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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2019

El gobierno de Platn y la sociedad civil

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


En las conversaciones que mantena con un viejo amigo ya fallecido, al comentar los muchos errores que cometan nuestros polticos, me subrayaba siempre lo mismo: Platn tena razn. Habra que ir al gobierno de los mejores, de los sabios. Mi contestacin era tambin invariablemente idntica. El problema radica en quin determina quines son los mejores.

Sin duda, la democracia es un sistema bastante imperfecto y en su funcionamiento, con frecuencia, se cometen muchos desatinos y desmanes, pero hoy por hoy no se ha inventado otro mejor. Lo que no quiere decir que su aplicacin en los respectivos pases no sea susceptible de perfeccionarse. Ciertamente para ser diputado, ministro o presidente del gobierno no se precisa ttulo universitario ni se convocan oposiciones. Se exige solo ser elegido por los procedimientos que en cada caso determina la Constitucin, pero no estara mal que los designados tuviesen algn bagaje intelectual y tcnico.

Comprendo las veleidades sofocrticas o noocrticas que invadan a menudo a mi amigo. l era un intelectual (no ciertamente de la plyade de la farndula que firma manifiestos) y, como tal intelectual, con desviaciones aristocrticas. Resultaba explicable que en ocasiones se desesperase cuando consideraba que el pueblo se equivocaba. Es una falacia y tiene mucho de demagogia afirmar rotundamente que el pueblo no se equivoca. Porque el pueblo con frecuencia se equivoca.

Lo que no es fcil de entender es que esos mismos arrebatos los sufra Pedro Snchez -el de la tesis plagiada- y que exija a los otros el carnet de intelectual para estar en el gobierno. Le guste o no, l no debe el hecho de ser presidente del gobierno a sus dotes intelectuales, profesionales o tcnicas, sino a los votos de los diputados de Podemos, a cuyos dirigentes tiene ahora como apestados y, lo que es peor, a los votos de aquellos que perpetraron un golpe de Estado. Es ms, si ahora cuenta con 123 diputados, paradjicamente se los debe a esos mismos apoyos, porque el resultado que hubiese obtenido en las ltimas elecciones habra sido muy inferior de haber seguido todos estos meses en la oposicin. Y digo que paradjicamente porque el incremento de votos del PSOE corresponde a los que Podemos ha perdido.

El problema de Pedro Snchez es que equivoca los escenarios. Mientras pretende nombrar ministros a tcnicos e independientes, coloca a los polticos de su partido en sitios tcnicos, al frente de las empresas pblicas como si de un botn de guerra se tratase. En el fondo, todo gira alrededor de la misma finalidad, mantener el poder absoluto dentro y fuera del partido. Tras la mocin de censura elabor un gobierno no con los mejores, desde luego, sino con los que le convenan. Una parte, polticos de su extrema confianza (que eran pocos) estuviesen o no capacitados para el cometido. Lo importante era la fidelidad sin fisuras al jefe. La otra parte, por miembros de lo que denominaba sociedad civil, en una composicin de lo ms variopinto: una fiscal, dos jueces, una burcrata europea, un presentador de tele magacn y hasta un astronauta. Lo que buscaba es que no tuviesen personalidad poltica y que nadie le pudiera hacer sombra.

Es por eso por lo que Snchez desbarat la federacin de Madrid y, al margen de toda la estructura orgnica regional, coloc a dedo como candidato a presidente de la Comunidad a un catedrtico de Metafsica, sin ningn enraizamiento en el partido, y que ya ha fracasado dos veces en el cometido. En estas ltimas elecciones complet el cuadro y design (aunque despus se hiciese una mascarada de primarias) como candidato a la alcalda de la capital de Espaa a un buen entrenador de baloncesto. Y es por eso tambin por lo que hasta ahora se ha negado, como si tuviera mayora absoluta, a hacer, bien sea a la derecha o a la izquierda, un gobierno de coalicin. A Podemos lo ms que le ofreci fue incorporar a tcnicos independientes prximos a esa formacin poltica. Las ofertas posteriores no iban en serio (me remito a mi artculo de hace dos semanas).

Y en ese quid pro quo que tan bien practica Snchez -por eso alguien le llam impostor-, tras el fracaso de la investidura, su accin poltica no se ha orientado a dialogar y negociar con las otras formaciones polticas, a fin de obtener el apoyo de diputados que le faltan, sino que ha mareado la perdiz y entretenido el tiempo, reunindose con los representantes de una imaginaria sociedad civil. Nunca he entendido demasiado bien este trmino. Desconfo de l. Pienso que no hay espacio intermedio entre el sector pblico y el sector privado (econmico). A menudo lo que se llama sociedad civil es lisa y llanamente sociedad mercantil: fundaciones, asociaciones, institutos, etc., creados por las fuerzas econmicas y por las grandes corporaciones con la finalidad de controlar la opinin pblica, los valores, la cultura y otros muchos aspectos de la sociedad.

