Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2019

Ms all de ideologas, un modelo de desarrollo extractivista y agropecuario similar
Amazonia, La naturaleza se quema y la poltica se agota

Eduardo Gudynas
Ctxt


En los primeros das el fuego te acorrala, en los das siguientes las cenizas te entristecen. As pueden describirse mis sensaciones en una de mis visitas aos atrs a las zonas amaznicas de Brasil, Per y Bolivia. Estas coincidieron con incendios como los que hoy causan alarma mundial.

Cuando las llamas estn activas, el humo inunda todo, es peligroso transitar los caminos por la poca visibilidad, hay momentos en los que cuesta respirar, la garganta se inflama y los ojos lagrimean. Cuando las llamas se apagan, el ocre y el gris dominan las escenas. Aqu y all siguen erguidos los restos de algunos rboles, mientras que en el suelo, entre las cenizas, aparecen de tanto en tanto los cadveres calcinados de animales que no pudieron escapar.

Esta destruccin de la fauna y la flora es lo que est repitindose en estos das en Amrica del Sur. Si bien la prensa convencional insiste con los titulares sobre la Amazonia y sobre Brasil, la realidad es ms compleja, y tambin ms hiriente.

En efecto, este tipo de incendios est ocurriendo en estos momentos en por lo menos cuatro pases sudamericanos; adems de Brasil, afectan a Bolivia, Per y Paraguay. A su vez, se estn quemando selvas tropicales hmedas, la Amazonia, pero lo mismo est sucediendo con los bosques secos y sabanas arboladas, como la Chiquitana en Bolivia o el Cerrado brasileo.

En los datos ms recientes, el nmero de incendios en Brasil super los 82 mil focos (al 26 de agosto), la cifra ms alta desde 2010, y casi el doble de lo registrado en estas mismas fechas en el ao anterior. En Bolivia son ms de 19 mil focos (el doble que en 2018), en Paraguay ms de 10 mil (mantenindose en valores semejantes al ao anterior), y en Per ms de 6 mil (un poco ms del doble).

Todas las grandes regiones ecolgicas del trpico y subtrpico sudamericano estn afectadas por los incendios. Por ejemplo, en Brasil, aproximadamente la mitad de los focos se ubican en la Amazonia, pero casi un tercio ocurren en el Cerrado, y un 10 por ciento en los bosques atlnticos. Bolivia en estos momentos vive el drama de ver cmo enormes reas de bosques secos e incluso su Pantanal estn siendo devorados por las llamas (las prdidas al da de hoy se estiman en 1,5 millones de hectreas). Por lo tanto, pensar que solamente est ardiendo la Amazonia brasilea es una simplificacin. Las prdidas ecolgicas en todos esos ambientes son enormes. Por ejemplo, el bosque seco de la Chiquitana es nico en su tipo en todo el continente, y se estima que ms de 750 mil hectreas ya se quemaron.

El chaqueo de ayer y la deforestacin de hoy

La quema de bosques o campos, el llamado chaqueo en algunos sitios, ha sido una prctica tradicional realizada especialmente por pequeos campesinos e indgenas. Afectaba a pequeas superficies en tanto estaba directamente vinculada al autoconsumo de alimentos o por limitaciones tecnolgicas. Todo eso ha cambiado en las ltimas dcadas a medida que han llegado a las reas tropicales y subtropicales todo tipo de colonos y empresas. Los incendios de hoy nada tienen que ver con aquellos del pasado.

En la actualidad se deforestan y queman amplias zonas, casi siempre con el propsito de liberar espacio para la ganadera extensiva, aunque en otros sitios es para la agricultura. Para hacerlo a esa mayor escala se necesitan importantes recursos materiales, como motosierras y maquinaria pesada, y mucho capital para financiar una ingeniera de trmites legales o ilegales, formales o amparados en la corrupcin. Detrs de esto no estn ni los indgenas ni los pequeos agricultores.

Esa presin ganadera puede ser brutal. Por ejemplo, en la zona de San Flix de Xing (estado de Par), se concentra un rodeo vacuno de ms de 2 millones de cabezas. Factores como esos empujan a la agropecuaria convencional a las reas naturales tropicales y subtropicales.

A su vez, la diseminacin de los monocultivos, especialmente de la soja, en otras zonas de Brasil, pero tambin en Bolivia y Paraguay, hace que los ganaderos se desplacen hacia nuevas reas a deforestar. Todo esto genera un enorme arco de deforestacin amaznica que atraviesa Amrica del Sur, desde la costa atlntica brasilea hasta las faldas de los Andes en Bolivia y Per. Es una franja de casi 3 mil quilmetros de largo; una distancia similar a la que separa Madrid de Varsovia.

Bolsonarizacin para militarizar la Amazonia

Esta problemtica se ha agravado notablemente bajo el gobierno de Jair Bolsonaro. Por un lado, recort controles ambientales en cuestiones crticas como la deforestacin, redujo el presupuesto del Ministerio del Ambiente, ces a personal clave en las agencias del ambiente y de conservacin de la biodiversidad, maniobr para que se cancelaran multas a los infractores ambientales, y mucho ms.

