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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2019

Respuesta a un editorial de El Mundo de Espaa titulado Cuando los pueblos aman a sus ladrones
Beneficiar a las mayoras es un derecho y una obligacin de toda democracia

Gabriel Cocimano
Rebelin


El 18 de agosto pasado, el director del diario liberal espaol El Mundo public un artculo sobre el resultado de las PASO en la Argentina. Ya en el vientre de su ttulo -Cuando los pueblos aman a sus ladrones- viaja un elemental prejuicio que se confirma en la bajada del artculo: existen masas indulgentes que prefieren una y otra vez a un partido poltico que es, para su autor, sinnimo de corrupcin. El artculo pretende comparar al peronismo con la cleptocracia organizada por el virrey Jordi Pujol en Catalua. Dejando de lado cualquier referencia a la poltica catalana y espaola, solo me centrar en las imprecisiones e imposturas sobre el peronismo en que incurre, acaso por desconocimiento, el editor.

Comenzar por el final de su exaltado artculo. () Amaban a su ladrn como slo los argentinos supieron hacer con Pern () derribado en 1955 por la llamada revolucin libertadora, que restaur la democracia y que difundi informacin acerca de las malversaciones y las prcticas sexuales del dictador. Creer que la revolucin libertadora restaur la democracia en la Argentina de 1955 es como creer que Butch Cassidy y Billy the Kid hacan beneficencia en el Lejano Oeste. La autotitulada Revolucin Libertadora derroc a un gobierno elegido por el pueblo -con todos sus errores y contradicciones- pero adems fusil, proscribi, persigui a las organizaciones obreras y estudiantiles, censur e instaur un rgimen conservador y neocolonial con saa y resentimiento. Le aconsejo al amigo editor la lectura de un texto esclarecedor al respecto: El Plan Prebisch, retorno al coloniaje, de Arturo Jauretche, en donde afirma que el plan neocolonial del rgimen contemplaba el ingreso de la Argentina como pas miembro del FMI, al que el peronismo se haba negado pese a las presiones internacionales. Un FMI que retorn de la mano del gobierno de Macri para sembrar, otra vez, miseria y dolor.

Creer que la revolucin libertadora restaur la democracia en la Argentina de 1955 es desconocer soberanamente la historia. Existe un atenuante: la informacin que de nuestro pas se difunde en el mundo surge de las usinas de la prensa hegemnica, conservadora pero, adems, hipcrita y falaz. Podemos discutir una ideologa: lo que no debemos hacer es asociarnos a una impostura. Ni el ms empecinado de los antiperonistas afirmara hoy que aquella Revolucin Libertadora, una burda y vengativa dictadura militar, restaur la democracia. Por ms que acuerde con sus principios. Y ya que el amigo editor cit a nuestro enorme Jorge Luis Borges por aquello de que los peronistas son incorregibles, permtaseme citar a otra pluma que no le va en zaga, pero que por haberse identificado con el peronismo fue desterrado del Olimpo literario vernculo: me refiero a don Leopoldo Marechal, quien, entre otras certezas, dijo que la historia no es una ciencia; es el arte de mostrar una cara limpia y esconder un culo siniestro.

Nuestro editor desgrana: Argentina, siendo un pas prdigo en recursos, se ha entregado de hoz y coz a un peronismo que ha obrado un sistema clientelar y corrupto. Pongmonos en contexto: qu era la Argentina antes de la llegada del peronismo? Un pas prspero para pocos, en el que los trabajadores carecan de derechos: laborales, econmicos, sanitarios, sociales. Un pas gobernado por conservadores jubilosos, asociados a las prebendas del capital forneo y promotores del fraude electoral patritico. Sus adeptos aun recuerdan desconsolados la prosperidad de aquella Argentina, cuando gobernaron un pas en donde la fiesta era solo para algunos. La memoria histrica suele ser pertinaz: el peronismo le dio a las mayoras argentinas una dignidad y un proyecto vital. Y a la mujer, el reconocimiento y la visibilidad de que carecan. Y algo ms: el voto femenino.

