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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2019

Hombres & Terrorismo (II)
Terrorismo y masculinidad

Sarah Babiker
www.elsaltodiario.com

M. sale de casa, todo est listo, la adrenalina bulle, no hay marcha atrs. Las armas cargadas, el plan bien meditado: lleg el momento.


M. est frente a la pantalla del ordenador, navega por el foro donde ha pasado tantas horas en los ltimos tiempos. En este espacio ha ledo y visto muchas cosas. Cosas en las que reconocerse, cosas para exaltarse, cosas que reafirman lo injusto e inmenso de la afrenta cometida contra su persona y el nosotros al que pertenece, cosas que calman su dolor, avalan su rabia y le sealan un camino.

No es la primera vez que M. escribe un mensaje en este foro, pero esta es la definitiva, la que dejar huella. Porque lo de M. ya no es un mensaje, inane palabrera sin consecuencias, es un manifiesto, un comunicado, cosas que no escribe cualquiera, slo la gente grande, esa que est dispuesta a hacer lo que se tiene que hacer, cuyas acciones trascendern.

M. sale de casa, todo est listo, la adrenalina bulle, no hay marcha atrs. Las armas cargadas, el plan bien meditado: lleg el momento. M. no es cobarde, tiene las agallas para pasar a la accin y va a demostrarlo. Se van a cagar esos hijos de puta! se dice apretando la mandbula.

Llega a su objetivo, se siente fuerte, trascendente, empieza a disparar. Ha fantaseado muchas veces con este momento. No le faltan referentes en el cine o en los videojuegos. Su mente se llena fcilmente de imgenes de violencia y muerte. Pero hoy es diferente, todo es real y M. es quien lo hace posible. Tiene el poder, ya han cado varios cuerpos. Los llantos y gritos de terror alimentan su adrenalina y su pulsin de destruccin. En unas horas, los medios de comunicacin difundirn la gesta de M. las manchas de sangre en el suelo, las caras aterradas de sus vctimas.

Quin ser M.? Un islamista que quiere vengar la humillacin del los musulmanes del mundo sembrando el terror contra civiles occidentales para que tiemblen esas grandes potencias infieles y enemigas? ser M. simpatizante del supremacismo blanco, habr salido a la palestra para defender a su pueblo de esos brbaros islmicos, de la invasin latina? De qu hablar su manifiesto? De la yihad? De Soros y el gran reemplazo? sern sus vctimas turistas europeos, musulmanes en una mezquita o un mercado, personas LGTBIQ en una discoteca, latinos que hacan la compra, jvenes socialistas en un campamento? Todas estas opciones son posibles.

Y M., a quien hasta ahora no hemos asignado un gnero, ser un hombre o una mujer?.

El terrorismo ocupa un lugar central en la agenda global, genera una parte importante de los titulares que aparecen en los diarios, es uno de los principales fantasmas que acechan el futuro y el presente, habita los programas y arengas partidarias. Se recurre a los miedos que espolea para hacer polticas represoras y liberticidas. A veces se emplea para descalificar luchas justas contra la opresin. Otras se enarbola para descalificar al oponente poltico acusndole de inaccin e incapacidad o directa complicidad.

En lo que se ha llamado crisis de la masculinidad Connell prefiere definirla como una crisis en el orden de gnero la masculinidad cmplice se siente frgil y atacada, el recurso a la violencia es una forma de canalizar este malestar

En la historia reciente, los denominados grupos terroristas se alterizaron en gran medida. Desactivadas las brigadas Rojas y el IRA , ETA o la alemana Baader-Meinhof, los terroristas comenzaron a encarnar cada vez ms un otro amenazador, un fundamentalista dispuesto a desplegar todo su extico fanatismo en forma de muerte y destruccin.

Ahora discutimos por qu los actos criminales si son cometidos por alguien que se ajuste a este patrn alterizado, son identificados como atentados, mientras que, cuando la masacre es perpetrada por una persona blanca es definida como un tiroteo o ataque.

