeto, un conjunto de instintos.

Sin embargo, si la identidad manifiesta un reconocimiento a travs de un conjunto de caractersticas de la persona o del grupo, tambin evoluciona y se transforma siempre a lo largo de la vida. El pensamiento racionalista siempre ha subrayado esta permanencia que define la identidad, al menos desde Aristteles, pero su estabilidad es una ilusin; nunca nos baamos dos veces en las mismas aguas. La identidad no se puede enunciar mas que en un mundo de diferencias y no de repeticiones.

Tres formas de la identidad social

Continuemos con Castells. En el libro de referencia que he citado ms arriba, El poder de la identidad, escribe que hay tres formas de afirmar la identidad social:

la primera sera la legitimidad (es el proceso de formacin de la sociedad civil, el conjunto de las instituciones y de los movimientos que expresan la ciudadana al margen del Estado);

el segundo, la formacin de una identidad de resistencia (que dara nacimiento a las comunidades);

finalmente, la tercera, la identidad del proyecto (que formara los sujetos).

En una sociedad capitalista desarrollada, o una sociedad en red como la denomina l, la identificacin que aporta la legitimidad estara agotada, escribe Castells, y las otras dos formas seran las predominantes 6/.

Nancy Fraser, filsofa socialista y feminista americana que ensea en la New School for Social Research de Nueva York, desarroll al mismo tiempo que Castells preparaba su libro- una teora sobre las identidades de los movimientos sociales, que es fundamental para la discusin sugerida por este artculo. Fraser critica el discurso que hace ms de veinte aos afirmaba que la identidad de grupo suplant la identidad de clase como instrumento poltico de movilizacin, suponiendo que la dominacin cultural suplantara la explotacin en tanto que injusticia matricial, conduciendo as a la izquierda y a los movimiento a un falta de coherencia programtica, debido a su descentralizacin o del desprecio a la lucha de clases 7/. En trminos contemporneos, como lo hemos visto, es del supuesto xito de este relato y de su prctica en la "poltica identitaria" de la que se vanagloria Steve Bannon, porque fue de ese modo como se habra encaminado la campaa de Trump.

Analizando la economa moderna en tanto que multiplicador del patriarcado o del racismo incluso si ella no est en su origen, porque existan antes de este modo de produccin- Fraser sostiene que hoy en da estas formas de discriminacin no pueden existir sin el sistema capitalista de produccin y reproduccin. El capitalismo es patriarcal y racista. As, las formas de injusticia cultural o simblica, de no reconocimiento o de no respecto a las diferencia deben combatirse a travs de la exigencia de reconocimiento, pero tambin necesitan otro remedio, el de la redistribucin (se le puede llamar socializacin), que debe destruir el rgimen de explotacin y que, en cierto modo, englobe a todas las comunidades de la clase obrera. No obstante, si el reconocimiento tiende a estimular la diferenciacin de cada grupo y si, contradictoriamente, la redistribucin tiene a atenuar esta diferenciacin en nombre de objetivos comunes, los dos remedios se combinan de forma tensa. Es un dilema. Pero Fraser no se resigna, y para abordar esta dificultad utiliza el ejemplo de la opresin sexual y racial 8/: "Tanto el gnero como la raza son colectividades paradigmticas, ambivalentes. Si bien cada una tiene sus propias caractersticas, que la otra no comparte, las dos incluyen dimensiones polticas, econmicas y culturales. El gnero y la raza implican pues, a la vez, redistribucin y reconocimiento". Pero, cmo? La cuestin es "cmo las feministas pueden luchar simultneamente a favor de la abolicin de la diferencia entre sexos y a favor de la valorizacin de la especificidad del gnero? O cmo las antirracistas pueden luchas simultneamente a favor de la abolicin de la raza y en defensa de la valorizacin de la especificidad de los grupos racializados?" Se trata del dilema "redistribucin-reconocimiento". Para Fraser, la solucin est en distinguir entre las perspectivas de "la afirmacin" y las de la "transformacin" 9/. La primera necesita un Estado de bienestar, de polticas pblicas, la afirmacin del multiculturalismo; la segunda, exige una transformacin, una ruptura con la matriz capitalista, es decir, el socialismo. Si los movimientos se limitan a la "afirmacin", se mantendr el dilema; si se comprometen en la "transformacin", se encontrarn en torno a objetivos anticapitalistas comunes.

