Portada :: Brasil :: La Amazonia en peligro
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2019

Amazonas: el infierno detrs del incendio

Rafael Bautista S.
Rebelin


La expansin acelerada de la mancha trmica del incendio del Amazonas est provocando otro incendio semejante en la opinin pblica. Pero este incendio, y la bruma que extiende, tiene la peculiaridad como es usual en lgica militar de distraer la atencin mientras se ponen en accin otros propsitos que, al no ser considerados, logran una ventaja estratgica definitoria del desenlace mismo del asunto. Por eso, cuando las inculpaciones y las condenas atizan an ms un conflicto latente, hay que preguntarse: a quin le interesa inflamar una regin, adems en periodo pre-electoral? Qu propsitos encubiertos tienen el poder de provocar una desestabilizacin regional, incluso al amparo de banderas tan loables como la defensa del pulmn del planeta?

Apliquemos un procedimiento inverso para entender la situacin; de los efectos mediticos vayamos a desentraar al poder beneficiario del caos que pueda producirse. Redirigir las preguntas nos ayudara a superar un maniquesmo simpln que slo lograra la destruccin mutua porque, en tal caso, todos coadyuvaran, sin proponrselo, a generar otro incendio con cara de infierno, que es, por ejemplo, lo que desataron las potencias occidentales en Irak, Siria o Libia, al amparo de nobles causas y con la complicidad de una opinin pblica que crey ingenuamente en tales ficciones.

Adnde nos conduce una situacin de desestabilizacin regional, a las puertas de una definicin electoral del cono sur, es una buena pregunta ante lo demasiado oportuno (good timing diran los gringos) de un desastre ambiental que podra originar la declaratoria de emergencia mundial que ya la viene pregonando un anacrnico G7. En esto hay que ser claros, nunca una ayuda proveniente de los pases ricos ha sido generosa sino parte de una poltica intervencionista e injerencista. Si esto es as, la hiptesis de la deliberada diseminacin de los focos de incendio, cobra otros matices. No se puede olvidar que nos encontramos en un proceso de crisis civilizatoria y que las actuales guerras fras no declaradas expresan polticas de sobrevivencia que el sistema capitalista asume como ltimos recursos para restaurar su hegemona.

Entremos en contexto, el neoliberalismo no fue la expresin del triunfo del capitalismo sino la respuesta del poder financiero ante el fracaso del sistema econmico; pues desde los setentas, el crecimiento global ha sido mediocre y no responde a las expectativas exponenciales del capital. Si el repunte de ganancias que se logra con el efmero auge del neoliberalismo provoca la crisis financiera del 2008 (porque se trata slo de burbujas) y, paradjicamente, la globalizacin no logra controlar al mundo sino provoca un relevo que vira la economa al Oriente en desmedro del propio Occidente, resulta que el sistema-mundo moderno que lo hegemoniza el dlar se desintegra y se deshace en una suerte de demencia sistmica que apuesta incluso contra su propia sobrevivencia (Trump y Bolsonaro son la personificacin de aquello; evanglicos ambos, declaran fidelidad a un milenarismo que recluta cruzados para desatar una nueva guerra del bien contra el mal; el ensaamiento contra inmigrantes e indgenas de ambos es fiel a la teologa de conquista).

La lgica del capital es suicida, pero lo grave es que, en esa lgica, arrastra a toda el sistema econmico a asumir apuestas irracionales, creyendo que son las ms racionales. En ese sentido, lo que sucede en el Amazonas no tiene que ver directamente con los efectos del cambio climtico sino con una apuesta demencial que optan los poderes fcticos mundiales por pura apuesta de sobrevivencia, incluso a costa de la propia base de existencia de la humanidad. La quema del Amazonas parece premeditada y tendra propsitos geopolticos.

Si la geoeconoma del dlar se acostumbr a vivir provocando guerras en todo el mundo, ahora, por sobrevivir, apuesta por desatar calculadamente un infierno que le redite las ganancias que ya no puede lograr. No es slo la reduccin de los recursos energticos y estratgicos sino que, poco a poco, estos se escapan a su control. Reponer ese control es asunto de sobrevivencia para la decadencia del orden unipolar que sostuvo al Imperio. Como ya no puede reponer su hegemona, slo le queda desatar escenarios que legitimen un estado de emergencia, como pretexto para imponerse como nico garante de estabilidad regional.

