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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2019

La democracia est secuestrada: rompamos el bloqueo

Pedro Casas
Rebelin


40 aos despus de aprobada la constitucin que oficializaba el paso en el estado espaol de una dictadura a una democracia en forma de monarqua parlamentaria, hay que estar ciego para no percibir la cantidad de vestigios franquistas que no fueron depurados en la transicin pactada, y que hoy afloran de una manera cada vez ms evidente en grandes esferas de la vida poltica e institucional de nuestro pas.

El franquismo no fue derrotado; fue sustituido por el actual rgimen parlamentario, como consecuencia de grandes luchas populares que pusieron en evidencia, a la oligarqua de este pas, que la dictadura deba ser superada por otro rgimen homologable en el concierto mundial, si queran mantener su dominacin y explotacin. La represin que ejerci el rgimen para que la evolucin del proceso no se les fuera de las manos, unida a la actitud de ciertos dirigentes y partidos de la izquierda (no es el objeto de este artculo profundizar en ello), desemboc en un modelo controlado de monarqua parlamentaria que hizo borrn y cuenta nueva del pasado franquista, sin ningn tipo de depuracin ni condena.

El franquismo quedaba formal y socialmente superado, pero intocable al mismo tiempo. Los que reclamaban la obra y figura del dictador eran considerados nostlgicos, y los dems franquistas reconvertidos pasaron a ser considerados demcratas de toda la vida. Aunque el franquismo qued denostado, slo se cambiaron algunos nombres de calles importantes en grandes ciudades, permaneciendo en su sitio todos los smbolos de exaltacin del sangriento golpe y dictadura militar, y los responsables activos de aquella poca, que, como mucho, cambiaron el nombre de sus cargos.

Cuando el sistema se ha visto en peligro por una profunda crisis, y cuando los nietos de la generacin exterminada durante la guerra y la dictadura han reclamado verdad, justicia y reparacin para sus antepasados, los franquistas incrustados en las races del rgimen actual se han puesto a ejercer como muro de contencin frente a cualquier avance de tipo social o democrtico. Y han desarrollado leyes represivas que, en algunos aspectos, superan a las que haba en la dictadura.

La sacrosanta unidad indisoluble de la Patria ha movilizado a todas las instituciones posibles, al grito de A por ellos, contra los que han querido ejercer su derecho a la autodeterminacin.

Las resistencias desplegadas contra la exhumacin de los restos de Franco del mausoleo que l mismo mand construir con mano de obra esclava y presa, las encontramos tambin en la negativa a juzgar a los crmenes cometidos en aquel perodo, por parte de personas que an viven, o en las dificultades para cambiar un nombre de calles, o eliminar un smbolo fascista, o suprimir una medalla o paga a un torturador, o quitar un fajn de Franco a una virgen, y un largo etctera. En el fondo lo del Valle de los Cados es todo un smbolo, y es muy importante no quedarse slo en l, sino luchar por acabar con todos los vestigios franquistas en forma de lpidas, escudos o cargos. Es un poco increble que casi 45 aos despus de la muerte del dictador nos estemos planteando esto, pero es lo que hay; y ser mejor hacerlo ahora que no dejar pasar otros cuantos aos. Por si no queda claro, algunos hechos.

Debieron transcurrir casi 30 aos para que se aprobara una ley de memoria histrica, que a pesar de su timidez apenas ha sido cumplida 12 aos despus de su promulgacin, con innumerables vestigios de apologa franquista por calles y plazas de toda la geografa.

Nada se ha hecho para recuperar los ms de 100.000 cadveres enterrados indignamente en las cunetas tras ser asesinados vilmente.

El actual rgimen se ha negado a condenar tanto el levantamiento militar del general Franco como la sangrienta dictadura que dur 40 aos, quizs por miedo a que ello conllevase la restauracin del rgimen republicano destituido por las armas.

El Estado, titular del Valle de los Cados, se muestra incapaz de sacar los restos del dictador de su terreno, vindose obligado? a consensuar con unos monjes a los que tiene cedido el espacio.

Resulta imposible que se juzgue en nuestro pas a los responsables, que an permanecen vivos, de algunas masacres o torturas cometidas.

Por qu este bloqueo sistemtico a la verdad, la justicia y la reparacin de estos crmenes y atropellos del franquismo? Lo que en la gran mayora de pases democrticos es normal, aqu resulta imposible. Por qu Espaa sigue siendo diferente?

Fuera de Espaa no entienden que ser antifascista aqu te convierta en persona sospechosa y por lo tanto perseguida por las fuerzas de seguridad. Tampoco resulta fcil de entender cmo el PSOE, siendo uno de los partidos ms afectados por la represin franquista en la guerra civil y aos siguientes, no mueva un dedo por dignificar a sus militantes. Quizs sea el tributo a pagar para poder participar en este rgimen atado y bien atado.

No slo los partidos herederos del franquismo (PP fundado por Fraga), sino los que fueron responsables del alzamiento militar y de la criminal dictadura posterior, han seguido siendo legales en este pas, manteniendo su mismo ideal.