El nacionalismo imperial de Trump

Frente al empobrecimiento de la vida econmica y a la percepcin de una amenaza a la diversidad cultural y tnica, la respuesta conservadora como la del nacionalismo imperial de Trump (pero tambin de otros)- promete una homogeneidad o una normalizacin que la globalizacin ya ha quebrado. Es precisamente a causa de esta tensin entre la realidad y la nostalgia del pasado que "la era de la globalizacin es tambin la del resurgimiento nacionalista", escribe Castells 10/. Porque an cuando la idea de una nacin asociada a un Estado no se hizo hegemnica hasta el siglo XIX, ella tiene races ancestrales y, por ello, renace en cada perodo de crisis mundial. Algunos consideran que se trata de una idealizacin o incluso de que las naciones seran "comunidades imaginadas" 11/, pero con el tiempo, su fuerza identitaria ha demostrado ser una poderosa palanca.

En relacin a ello y para contradecir las confusiones simplistas, Jose Manuel Sobral seala la diferencia entre nacionalismo cvico y nacionalismo binario 12/, y hace referencia a la fragilidad del cosmopolitismo en tanto que alternativa al nacionalismo. Si la globalizacin que tiene una matriz financiera y que, teniendo en cuenta las gigantescas multinacionales que lo impulsan, no es influenciable por la opinin pasiva de las poblaciones- destruye elementos fundamentales de referencia y si, al mismo tiempo, anula los espacios en los que se podra evocar un poder mediador y protector, entonces el nacionalismo cvico se convierte en una alternativa al nacionalismo binario, porque la identificacin nacional se interpreta y se apoya en una poltica popular. All donde no se ha producido esto, la derecha ha logrado hegemonizar de forma duradera la vida pblica, y el ascenso de Trump, Bolsonaro o Salvini dan testimonio de este movimiento. Una de las consecuencias de la prdida de las identidades sociales y colectivas en el contexto de la globalizacin es la emergencia de referencias disonantes, religiosas o tnicas, que llenan el vaco. Castells remarca que "para aquellos actores sociales excluidos de la individualizacin, o que se resisten a ella, de la identidad unida a la vida en las redes globales de poder y riqueza, las comunas culturales de base religiosa, nacional o territorial parecen proporcionar la principal alternativa para la construccin de sentido en nuestra sociedad". La pertenencia tnica se refuerza a menudo con una identidad religiosa o nacional: "Sostengo que aunque la raza tiene importancia, probablemente ms que nunca, como fuente de opresin y discriminacin, la etnicidad se est fragmentando como fuente de sentido y de identidad, no para fundirse con otras identidades, sino bajo principios ms amplios de autodefinicin cultural, como la religin o el gnero" 13/. La creacin de comunidades o lo que se denomina "la identificacin de la resistencia" puede estar fuertemente motivada por la religin, con consecuencias muy variadas, a menudo incluso conservadoras.

Para qu sirve la identidad?

Volvamos a Fukuyama y a su preocupacin en relacin a las polticas identitarias que seran "una de las principales amenazas" para la democracia. Pero que polticas y por qu constituyen una amenaza? La primera familia de estas polticas comprende la constelacin de nacionalismos as como otras formas de expresin cultural, como las religiones, a las que me referir despus.

