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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2019

Pactar el proyecto

Antonio Antn
Rebelin


Tras cuatro meses desde las elecciones generales del 28 de abril, la situacin poltica sigue bloqueada y cada vez parece ms cercana la repeticin de elecciones. No ha habido una negociacin seria para conformar un gobierno de progreso. La estrategia de Snchez (con sus asesores y la direccin socialista), desde el da siguiente, ha sido clara: un Gobierno monocolor con su propio programa.

Es un proyecto unilateral y prepotente, inadecuado respecto de la realidad plural, parlamentaria y social, y la necesidad de pactos para completar su minora parlamentaria y la legitimidad pblica de la accin gubernamental de progreso, confrontada con las derechas. El Partido Socialista se considera legitimado por derecho propio (no hay alternativa), echa la culpa a los dems de la no aceptacin o subordinacin a ese plan y deja pasar el tiempo con una guerra meditica y poltica de desgaste hacia el resto, en particular hacia Unidas Podemos a quien quiere doblegar, a pesar de declararlo socio preferente.

En la anterior investidura la amenaza socialista de repeticin electoral no era verosmil porque haba una segunda oportunidad. Ahora, que es ms imperioso conseguir su objetivo de gobernar en solitario y sin ataduras, se convierte en un chantaje ms creble. No obstante, aparte del rechazo de la mayora de la ciudadana, hay dos temas que cuestionan la legitimidad de su opcin de ir a elecciones anticipadas.

Por un lado, habiendo posibilidades de un Gobierno compartido con Unidas Podemos , que se toc con la punta de los dedos y se reconoce que sera una base aceptable para ambos, no se comprende su retirada por el presidente Snchez; solo se puede interpretar como castigo desde la prepotencia para imponer su objetivo central: el monopolio del poder y la marginacin de Unidas Podemos .

Por otro lado, ante la gente, especialmente la progresista, no hay suficientes motivos (expresos) que justifiquen esa convocatoria: solo persigue una modificacin de la representacin poltica de las izquierdas algo ms favorable para el Partido Socialista , en perjuicio de las fuerzas del cambio. Pero, para esa redistribucin interna del campo progresista no tiene suficiente sentido someter al conjunto de la ciudadana a una nueva decisin, aumentada con la incertidumbre de otro escenario posible: la victoria de las derechas por la desactivacin electoral de la gente progresista inmotivada por la irresponsabilidad de ese objetivo y la ausencia de un nuevo proyecto atractivo de cambio social e institucional, sin tanto temor, ahora, hacia la ultraderecha.

Tres hiptesis sobre el nuevo reajuste postelectoral

Por tanto, aunque el Gobierno socialista trate de eludir su responsabilidad por la convocatoria electoral echndosela a la espalda de los dems, la decisin es suya. Y frente a un acuerdo equilibrado sobre un proyecto plural y de progreso con Unidas Podemos , que rechaza (de momento), debe elegir qu hacer ante tres hiptesis.

Primero, su escenario preferido y su ilusin: mejorar esa relacin de fuerzas polticas para consolidar su proyecto hegemonista de fondo, con una dinmica continuista, socioeconmica, territorial, europea e institucional, tras este ao de promesas e indecisin.

Segundo, su escenario temido: la victoria (relativa) de las derechas con una gestin regresiva que imponga una gran involucin social y poltica. No quiere hacerse cargo de esa posibilidad que utiliza para meter miedo a los dems sin asumir el riesgo de que se puede terminar esta expectativa de cambio de progreso. Les dejara en la oposicin para una larga temporada, con la agudizacin de su descrdito y debilitamiento poltico, pero, sobre todo, con unos efectos desastrosos para el conjunto de la mayora social y, especialmente, la ciudadana progresista.

Y, tercero, su escenario frustrante: la reproduccin de un equilibrio similar, aunque sea algo ms favorable hacia ellos, con la necesidad de volver a negociar acuerdos con Unidas Podemos y sectores nacionalistas; y para ese viaje no se necesitaran tantas alforjas, ni someter a la ciudadana a un impasse de casi un ao. La tarea volvera a ser conformar un gobierno compartido con un proyecto de progreso o una nueva interinidad transitoria hasta conseguir una mayora suficiente o convencer a Rivera de la operacin gran centro.

Todo parece indicar que los asesores de Snchez, aprendices de brujo, le aseguran un escenario embellecido tras la repeticin electoral: su completa hegemona institucional entre las izquierdas, con la derrota estratgica de las fuerzas del cambio y un nuevo bipartidismo, con su penetracin en el electorado centrista a costa de un Ciudadanos derechizado y subordinado al PP.

