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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2019

Afganistn
La pequea Marwa, con su pierna de plstico

Higinio Polo
Mundo Obrero


El 29 de mayo de 2019, el South China Morning Post, el principal diario en ingls de Hong Kong, publicaba una noticia, acompaada de un video, sobre una familia afgana afectada por un terrible suceso que haba tenido lugar el ao anterior. No era ninguna primicia: unos meses antes, un fotoperiodista australiano que vive en Afganistn, Andrew Quilty, public un reportaje explicando el aterrador destino que la guerra impuesta por Estados Unidos haba reservado a esa familia, que vive hoy inmersa todava en el dolor, y convive con el deseo de salir adelante, de olvidar el miedo.

Hace ya dieciocho aos que Estados Unidos inici la guerra en Afganistn, pero el sufrimiento no se ha detenido y la poblacin civil sigue soportando los bombardeos, los combates, las minas y bombas enterradas que un da estallan. El ao 2018 ha sido el ms mortfero desde entonces: sin contar a los combatientes, de los 3.804 civiles afganos que han sido asesinados, 927 eran nios. Miles de personas mueren cada ao como consecuencia de la guerra, y centenares a causa de esas bombas perdidas, que no estallaron. La gran mayora de quienes mueren as son nios: encuentran objetos con los que creen que podrn entretenerse, ignorando que jugarn con la muerte.

Andrew Quilty encontr a Hamisha Gul, padre de una numerosa familia que vive en Saed Tuba, Nangarhar, al este de Kabul y cerca de la frontera con Pakistn, y l le cont su historia: el 29 de abril de 2018, despus de un intenso bombardeo el da anterior, uno de sus hijos pequeos encontr un objeto extrao en el campo: lo recogi y lo llev a su casa, para ensearlo a sus hermanos, para jugar. Poda ser un juguete, pero era una granada que no haba estallado: explosion en la casa matando a tres de sus hermanos e hiriendo de gravedad a los otros siete, que sufrieron graves amputaciones en piernas y brazos. Aman tena cinco aos y Rabia siete; Mangal era un poco ms mayor: tena ocho aos; y Bashir, que vio cmo su pierna izquierda desapareca, tena nueve aos. Peor suerte corri su hermano gemelo, Abdul Rashid, que perdi las dos piernas. La pequea Marwa, que solo tena cuatro aos, perdi su pierna derecha; su madre y su hermana gemela murieron.

En el video publicado por el South China Morning Post se ve a los nios sentados en un banco intentando ajustarse las prtesis de plstico. En el centro, la nia ms pequea, tocada con un pauelo lila, se aplica con su pierna artificial, mientras uno de sus hermanos se acaricia el mun de la suya. Despus, se ve a todos caminar trabajosamente con sus muletas, y a uno de los nios sentado en la silla de ruedas, con la que apenas puede avanzar por el suelo pedregoso. Detrs, uno de sus hermanos, con las dos piernas amputadas, lo sigue con dificultad. Vemos a uno de ellos llevar despus la silla de ruedas de su hermano, mientras va dando pequeos saltos con una sola pierna: van a la escuela por los caminos de tierra, porque saben que, si tienen un futuro, solo vendr con el conocimiento y la paz. Vemos tambin a otra de las nias, con un vestido rojo, que deja ver su pierna de plstico, y un bonito pauelo negro en la cabeza, aplicarse en una pizarra rota, donde escribe, porque hay que seguir luchando por la vida.

Los vemos despus con su padre, comiendo sobre una alfombra en el suelo, como hacen las familias afganas humildes, repartindose el pan. Y hasta juegan con la pelota, y alguno ya es capaz de chutar el baln con la pierna artificial. Shafiqullah es ms mayor, tiene quince aos, y aunque ha perdido las dos piernas es capaz de explicar serenamente lo que ocurri aquel da aciago, y de sonrer mientras se pone las piezas ortopdicas. Como Mangal, de once aos, que tambin describe el da en que una guerra infame les cambi la vida para siempre.

Afganistn es otra de esas guerras, la ms prolongada, que fueron decididas en las mesas de los generales del Pentgono y siembran la muerte por doquier; militares que no se avergenzan de que sus aviones descarguen bombas sobre la poblacin civil, que, muchas veces, perdidas, olvidadas, estallan despus entre las piernas de los nios. Los siete hijos de Hamisha Gul han tenido que aprender a caminar de nuevo con sus rgidas prtesis. Ahora, la pequea Marwa camina ayudada con sus muletas, y no puede evitarse que se oprima el corazn cuando ves a sus hermanos, a todos los nios, uno tras otro, avanzar cojeando con sus piernas de plstico, camino de un futuro que desconocen.

Fuente: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=8580

https://twitter.com/SCMPNews/status/1133725931468664832

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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