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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2019

Doce apuntes sobre marxismo (VI de XII)
El calificativo de "marxismo"

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Hacemos la entrega VI de la serie de XII escrita para el colectivo internacionalista Pakito Arriaran. En esta sexta entrega veremos la aparicin de trminos como marxista y marxismo, y la dialctica, en cuanto tal, y de cmo se desarrolla en la crtica de la economa poltica capitalista. Aunque todava en 1917 haba textos fundamentales del marxismo sin conocerse, ya estaba teorizado gran parte de lo necesario para saber qu era el capitalismo y cmo destruirlo. En la entrega VII terminaremos de exponer el reformismo en su unidad, porque es a partir de 1917 cuando adquiere su identidad esencial, como expusimos bsicamente en la entrega V, sobre la II Internacional.

Fue entre 1853 y 1854, durante el debate con Weitling (1808-1871), cuando aparece el calificativo de marxiano para designarle a Marx y a los ciegos seguidores: ya desde entonces se tildaba negativamente a quienes ms tarde seran llamados marxistas a secas. Y eran peyorativamente definidos como ciegos, algo as como dogmticos e incapaces de ver la realidad, la luz, casi como fanticos, precisamente por compaeros que en la Liga de los comunistas defendan posiciones utpicas. En aquellos aos, Marx no haba elaborado an el ncleo duro de su crtica del capitalismo la teora del valor en su pleno alcance, la plusvala, la moneda, la distincin entre trabajo y fuerza de trabajo, el trabajo abstracto, valor de cambio-, aunque s ya tena una idea bsica de la ley del valor, los cimientos de la teora de la crisis como efecto de la superproduccin, una visin mundial del capitalismo, la teora de la socializacin de los medios de produccin, la teora de la revolucin permanente, el programa mximo y el programa mnimo, la crtica de Feuerbach y lo que podramos llamar algo as como humanismo marxista

Aun as, ningn seguidor del comunismo utpico y del anarquismo, haban desarrollado para esa mitad del siglo XIX algo parecido al logro de los marxianos cegatos, lo que no era bice para que arraigara tal descalificacin. Durante la I Internacional fundada en 1864, los tres grandes bloques se autocalificaban as: colectivistas, al que perteneca Bakunin; comunistas, al que perteneca Marx y Blanqui; y socialistas, que integraba a los radicales pequeo-burgueses. Aunque ms adelante, Marx y Engels militaran en la social democracia alemana, siempre se identificaron como comunistas. Las disputas en la I Internacional hace que en el trmino de marxista -que todava no el de marxismo-, adquiera en 1869 una connotacin ms precisa, ms terica y poltica, pero con una carga determinista y economicista que ser combatida por Marx y Engels hasta el final de sus das. Mientras tanto, no desapareci la amplia diversidad de grupos: en la reunin en Ginebra de la I Internacional de ese 1873 se renen marxistas, federalistas, aliancistas, centralistas, sin olvidar que fuera de la AIT estaban los anarquistas en sus varias corrientes y otros movimientos.

Lo que ms nos importa ahora es que para 1873 la Comuna de Pars ya haba aportado lecciones positivas y negativas que exigan, al menos, fortalecer alguna unidad terica y prctica. Adems, ya se haba publicado el primer libro de El Capital, Teoras de la plusvala y se acababan de publicar La Guerra civil en Francia y Contribucin al problema de la vivienda,  aunque los Grundrisse, La Ideologa Alemana, Revolucin y contrarrevolucin en Alemania y muchos textos y manuscritos sobre El Capital seguan ocultos en aqul tiempo. Sin embargo y pese a esos vacos y a pesar del reducido grupo de marxistas, en lo que queda de dcada de 1870 su militancia se va haciendo notar en los debates y disputas permanentes, de modo que, tambin con tono polmico, en 1882 ya aparece el trmino marxismo en un panfleto contra esta corriente poltica dentro de la socialdemocracia que va extendindose en Francia.