El ejrcito est dominado por los franquistas, que se permiten, en 2018, publicar un manifiesto en defensa de la figura de Franco firmado por altos mandos, que no slo no sufren represalias, sino que consiguen que quienes sean depurados sean los que dieron la cara denunciando estos hechos y defendiendo la democracia.

La Guardia Civil mantiene sus chantajes a los gobiernos de turno, que se ven obligados a proteger los abusos que cometen sus agentes, no slo en la prctica de torturas, sino en las provocaciones que producen incluso estando fuera de servicio, como ocurre en el llamado caso Altsasu.

El 50% de la educacin sigue en manos de la Iglesia, y en la red pblica ha introducido asignaturas de su ideologa. Porque la Iglesia no ha cambiado ni un pice sus convicciones polticas, o incluso se ha hecho ms retrgrada, teniendo los sectores progresistas menos peso que en las postrimeras del franquismo.

En las instituciones representativas siempre han estado cargos del PP, herederos directos, en muchos casos de sangre, de los agentes y dirigentes del franquismo. Siempre se han negado (junto al PSOE) a condenar el franquismo, con la excusa de no abrir heridas, y ahora tenemos que soportar a los franquistas envalentonados de VOX.

El aparato judicial est contaminado de jueces franquistas. Si el caso ms llamativo es la Audiencia Nacional, heredera del Tribunal de Orden Pblico (TOP), los encontramos en todas las instancias: Desde juzgados de primera instancia que paralizan cambios de nombre de calles, o las obras de exhumacin de Franco por riesgo de accidente, hasta el mismsimo Tribunal Supremo, que reconoce a Franco como Jefe del Estado en 1936, 3 aos antes de la derrota del gobierno legtimo de la Repblica.

El Tribunal Constitucional acaba de aprobar una sentencia que niega a los parlamentos la capacidad de hacer declaraciones polticas sin transcendencia jurdica, en concreto para defender y blindar la figura inviolable del rey, ms de lo que la propia Constitucin dice.

Si seguimos subiendo en la pirmide institucional, llegamos nada menos que a la jefatura del Estado, al Rey. Qu vinculacin tiene con el franquismo? Pues toda, porque fue designado por Franco como su sucesor, y la Constitucin le otorga un papel muy relevante, no como figura arbitral del sistema que nos han querido hacer ver; basta leer los artculos 62 al 65 de la CE para comprobarlo. Y para que no se nos olviden sus vnculos con Franco, en julio pasado Felipe VI otorgaba el ducado de Franco a su nieta, un ducado que haba creado Juan Carlos para Carmen Franco Polo en noviembre de 1975 por sus "excepcionales circunstancias y merecimientos".

Esta situacin nos debera hacer reflexionar que sin una limpieza a fondo nos va a ser muy difcil, si no imposible, avanzar, tanto en temas de memoria histrica, como en derechos polticos, democrticos y sociales. Hay que acabar con el tapn que impide los avances que esta sociedad necesita y demanda, y para ello es preciso expulsar de la carrera judicial, del ejrcito, de la Guardia Civil, a estos elementos franquistas que imponen su ley antidemocrtica y tienen dominadas y secuestradas a las instituciones ms destacadas.

Y si hemos dicho que la cspide del Estado est contaminada de franquismo, pues tambin hay que limpiarla; pero en este caso la nica va ser la abolicin de la propia institucin monrquica impuesta por el franquismo, ya que toda la familia que hereda el cargo est contaminada, y a estas alturas no vamos a buscar otra dinasta.

Podr considerarse que estos objetivos son inalcanzables, una quimera. Imposible no es (a no ser que renunciramos a ello), aunque difcil s, porque conocemos bien las resistencias que desarrolla el sistema cuando percibe que alguno de sus privilegios est en peligro. Con la dificultad que acarree, la necesidad es innegable, y esquivarla es una forma estpida de hacer el avestruz.

Si no hacemos la limpieza que la transicin del 78 dej intacta, pues nos vemos condenados a vagar por este reino de sombras convertidos en sbditos, no slo de una corona franquista, sino de unos poderes econmicos que precisamente con Franco labraron sus grandes fortunas a costa del trabajo esclavo y la falta de libertad. Si queremos avanzar en derechos sociales y polticos, si queremos tener una verdadera democracia, no vigilada, habremos de afrontar, ms pronto que tarde, esta limpieza, abandonando la queja y pasando a la accin.

Acumulemos fuerzas en luchas sociales y polticas; pero al mismo tiempo vayamos concentrando el objetivo de lucha hacia una democracia plena que ahora no existe, y que en definitiva implica la superacin de este rgimen que tapona cualquier intento de avance en derechos. No nos engaemos y engaemos a otras personas. Sobre nuestra espalda recae ahora la responsabilidad de hacer lo que en el 78 no se realiz; y no debemos defraudar ni a la historia, ni a nosotros mismos y mucho menos a nuestros descendientes.

Pedro Casas. Activista Social.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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