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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2019

De la bajada de impuestos al Madrid nos roba

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las Ideas


En el artculo de la semana pasada, entre otros, sealaba cmo la Unin Monetaria impone una serie de limitaciones a los gobiernos, dejndoles poco margen para que la orientacin de sus polticas econmicas diverja. La distincin entre izquierda y derecha se diluye. Quizs sea en el campo de la poltica fiscal y tributaria donde aparentemente las diferencias podran ser mayores, al menos en el relato. El nombramiento de la presidenta de la Comunidad de Madrid, y su anunciada bajada de impuestos, ha hecho surgir opiniones muy encontradas y discursos muy diversos, dando la impresin de que existen en la poltica planteamientos antitticos.

Para comenzar, habr que afirmar que en esta materia se da una gran confusin, mezclada con un cmulo de intereses. La mayora de los tertulianos y creadores de opinin son favorables a la bajada de impuestos. Es probable que casi todos ellos estn pensando en su propio bolsillo, y para justificar su posicin hacen afirmaciones de lo ms peregrinas. No hace mucho escuch por radio a un lder actual de las ondas hacer una entrevista al secretario general de uno de los principales sindicatos. Se refera este ltimo a la existencia de ms de seis puntos de diferencia entre la presin fiscal espaola y la media de la UE. El periodista, supongo que llevado por sus prejuicios en esta materia, le objet que haba otra forma de elevar la presin fiscal diferente a subir los impuestos, la de potenciar la actividad econmica, y mostraba con ello el desconocimiento que tiene acerca de este concepto.

La presin fiscal se define como una fraccin cuyo numerador es la recaudacin impositiva y el denominador la produccin o la renta. Potenciar la actividad econmica con toda seguridad incrementa la recaudacin fiscal, es decir el numerador, pero debido precisamente a que se ha aumentado el producto y la renta, es decir el denominador, con lo que la presin fiscal se mantendr ms o menos estable. Para elevar esta ltima variable solo existen dos caminos, subir los impuestos o combatir el fraude fiscal. En ambos casos se trata de drenar recursos al sector privado para trasladarlos al pblico. Hay una socializacin, aunque parcial, de la economa. Bien es verdad que esa socializacin es relativa. Buena parte de lo que se detrae al sector privado en forma de impuestos retorna a la sociedad, primero, en forma de trasferencias y prestaciones sociales y, segundo, en forma de bienes y servicios pblicos; aunque en ambos casos, seguramente, no a los mismos ciudadanos a los que se les ha gravado, o por lo menos no en la misma medida, y tal vez sea esto ltimo lo lo que molesta a los extractos ms favorecidos de la sociedad. La socializacin es tambin relativa porque, en la actualidad, muchos de los bienes y servicios pblicos son gestionados a travs de empresas privadas.

Hay quienes mantienen un discurso demaggico. Con la intencin de proclamar la fuerte presin fiscal que segn ellos soportamos, dividen el ao en dos mitades. Solo en una de ellas trabajamos para nosotros; en la otra, para Hacienda. Olvidan hasta qu punto toda nuestra vida precisa del espacio y el contexto que el Estado crea y de los bienes y servicios que proporciona. Es ms, estos ltimos resultan tanto ms necesarios que los privados, que en muchos casos sin el concurso de los pblicos seran inviables.

Todo esto se encuentra en el orden del discurso, de la teora, de la ideologa, pero, qu ocurre en la prctica? La realidad es que las polticas fiscales aplicadas por Aznar y Zapatero, por ejemplo, apenas presentan diferencias, como no sea que la de este ha sido incluso ms regresiva que la de aquel: eliminacin del impuesto sobre el patrimonio; sucesivas rebajas en el IRPF, que no solo redujeron la recaudacin sino que hicieron al impuesto ms regresivo; o las mltiples modificaciones en el impuesto de sociedades, casi hasta vaciarlo de contenido para las grandes corporaciones. En el extremo, llegaron incluso a hablar de tipo nico en el IRPF, algo a lo que no se ha atrevido ningn partido de derechas, y cuya aplicacin por supuesto resulta inviable. Paradjicamente, los gobiernos de Rajoy tuvieron que instrumentar una poltica fiscal mucho ms dura, seguramente no por conviccin sino por necesidad debido a la crisis econmica. Es muy probable que la derecha meditica y econmica no se lo haya perdonado nunca y una de las razones por las que ha sido tan criticado por los suyos.