Demagogia? Beneficiar a las mayoras -y no solamente a una elite- es un derecho y una obligacin de toda democracia. El articulista de El Mundo habla de corrupcin: como en todos los pases, incluyendo a Espaa en donde intuyo que sus corruptos no son peronistas el peronismo ha tenido y tiene camanduleros y timadores de toda laya. Sin embargo, endilgar un sayo semejante a toda la administracin de un gobierno que algunos llamamos popular y que otros, como el editor, mencionan peyorativamente como populistas parece un argumento de la mejor ficcin del genial Garca Mrquez. Permtame intuir lo que ocurre: los sucesivos fracasos de los gobiernos neoliberales hoy, en el caso argentino, de la mano de Cambiemos-, los arrastra a la demonizacin del populismo para apelar a su erosin tica. En su catlogo de abominacin, Evita, Pern y los Kirchner han sido los populistas ms injuriados: para ellos, Evita era puta y trepadora; Pern, fascista y pedfilo; por su parte, Nstor Kirchner era avaro y mafioso, y Cristina, ladrona y bipolar. La derecha agita fantasmas para transferir su odio e inyectarlo en las capas medias, las ms permeables a la moralina.

Desconozco las andanzas de su tan denostado Jordi Pujol, pero s conozco las de quienes han gobernado la Argentina durante estos ltimos cuatro aos. Son los que vinieron a hacer negocios con el Estado sin intermediarios; los que fugaron, evadieron y blanquearon sus capitales, en perjuicio de la sociedad argentina. Los que persiguen jueces pero se llaman a s mismo republicanos. Los que se dicen demcratas pero hostigan a periodistas y medios opositores. Y los que tienen sus fortunas a resguardo en dudosas empresas en el exterior. Los mismos que corren al peronismo con el cuento de la moralina. Hay algo ms grotesco que contemplar a los delincuentes econmicos de la Patria offshore buscando dinero inmoral ajeno?

Compara el editor a Eva Pern por enardecer a las masas enfebrecidas con el sofista griego Gorgias, por ser a ste ltimo y no a su hermano mdico a quien la gente le confiaba su salud: curanderos y milagreros siempre prosperan en pocas de turbacin. En verdad, Evita fue la que tendi su mano a los ofendidos y pisoteados, los que durante siglos conformaron el desecho social de los poderosos que solo administraban ddivas. Eva no hizo milagros: solo descifr las necesidades de los desamparados y transform el concepto de caridad en el de derecho. Acaso quienes nunca hayan sido vctimas del desamparo como Dios quiera no le ocurra al editor- no pueden comprender la pasin que esa mujer gener en ese pueblo. Una notable poeta argentina, Mara Elena Walsh, que no era peronista pero que supo interpretar las razones del mito, escribi:

En los altares populares, santa / Hiena de hielo para los gorilas

Pero eso s, solsima en la muerte (...) / Con ltigo y sumisa, pasiva y compasiva,

nica reina que tuvimos, loca / Que arrebat el poder a los soldados (...).

Envalentonado, el periodista se anim a ms: Por ms que los argentinos tengan asumido que nadie se hizo rico all con su trabajo desde la eclosin del peronismo, incluso el abuso tiene un lmite. Nuestro gran poeta Enrique Santos Discpolo escribi Cambalache en la dcada de 1930, antes de la llegada del peronismo al poder:

Que el mundo (soslayo que no hace referencia a su peridico)

fue y ser una porquera, ya lo s ()

que siempre ha habido chorros,

Maquiavelos y estafaos

Pero resulta que para nuestro editor, lo de hacerse rico sin trabajar ocurri desde la aparicin del peronismo (!). No me imagino a los sectores de las clases opulentas en la Argentina preperonista amasando fortunas por fuera de su capacidad de control econmico y poltico y sus vnculos con las elites forneas, en especial, los hijos de la aristocracia terrateniente y sus contactos con la nobleza y la alta burguesa europea. Es ms, ninguna de estas familias que se hicieron ricas sin trabajar, como sugiere el editor, adscribi al peronismo, por ser forjador de un modelo redistributivo que no les resultaba conveniente: durante el gobierno peronista, la participacin del sector asalariado en la distribucin del ingreso nacional creci, entre 1944 y 1950, del 44,8% al 58%. En cambio, los trabajadores no se hicieron ricos pero s mejoraron su nivel de vida y conocieron la dignidad.