Un plan irrealista, centrista y antipluralista

Por tanto, el plan del Partido Socialista es dependiente de esta expectativa doble: por un lado, obtener unos mejores resultados electorales, para imponer un Gobierno en solitario con un programa centrista y uninacional; por otro lado, forzar el debilitamiento de Unidas Podemos y sus aliados, incluso alimentando su divisin y la irrupcin de una agrupacin de izquierda ms adaptable a la hegemona socialista, de la mano de Errejn.

Pero ese objetivo es iluso por prepotente y antipluralista: cerrar el ciclo de la posibilidad de cambio social, democrtico y de progreso en Espaa, generado desde 2010/14 y consolidar la normalizacin institucional bajo el nuevo bipartidismo. Ello supondra renunciar a las transformaciones sociales e institucionales necesarias y a una solucin dialogada y pactada respecto del conflicto territorial y, especficamente, el cataln. Incluso, a medio plazo, pretendera recuperar la operacin gran centro, tras la aventura fallida de Rivera de hacerse con la hegemona de las derechas y para aislar al PP (y VOX), y consolidar su centralidad para no dejar alternativa creble a su derecha y a su izquierda. Todo un modelo de gobernabilidad continuista de una socialdemocracia a homologar con el eje liberal de Merkel-Macron.

El punto dbil de ese plan es su escasa legitimidad ante las bases progresistas en Espaa, mayoritarias respecto del electorado de derechas, que aspiran a un cambio real de progreso. Adems, existe la posibilidad real de llevarlo a cabo, sin aventuras innecesarias de nuevas elecciones, ante las que podran evidenciar su desafeccin a un proyecto prepotente.

Por tanto, su interpretacin de la necesidad de acuerdos est mediada por ese plan unilateral que solo admite una plena subordinacin de las fuerzas a su izquierda y unos pactos de Estado con su derecha. Dentro de su proyecto se difuminan las polticas concretas tras los objetivos de la justicia social, la democratizacin institucional, el reconocimiento de la plurinacionalidad, el respeto al pluralismo poltico y el giro de progreso que este pas necesita.

La expectativa ciudadana, tras el 28-A, de que podra articularse un proyecto compartido en torno a esos objetivos progresistas va decayendo. El motivo es esa determinacin de la direccin socialista por imponer su proyecto: monopolio del poder, continuismo programtico y ventajismo antipluralista. Solo que, ante la falta de legitimidad cvica, la oposicin de parte de sus bases electorales y la firmeza del espacio del cambio, han tenido que redoblar la imposicin propagandista (la pugna por el relato) para sustituir esa expectativa por sus otras prioridades que solo estaban latentes en el 28-A, que se empezaron a descubrir el da despus y que se han manifestado claramente las ltimas semanas.

Las causas de fondo de la posicin hegemonista

Cul es el proceso de fondo que explica esa posicin tan hegemonista y ambiciosa. Qu proyecto estratgico hay detrs que d coherencia a una posicin tan rgida, con la sola excepcin de una conversacin apresurada durante solo cuarenta y ocho horas en vsperas de la fallida investidura. Ese es el marco para interpretar las dificultades para formar un Gobierno de progreso y, sobre todo, para poder vislumbrar una solucin compartida pactando un proyecto gubernamental unido, plural y equilibrado, con una orientacin democrtica y de justicia social, para el que hay tiempo, aunque poco y con poca voluntad.

Hay un problema de confianza y de liderazgo, pero solo se puede resolver consensuando el proyecto comn de pas y el equilibrio plural de la gestin y la representacin poltica. Para Snchez las dos condiciones estaban resumidas en el escollo de Iglesias y su correspondiente exclusin del Gobierno. Pero una vez aceptado echarse a un lado aparece la sustancia profunda: el papel subordinado (y callado) de la representacin de Unidas Podemos. Antes era con la frmula de independientes o expertos afines sin calado poltico propio; despus, sin apenas competencias y autonoma de gestin; siempre sometidos a la disciplina colectiva del Consejo de ministros y su Presidente, especialmente en su funcin comunicativa y ante los posibles desacuerdos. No se planteaba pactar los desacuerdos o regular cierta pluralidad en la expresin, no de los ministros pero s de la propia fuerza poltica, incluido en el tema cataln, sino acumular ms justificaciones y pretextos para imposibilitar el acuerdo.

