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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2019

El extrao caso de una burcrata sincera

Mario Valds Navia
La Joven Cuba


Pocas veces la intervencin de una viceministra ha movido tanto el pensamiento en Cuba como la publicada por Martha Mesa Valenciano, el pasado 8 de agosto. La actitud de veladora de la fe que asume esta funcionaria −con un espritu dogmtico digno del Consejo Nacional de Cultura del Quinquenio Gris− ha provocado una ola de repudio en las redes sociales. Su error fue caer en un pecado imperdonable para un burcrata de su oficio: la sinceridad.

Desde que la burocracia floreciera en la naciente URSS y hallara en Stalin el caudillo que la encumbrara a lo ms alto, los burcratas asumieron modos de actuacin que apenas han cambiado en un siglo. Entre ellos el de la subordinacin estricta de los niveles inferiores a los superiores (verticalismo), que implica saber amoldarse, ser dctil ante los superiores, no andar pregonando ideas propias.

Por tanto, el oficio de burcrata requiere, como una condicin sine qua non, de cierta plasticidad del carcter. Rasgo difcil de encontrar en un intelectual verdadero, como deben ser los profesores universitarios. Estos han de ser mantenidos bajo control estricto, pero de forma tal que la censura sea indirecta, ms bien una autocensura, no una burda prohibicin.

El burocratismo como corriente de pensamiento tiene rasgos bien definidos: mecanicismo, falta de creatividad, rutina, obediencia, impunidad, inercia, corrupcin, clientelismo, indolencia y secretismo. Por eso los burcratas aprenden a no decir jams la verdad alta y clara.

El propio Stalin nunca se adjudic una teora propia, sino que presentaba sus ideas con el nombre de marxismo-leninismo para que sus concepciones y las de sus aclitos quedaran como una continuidad de las ideas de Marx y Lenin en las nuevas condiciones histricas.

En realidad, la burocracia socialista es la usufructuaria de los medios de decisin. Grandes transformaciones, tareas que involucran a todo el pueblo, inversiones del capital de todos y posiciones en poltica interna y externa de las que dependen los destinos de la nacin, son consensuadas y decididas por la alta dirigencia burocrtica. De hecho, ellos los que saben suelen pensar por el pueblo, del que solo esperan aclamaciones y alabanzas.

Les son aborrecibles la duda, el error, la opinin contraria, e incluso, la contradiccin. Por ello, de manera general, la burocracia desconfa del sector intelectual y lo tolera con reticencias. En principio, engloba a los portadores de ideas crticas y novedosas con etiquetas peyorativas: disidentes, subversivos, renegados, inconformes, hipercrticos, partes blandas, francotiradores, centristas, etc.

De ah que el buen burcrata nunca hable a ttulo personal, sino siempre como representante de causas generales: el pueblo en general/el comunismo/la historia/la revolucin/los intereses de todo el pueblo/la masa de trabajadores/los revolucionarios de ayer, hoy y siempre/las mujeres/los campesinos/la niez y la juventud

En funcin de establecer la hegemona burocrtica se ponen todos los mecanismos del poder cultural socialista. Esos aparatos ideolgicos convierten la hegemona burocrtica en el modo de vida compartido por todos los grupos sociales mediante la reproduccin cultural a travs de la enseanza autoritaria, los medios timoratos, el partido centralizado y los sindicatos pro-administrativos.

La burocracia teme al poder de la palabra. De ah que sepultara en el olvido la tradicin de oradores famosos de los comunistas cubanos. Desde Mella hasta Fidel. La asignatura Oratoria fue eliminada en las escuelas del Partido y las vibrantes piezas de esta manifestacin de antao sustituidas por inspidos textos, siempre ledos y previamente revisados, rectificados y aprobados por los organizadores. De ah el desespero actual ante las incontrolables redes sociales.

Hoy le toca a los cubanos y cubanas resolver aquella pregunta que nos legara Einstein sobre la sociedad socialista: Cmo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cmo asegurar un contrapeso democrtico al poder de la burocracia?[1]

La viceministra responde con desfachatez: ni modo, derechos ciudadanos tendrn en el papel, los intelectuales solo podrn defender a ultranza las decisiones de la alta burocracia, sin crticas y con permanente optimismo.

Pero todos los que alguna vez hemos sufrido un revs personal en el enfrentamiento con el poder burocrtico, terminamos lamindonos las heridas para matar el hambre y guardamos cicatrices del encuentro, sabemos que eso tambin tiene su encanto. El de recordarnos, de manera permanente, que ese rgimen hegemnico no es la sociedad libre y democrtica por la que tanto se ha luchado durante siglos y que la revolucin antiburocrtica est todava por hacer.

Nota:

[1] En Por qu socialismo?, Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949, en http://www.rebelion.org/opinion/030618einstein.htm#

Fuente: http://jovencuba.com/2019/09/03/el-extrano-caso-de-una-burocrata-sincera/



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