Nuestro editor da un salto de garrocha hasta la actualidad: el ingeniero Macri tendra, eso s, el honor de ser el primer gobernante no peronista que culmina su mandato desde 1928, tras heredar una situacin lmite con un Estado plagado de clientelismo, despilfarro y corrupcin, como si fuera la forma de ser de los argentinos. No resulta difcil comprobar que Macri recibi un Estado desendeudado, gracias a lo cual pudo gestionar la mayor deuda pblica de la historia en solo tres aos, hipotecando la vida de nuestros hijos, nietos y choznos. Macri s recibi un pas con altos ndices de pobreza, pero logr empeorar las marcas; tambin recibi un pas con una desocupacin a la que duplic; y un pas con prcticas polticas clientelares que tambin el mismo gobierno estimul.

Luego el periodista se refiere a Cristina Kirchner como la artfice de aquel pas sensacional -"sensacin de inseguridad, sensacin de crisis, sensacin de recesin, sensacin de incertidumbre"-, al tiempo que es juzgada por sus latrocinios, retorna a la vida pblica al cabo de cuatro aos de dejar la Casa Rosada por la puerta trasera. Cristina no dej un pas sensacional pero s uno mucho ms satisfactorio que el actual; tampoco se fue por la puerta trasera, sino con una Plaza de Mayo colmada de ms de setecientas mil personas luego de doce aos de gobierno, con las principales corporaciones econmicas y financieras locales e internacionales y los medios de comunicacin hegemnicos en su contra. Y un sector del Poder Judicial que ha perseguido y hostigado al gobierno del cual form parte. Pero que despus de las PASO ha comenzado a recalcular sus posiciones, tan permeable como suele ser al poder de turno.

En su por momentos ofensivo artculo, el director de El Mundo la emprende contra la corrupcin institucional de un pas acostumbrado a robarse a s mismo; tambin afirma que Argentina es una catstrofe de la mala poltica, un pas que origina masas ideologizadas comprensivas e indulgentes con los corruptos hasta extremos groseros. Puede que los argentinos tengamos nuestros entripados con la corrupcin domstica. Pero tambin debimos tolerar venalidades ajenas: entre otras tantas, la producida por el vaciamiento de Aerolneas Argentinas a travs primero de Iberia y luego del grupo Marsans, ambas empresas oriundas de los pagos del editor. De manera que hemos sido indulgentes tambin con los corruptos de afuera. Tan indulgente como seguramente nuestro amigo de El Mundo con las psimas polticas de su entraable Partido Popular en Espaa.

Acaso a nuestro editor deba informrsele que el resultado de las PASO en la Argentina no ha sido tan sorpresivo: el gobierno neoliberal y conservador de Mauricio Macri dej un tendal de desocupados, fbricas cerradas, miseria e indigencia, mayor desigualdad entre ricos y pobres y una deuda descomunal. Pero no es la primera vez que ocurre: las polticas del mismo signo ideolgico produjeron en el pasado los mismos efectos. Ese parece ser el verdadero mito de Ssifo asociado a las penurias de esta tierra. Afirmar que los argentinos somos un pueblo que ama a sus ladrones no es solo una muestra de desprecio y desdn sino, adems, un supino desconocimiento de las condiciones sociales y polticas en la Argentina de las ltimas dcadas. Considerar que el primer peronismo y el kirchnerismo son equivalentes, sin comprender los diferentes contextos temporales y los alcances polticos y doctrinarios de cada uno, es tambin una sinrazn. Alegar que el populismo en su vertiente peronista y kirchnerista es una cofrada de aventureros, milagreros y cleptmanos es de un reduccionismo tan estereotipado como decadente.

No crea nuestro editor que las mayoras argentinas perseguimos ciegamente a quienes nos perjudican. No somos masoquistas. Podemos equivocarnos o nos pueden engaar con marketing o big data, como ocurri en 2015 con la llegada del neoliberalismo al poder. Pero, para decirlo con un argentinismo, no somos boludos. Despus de todo, si el populismo siempre vuelve debe ser porque, como afirma el escritor Jorge Asis, el peronismo es un destino.

Permtaseme, para terminar, una cita ms del gran maestro Leopoldo Marechal: Un sabor eterno se nos ha prometido, y el alma lo recuerda.

Gabriel Cocimano (Buenos Aires, 1961) Periodista y escritor.

Todos sus trabajos en el sitio web www.gabrielcocimano.wordpress.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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