Es decir, el escollo principal va ms all de restringir la relevancia poltica de Iglesias; sale, por fin, a la luz y alumbra apenas este periodo tras la investidura fallida y de preparacin de las nuevas elecciones generales despus de la escenificacin de la segunda investidura fallida: total control y hegemona poltica, centrismo programtico (adornado de participacin de la sociedad civil, pero sin prioridades ni garantas de cumplimiento) y continuismo territorial, con la neutralizacin a medio plazo de una salida y un espacio por la izquierda. As, es imposible construir una confianza mutua que la direccin socialista no persigue, particularmente, con Unidas Podemos.

El coste para implementar esa hegemona es doble. Por un lado, hacia Ciudadanos como competidor de una base electoral a recuperar, con su castigo por su renuncia a la operacin gran centro, la ms querida por la direccin socialista (y los poderes fcticos y europeos). Est claro el objetivo inmediato socialista de promover su debilitamiento y su crisis como medio para presionar hacia su reorientacin y obligarle (o que le obliguen) a su vuelta al redil del gran centro. Es la ilusin, dentro del bipartidismo con consenso de Estado, del aislamiento gubernamental prolongado del PP (y su apoyo en Vox y CS), garantizando la hegemona socialista desde la centralidad institucional y programtica, es decir, para el continuismo neoliberal-renovado y uninacional y la gestin principal de la responsabilidad del Estado. Su punto dbil: que las derechas y lo que representan, no se dejan.

Por otro lado, la presin es hacia Unidas Podemos y sus aliados de los Comunes de Catalua y Galicia, como representacin poltica e institucional de todo un espacio alternativo generado en Espaa en esta ltima dcada con un perfil democrtico y de justicia social, que es el aspecto de fondo a aminorar y someter.

El dficit en la clarificacin del proyecto de cambio

Lo que no se ha discutido expresamente y permea el debate del tipo de composicin gubernamental y su programa poltico es el proyecto de conjunto que articula ambos aspectos y que define un modelo de pas y, especficamente, un modelo de gobernabilidad con un reequilibrio plural de poder institucional que contemple su desarrollo a medio plazo. Y no puede subsumirse en el tipo de gobierno, monocolor o compartido, o un programa, sobre el que hay que precisar su orientacin global y sus prioridades, as como las garantas de su cumplimiento.

El pretexto de fondo para rechazar un Gobierno compartido es la distancia de proyecto, no solo de programa (Catalua, reforma laboral, pensiones), sino del modelo de pas que se va implementando, la actitud conjunta ante sus obstculos y los poderes establecidos y, particularmente, la dinmica sociopoltica generada para el reequilibrio de poder y legitimidad conseguidos a travs de su gestin. Ejemplo de ello han sido las ltimas exigencias socialistas de Gobierno cohesionado frente a dos (supuestos) gobiernos, con el peligro de la insubordinacin o autonoma de Unidas Podemos en su gestin y actividad comunicativa para su beneficio partidista.

En el lado contrario, las contraofertas de Unidas Podemos , no solo de concesiones programticas y de la relevancia cualitativa y competencial de su gestin, sino de compromiso de lealtad ante las polticas de Estado, dejadas en manos socialistas. Pero no han sido suficientes para el Partido Socialista ; quiere ms compromiso en la sumisin.

Por tanto, este tema central de regulacin del pluralismo apenas se ha discutido. Al dar por supuesto, desde el principio, la imposicin del Gobierno monocolor expresa la direccin socialista su falta de voluntad para aceptar un proyecto negociado y compartido. Por otra parte, al hacer, fundamentalmente, hincapi en el Gobierno de coalicin no se ha abordado el sentido y la regulacin del proyecto de conjunto.

Al final, el Partido Socialista, como una justificacin ms, admite la distancia irreversible de proyectos, la famosa falta de confianza o fiabilidad, cuando no ha querido entrar a fondo en hablarlo y pactarlo. Pero esa es la nica posibilidad de avanzar en un compromiso: la clarificacin y articulacin, dentro de un proyecto compartido, de los legtimos intereses partidistas, los reajustes de la gestin gubernamental y la representacin poltica, con un diseo de los equilibrios de poder y el proceso global de transformacin para Espaa.

Por tanto, la negociacin, no hecha, debera haber garantizado, no solo la alianza poltica e institucional y la estabilidad del cambio de progreso a implementar, sino las garantas y potencialidades para su desarrollo equilibrado a medio plazo, en la bsqueda de un inters comn: consolidarse las dos partes y dar prioridad a un ciclo de cambio progresista en Espaa (y referente en la Unin Europea), en detrimento de una dinmica reaccionaria y regresiva de involucin social, democrtica y cultural hegemonizada por las derechas e incluida la ultraderecha.