Se podra pensar que en Europa la falta de armonizacin fiscal origina polticas fiscales muy heterogneas, lo cual en principio puede ser cierto, pero ello obedece ms a diferencias entre los pases que al signo poltico de los gobiernos. Pases como Luxemburgo, Irlanda, Holanda y, ltimamente, Portugal actan a menudo, ante la pasividad de la UE, como parasos fiscales ejerciendo el dumping fiscal. Pero precisamente esa competencia desleal va conformando una especie de armonizacin fiscal automtica, solo que a la baja, porque todos los pases terminan rebajando impuestos para no perder competitividad. Si se examina con detenimiento la evolucin de los sistemas fiscales de los Estados se observa como todos ellos, en mayor o menor medida, han ido derivando hacia estructuras ms regresivas. Incremento de los impuestos indirectos y reduccin de los directos; disminucin del gravamen sobre el capital y del impuesto de sociedades; exenciones y rebajas, cuando no eliminacin, de los impuestos de sucesiones y patrimonio; y minoracin tanto de los tramos como de los tipos marginales altos de la tarifa del impuesto sobre la renta, con lo que este tributo ha perdido progresividad poco a poco.

En el caso espaol existe un agravante, el Estado de las Autonomas y la creciente asuncin por estas de la llamada responsabilidad fiscal y de la autonoma normativa. Especialmente desafortunada fue la cesin de los impuestos de patrimonio y de sucesiones y donaciones. El modelo europeo se repite con todos sus defectos, pero a una escala geogrfica mucho ms pequea con lo que los resultados son aun ms negativos. Las distintas Comunidades Autnomas entran en competencia acerca de quin baja ms los tributos y todas quieran o no quieran no tienen ms remedio que reducirlos.

La promesa de la nueva presidenta de la Comunidad de Madrid de bajar los impuestos en esta autonoma, ha hecho que desde el resto de las Comunidades Autnomas, especialmente desde las gobernadas por el PSOE, hayan surgido voces indignadas y muy crticas. Tanto Ximo Puig desde Valencia como Adrin Barbn desde Asturias han gritado que en Espaa no tiene sentido que haya parasos fiscales ni competencia tributaria entre autonomas. No corresponde al espritu de la Constitucin, afirma el asturiano.

Sin duda todas estas crticas tienen razn. No tiene sentido ni quizs est en el espritu de la Constitucin, pero por desgracia s est en la letra y en la ley. El Estado de las Autonomas, al menos como se ha ido concretando pacto tras pacto y normativa tras normativa, genera contradicciones sin cuento y no es la menor la de las discrepancias fiscales que se producen entre los territorios, establecindose entre ellos una competencia desleal. Pero habra que preguntar a los que ahora se quejan si estn dispuestos a dar marcha atrs en el proceso y a renunciar, por ejemplo, a la capacidad normativa de las Comunidades Autnomas.

Menos razn tiene el vicepresidente de la Comunidad de Madrid. Aguado califica de infierno fiscal al resto de las autonomas y afirma que la fiscalidad baja o moderada ha funcionado, ha generado crecimiento econmico y puestos de trabajo. Con carcter general tal afirmacin es falsa. El argumento de que la reduccin de impuestos reactiva la economa no tiene demasiada consistencia, ya que olvida el descenso en el gasto pblico que es preciso acometer como contrapartida y que a su vez deprimir la actividad econmica, incluso en mayor medida que lo que puede haberla incentivado la bajada tributaria. Desde Keynes se sabe que el aumento del gasto pblico tiene ms potencialidad para reactivar la economa que la minoracin de impuestos, ya que los receptores en el primer caso tienen una propensin a consumir mayor que en el segundo, y por lo tanto incentivarn la demanda en un porcentaje superior.

Esto es con carcter general, pero cuando se produce el dumping fiscal los efectos pueden ser diferentes. El primer pas o Comunidad Autnoma que se adelanta en disminuir la imposicin puede obtener beneficios adicionales al robar a los otros pases o autonomas un trozo de la tarta. Por ejemplo, las exenciones o desgravaciones en los impuestos de patrimonio y sucesiones en una Comunidad Autnoma pueden incrementar la recaudacin de esta autonoma, principalmente va impuesto sobre la renta, ya que determinados contribuyentes, en particular los de patrimonio e ingresos altos, trasladarn, si les es posible, su residencia a ella. Ahora bien, es de prever que esos beneficios sern transitorios puesto que lgicamente el resto de las autonomas reaccionarn adoptando medidas similares. El resultado ser una menor recaudacin generalizada y mayor regresividad en el sistema fiscal.

