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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2019

A propsito de Allende y la Unidad Popular

Juan Pablo Crdenas S.
Politika


El prestigio poltico y la solvencia moral de Salvador Allende se acrecientan con el tiempo y sobrepasan con creces los de las instituciones que se vincularon a su gobierno. Su gloria solo puede ser compartida por quienes cayeron con l, combatieron la Dictadura y, luego de sta, han tenido un comportamiento acorde a los valores que en un tiempo representaron la Unidad Popular y otras organizaciones. Cabe reconocer, por esto mismo, que los partidos y los militantes polticos que formaron parte de los gobiernos de la Concertacin y de la Nueva Mayora, ms bien terminaron despreciando (traicionando para algunos) las ideas del Presidente Mrtir, cuando no hacindose carne de la herencia pinochetista, su rgimen neoliberal, como su institucionalidad autoritaria.

De ello hablan las nuevas privatizaciones emprendidas por quienes alguna vez apoyaron la nacionalizacin del cobre o la consolidacin de un sistema salarial y previsional agraviante para la inmensa mayora de los trabajadores. As como todo los despropsitos de la salud, educacin y otros derechos a los cuales Allende le asignaba un rol principalsimo al Estado.

Consecuencia de lo anterior es que Chile ahora es un pas con una enorme brecha entre la situacin de los pobres y ricos. Al mismo tiempo que nuestra soberana hacia todos los puntos cardinales le pertenece en realidad a los inversionistas forneos y a los ms poderosos consorcios transnacionales. Al extremo que empresas extranjeras son las dueas de nuestros recursos naturales como el agua, los bosques y nuestro ancho ocano. Es ms, Chile fue convertido por los militares y los supuestos gobiernos democrticos en el paradigma mundial y regional del capitalismo salvaje y altamente depredador de la naturaleza y la dignidad humana. Adems de que nuestro sistema poltico est seriamente interferido por la corrupcin como, a juicio de nuestros propios gobernantes, por el propio narcotrfico. Una lacra que suponamos no prosperara nunca entre nosotros.

De verdad, no quedan rastros del pensamiento de Allende en las prcticas de los partidos que en algn tiempo abrazaron con tanto entusiasmo la ideologa marxista o el pensamiento social cristiano. Para ello baste releer los discursos del extinto presidente en la Universidad de Guadalajara, en Mxico, o en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en textos que expresan a cabalidad un ideario plenamente vigente hoy, sobre todo despus de los estragos que en el Planeta est ocasionando la explotacin ecocida de nuestra naturaleza, la avidez empresarial y el consumismo insensato. Mientras la inmensa mayora de los pueblos permanecen en la pobreza y la marginalidad.

Otra vez en manos de la derecha los gobiernos de muchas de nuestras naciones, es innegable que este fenmeno tiene poderosa explicacin en la renuncia de las izquierdas a los valores de la justicia social, en la avidez de los partidos polticos por el goce del poder, cuanto en la descomposicin tica de muchos dirigentes que en el pasado fueron activistas de las reformas econmico sociales, denunciaron el imperialismo y alentaron, incluso, el internacionalismo proletario. Hoy costara mucho en nuestro Parlamento trazar una lnea divisoria entre los que se han acomodado al sistema vigente o buscan sinceramente el cambio. As como es ntido comprobar tanta semejanza en las obras de gobiernos que se supona de distinto signo ideolgico y textura moral.

Por eso es que resulta tan extrao que a poco menos de cincuenta aos del triunfo de Allende en las urnas haya quienes quieran mirar al pasado, evocar su historia y testimonio a objeto de sacarle lustre a sus ambiciones electorales. No se puede negar que mucho explica nuestro quiebre institucional de 1973 el ejercicio del sectarismo y la forma en que ya entonces muchos traicionaron a Allende, coadyuvaron a su magnicidio y al derrumbe democrtico. Porque no toda la responsabilidad de lo acontecido, ciertamente, se le puede atribuir al golpismo poltico militar o la injerencia de Estados Unidos.

Lo mejor sera en este mes de septiembre reivindicar solo el pensamiento de Allende y ms bien dejar de lado las instituciones del pasado. Superar, entre otras, la propia experiencia de la Unidad Popular que en los hechos impidi una ms amplia unidad poltica y social del pueblo. As como, por fin, asumir como leccin el bochornoso comportamiento de quienes a partir del bombardeo de La Moneda se preocuparon ms de salvar sus vidas que emular su ejemplo. Una promesa que todava tanto se vocifera.

Aceptar, por ejemplo, lo que Allende nos advirtiera en su discurso final, en cuanto a que otros hombres superarn este momento gris y amargo y la responsabilidad de abrir las anchas avenidas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. Y no por los revenidos dirigentes que medio siglo despus medran todava en el Congreso Nacional, los partidos y otras instituciones, contemporizando y cogobernando con quienes se alzaron contra l y produjeron la tragedia por todos conocida. Encendidos izquierdistas o revolucionarios de ayer ubicados ahora a la diestra de la derecha poltica y los poderosos empresarios. Como sacralizados, por supuesto, por la Casa Blanca.

2019 Politika | [email protected]



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