Es la expresin de un proyecto poltico, que aunque incorpora una determinada composicin del Gobierno y de programa, tiene un fondo ms global, sin discutir pblicamente: el tipo de pas y, sobre todo, el tipo de articulacin representativa y de poder que se desea para el prximo lustro. Sin embargo, el objetivo subyacente de la direccin socialista parece que se concentra en cerrar la etapa de incertidumbre para su hegemona provocada por la relativa paridad representativa en las izquierdas surgida en las elecciones generales de 2015 y 2016, con la consolidacin del llamado espacio del cambio (incluido en el mbito de los grandes ayuntamientos e, incluso, superando al Partido Socialista en algunos territorios significativos como Catalua).

As, se deduce la determinacin de obtener el monopolio del poder, de su gestin y orientacin programtica continuista, con garantas para su reproduccin y ampliacin poltico-electoral; conlleva la subalternidad de Unidas Podemos , para evitar su consolidacin. Por tanto, se trata de un objetivo de parte, ventajista y escasamente democrtico. Adems de irrealista, no respeta el pluralismo poltico, ni los resultados electorales. Est pensado para seguir modificando el estatu quo , el equilibrio a su favor de las fuerzas representativas entre las izquierdas. La consecuencia sera terminar con un ciclo poltico en el que se ha puesto en cuestin su total hegemona, se ha roto con el bipartidismo en la representacin de las izquierdas (tambin en el de las derechas) pero con una relacin de fuerzas que todava es de dos a uno en votos. Es, todava, una situacin en disputa; o sea, un riesgo para la estabilidad a largo plazo de su poder y la etapa poltica venidera.

Qu hacer ante la investidura y ms all

Una ltima aportacin para las fuerzas del cambio. Aparte de la necesaria reflexin sobre las deficiencias y errores cometidos, se impone el debate sobre algunos interrogantes. Qu hacer con semejante pretensin y chantaje de la direccin socialista de gobernar en solitario, con el monopolio (real) programtico y de gestin y su deseo de la derrota estratgica y disgregacin del espacio del cambio? Llegar al precipicio, saltando a la convocatoria electoral, aun sin la seguridad de ganar de forma partidista, antes que admitir un proyecto pactado, con una base programtica de izquierdas acordada y una gestin compartida? O es otro farol, para imponer a Unidas Podemos una rebaja mayor y una completa sumisin, inaceptables para ellos, sacar ventaja meditica en la campaa electoral y despedir cualquier espejismo de su participacin institucional a nivel estatal, incluso de su aceptacin plural como un actor suficientemente representativo?

En todo caso, sin esperar que el Gobierno de Snchez asuma su responsabilidad y antes de que nos someta a esos riesgos para la ciudadana a costa del espejismo de su refuerzo ventajista, hay que hacer un ejercicio desde la responsabilidad colectiva por el futuro de progreso para el pas y en beneficio de la mayora cvica. La propuesta buena, el Plan A, es el acuerdo integral, programtico y de gestin, articulado en un proyecto compartido, que dara solidez al compromiso y es el mbito por precisar.

Pero, ante su imposibilidad derivada de la previsible prepotencia socialista y su voluntad de ir a nuevas elecciones, y contando con la correspondiente pugna por el relato sobre su responsabilidad por no aceptar un proyecto unitario de cambio, cul sera la alternativa menos mala, el Plan B. Existe, o es conveniente? Es un debate urgente y necesario de realizar colectivamente para adoptar una posicin lo ms consensuada posible.

Diversos analistas, con argumentos adaptativos y/o radicales, prefieren, ante esa tesitura extrema, ofrecer el apoyo de investidura a Snchez, evitar la convocatoria electoral con el riesgo de mayor involucin social y democrtica y realizar una actividad posterior de oposicin y/o acuerdos concretos, aparte de reforzar el campo propio de las fuerzas del cambio. Otra posicin es afrontar con serenidad el reto electoral, con la esperanza de neutralizar los escenarios ms negativos, defender similar equilibrio representativo y de influencia y evitar las grietas y divisiones internas. Faltan algunos datos y el impacto de los relatos respectivos. Ambas tienen pros y contras y aventuran una etapa de incertidumbre. Quiz haya otras. Se trata de acertar y dar una leccin de inteligencia y liderazgo colectivos por el bien del pas, de la democracia y la justicia social, as como del espacio del cambio de progreso.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

@antonio.antonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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