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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2019

Mujeres invisibles 4
Mara Lejrraga

David Torres
Pblico


Hay una irona trgica en el hecho de que Mara de la O Lejrraga viniera al mundo en San Milln de la Cogolla, en uno de cuyos monasterios se conservan las primeras palabras escritas en castellano. Son las famosas glosas emilianenses, un cdice en latn vulgar en cuyos mrgenes, all por el siglo X, un monje hizo anotaciones en la lengua que por aquel entonces hablaba el pueblo llano, para aclarar el significado de ciertos trminos. Un par de siglos despus, entre esos mismos muros, trabaj Gonzalo de Berceo, autor de Los milagros de Nuestra Seora , principal artfice del mester de clereca y uno de los primeros poetas de nuestro idioma con nombre y apellidos.

En cambio, el de Mara Lejrraga, hasta hace muy poco, es un nombre tachado y borrado en la historia de la literatura espaola, a pesar de las docenas de volmenes que escribi entre obras dramticas, novelas, ensayos y libros de relatos. En lugar del suyo aparece el de su marido, el nclito Gregorio Martnez Sierra, un avispado empresario teatral que se code con algunos de los ms clebres intelectuales, escritores y artistas espaoles de la poca. Era fcil verlo, en persona o en letras de molde, al lado de Eduardo Marquina, Toms Borrs, Rafael Cansinos Assens o Jacinto Benavente. Algunos de sus ttulos fueron llevados al cine ( Cancin de cuna , de 1933, nada menos que por Mitchell Leisen) y otros tuvieron el honor de brillar entre las adaptaciones ms clebres de la msica espaola, como los libretos de El amor brujo y El sombrero de tres picos , sendos ballets de Falla, o las peras Margot , de Joaqun Turina, y Las golondrinas, de Usandizaga.

Ese carrusel de xito mundano esconda un drama ntimo, el de su esposa, Mara Lejrraga, que era la verdadera autora de las obras con las que l iba triunfando en los escenarios de medio mundo. Aparte del egosmo de Martnez Sierra, mucho tuvo que ver, en la renuncia a usar su propio nombre, el rechazo que provoc en su propia familia la publicacin de Cuentos breves , el nico volumen de relatos firmado por Mara Lejrraga en 1899, cuando apenas contaba 25 aos de edad. Conclua el siglo XIX y las mujeres an tenan que permanecer en casa, a la sombra del varn, reducidas a su papel de sirvientas domsticas. Podan ser hijas, hermanas, esposas o viudas, pero no tenan derecho a una vida propia, menos an en una Espaa atrasada y colonizada por la iglesia, un satlite de la periferia de Europa que haba perdido todos los trenes de la modernidad y la revolucin industrial, el triste erial de casinos, sotanas y cuarteles que retrataron los grandes novelistas decimonnicos. Tristana , de Galds, una hurfana seducida y manipulada por su tutor, con su pierna amputada y sus alas cortadas, era el smbolo de una poca.

Dcadas despus, Mara Lejrraga segua repitiendo ese destino del jilguero encerrado en su jaula, escribiendo un libro tras otro mientras su esposo se llevaba dinero, aplausos y laureles, aparte de varias amantes. Martnez Sierra se limitaba a producir y a dirigir los ensayos, como mucho a sugerir algn cambio, pero era ella quien luchaba en solitario contra la pgina en blanco, a levantar del fango en su imaginacin tramas, conflictos y personajes. La farsa lleg al extremo de que, en 1916, Martnez Sierra dio a la imprenta Cartas a las mujeres de Espaa , un manifiesto feminista donde animaba a las fminas espaolas a independizarse y a tomar la rienda de sus vidas. Un manifiesto escrito, claro est, por su negra particular, Mara Lejrraga.

Separada de su esposo despus de que l iniciara una relacin adltera con la actriz Catalina Brcena, en 1947, Lejrraga descubri que los derechos de autor los reclamaba Katia, la hija que tuvo Martnez Sierra con Brcena fuera del matrimonio. Cuando quiso reaccionar, ya era demasiado tarde: ni siquiera se atrevi, en su vejez, a firmar con su propio apellido, como si el fantasma de Martnez Sierra todava siguiera manipulndola. Por aquel entonces viva en el exilio, sin apenas recursos, y aun tuvo que sufrir la afrenta de que uno de sus relatos, Merln y Viviana , fuese descaradamente robado y adaptado por Disney en La dama y el vagabundo, sin que a ella le correspondiera un centavo. En 1953 public Gregorio y yo , la autobiografa en la que revelaba la relacin vamprica que mantuvo con su marido y otra buena racin de desdichas. Muri en Buenos Aires, en 1974, en un oscuro anonimato que a da de hoy apenas si empieza a resquebrajarse. Fascinada con su figura, la escritora Vanessa Montfort le dedic un poderoso drama cuyo ttulo es un manifiesto y una reivindicacin: Firmado Lejrraga.

Fuente: https://blogs.publico.es/davidtorres/2019/08/28/mujeres-invisibles-4-maria-lejarraga/



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