Tomar como rehn al Amazonas sera el principio de una contencin estratgica ante la expansin de la Nueva Ruta de la Seda en Sudamrica; esto significara el aplazamiento del proyecto biocenico que integre a Sudamrica con el pacfico, porque esta integracin significara, a mediano plazo, el desplazamiento del dlar y, en consecuencia, de la hegemona imperial. No slo de guerras se reaviva el dlar sino tambin de los desastres; es decir, generar una devastacin apocalptica constituye un aprovechamiento de oportunidades ideal para una hegemona moribunda. Como en el auto-atentado a las torres gemelas, el desastre se convierte en negocio, no slo porque justifica declarar una guerra sino por el cobro de los gastos de guerra, es decir, asaltar la riqueza del vencido.

Por eso no es nada casual que el presidente francs Macron (portavoz de la banca financiera) haga un llamado puntual a las potencias mundiales del ya fenecido G7 para hacerse cargo del Amazonas. Esto significara, como segundo paso, la instauracin de una instancia supra-nacional que tome decisiones por sobre la soberana de los Estados involucrados en la declaratoria de desastre ambiental. Aquello no slo en vistas a reponer el control sino de sembrar el caos constructivo en la regin, ya que los planes de intervencin en Venezuela fracasan.

El Amazonas, junto al acufero guaran y la cuenca del Orinoco, son las reservas globales de agua dulce ms grandes del planeta. La ltima reunin de Bolsonaro y Benjamn Netanyahu ya tuvo como prioridad el deseo de privatizar el rio Amazonas para favorecer a empresas israeles. Al Estado sionista ya no slo le interesa la Patagonia sino que ahora mira al Amazonas. Lo mismo expresa el llamado de Macron, acorde al deseo financiero de monetizar todos los acuferos, adelantndose as a las futuras crisis globales del agua. All tambin se mete Washington para despejar el norte amaznico colindante con la reserva petrolera ms grande del planeta, es decir, Venezuela (el think tank Foreign Policy ya public un artculo donde Stephen Walt pregunta: who will invade Brazil to sabe the Amazon? y recuerda que la ONU considera la crisis ambiental como una amenaza a la paz y seguridad internacional). Todos quieren una parte del pastel amaznico y tienen los instrumentos legales, va ONU (artculo 42 del Consejo de Seguridad), para declarar una intervencin humanitaria acorde al clamor provocado de ayuda internacional; eso significara la militarizacin de nuestra regin y la agudizacin de los conflictos ya existentes. En ese sentido, la desidia de Bolsonaro no es insensata, tiene lgica; as como la hiptesis de una quema deliberada.

Como en la intervencin militar a procesos democrticos en la regin, la quema del Amazonas no significa slo una quema forestal sino la destruccin sistemtica de cualquier tipo de economa alternativa sostenible, que demuestre hasta la ineficiencia de los rendimientos productivos del capital. La complicidad del presidente brasilero con el capital agroindustrial para expulsar a los pueblos indgenas y apropiarse de tierras que, desde la lgica capitalista, aparecen como improductivas, expresa aquello. Es sintomtico que este argumento se actualiza siempre en circunstancias de crecimiento negativo; pero la lgica capitalista no sabe ingeniarse el cmo cualificar su propia produccin sino que busca nuevos nichos de explotacin, donde desarrolle su lgica de despojo sistemtico: destruir para producir.

Entonces, el objetivo del otro incendio tendra como fin provocar, en la opinin pblica, la justificacin para desatar, en la regin, un incendio mayor con cara de infierno; las redes sociales ya vienen promoviendo condenas, de todos contra todos, dando paso a una desestabilizacin impensada que apuntara, no slo a frenar los actos electorales, sino a legitimar una intervencin con cara de ayuda. Partiendo de estas consecuencias probables, es que se puede desencubrir una digitacin calculada que no es sopesada por una crtica ambientalista que deja de lado la ecuacin geopoltica y es ingenua de la funcionalizacin que hace el sistema econmico mundial, incluso del discurso del cambio climtico, como generador de nuevos procesos de acumulacin capitalista.

