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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2019

Sudn
La revolucin entra en una nueva fase

Gilbert Achcar
Jacobin


La revolucin sudanesa ha logrado importantes victorias. Pero an debe luchar para que el poder pase del control de las fuerzas militares al de las fuerzas populares. El 17 de agosto se firm un acuerdo constitucional entre el movimiento popular sudans y las fuerzas armadas. El artculo que sigue fue publicado inicialmente el 30 de julio en el diario rabe Al-Qods al-Arabi y fue reproducido en la web del Partido Comunista sudans.


El 5 de julio, cuando el Consejo militar de transicin (CMD) recul frente a las grandes manifestaciones organizadas el 30 de junio, las exuberantes masas sudanesas celebraron la victoria que haban logrado bajo la direccin de las Fuerzas para la declaracin de la libertad y el cambio (FDFC). Los militares se vieron obligados a renunciar a sus deseos de reprimir el movimiento de masas y permitir su desarrollo (incluso el restablecimiento de Internet, principal medio de comunicacin del movimiento), as como volver a la va de la negociacin y los acuerdos tras haber fracasado en su intento por imponer su voluntad por la fuerza de las armas.

En ese momento, tras la primera fase marcada por la cada de Omar al-Bachir el 11 de abril y la segunda por la retirada del CMD el 5 de julio, la revolucin sudanesa entr en una tercera fase. El FDFC, y en particular su principal componente, la Asociacin de Profesionales sudaneses-SPA), son conscientes de que cada nueva fase es ms complicada y peligrosa que la precedente y siguen impulsando la movilizacin masiva, reforzndola de cara a futuras confrontaciones.

Las victorias obtenidas hasta el presente son parciales: fundamentalmente, se trata de un acuerdo entre el viejo rgimen representado por el CMD y la revolucin impulsada por las FDFC.

El compromiso que inaugura la tercera fase est recogido en el acuerdo poltico firmado por ambas fuerzas el 17 de julio. Este compromiso refleja la dualidad del poder en esta fase transitoria entre, de una parte, una direccin militar que trata de preservar el control de los ministerios de Defensa e Interior (es decir, las fuerzas armadas y de seguridad), como lo hizo el Consejo Supremo de las fuerzas armadas en Egipto tras haberse desembarazado del presidente Hosni Moubarak el 11 de febrero de 2011; y, de otra parte, una direccin revolucionaria que moviliza las masas para hacer frente a los militares y tratar de dirigir el movimiento de masas en una guerra de posiciones que le permita controlar el pas de forma progresiva.

El objetivo de las FDFC es de alinear a la mayora de las fuerzas armadas a favor de los objetivos civiles y pacficos del movimiento, con el fin de aislar a su ala ms reaccionaria. El principal representante de la misma es el comandante de las Fuerzas paramilitares de apoyo rpido (FSR) Muhammad Hamdan Dagalo (conocido como Hamedti), apoyado por el eje reaccionario regional constituido por el reino saud, los Emiratos rabes unidos y el rgimen egipcio de Abdel Fattah al-Sissi.

Es en este contexto en el que el Partido Comunista sudans lidera las filas de los crticos con el acuerdo del 17 de julio y las concesiones del FDFC, comprometindose a continuar la lucha hasta la plena consecucin de los objetivos de la revolucin recogidos en la Declaracin para la libertad y el cambio adoptada el 1 de enero pasado. Se equivocan quienes consideran que esta posicin divide y debilita al movimiento.

Otras fuerzas clave del movimiento, en particular en el seno de la Asociacin de profesionales sudaneses, comparten el sentimiento de los comunistas frente a las condiciones que quieren imponer los militares como precio a pagar para compartir el poder. Que una parte del movimiento no vinculada al acuerdo contine ejerciendo presin revolucionaria a fin de alimentar la radicalizacin del proceso actual y de contrapesar la presin reaccionaria ejercida por las fuerzas integristas islmicas (presin que el CMD invoca de forma permanente para consolidar su posicin), va en inters de la revolucin sudanesa.

La prxima etapa de la fase actual consiste en adoptar el Documento constitucional de transicin [firmado en Jartum el 17 de agosto], que combina principios muy progresistas ms avanzados que los inscritos en las constituciones de todos los Estados rabes, incuso en la nueva Constitucin tunecina- con la formalizacin del equilibrio actual de las fuerzas y la dualidad del poder, legislando la participacin de la jefatura militar en el ejercicio del poder poltico de una peor manera que en la actual constitucin de Egipto.

Sin embargo, con todos sus defectos, este compromiso est siempre bajo la amenaza del mando militar que por todos los medios intenta esquivar las exigencias del movimiento y pervertirlas en la prctica, como recientemente lo hizo con la pretendida investigacin sobre la masacre perpetuada por las FSR. Por otra parte, el ala ms reaccionaria de las fuerzas armadas contina tratando de revertir el compromiso y forzar la situacin hacia un golpe de Estado militar, como lo ilustra el asesinato de manifestantes a El-Obeid [ciudad en el centro de Sudn, en Kordofn del norte] el 29 de julio.

"El poder nace del fusil" reza una de las citas ms conocidas del lder de la revolucin china Mao Zedong. Esta expresin proviene de una experiencia revolucionaria que triunf por las fuerza de las armas gracias a una guerra popular prolongada. Pero tambin expresa una verdad fundamental: el poder poltico nunca es total si no se tiene el control de ejrcito. En efecto, el mayor desafo de la Revolucin sudanesa consiste en hacerse con el control de las fuerzas armadas, orientando hacia ese objetivo la fuerza del movimiento popular no armado.

Si la revolucin consigue entrar de forma pacfica en una cuarta fase con una dualidad de poder encarnada en las instituciones gubernamentales en las que predomine el movimiento popular, la capacidad de la direccin revolucionaria para satisfacer la aspiracin de las masas a la paz y sus reivindicaciones sociales y econmicas ser crucial para permitirle tomar el control de las fuerzas armadas y democratizarlas. Sin eso, la Revolucin sudanesa se hundir en el fango a medio camino y, por tanto, podr terminar cavando su propia tumba como ya ocurri en la historia de Sudn y en la historia de los movimientos populares de todo el mundo.

 

* Gilbert Achcar, es profesor en SOAS, universidad de Londres. Artculo publicado en Jacobin el 18/08/2019 traducido al francs por A lencontre.



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