Significativamente, este panfleto perteneca a la denominada corriente posibilista que, con el tiempo, terminara integrada en el gobierno imperialista francs durante la guerra de 1914. Guesde, uno de sus principales representantes, empez siendo marxista, luego socialista y por ltimo imperialista. Como su propio nombre indica, el posibilismo buscaba los avances posibles aunque para ello tuviera que aceptar el orden burgus. El reformismo de Bernstein era posibilista, y el pragmatismo filosfico yanqui de finales del siglo XIX J. Dewey, etc.-, tambin. La identidad de fondo de estas tesis tan distanciadas en el espacio, pero unidas por la ideologa burguesa, se mostraba de muchas formas diferentes, destacando su sistemtico rechazo comn de la dialctica materialista. Cuando Marx dijo aquello de que l no era marxista se refera a expresiones particulares de esta corriente internacional.

Pensamos que hay, al menos, cinco razones que explican este ataque al marxismo que penetraba en el movimiento obrero: una y elemental, los efectos de la Gran Depresin iniciada en 1870 que van mostrando paulatinamente a sectores obreros combativos la urgencia de una respuesta poltica y terica a la tremenda crisis. Dos, y unido a ello, las limitaciones crecientes de los anarquismos Malatesta ya haba discutido con Bakunin en 1876 precisamente por eso- y del comunismo utpico cada vez ms debilitado por la misma razn: militantes blanquistas se van integrando en el marxismo. Tres, paralelamente el avance de la idea de la necesidad de otra Internacional, la II, que se creara en 1889. Cuatro, a la vez, el esfuerzo terico de Marx y Engels con la aparicin siquiera en forma de borrador de Crtica del programa de Gotha en 1875, Anti-Dhring en 1878, Del socialismo utpico al socialismo cientfico en 1880, varias ediciones del Manifiesto Comunista y una enorme correspondencia, por citar algunos textos que sern seguidos por otros posteriores. Y cinco, como sntesis, la alarma que todo lo anterior causaba en el reformismo posibilista y pragmtico.

Como vemos, los trminos de marxista y marxismo fueron creados por corrientes no revolucionarias para denigrar a quienes avanzaban de la utopa a la ciencia crtica, al mtodo dialctico. La degeneracin de la II Internacional desde finales del siglo XIX, que hemos expuesto en la entrega V, fue facilitada por la previa denigracin del marxismo como doctrina cegata, dogmtica, autoritaria, precisamente todo lo contrario a lo que en realidad es la dialctica recuperada y actualizada por Marx y Engels. Tambin hemos de tener en cuenta otros factores que facilitaron esas descalificaciones porque los dos amigos, presionados por las urgencias, postergaron la explicacin de la dialctica. Por ejemplo, aunque las vitales Tesis sobre Feuerbach, sin las cuales apenas se entiende el mtodo y de la filosofa entera del marxismo en cuanto tal, fueron escritas por Marx en 1845 pero fueron publicadas en 1888 por Engels. El libro III de El Capital, bsico para entender la dialctica de la crisis, publicado en 1894. Los Manuscritos de Pars en 1922. La Ideologas alemana, en 1932. Los Grundrisse en 1939, redescubiertos casualmente en 1948, pero estudiados a fondo desde en la dcada de los 50. Muchos borradores se quedaron sin publicar y, sobre todo, nunca se iniciaron textos ya previstos.

En entregas anteriores ya hemos hablado de los enormes obstculos sociopolticos y represivos que tena que superar la pequea corriente marxista dentro del amplio mundo socialista a finales del siglo XIX. Uno de ellos, que luego reaparecer una y otra vez con distintos ropajes, era la accin poltica de grupos de notables acadmicos reformistas que usaban su fama intelectual burguesa para atacar abierta o solapadamente al marxismo. En Alemania por ejemplo, el llamado socialismo de ctedra, cuyo mayor representante fue Schmoller (1838-1917), reforzaba las tesis de Lassalle ya vistas, criticaba la reaccionaria teora marginalista de Menger (1840-1921) inconciliable con la ley del valor de Marx, pero no sala en defensa de ste ltimo sino que adelantaba elementos del que luego sera llamado Estado Social o del Bienestar (?), al que volveremos en la VII entrega.