Por otro lado, Bolsonaro y su equipo han hostigado repetidamente a los ambientalistas, indgenas y pequeos campesinos, presentndolos como trabas al progreso, potenciales criminales e incluso como responsables de los incendios. Tan slo como ejemplo, el 27 de agosto, en la reunin con los gobernadores de los estados amaznicos, en lugar de analizar la crisis ecolgica volvi a quejarse de que los indgenas ya tienen demasiadas tierras y anunci que no aprobar nuevas reas protegidas.

Bolsonaro tampoco duda en repeler las crticas diciendo que son parte de un complot del exterior para quedarse con la Amazonia brasilea. Esa retrica tiene antecedentes desde por lo menos la dcada de 1970, cuando el gobierno militar se opona a las primeras negociaciones internacionales ambientales. Bolsonaro revive parte de ese vocabulario, viene colocando a militares en puestos afectados a la gestin ambiental y ha dado seales de resucitar un programa de control militar en las fronteras amaznicas. Bajo esas condiciones, no puede sorprender que recibiera cierto respaldo de otro gobierno muy conservador, el de Ivan Duque en Colombia. Este tambin ha presentado un nuevo plan de desarrollo en el que la gestin ambiental pasa a ser parte de la estrategia de seguridad del Estado.

Lo geopoltica amaznica

La condicin internacional de la Amazonia volvi al primer plano con la reaccin internacional ante los incendios. Una circunstancia que aprovech Emmanuel Macron, en la que hay poco de ambientalismo y mucho de oportunismo comercial y poltico. Pero el problema es que, por lo menos desde la dcada de 1980, los gobiernos brasileos por un lado insisten en el control soberano sobre su Amazonia, pero al mismo tiempo repiten que no tienen dinero para protegerla y reclaman ayudas a los pases industrializados. Desde all se construyeron diversos mecanismos, financiados especialmente por Europa.

Por ejemplo, en 1992 se inici el Programa Piloto de Proteccin de los Bosques Tropicales del G7 (Ppg7), que funcion hasta 2009, con un presupuesto de ms de 460 millones de dlares. Cuando se haca lobby por esos dineros, desde Brasil se insista en que la Amazonia era un ecosistema nico en el planeta y que los pases ricos deban colaborar a protegerlo. Tambin se alent una visin deformada, como si slo existiera Amazonia en Brasil, dejando en segundo plano a los otros pases que comparten la cuenca. De ese modo, las propias autoridades brasileas durante al menos 30 aos han contribuido a ese entrevero que ha oscilado entre una Amazonia solo ma a otra que sera de toda la humanidad.

La actual crisis ha expuesto en toda su crudeza las tensiones entre la soberana nacional y las responsabilidades ecolgicas, no slo hacia adentro de un pas, sino con sus vecinos y con la salud ecolgica planetaria.

La cenizas ideolgicas

El problema se vuelve ms complejo cuando se entiende que las quemas y la crisis ambiental se repiten en las naciones vecinas. No sorprende que ocurra con gobiernos conservadores como los de Colombia, Per y Paraguay. Ms difcil se vuelve asumir que en Bolivia, desde posturas ideolgicas que se presentan como opuestas, tambin se han debilitado los controles ambientales, se perdonaron las faltas a los deforestadores y se alienta el avance del agronegocio.

El gobierno de Evo Morales cita a la Pachamama, pero sus acciones concretas han sido las de promover la explotacin minera, petrolera y agropecuaria, y por ello enfrenta un desastre ecolgico similar. As como Bolsonaro ataca a los ambientalistas, la administracin de Morales se burla de ellos, los hostiga y ha amenazado con expulsarlos del pas.

En los progresismos, la retrica se nutre de otros argumentos. Por ejemplo, el vicepresidente boliviano, lvaro Garca Linera, cita a Marx y a Lenin, pero tambin sostiene que la proteccin de la naturaleza es un invento del norte y por eso no deberan ser guardabosques de nadie. Tuvieron xito en esa promesa: no cuidaron los bosques y ahora se estn incendiando. Y aunque los aderezos de sus discursos son opuestos a los de Bolsonaro, las similitudes en sus esencias dejan un gusto muy amargo.

Por todo esto, cuando se leen los titulares de la prensa en Madrid, Londres o Pars, siempre queda esa sensacin de que realmente no estn entendiendo lo que ocurre aqu en el sur. Es ms sencillo atacar a Bolsonaro, en tanto es machista, racista, violento y autoritario, pero es ms dificultoso asumir las serias contradicciones en otras tiendas polticas. Nos cuesta entender que estamos ante una crisis ecolgica de escala continental y que ella tambin expresa el agotamiento de las ideologas polticas herederas de la Europa ilustrada. Las viejas polticas, todas ellas, han caducado. La cuestin es comprenderlo para construir alternativas antes de que se queme el ltimo rbol.

* Miembro del Centro Latino Americano de Ecologa Social.   https://ctxt.es/es/20190828/


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter