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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2019

Entre el confesionario y el Big Data
Viejas y nuevas maneras de saquear la informacin

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/ Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


Entregar informacin en el confesionario cumple un rol estratgico en el ejercicio del control social. Es una historia que tuvo etapas primeras como confesin pblica de pecados inspirada, incluso, en antecedentes egipcios. Se lo hace pasar por sistema de redencin de pecadores que cometen faltas por des-manejo de las pasiones (quitando el pecado original). Se tipifican, entre otros pecados: la idolatra, el robo, el homicidio o el adulterio (vanse los 10 mandamientos) cuya nica va de correccin es la penitencia que, segn el tamao del mal, tomar tiempo y esfuerzo antes de alcanzar algn grado de perdn. El sistema examina los vicios o pecados contra los que uno debe estar prevenido. Y eso incluye al que peca por la paga y al que paga por pecar. (Sor Juana Ins de la Cruz) Qu hace un confesor con la informacin que recolecta? La silencia?

A San Juan Casiano (entre 360 y 365 Dobruja, Rumana) se le ocurri la confesin privada que, adems de la declaracin de pecados, incluy la ejecucin privada de la penitencia. El confesor pas a ser una especie de compaero espiritual con quien, producto de miedos o arrepentimientos, los fieles comparten problemas o pecados. Pero siempre fue una privacidad relativa. Quien suponga que todo lugar o momento es bueno para arrepentirse y solicitar perdn, se encontrar con el formato burocratizado de la contricin que otorga al confesor y al confesionario lugar, horario y formato sacramentalizados para dar a la reconciliacin un carcter oficial. Dicho literalmente. Nada de eso cancela la confesin, en otros lugares y momentos, por causa de necesidad o urgencia. Mayores detalles sobre la historia de la confesin y del confesionario exceden a ste espacio e intencin.

En la praxis de la confesin ocurre un traslado de informacin y de emociones que, spase o no, se usan para dictar criterios del poder sobre el territorio objetivo y subjetivo. Los recopiladores de la informacin saben todo lo que nadie sabe y todos ellos saben que, poseyendo semejante volumen de datos, tienen ms poder. El secuestro de informacin de primera mano ha variado a lo largo de los siglos hasta consolidarse en sistemas tecnolgicos tambin para el control poltico y mercantil. La actual catarata de denuncias a Facebook por la manipulacin de informacin privada, provista por sus fieles, exhibe el alcance de un latrocinio econmico, poltico y cultural de causas, de formas, de circunstancias y de ganancias. El usuario que deposita informacin en las redes sociales no busca perdn de pecados pero tampoco sabe que, lo que ocurre en el confesionario digital, ser convertido en negocio de magnates. Ahora hemos aprendido sin estar a salvo.

Entre el rito de la confesin y el me gusta de Facebook, surge una penitencia disfrazada. Estando frente el ordenador, el penitente es un confesante digital en contacto directo con su confesor espa. Como en las figuras medievales. No hace falta que diga Yo confiesoante este altar basta y sobra con escribir saludos, comentarios, abrir pginas, guardar imgenes aceptar contactos y desplegar lo que le gusta o le disgusta, frente al teclado y, as, una forma de la confesin ocurre ante un altar ciberntico. La historia de tal entrega de informacin, de la confianza en los confesionarios, registra todas las traiciones en el camino hacia el tribunal de la misericordia divina que es obra de la lgica de la represin para el control social, tarde o temprano. Sonra, lo estamos filmando.

As que el Big data poco tiene de nuevo, al margen de la tecnologa, por cuanto implica recoleccin de informacin para normar sistemas de control mercantilizadas sin el consentimiento de quien provee tal informacin. Trtese de lo que se trate, as sean preferencias musicales o gustos por tal o cual zapato, libro o destino turstico. Quien hace uso de las redes sociales, deposita imgenes, frases, rutinas de uso, tendencias o proclividades de todo gnero y no escapa el grado de amistad o enemistad que profesa por otros usuarios, sus disentimientos o sus debates. No importa si la data es poltica, moral o financiera. Su redencin provine de otras liturgias tecnolgicas. Lo sabe Cambridge Analytica.

En su estado actual, el uso de la informacin provista por internautas a la web, se norma bajo contratos legales generalmente desconocidos por los usuarios que, mayormente, no se detienen a revisar en profundidad, ni claridad, qu dicen las letras chicas ni las letras grandes. Una especie de desidia y confianza ciega, hace que los usuarios acepten casi cualquier cosa escrita en los contratos digitales con las empresas que le proveen servicios basados en entregar informacin de todo tipo. Eso es un campo de impunidad legalizado internacionalmente donde las posibilidades de defensa son escasas, engorrosas e incomprensibles. Como el misterio de la redencin en el confesionario y el perdn divino aterrizado en la consciencia del pecador por medicin de confesores y penitencias.

Esa red empresarial que usa, y mercantiliza, a su antojo la informacin de los usuarios es, adems de una emboscada comercial alevosa e injusta, un peligro social histrico del cul no sabemos cmo podrn salir (en las condiciones actuales) los pueblos hacia su regulacin y para sancionar lo que hubiere que someter a escrutinio racional y justo. Porque, como en el confesionario, jams sabemos qu destino se le da a toda la informacin que se entrega, ingenua o inocentemente, a poderes que no se entienden, que no se conocen a fondo y que nadie sanciona cuando los usan empresarios probadamente desleales, corruptos y enemigos de los pueblos. Para eso no hay perdn ni debe haber olvido. Aunque confiesen sus culpas. Seor Mark Zuckerberg, por ejemplo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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