Tambin a finales del siglo XIX surgi en Rusia el marxismo legal que empleaba los diminutos resquicios legales del zarismo para combatir al movimiento revolucionario campesino y obrero: en 1894 Struve oficializ la tesis de que haba que aprender del capitalismo conquistando primero la democracia burguesa y luego, sobre esa base, avanzar al socialismo. En Italia, el neohegelianismo progresista fuerte en Npoles tena una corriente de derechas, A. Vera, y otra de izquierdas, De Sanctis, Spaventa, que se enfrent a la dictadura intelectual de la Iglesia; su ambigedad academicista le imposibilitaba estudiar la lucha de clases entre el capital y el trabajo, lo que propici la aparicin de dos lneas antagnicas: la burguesa con dos vertientes, la fascista de Gentile (1875-1944) y la liberal de Croce (1866-1952); y la marxista representada por Labriola (1843-1904).

Nos hemos limitado a Alemania, Rusia e Italia porque los tres fueron escenarios en los que se enfrentaran a muerte el capital y el trabajo en el primer tercio del siglo XX; tambin en el Estado espaol y en otros Estados, pero carecemos de espacio. Al margen de las diferencias secundarias, la casta acadmica progresista fue ms un obstculo que un impulso para la revolucin porque rompi la dialctica entre la lucha poltica para destruir el Estado burgus y la crtica terica radical del capitalismo. Uno de los mritos incuestionables de Rosa Luxemburg fue el de recuperar la dialctica de la lucha poltica y terico-crtica por el socialismo, unidad destruida por la II Internacional en general, y por Kautsky dentro de la socialdemocracia alemana. El marxismo legal ruso fue combatido por Lenin en este y otros temas, desde sus primeros escritos socioeconmicos y polticos, especialmente en el Qu Hacer de 1902. Liebknecht, antes de ser asesinado por la socialdemocracia junto a Rosa y cientos de obreros rojos, dej escritos brillantes sobre la esencia poltico-militar del capitalismo, que podemos resumir en aquella frase de 1907: La cuestin socialdemcrata en tanto en cuanto cuestin poltica es, en ltima instancia, una cuestin militar.

Los jvenes marxistas que iniciaron su lucha contra el reformismo a comienzos del siglo XX, recuperaron la dialctica de la lucha de clases, esencia del primer marxismo, en una dinmica siempre unida a y dependiente de los vaivenes de la revolucin. Como haba sucedido con Marx y Engels, tambin ahora fueron los ascensos, estancamientos y retrocesos de la lucha desde justo finales del siglo XIX en Rusia, de 1905-1906 en Europa, de nuevo desde 1909 y 1912, y por fin desde la recuperacin a partir de 1916 hasta el estallido de 1917, los que forzaron avances tericos sustantivos en los que no podemos extendernos ahora. La autonoma relativa de lo terico, visible a simple vista durante la paz o normalizacin social, volvi a demostrar su estrecha dependencia de la materialidad de la lucha cuando resurgan las contradicciones, en especial en 1905 y desde 1914. El desarrollo terico-poltico que se estaba logrando, no slo abarc el conjunto de la obra marxista inicial sino que tambin abri muy fructferas vas para el futuro. La totalidad de la civilizacin del capital fue sometida a la crtica implacable de la dialctica en accin, empezando a corregirse errores escandalosos como, por ejemplo, la ausencia casi total de Nuestramrica en la izquierda revolucionaria europea hasta la Internacional Comunista. Pero, muy significativa y premonitoriamente, en el rea en la que menos se avanz y en la que ms rpidamente se retrocedi despus, fue en la concerniente a la dialctica marxista, pese a los meritorios esfuerzos de Lenin, Trotsky, Rubn, Deborin, Pashukanis en cierta forma, o de Rosa Luxemburg con alguna debilidad en su visin de la dialctica, o de Plejanov en sus primeros aos, aparte de Lukcs, Korsch y poco ms.