Por qu en lo que unos es fanatismo religioso, en los otros es desorden mental e innadaptacin? Esta perspectiva es necesaria y urgente en trminos antirracistas y antifascistas. Pero de lo que mucha menos gente habla es de por qu, sea supremacista, fundamentalista rabe o cerril antisemita, lo ms probable es que M. sea un maromo.

La estudiosa de las masculinidades R.W. Connell ha desarrollado la idea de masculinidad hegemnica como una forma de organizacin social (relacional, dinmica y en disputa) que no solo tiene que ver con la dominacin patriarcal sobre las mujeres sino que establece jerarquas entre los hombres. En grandes rasgos en lo ms alto de las relaciones de poder entre gneros estn los hombres blancos heterosexuales y un repertorio de cualidades que tienen que ver con la valenta, el poder, la autoridad, la fuerza, la ausencia de debilidad o caractersticas asociadas a lo femenino.

En esta situacin relacional, Connell apunta que dado que slo hay una pequea cantidad de hombres que ocupan esa posicin hegemnica el sistema debe por fuerza sostenerse sobre un grupo mucho ms amplio, hombres que sin estar arriba apoyan esta estructura y aspiran a ascender en ella: se trata de la masculinidad cmplice. Tambin habla la autora de la masculinidad marginal, aquellos a quienes les es negada la posibilidad de ejercer esta masculinidad por razones de clase, de raza, de orientacin sexual o una mezcla de todos ellas.

No hay lucha entonces contra la violencia en general, y por ello, tampoco la hay contra el terrorismo que no pase por poner la masculinidad bajo el foco

La violencia puede llegar a ser una forma de exigir o afirmar la masculinidad en luchas de grupo, dice Connell. U operar, aade, como una afirmacin de la masculinidad marginada frente a otros hombres. As, en lo que se ha llamado crisis de la masculinidad Connell prefiere definirla como una crisis en el orden de gnero la masculinidad cmplice se siente frgil y atacada, el recurso a la violencia es una forma de canalizar este malestar.

El terrorismo Incel, la violencia de aquellos hombres que prcticamente admiten que es su exclusin de la masculinidad hegemnica e incapacidad de obtener sus privilegios en forma de sexo y relaciones con las mujeres la que les impulsa a matar, es slo el ejemplo ms evidente de esto. Si usamos el concepto de violencia expresiva del que habla Rita Segato en referencia a la guerra contra las mujeres, es decir, la violencia no con una funcin instrumental sino con un fin comunicativo un decir algo a los otros hombres, una afirmacin de masculinidad hacia quienes al da siguiente con M. muerto o prisionero, comentarn la gesta entre s o en los foros y fantasearn con emularle podemos ver bajo otra luz estos actos de terrorismo.

Nadie afirma aqu que todos los hombres sean violentos, o que no haya una parte importante de estos que consciente o inconscientemente desafen esa masculinidad hegemnica, y por supuesto, nadie apunta a una disposicin latente en cada hombre hacia el terrorismo. Obviamente, hay muchos ms hombres vctimas de atentados y ataques que victimarios. Pero todo esto no est reido con el hecho de que la gran mayora de terroristas son varones.

No hay lucha entonces contra la violencia en general, y por ello, tampoco la hay contra el terrorismo que no pase por poner la masculinidad bajo el foco, abrirla en canal y pensar ya de qu modos vamos a desactivar los mecanismos de esa bomba sensible a la frustracin, la sensacin de humillacin e impotencia, que hace que M. pase su vida vertiendo su odio en foros, y siembre la muerte tras armarse hasta los dientes convencido de estar haciendo lo justo y lo necesario.

Un terrorismo lquido y narcisista cuyos objetivos no parecen ir mucho ms all de saciar su propia pulsin de destruccin y reivindicarse a uno mismo como hombre.

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Fuente: https://www.elsaltodiario.com/masculinidades/sarah-babiker-terrorismo-masculinidades-violencia-genero


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