La segunda familia est compuesta por algunas de las grandes luchas de la historia de Estados Unidos a las que se refieren los politlogos: la luchas contra el esclavismo y despus a favor de los derechos civiles, laborales, de las mujeres y, en general, por la expansin de la esfera de la igualdad 14/. ltimamente, han emergido movimientos como Black Lives mater tras las protestas contra la violencia policial en Fergurson, Missouri, Baltimore y Nueva York- o #MeToo tras la revelacin de abusos sexuales de personalidades hollywoodenses-. Estos movimientos han emergido y se han desarrollado porque eran socialmente necesarios y no porque respondan a una estrategia poltica. Exigen el reconocimiento y combaten el racismo y el sexismo y si eran necesarios es porque estos problemas no estaban resueltas. Fukuyama sostiene que la particularidad de estos movimientos es un proceso de identificacin basado en la experiencia vivida por quienes los componen y que no poda ser de otro modo. Incluso reconoce que son bienvenidos 15/. Si esta experiencia vivida diferencia a estos grupos de otras partes de la sociedad que no han sufrido estas formas de opresin, esto tambin es evidente. Ahora bien, tomando nota de estos hechos, parece evidente que estos movimientos identitarios son fundamentales para el reconocimiento y la representacin, que son una primera respuesta a los problemas sociales y no constituyen ninguna amenaza, incluso aunque corran el riesgo de dejarse atrapar en un discurso individualista, concibiendo el trauma de cada experiencia vivida como el fundamento de la autoridad de su discurso. El todo no es la suma de las partes, y el movimiento no puede limitarse a ser un espejo de la imagen de los sufrimientos.

En todo caso, la existencia de movimientos sociales es una respuesta y una reivindicacin de dignidad. Ahora bien, no se pueden oponer los dos conceptos de la dignidad: el que se basa en las libertades y los derechos individuales, y el que est determinado por identidades colectivas (en tanto que clase, comunidad, nacin o religin). La democracia exige el pleno reconocimiento de la dignidad. La crtica de Fukuyama se refiere entonces a una cuestin de identidad de la identidad; es decir, que critica lo que piensa que es la estrategia de la izquierda a partir de sus necesidades: "En los ltimos decenios del siglo XX, la disminucin de la ambicin por reformas socioeconmicas a gran escala convergi con la adopcin por la izquierda de polticas identitarias y del multiculturalismo". As pues, la izquierda habra pasado de la lucha por la igualdad a la defensa de sectores marginalizados. Y aade: "El programa de la izquierda se ha preocupado de la cultura: lo que hay que deshacer ya no es el orden poltico actual que explota a la clase obrera, sino la hegemona cultural y los valores occidentales que reprimen a las minoras locales y a los pases en desarrollo" 16/. Es una caricatura, pero como toda buena caricatura, conserva rasgos del modelo definido, sealando al menos correctamente el retroceso de la ambicin por la transformacin social por parte de sectores importantes de la izquierda, agravado por el paso al centro (socialdemocracia europea) o incluso a la derecha (en los pases del Este) de importantes sectores del centro o de la izquierda tradicional (la socialdemocracia danesa que retoma el discurso anti-refugiados de la extrema derecha, es el ltimo ejemplo). Descubre incluso una ruptura entre el marxismo clsico, la ilustracin y el racionalismo y una nueva izquierda, de hecho ya un poco ajada, que se inspiraba en Nietzsche y los nihilistas relativistas. Ahora bien, si algunas izquierdas, incluso algunas de origen marxista, han perdido energa revolucionaria y un programa transformador, esto no se puede confundir ni justificar con un retroceso en la lucha por la convergencia de las identidades amplias en la lucha popular, que los movimientos feministas de la nueva ola han llamado alianza interseccional. De todos modos, la izquierda falla al no presentar una alternativa anticapitalista clara y esto tiene sus consecuencias.