La ltima contienda electoral en Argentina repercuti negativamente en los mercados, porque aquello estara reconfigurando un nuevo equilibrio geopoltico en Sudamrica. La tendencia creciente en Bolivia, Argentina y Uruguay, amenaza al propio Brasil, pues se rodea de gobiernos que influiran en su propio panorama poltico. Esto afecta a los intereses de los poderes fcticos globales que se encuentran en plena crisis de sentido vital y enfrentan el fin de su hegemona centenaria. La expansin de la Nueva Ruta de la Seda que promueve China, tiene a Brasil y Bolivia como pivotes de la inclusin de Sudamrica en un proyecto de infraestructura de comercio global, que terminara de desplazar al dlar y al atlntico como ejes de la economa mundial.

Si esto es as, una crisis medioambiental extendida pospone los planes de integracin geoestratgica de Sudamrica hacia el pacfico. Curiosamente, no se trata de hechos casuales, ya que aunque los focos son aislados, la sincrona de estos y la configuracin de una mancha compacta entre Brasil y Bolivia, confluye tres regiones estratgicas: el Pantanal, el Amazonas y la Chiquitana, las cuales deberan ser conectadas por el tren biocenico.

Las tres aportan una cantidad considerable de oxgeno al planeta, por encima del 25%, adems de una absorcin importante de CO2. Una catstrofe ambiental como la que estara producindose, casa como anillo al dedo a la propuesta de que las potencias occidentales se hagan cargo del Amazonas, por encima del Estado brasilero; es decir, la promocin de una instancia supranacional que haga de guardabosques global, reduciendo las atribuciones estatales de nuestros pases al mnimo (acorde al plan imperial de acabar con las soberanas de nuestros pases).

La potestad y administracin de los recursos hdricos (si finalmente pierden el petrleo) es fundamental para la sobrevivencia del dlar; desde Bush ya se ha sabido la importancia que le da la geoeconoma del dlar a los acuferos del Amazonas, Orinoco y el Guaran. Se trata de su sobrevivencia. La guerra fra (de divisas y aranceles) que promueve el dlar y que no resuelve su decadencia, se extendera ahora al monopolio de reas estratgicas y esto entra en concordancia con la nueva colonizacin de la biodiversidad y la biomasa del planeta que se propone la economa verde.

Que el gobierno brasilero tena toda la logstica necesaria para contener la expansin del incendio (aun cuando se haya recortado ms del 40% al presupuesto de las FF.AA. brasileras), da cuenta de una complicidad que reafirma la hiptesis de la quema inducida. Bolsonaro ya anunci en campaa el despojo de reservas indgenas para beneficio de los agroindustriales. Pero, si las cosas se complican, entonces, como de costumbre en la historia colonial, ni siquiera estos saldrn beneficiados sino los poderes forneos que desplacen a los capitales locales para, en su debido momento, iniciar un nuevo saqueo ms perverso.

En el caso boliviano, si bien es simplona la referencia mecnica causa-efecto de disposiciones legales que viabilizan los chaqueos o quemas controladas y la extensin de la frontera agrcola, como detonantes del incendio de la Chiquitana y del Pantanal (pues ningn gobierno socavara su vigencia de modo tan explcito); hay que decir que las apuestas gubernamentales ya han sido funcionalizadas por una apuesta desarrollista que, en muchos casos, ha derechizado la poltica gubernamental (haciendo que adquiera compromisos que van en franca contradiccin con la propia Constitucin y con la enarbolada defensa de los derechos de la Madre Tierra). En los mismos discursos del jefe de Estado es ya notable la ausencia del horizonte plurinacional y del vivir bien; lo que se reitera es, ms bien, una cndida apologa de los criterios bsicos del capitalismo, como son el crecimiento y el desarrollo.

Este viraje desarrollista que festeja el crecimiento como nico fin econmico, lleva al gobierno del cambio, inevitablemente, al pacto con los grupos de poder que influyen en el viraje de la produccin nacional a la pura exportacin. No es raro que el vicepresidente sea uno de los principales promotores de este viraje, pues representa a una izquierda, precisamente, progresista, fiel al dogma de una economa del crecimiento, que es justamente lo que ha entrado en crisis en el siglo XX.

No vamos a negar el carcter anti-imperialista del gobierno, pero tambin hay que decir que ese anti-imperialismo no significa necesariamente un anti-capitalismo. Todas las normativas sealadas responden a la apuesta pragmtica que iguala, tanto al oficialismo como a la oposicin, en una misma creencia: el progreso infinito, como base mtica del desarrollo y el crecimiento; ilusiones que sostienen al capitalismo y hace del crecimiento su forma de ser exponencial y que es, precisamente, lo que entra en conflicto con la base finita de la vida y del planeta.