Con frecuencia, otras veces, la llamada sociedad civil es mera prolongacin del sector pblico, solo que sin la transparencia y sin los controles exigidos a las instituciones pblicas. La gran mayora de las llamadas organizaciones no gubernamentales, a pesar de su nombre, tienen bastante de gubernamentales. Viven enchufadas directa o indirectamente a las ubres de los presupuestos, bien sean estos municipales, autonmicos o de la administracin central. A menudo son instrumentos de determinadas fuerzas polticas que, cuando gobiernan en cualquier administracin o institucin pblica, les transfieren recursos de forma opaca y sin la necesaria justificacin.

Lo peor de todo este conglomerado tan variado de fundaciones, asociaciones, organizaciones e instituciones es que no se sabe muy bien a quin representan ni la manera en la que han sido designadas para ser portavoces de colectivos ms amplios. Siendo una minora, se constituyen en medios para forzar e imponer decisiones al margen de los verdaderos representantes de los ciudadanos. El recurso a la sociedad civil se transforma a menudo en un modo de bordear la democracia y los mecanismos constitucionales establecidos.

Tal es la estrategia que parece asumida por Pedro Snchez en estos momentos. Las elecciones le han proporcionado tan solo 123 diputados y, para gobernar, pretende superar esta limitacin, no acudiendo al resto de representantes de los ciudadanos, como sera lgico, sino a una supuesta sociedad civil constituida principalmente por organizaciones afines: ecologistas, feministas, asociaciones de la Espaa desierta (a las que ha prometido algo tan ocurrente como diseminar los organismos pblicos por los pueblos abandonados); representantes de la industria, de la enseanza, del comercio, del turismo, etc., sin que nadie sepa quin les ha dado tal representacin; artistas y cantantes que se definen como organizaciones culturales y, por ltimo, como guinda, las representaciones sindicales y empresariales a las que s se les supone una representacin, pero no poltica, sino social y econmica, y, que en lugar de llamarles a una ronda de consultas abracadabrante, lo que debera hacer un gobierno es promocionar y respetar la negociacin social, cosa que precisamente no ha hecho Pedro Snchez, que hasta ahora ha ignorado a los agentes sociales.

No parece que existan muchas dudas de que la sociedad civil por poco que sea es mucho ms que los convocados por Snchez. Adems, la sociedad (sociedad civil, se supone) ya decidi en las pasadas elecciones. Otra cosa es que, a Snchez, por mucho que lo celebrase por todo lo grande, proclamando que haba ganado las elecciones, no le convenza el resultado, ya que no le permite gobernar autocrticamente. Por cierto, lo de ganar o perder en unas elecciones solo se puede afirmar en los sistemas presidencialistas, pero no en los parlamentarios. En estos, cada formacin poltica obtiene un nmero de diputados, mayor o menor, y el ganar o perder est condicionado a las negociaciones y las alianzas que se establezcan entre ellos.

Snchez hubiera deseado conseguir 350 diputados para poder ejercer el gobierno como un dictador. En realidad, no le gusta la democracia. No le complaca dentro de su partido, y por eso nunca estuvo dispuesto a someterse al Comit Federal, supremo rgano entre congresos. Con ayuda de las primarias, institucin partidista de las ms antidemocrticas, por caudillista, pero que paradjicamente se ha instalado en la mayora de las formaciones como el blsamo de Fierabrs, ha logrado hacerse con todo el poder en el PSOE y establecer un rgimen radicalmente absolutista. Rimonos de aquello de Quien se mueva no sale en la foto.

Tampoco le gusta en el sistema poltico y por eso no est dispuesto a compartir poder con nadie. Quiere un gobierno exclusivo de Pedro Snchez y, para conseguirlo, pretende el apoyo de los otros partidos sin ofrecer nada a cambio; todo lo ms un programa, que ser papel mojado tan pronto obtenga el gobierno. Siendo en nuestro pas constructiva la mocin de censura, una vez en el poder, ser imposible desalojarlo haga lo que haga.

A Pedro Snchez no le gusta la democracia, como no sea la orgnica, que parece ser la que ha practicado estos das en sus contactos con la sociedad civil, tampoco la noocracia, a no ser que sea l el que elija a los sabios, lo sean o no. Lo suyo es la autocracia. Alguien podra pensar que su fijacin por resucitar a Franco y andar con l para arriba y para abajo es porque se siente seducido por su figura y que tal vez le gustara ejercer el poder de forma tan desptica como el dictador lo ejerci.

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/08/15/el-gobierno-de-platon-y-la-sociedad-civil/



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