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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2019

La depuracin de los republicanos, un espejo roto

Gutmaro Gmez Bravo
Ctxt

El consenso en torno a Franco fue asegurado por la utilizacin de la violencia y el recuerdo y el miedo a otra guerra, representado a la perfeccin por el Valle de los Cados


Confiesa Ivan Jablonka (Histoire des grands-parents que je n'ai pas eus, 2014) que el trabajo de investigacin sobre sus abuelos no poda ser objetivo aunque s radicalmente honesto. Si hay una verdad en la historia, esta se encuentra probablemente ah, en el cruce entre la objetividad, a la hora de hacer preguntas y de enfocar el tema, y la honestidad, mostrando todas las fuentes, analizando todos los datos, incluso aquellos que invalidan nuestras hiptesis, nos molestan o perturban. Esta es la funcin de la memoria y de todo pasado incmodo, que en Europa y muchas otras partes del mundo ha servido y sirve como un revulsivo en la reconciliacin comunitaria que sigue a los conflictos. Los abuelos de Jablonka, como la mayor parte de los judos europeos de entreguerras, tuvieron que hacer prcticamente de todo para sobrevivir. A nadie se le pasa por la cabeza decir que fueron unos colaboracionistas. Sufrieron la persecucin estalinista, la depuracin en Vichy y finalmente la deportacin. En cada una de esas etapas perdieron sus derechos, su estatus y su condicin civil. Fueron tratados como aptridas, extranjeros e ilegales, con total normalidad y eficiencia administrativa dentro del orden social en el que vivan.

La sociedad espaola no fue, en absoluto, ajena a estos procedimientos. La violencia se utiliz como un mecanismo de integracin y exclusin social, primero para el triunfo de un golpe de Estado y la Guerra Civil, despus para asentar el propio modelo de la dictadura franquista. Pero, para poder trazar todas las coordenadas explicativas de ese proceso, hay que ser objetivos y honestos, no slo reconstruir su lgica interna sino tambin incorporar las experiencias de aquellos y aquellas que la sufrieron. La interiorizacin y el impacto de estas y otras cuestiones traumticas siguen siendo una materia de conocimiento muy difuso, sobre todo en comparacin con otros pases. La imposibilidad de acceder, hasta fechas recientes, a la documentacin del Estado franquista ha sido uno de sus principales motivos. Pero tambin, el predominio de una visin exclusivamente poltica de la violencia ha contribuido a ello. Una amplia gama de formas de persecucin que institucionaliz la dictadura, como la depuracin, la sancin y la exclusin social, que afectaron a un porcentaje importante de la sociedad, apenas han sido estudiadas y reconocidas todava.

A medida que se han ido abriendo los archivos se ha podido constatar las cifras y los principales mecanismos represivos de la dictadura, un aspecto ciertamente muy importante en todos los niveles objetivos. Es un paso necesario para el reconocimiento y la ampliacin del propio concepto de vctima, que necesita, sin embargo, no solo una apertura de fondos y archivos pblicos, sino tambin de los privados. Sobre todo como un smbolo de superacin del silencio superpuesto en varias generaciones. La incorporacin de los relatos familiares resulta fundamental para alcanzar ese grado de honestidad en nuestra historia, lastrada todava hoy por patrones del presente. Juzgar las conductas del pasado con nuestra escala de valores e intereses actuales solo conduce a reproducir una historia de buenos y malos, de locos y cuerdos, de santos y demonios, de resistentes y de traidoressegn el cdigo que se quiera emplear en cada momento. No importa que desaparezca el contexto. Es tambin un problema de imposturas, de falsas apariencias y de la propia construccin y transmisin de los mitos, nacionales, de origen, de izquierda o de derecha, pero siempre en el reparto de culpas. El discurso dominante en la historia durante buena parte de la Transicin hasta nuestros das ha sido el de la equidistancia y el reparto igualatorio a la hora de atribuir responsabilidades en el estallido de la Guerra Civil. Una visin que ha quedado pulverizada por el segundo lugar que ocupa Espaa en el mundo en el ranking de desapariciones forzosas. No es casualidad que se haya acentuado de nuevo la tendencia a identificar la II Repblica como el origen de la Guerra Civil.

Y en ese ruido de fondo, en ese prolongado e interesado malentendido, surge el reiterado reparto de culpas de nuestros das. Ahora le ha tocado al ingeniero Carlos Fernndez Casado, cuyo mayor pecado fue calcular la estructura de la cruz del Valle de los Cados, a peticin de su amigo y compaero Huarte, cuya empresa familiar fue una de las adjudicatarias de las obras de Cuelgamuros. A peticin, por tanto, de Franco. No es por tanto necesario hacer una semblanza, que puede encontrarse sin problemas, de su trayectoria intelectual y profesional antes y despus de la guerra, porque sera entrar a reproducir ese esquema de culpas. Como todas las personas fue protagonista y vctima de su condicin y de su tiempo, y estas le convirtieron en un depurado, en un aptrida en su propio pas. El 29 de marzo de 1940 se hizo oficial la propuesta de sancin de la seccin de Ingenieros del Ministerio de Obras Pblicas, incoada por otro ingeniero como l, un compaero suyo, para depurar su conducta poltico social con relacin a nuestro Glorioso Movimiento Nacional. Esto significaba no solo la prdida del empleo, sino la imposibilidad de ejercerlo, dada la expulsin automtica del Colegio y la Escuela de Ingenieros de Caminos, que no volvi a pisar hasta 1958.

Los depurados pasaban despus por un expediente, de carcter secreto, muchos de ellos durante prolongados aos, pendientes de ejecucin o de la propia disposicin ministerial para resolver cada caso. Slo una vez superado se poda solicitar la readmisin en el servicio:

El cuestionario, tanto para los empleos pblicos como para el sector privado, era este:

A. Nombre y apellido, cuerpo o servicio al que perteneca, categora administrativa, situacin en que se encontraba y destino que desempeaba el 18 de julio de 1936.

