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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2019

El oro de Solbes

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Hay quienes afirman que la dicotoma izquierda-derecha ha perdido su razn de ser. Recuerdo que Aranguren en el captulo IX de su obra "tica y poltica" contestaba con una metfora a los que ya entonces (1966) hablaban de la superacin de tal alternativa. Refera que, ante la opinin extendida de que no exista el diablo, algn autor catlico realiz con agudeza la siguiente reflexin: "La ltima astucia del diablo es divulgar la noticia de su muerte". Pues bien, aada Aranguren, la ltima astucia de la derecha es propagar la noticia de que la anttesis entre derecha-izquierda ha desaparecido. Es evidente que en 1966 la aseveracin de Aranguren era totalmente certera en todos los aspectos. Pero qu sucede en los momentos actuales?

Soy un convencido de que tambin ahora la diferencia entre izquierdas y derechas mantiene todo su sentido en el mbito ideolgico. Pero una cosa es la teora y otra, su concrecin en la prctica. La pertenencia a la Unin Monetaria impone lmites muy severos a los Estados a la hora de conformar su poltica econmica. Los gobiernos pierden en buena medida su soberana, que se traspasa al Banco Central Europeo y a los llamados mercados, mercados que tienen poco de racionales, pero que estn prestos a castigar cualquier desviacin que consideren contraria a sus intereses. Los partidos polticos, se denominen como se denominen, tienen que converger en sus actuaciones. La poltica es ms que nunca el arte de lo posible, y la pericia y competencia de los gobernantes se hacen ms importantes que la propia ideologa.

No sera malo que en estas circunstancias los futuros votantes abandonasen el fundamentalismo de siglas y, tanto los que se creen de derechas como los que se autocalifican de izquierdas, tuviesen en cuenta la solvencia de los que se presentan a las elecciones. Tenemos un buen ejemplo en el Gobierno Zapatero. Los destrozos econmicos y sociales causados por su ineptitud y la de sus ministros no pueden ser compensados con su terico marchamo de izquierdas, por otra parte bastante discutible. No es el momento de hacer un relato completo de su desastrosa gestin y de cmo esta, junto a la de Aznar, estuvo en el origen de la mayor crisis econmica que ha padecido Espaa en sus ltimos cincuenta aos. Me referir tan solo a un hecho poco comentado y que adquiere actualidad en los momentos presentes en los que la cotizacin del oro vuelve a estar por las nubes.

Pedro Solbes, en el periodo del 2005 al 2007, cuando ya se estaba gestando la crisis -y se supone que con el permiso de Zapatero- decidi vender ms del 45% de las reservas de oro (7,7 millones de onzas) al grito de que ya no era una inversin rentable. En esos aos la cotizacin de la onza no alcanzaba los 500 euros, con lo que el precio obtenido, aun cuando no se conoce a ciencia cierta, hay que suponer que se situ alrededor de los 3.500 millones de euros. Cuatro aos despus la cotizacin se haba incrementado un 125%. Hoy, el oro vendido tendra un valor aproximado de 9.765 millones de euros. Un esplndido negocio y una magnfica profeca.

Bien es verdad que en esto el Gobierno espaol no estuvo solo. Las instituciones europeas le animaron a hacerlo. En 1999, los bancos centrales europeos firmaron un acuerdo, renovado en 2004, comprometindose a desprenderse progresivamente de las reservas de oro. Era fruto del triunfalismo y la miopa que presidieron la creacin del euro. Pensaban que la moneda nica era garanta suficiente de estabilidad. Pocos aos despus se comprob lo equivocados que estaban. Por otra parte, el convencimiento no deba de ser muy general, puesto que,segn parece, los nicos pases que acometieron ventas en cantidades significativas fueron Espaa, Grecia y Portugal.

Alemania, por el contrario, en 2013, en plena crisis, repatri 36.000 millones de dlares en lingotes de oro que tena en otras plazas (Nueva York, Pars y Londres). La razn verdadera (aun cuando las autoridades alemanas nunca la reconocieron y adujeron otros motivos) era la desconfianza frente al euro y la conveniencia de armarse financieramente por lo que pudiera ocurrir. El hecho es que, en estos momentos, el pas germnico ocupa el segundo lugar detrs de EE.UU. en reservas de oro, seguido del Fondo Monetario Internacional, Italia y Francia. Mientras que Espaa se sita en el puesto 19, con una cifra escasa de 9,1 millones de onzas.