De entre las varias razones que explican este retraso, resaltamos estas cuatro: una, la dificultad del estudio de Hegel y sus ambigedades interna que se reflejan en la existencia de un hegelianismo conservador y otro revolucionario; dos, el conservadurismo de la casta acadmica de entonces, que tena miedo al Hegel crtico, silenciando esta vertiente; tres, el dominio abrumador del kantismo y del positivismo y de los economistas vulgares burgueses- en el mundo poltico-sindical y cultural, en la ideologa dominante; y cuatro, los ingentes obstculos que deba superar el primer marxismo en la popularizacin de la dialctica, y el error mismo de no intentarlo hasta bastante tarde, como lo reconoci Engels. En la VIII entrega veremos cmo el stalinismo desnaturaliz la dialctica.

La evolucin de Lenin al respecto es paradigmtica porque muestra tanto el potencial creativo de su mtodo propio de pensamiento, como las limitaciones que los sucesivos contextos de lucha de clases ponan a ese potencial. En sus primeros textos, hasta Materialismo y empiriocriticismo de 1908-1909, existe en l una brillante capacidad de penetrar en la dialctica real, material de las luchas concretas, que coexiste con una visin filosfica bastante pobre de la dialctica marxista. Sin embargo, este libro de 1908, injustamente tratado y que la ciencia crtica valora cada da ms, ya tiene una base heurstica muy dialctica, ascenso que se ver confirmado a pesar de sus lmites en el textito Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo de 1913: Lenin cita a la filosofa materialista, a la dialctica, y a las aportaciones de Hegel como constitutivas de la primera fuente del marxismo, siendo la ley del valor la segunda, y la tercera, la organizacin poltica independiente del proletariado.

La debacle de la II Internacional con la guerra de 1914 le lleva a Lenin a autocriticarse en todos sus errores e incapacidades. En ese 1914 se sumerge en mltiples estudios entre los que destaca nada menos que la lectura de Hegel de manera sistemtica. Lenin termina los Cuadernos filosficos en 1916, llegando a una conclusin impactante: sin leer la Lgica de Hegel es imposible entender El Capital por lo que muy pocos marxistas entendan esa obra basal. Desde esta visin, es totalmente coherente la insistencia postrera de Lenin en que, por todos los medios, se ensease la dialctica a la juventud, al proletariado, al pueblo trabajador sovitico.

Los Cuadernos fueron publicados en 1933 por lo que hasta ese ao se ignor esa verdad descubierta por Lenin. Aun peor, los Grundrisse, que segn Rosdolsky ahorran la dura lectura de la Lgica de Hegel, slo empezarn a ser estudiados con rigor a finales de la dcada de los 50. Quiere decir esto, que hasta la mitad del siglo XX slo se tena una visin muy superficial y mecnica del marxismo porque sin la dialctica se desconoce el potencial revolucionario de la crtica radical del valor, del valor de cambio y de la mercanca, la fuerza emancipadora de la teora del valor-trabajo y de la plusvala, tambin se desconoce aunque se sufra el inhumano poder del fetichismo de la mercanca y la urgencia de echar al basurero de la historia ese Moloch que es el trabajo-abstracto, en suma, sin la dialctica se cree que el capital es una cosa que tiene aspectos buenos y malos de modo que desarrollando los primeros y reduciendo los segundos podramos llegar a la sociedad justa. En realidad, el marxismo nos demuestra que el capital es una relacin social de explotacin que sobrevive como los vampiros, chupando a la humanidad su trabajo vivo para convertirlo en trabajo muerto, en cadenas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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