B. Donde se encontraba al iniciarse el Alzamiento Nacional del Ejrcito?

C. Qu acto ejerci o intent ejecutar para sumarse a l?

D. Si prest adhesin, y en qu forma la efectu, al Gobierno marxista, con posterioridad al 18 de julio, especificando tambin si lo hizo de forma espontnea o en virtud de alguna coaccin.

E. Si prest algn servicio bajo el mando de jefes marxistas o que suponga acatamiento de los mismos.

F. Si ha cobrado sus haberes.

G. Si fue destituido, declarado cesante o jubilado a partir de la indicada fecha de 18 de julio de 1936.

H. Partidos polticos a que ha pertenecido, fecha de ingreso y en su caso la de su baja as como si ha ocupado cargo directivo.

I. Cotizaciones voluntarias o forzosas a favor de partidos, entidades polticas sindicales o del Gobierno incluyendo entre ellas las hechas a favor del Socorro Rojo, Amigos de Rusia o entidades anlogas aunque no tuvieran carcter de partido.

J. Si ha pertenecido o pertenece a la Masonera.

K. Si ha formado parte y con que cargo en los Comits constituidos con posterioridad al 18 de julio de 1936.

L. Si ha formado parte de algn otro Comit.

LL. Si trabaj siempre en Madrid durante el perodo rojo.

M. Si perteneci a la Milicias del Frente Popular que han combatido contra la Espaa Nacional y en su caso con qu graduacin.

N. Si ha residido en el extranjero o en poblacin dominada por el enemigo. Qu tentativa hizo para salir, en qu fecha y por qu medios lo consigui, as como si recibi auxilio de alguien, especificando con quin.

. En qu da y lugar hizo su presentacin y ante qu Autoridad?

O. Nombre de las personas que conforman sus manifestaciones (por lo menos dos) o aval de los mismos.

P. Prueba documental que obre en su poder.

Q. Indicacin de cunto sabe del perodo revolucionario, principalmente lo relacionado con el desenvolvimiento pblico y administrativo, as como la actuacin que conozca de sus compaeros.

La solicitud de readmisin, como puede verse, llevaba aparejada una nueva investigacin, que en muchos casos fue definitiva. En Historia de una escalera, Buero Vallejo mostraba la frustracin de unas familias ante el mundo que les rodeaba tras el reiterado fracaso de todas sus expectativas. Durante su estancia en el Penal de El Dueso coincidi con otro gran dramaturgo, Cipriano de Rivas Cherif, cuado de Azaa. Sus trayectorias fueron totalmente divergentes: l se qued en Espaa mientras Rivas se march a Mxico tras cumplir su condena. Ambos afrontaron de manera distinta su cautiverio. Uno se acogi a la redencin de penas y organiz un taller de teatro con presos, mientras el otro se neg a participar en l, recriminndole el placer que daba a las autoridades franquistas que representaran obras para ellos. Rivas Cherif dijo aos ms tarde que mediante esa tarea recuperaba algo de la humanidad que haba perdido y Buero Vallejo sigui escribiendo e insistiendo en que esa condicin se la haban arrebatado para siempre.

Una realidad muy palpable en una gran parte de la poblacin, que se encontraba as por su conducta poltica, pero tambin por ser considerados indeseables morales y antisociales, como para seguir juzgndola hoy. Un mundo de encerrados en su propia casa, de apartados y de seres condenados a una dispora permanente. Una ventana al hambre, la desolacin y la muerte, al estraperlo, la corrupcin y los sobornos para una sociedad donde igualmente crecan la mortalidad, el suicidio o el aborto, silenciados por los generosos indultos y el perdn de los pecados. El franquismo ostent el monopolio de la violencia de distintas maneras a lo largo de cuatro dcadas. Este pasaba por los medios tradicionales de orden pblico de los poderes locales que emitan los informes y los certificados de conducta. En definitiva, respondan sobre sus vecinos y sus familias, lo que permiti reproducir y extender a las zonas ms recnditas las polticas depuradoras dictadas desde arriba, pero tambin facilitaron una ocasin excepcional para la venganza y el ajuste de cuentas desde abajo. Esa fue una de sus consecuencias ms palpables: la de la criminalizacin.

Ah es donde hay que entrever el papel del miedo en el desplazamiento de los viejos antagonismos y en la lenta maceracin de otros nuevos. La dimensin de las medidas de represin civil, la depuracin laboral, los embargos y la suspensin de cualquier bien con el que pudieran contar los depurados, son solo muestras de las dificultades de todo tipo por las que tuvieron que pasar aquellos hombres y mujeres acusados de una peligrosidad social que les haca asimilables a lo peor de la sociedad. Por eso hubo quien se aprovech econmicamente de ellos, volviendo a las frmulas de manutencin como pago por el trabajo, por lo que durante aos fueron reconocidos como grandes patrocinadores, particulares y grandes empresas que crecieron con esta mano de obra abundante y barata. Algo considerado normal, no hay que olvidarlo, por gran parte de la poblacin que haba vivido la guerra. El consenso en torno a Franco fue asegurado por la utilizacin del recuerdo y el miedo a otra guerra, representado a la perfeccin por un monumento como el Valle de los Cados. Para eso fue pensado, diseado por el Servicio de Propaganda y aprobado por el propio Franco antes incluso de que aquella concluyera.

Gutmaro Gmez Bravo es profesor de Historia Contempornea en la Universidad Complutense.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190821/Firmas/27947/Depuracion-franquismo-guerra-civil-Gutmaro-Gomez-Bravo.htm



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