Si se piensa desde el capital, se tiende a creer que el financiamiento es lo decisivo en una economa que funcionaliza la produccin y el consumo para la exportacin; en tal caso, la soberana se hace relativa a las prerrogativas del mercado mundial que, de ese modo, restituye nuestra dependencia por transferencia sistemtica de valor. De ese modo, nuestra humanidad y la naturaleza son subsumidas como mediaciones de esa transferencia. La obtencin de recursos econmicos, que debiera constituirse en una mediacin, se convierte en la mxima prioridad, llevando al Estado a reorganizar las necesidades nacionales como simples atractores de inversin. Entonces, la lgica de la inversin se encarga tambin de restaurar relaciones capitalistas de dependencia estructural.

Ahora bien, si el gobierno posee todava la sensibilidad de atender, ya no slo el desastre, sino la exigencia hasta natural de retornar a una agenda plurinacional y descolonizadora, el fuego como purificador que es, en la cosmovisin indgena habr tenido un propsito simblico; del cual se pueda promover un re-encause del diferido proceso de cambio (y hacer del vivir bien un autntico referente mundial del sentido que debiera tener la transicin civilizatoria). Esto incluso le servira polticamente para revertir el desencantamiento actual e impedir definitivamente el retorno de la derecha al poder. Hay que decir que la derecha, en el parlamento, vot tambin unnimemente la ley de extensin de la frontera agrcola para beneficio de ganaderos, agroindustriales y terratenientes comprometidos con el capital transnacional.

El propio gobernador de Santa Cruz y su agrupacin Bolivia dijo no, ligado a grupos empresariales como la CAINCO y la CAO, no se pronunci sino hasta cuando los incendios ya eran de una magnitud catastrfica. Tampoco sorprende el silencio de la otra agrupacin de derecha comunidad ciudadana, que aspira derrocar a Evo Morales en las prximas elecciones. Por ello, el incendio en las redes sociales promovido principalmente por la derecha pro-gringa es funcional para desacreditar de forma maniquea toda la gestin gubernamental; al cual se suman ciertos ambientalistas radicales que no calculan su demasiada cercana a los argumentos colonial-seoriales, cuya oposicin se reduce al odio manifiesto contra el indio presidente.

A estos habra que sealarles que su decepcin es tambin producto de un romanticismo que pretenda encajar, en el indio, la versin inventada del bon savage como adorno del paisaje. Desgraciadamente los purismos solo conducen a la prdida del sentido de realidad. Si el lder se ha credo los mitos moderno-capitalistas que, a su vez, son constantemente alimentados por su crculo inmediato de socialistas ortodoxos, es consecuencia de la colonialidad imperante que los supuestos crticos debieran saber desentraar (adems en s mismos), para superar su idilio no correspondido y no caer en la defenestracin maniquea, que slo favorece a los afanes regresivos de la derecha neoliberal, para terminar de destruir lo que tanto dicen defender.

Hoy llovi en la Chiquitana. La realidad es simblica. La PachaMama no es una entidad indiferente, le afecta la condicin tica de quienes la habitan. Ella misma puede revertir un incendio y convertirlo en purificacin. Todo depende del grado de conectividad del hijo e hija con la Madre. Por eso, la fuente de todo poder descansa, en ltima instancia, en la qamasa de la Pacha, es decir, en la energa que, como sustento vital, nutre la voluntad humana. Restaurar esta conectividad es la fuente del verdadero poder que significa la capacidad trascendental de crear, restaurar y renovar la vida.

El individuo moderno es el que ha olvidado esta sabidura, por eso su inteligencia es ciega ante los desastres que produce la economa que ha creado para revolcarse en la riqueza, olvidando que la riqueza no es un fin humano sino lo que posterga siempre la posibilidad de vivir un mundo ms digno y justo, donde nadie tenga que ser sacrificado para el beneficio inmerecido de otro.

La Paz, Chuquiago Marka, Bolivia, 26 de agosto del 2019
Rafael Bautista S. es autor de: El tablero del siglo XXI. Geopoltica des-colonial de un orden global post-occidental, de prxima aparicin y dirige el taller de la descolonizacin. [email protected]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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