Es ms, el Gobierno alemn en agosto de 2011 pretendi que Espaa e Italia, acuciadas entonces por el problema de la deuda y por los mercados, vendiesen parte de sus reservas en oro. Menos mal que en aquellas fechas Zapatero haba anunciado ya la convocatoria de elecciones anticipadas (28 de julio) y no estaba por tanto en disposicin de acometer una operacin de esa envergadura, y el gobierno siguiente -parece que con ms cordura- supo resistir las presiones que venan de Europa.

Ahora, las grandes incertidumbres que planean sobre la economa internacional han conducido a que los bancos centrales (principalmente de pases emergentes) como los de Rusia, China, Turqua, Kazajistn, India, etc. se hayan apresurado a comprar oro como factor de seguridad. Es significativo que entre los compradores figuren pases de la Unin Europea tales como Polonia y Hungra.

"El oro ya no es una inversin rentable y Espaa no presenta la misma necesidad de divisas, dada la fortaleza del euro". Esta afirmacin de Pedro Solbes en su intervencin en el Senado el 6 de junio de 2007 para acallar las crticas surgidas por la venta de oro que haba realizado el Gobierno quedar marcada en la historia entre las ms desafortunadas y ridculas, solo comparable con la de su antecesor Carlos Solchaga en 1992, cuando tras dos devaluaciones de la peseta, el 17 de septiembre (5%) y el 21 de noviembre (6%), solemnemente afirm: "No habr una nueva devaluacin, el nuevo tipo de cambio es estable y duradero". No hubo que esperar mucho tiempo (13 de mayo de 1993) para que los mercados forzasen una tercera devaluacin (8%), que no fue la ltima pues el 6 de marzo de 1995 hubo una cuarta devaluacin (7%), aunque para entonces ya estaba en el gobierno Pedro Solbes (ver mi libro Contra el euro de la editorial Pennsula).

Aunque alejadas en el tiempo, las dos frases lapidarias tienen el mismo origen, una falta de realismo y una fe ciega en la Unin Europea. Solchaga nos introdujo en el Sistema Monetario Europeo antes de lo pactado y contra viento y marea quiso mantener para la peseta un tipo cambio a todas luces irreal, consiguiendo nicamente incrementar el dficit y el endeudamiento exterior a niveles poco sostenibles. Contra su voluntad, los mercados forzaron cuatro devaluaciones de la peseta y, contra las previsiones de las lumbreras europeas, pusieron patas arriba el Sistema Monetario Europeo. El resultado: adentrar a nuestro pas en una recesin a la que tuvo que hacer frente Solbes (1993-1996), que cont a su favor con las cuatro devaluaciones que ayudaron a salir de la crisis, y a las que lgicamente no pudo recurrir en 2007.

Solbes al llegar de nuevo, aos ms tarde (2004), al Ministerio de Economa debera haber tenido en cuenta la experiencia anterior y a dnde conduce un tipo de cambio fijo y, por lo tanto y con ms razn, una unin monetaria. Si en 1992 un 3% de dficit exterior con el correspondiente endeudamiento origin la desconfianza de los mercados, un 6%, que era el nivel existente a su llegada al Ministerio, hubiese sido suficiente para ponerle en guardia y para hacerle pensar que un 10%, nivel que alcanz en su mandato, desencadenara el desastre, como as ocurri.

No obstante, persisti todos esos aos en la creencia ingenua en el euro y en la aquiescencia bobalicona del discurso que vena de Bruselas. Solo as se entiende que se desprendiese de nuestras reservas de oro a las puertas de la crisis y que negase esta cuando era ya evidente. Ahora que aparecen de nuevo los nubarrones econmicos, hay que echarse a temblar porque si estas torpezas y desaciertos se cometieron en la poca de los maestros, que podr ocurrir en tiempos de los becarios?

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2019/08/22/el-oro-de-solbes/ 



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