Pero lo que abri la puerta a Trump fue "la ausencia de una autntica izquierda" responde Nancy Fraser. Para ella, la alianza de Silicon Valley y el capitalismo financiero con la familia Clinton les dio la victoria en 1992 y la presidencia durante ocho aos. Pero la ilusin de que iban a promover una poltica progresista se hundi cuando la Casa Blanca promovi el desmantelamiento de la reglamentacin bancaria, heredada de las medidas de Roosevelt sesenta aos antes. A raz de la era Reagan, oponindose a las propuestas emancipadora y a las polticas sociales, fue esta poltica la que favoreci el culto al individualismo y no los movimientos que buscaban forma de lucha y de autoafirmacin 17/. Fue el poder quien triunf, no la contestacin.

Los ecos de las izquierdas

Hace vente aos, Nancy Fraser ya seal que "los problemas del reconocimiento sirven menos para complementar, complicar y enriquecer las luchas por la redistribucin que para marginalizarlas, eclipsarlas y desplazarlas", hablando as del riesgo del desplazamiento. Evidentemente, este riesgo es ms grande si las luchas por la redistribucin econmica y del poder, contra la explotacin, son escasas, si carecen de expresin poltica, o si los movimientos sociales no estn relacionados entre ellos. Por ejemplo, la identidad puede acentuar la injusticia distributiva, las religiones pueden agravar el peso del patriarcado, otros movimientos pueden reforzar el racismo. Una mujer negra puede ser maltratada en su familia porque es mujer, incluso si el resto de los miembros de la familia comparten la misma discriminacin racial. El reconocimiento debe ser tan mltiple como la opresin. Adems, en lugar de acentuar la interaccin y de abrir contextos multiculturales, las formas de comunicacin intensa aceleran los flujos de mediatizacin, lo que contribuye a la absolutizacin de las identidades de grupo. Fraser llama a esto el peligro de la reificacin 18/, y otros autores hablan de "modo de identidad Facebook".

La constatacin de estos dos peligros ha recibido una respuesta errnea: oponiendo la clase y el gnero o a travs del economismo; es decir, la afirmacin de un pretendido privilegio de la lucha redistributiva abandonando el reconocimiento de las diferencias. Fraser sugiere, por el contrario, que estos problemas de desplazamiento y de reificacin de las identidades se pueden afrontar reconsiderando el reconocimiento.

El punto de vista tradicional del proceso de reconocimiento es lo que se podra llamar un modelo de identidad, basado en Hegel, como lo record Fukuyama, que lo apoya. Esta identidad se concibe como construida en un proceso de progresivo reconocimiento mutuo del otro, a travs de la interaccin con otros sujetos. La amargura o la clera de las familias de los trabajadores pobres de Estados Unidos que votaron a Trump, se inscribe en este "modelo de identidad", en el que el no-reconocimiento se trata como un prejuicio cultural o como la expresin forzada de jerarquas culturales que subyuga la identidad vivida. Adems, "la mercantilizacin ha invadido todas las sociedades en cierta medida, separando al menos parcialmente los mecanismo econmicos de distribucin de los modelos culturales de valor y de prestigio", lo que refuerza los riesgos de desplazamiento y de reificacin. Al igual que las interacciones humanas, tradicionalmente subordinadas a las jerarquas, estn impregnadas de redes sociales en la modernidad, las oportunidades de reconocimiento nacen en un mundo paralelo, que acelera la fragmentacin o la reificacin. Por esta razn, este modelo de identidad puede constituir un peligro: puede crear un reconocimiento ilusorio y tambin puede generar una exclusin que ignore la complejidad de las vidas (recordemos el ejemplo precedente de las identidades religiosas que refuerzan la opresin patriarcal) 19/.

Qu alternativa? Si las dos formas de dignidad son inseparables y deben ser reconocidas, entonces "lo que necesita un reconocimiento no es la identidad especfica del grupo sino el estatus de sus miembros individuales como parte integrante de la interaccin social". Dicho de otro modo, se trata de combatir la subordinacin social institucionalizada, no solamente criticar el smbolo cultural de esta diferencia. As, la poltica ha de ser reorientada "no a valorizar la identidad de grupo sino a superar la subordinacin" y ese "modelo de estatus" se opone igualmente al "modelo de identidad", defendiendo el principio de "reconocimiento universalista y deconstructivo" 20/.