Lo que no tiene razn de ser son los reproches surgidos desde Catalua; curiosamente desde uno de los principales, si no el principal, peridico de la regin, La Vanguardia, caracterizado por su conservadurismo y tendencia liberal, amante siempre de la bajada de impuestos. Basa su perorata en que Madrid goza de una situacin privilegiada, lo cual es cierto, pero no por la capitalidad sino por la concentracin de poder econmico; algo similar a lo que ocurre en Catalua, o al menos ocurra hasta que el procs expuls a muchas empresas hacia otras regiones de Espaa. Precisamente estas situaciones privilegiadas, concretadas en ltima instancia en una renta per cpita superior a la de la mayora de las comunidades, debe compensarse mediante el sistema de financiacin autonmica con transferencias a las regiones menos favorecidas. As ocurre en el caso de Madrid, pero en mucha menor medida en el de Catalua, hecho que qued complemente de manifiesto con la publicacin de las deseadas balanzas fiscales, tan reclamadas por el nacionalismo y olvidadas en cuanto que se vio que los resultados no eran favorables para sus argumentos. Los resultados no podan ser distintos, puesto que el actual sistema de financiacin, del que tanto reniega ahora el nacionalismo, se elabor en tiempos de Zapatero y el tripartito, a conveniencia de Catalua.

Si los catalanes son de los espaoles que pagan ms impuestos y la Generalitat la institucin autonmica ms endeudada, no es porque el sistema de financiacin autonmica les perjudique; todo lo contrario. Tampoco es porque los catalanes disfruten de mejores servicios pblicos (no parece que sea as), y mucho menos porque el gobierno de la Generalitat sea de izquierdas. Lo llevo escribiendo desde hace muchos aos, el partido ms de derechas desde la ptica social y econmica ha sido siempre CiU. Solo se necesita repasar las actas del Congreso de los Diputados y constatar cuales han sido todas sus proposiciones. La razn de los mayores impuestos y del fuerte endeudamiento es otra: la desviacin de recursos a finalidades espurias, irregulares o partidistas, cuando no delictivas.

Es curioso que La Vanguardia, entre los reproches comentados, haya introducido la corrupcin de la Comunidad de Madrid, pues esta, grave como todas las corrupciones, ha sido coyuntural y obedece a una determinada poca. La de Catalua, sin embargo, es estructural. El tres por ciento ha estado presente desde el inicio, enraizado completamente en todo el tejido econmico, pblico o privado. Ha contado con el silencio cmplice de toda la sociedad. Todos lo saban y todos callaban, desde la prensa hasta la oposicin, pasando por los empresarios y todo tipo de organizaciones y asociaciones. Del tres por ciento o similar se han nutrido las cuentas privadas en Andorra o en otros parasos fiscales de los dirigentes del nacionalismo, pero tambin la financiacin de CiU, e incluso se han costeado aquellas actuaciones tendentes a fomentar el independentismo que no podan hacerse a las claras.

Los recursos de la Generalitat se han destinado asimismo a lo que Pujol llamaba crear pas, es decir, a propagar el nacionalismo dentro y fuera de Catalua, mediante la creacin de chiringuitos, la subvencin de las actividades ms variopintas, y de ayudas a los medios de comunicacin pblicos y privados. El mayor gasto de la Generalitat se explica tambin porque paga los sueldos ms altos de las Administraciones espaolas, comenzando por el presidente, cuya remuneracin es la ms elevada de todas las Comunidades Autnomas, incluso mayor que la del presidente del Gobierno, y siguiendo por los propios ex presidentes que gozan de prebendas que no tienen comparacin en ninguna otra Autonoma. Hay que suponer que los sueldos de los funcionarios, al menos de los altos, gozan de la misma ventaja comparativa. Ello se percibe a menudo con suma claridad cuando se comparan ciertos colectivos como el de la polica o el de los funcionarios de prisiones.

La Vanguardia, en la lnea del victimismo nacionalista, insina que la Comunidad de Madrid pide al resto de los espaoles que financien las rebajas fiscales de los madrileos. Es el Madrid nos roba de siempre, pero aqu los nicos que roban es un grupo de catalanes a otros catalanes y quizs a todos los espaoles. Eso s, con la complicidad de ciertos medios y empresas que son partcipes a ttulo lucrativo.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/08/29/de-la-bajada-de-impuestos-a-madrid-nos-roba/



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