La experiencia de los grandes movimientos identitarios confirma este "modelo de estatus": en el momento decisivo del movimiento a favor de los derechos civiles, la Marcha a Washington a favor del Trabajo y la Libertad, en 1963, donde destac Martin Luther King, las principales reivindicaciones, como lo evoca el lema de la movilizacin, fueron la libertad, la justicia y el rechazo a la discriminacin, pero tambin el pleno empleo y el aumento del salario mnimo. Su fuerza estuvo en la identidad del movimiento negro y la convergencia con los movimientos populares. Este es el ejemplo que debe inspirar a la izquierda anticapitalista y anticonservadora.


Notas

1/ Citado por Timothy Egan, "What if Steve Bannon is Right?", New York Times, 25 aot 2017.

2/ Francis Fukuyama, Identidades A Exigncia da Dignidade e a Poltica do Ressentimento, D. Quixote, Lisboa 2018, p.18. Traduccin portuguesa del libro Identity The Demand for Dignity and the Politics of Resentment,Macmillan, New York 2018.

3/ . Fukuyama, ibid., pp. 24-25.

4/ Ibid, p. 97.

5/ Manuel Castells, The Power of Identity, vol. 2 de The Information Age: Economy, Society and Culture, Blackwell, Oxford 1997, pp.2, 65-6.

6/ Castells, ibid., pp. 8-10, 335.

7/ Nancy Fraser (1995), "From Redistribution to Recognition? Dilemmas of Justice in a Post-Socialist Age", New Left Review n 212, pp. 68-93.

8/ A lo largo de este escrito, rechazo la idea de que existen varias razas porque slo existe la raza humana. En consecuencia, cuando tengo que referirme a los prejuicios comunes que diferencian a la gente por el color de la piel, utilizo raza en cursiva.

9/ Fraser, Ibid., pp. 78, 80-82.

10/ Castells, ibid., p. 27.

11/ Benedict Anderson (1983), Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Verso, Londres 1983.

12/ Jos Manuel Sobral (2018), Nacionalismo e Desigualdade na Conjuntura Presente, in Gomes, Silvia et al. (orgs.), Desigualdades Sociais e Polticas Pblicas, Hmus, Famalico 2018, pp. 83-105, 85.

13/ Castells, ibid., pp. 65, 53.

14/ Fukuyama, ibid., p. 41.

15/ Black Lives Matter y otros movimientos aportaron "cambios bienvenidos que han favorecido a muchas personas" y "no hay nada malo en la poltica identitaria en tanto que tal; es una reaccin natural e inevitable ante la injusticia" (Fukuyama, ibid., pp. 133 et 139). El autor reconoce adems que no se puede abandonar la idea de la identidad, pero que es necesario buscar identidades amplias.(p. 147).

16/ Ibid., p. 137.

17/ Nancy Fraser (2017), "Neoliberalismo Progressista versus Populismo Reacionrio: Uma Escolha de Hobson", en Heinrich Geiselberger (ed.), O Grande Retrocesso Um Debate Internacional sobre as Grandes Questes do Nosso Tempo, Objectiva, Lisboa 2017, pp. 83-95, p. 88.

18/ Nancy Fraser, "Rethinking Recognition" New Left Review n 3, May-June 2000, pp. 112, 108.

19/ Ibid., pp. 109, 111-112.

20/ Ibid., pp. 113-114, 116.

Artculo publicado en Inprecor n 664/665

Francisco Lou, miembro dela IV Internacional desde el instituto, es economista y profesor de universidad. Dirigente del Partido socialista revolucionario (seccin portuguesa de la IV Inernacional), fue uno de los miembros fundadores del Bloco de Esquerda y su coordinador nacional de 2005 a 2012, diputado en varias legislaturas antes de ser elegido al Consejo de Estado por la Asamblea de la Repblica en 2015.

Traduccin:Viento Sur



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