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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2019

Resea
Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917-2017, de Javier Rodrigo y David Alegre

Ramn Campderrich Bravo
Mientras tanto


"Yo estuve viviendo con esas personas todos esos aos.No les tena miedo. No suponan una amenaza para m.Pero nos dijeron que ramos enemigos y yo me lo cre.Casi todos los tutsis del pueblo haban sido amigos mos.Ya no me importaba. Eran parientes de los que matarona Habyarimana y tenan que pagar por ello. Cerramosnuestros corazones y nuestras mentes e hicimos eltrabajo [...]. Yo no dud. Me result fcil matar porquesaba que lo haca para salvar al pueblo hutu". (Testimonio de un perpetrador del genocidio de Ruandarecogido en Mann, M., El lado oscuro de la democracia,pp. 535-536)

Libro de necesaria lectura para quien desee tener una visin general y, al mismo tiempo, no superficial de las guerras civiles del siglo XX, Comunidades rotas ofrece al lector un profundo estudio comparativo de los conflictos armados internos padecidos por las sociedades humanas entre la Revolucin Rusa y la fecha de publicacin del libro. Dos son los rasgos ms sobresalientes del libro: el esfuerzo de los autores por proporcionar un anlisis del fenmeno estudiado lo ms objetivo posible, lo ms alejado posible de los prejuicios e ideas preconcebidas dominantes, por un lado, y, por otro, la minuciosa atencin dedicada a los casos concretos de guerra civil seleccionados por los autores para dar cuenta de este modo de la contingencia y la singularidad caractersticas de cada uno de los conflictos armados internos, de tal modo que las conclusiones generales que se deriven de su anlisis no se muevan en la fantasmagrica abstraccin o el molesto esquematismo que son propios de muchos de los trabajos sobre el tema. Otro rasgo, menor a la vista del propsito de los autores, es su exclusiva dependencia de fuentes bibliogrficas secundarias, lo cual no puede negarse que constituye una limitacin de la obra, algo reconocido abiertamente por los propios autores en la introduccin a la misma.

Como se acaba de indicar, uno de los rasgos ms destacados del ensayo de los historiadores aragoneses Javier Rodrigo y David Alegre es su afn de objetividad, la bsqueda de la verdad como gua fundamental de su investigacin, sin importar a quin puedan perturbar los resultados arrojados por esa bsqueda. Ese afn es muy de agradecer y de alabar en una poca como la nuestra, en que los medios de comunicacin de masas y buena parte de los crculos intelectuales, ya sean de derechas o de izquierdas, parece que han considerado que su labor principal consiste en hacer propaganda, unas veces burda, otras ms o menos refinada. Los autores no pretenden hacer ideologa o propaganda [1], sino una historia ampliadora del conocimiento humano, una historia centrada en la descripcin y explicacin de una determinada experiencia humana en toda su complejidad, no en la reconstruccin artificiosa de una sesgada memoria colectiva polticamente orientada. Slo previa realizacin de ese esfuerzo, esfuerzo que presupone, ciertamente, un alto grado de utopismo por ser un conocimiento significativo completamente objetivo o neutral en el terreno de las ciencias sociales una entelequia, pero que es absolutamente necesario si no se quiere sustituir el conocimiento por la propaganda y la ideologa partisana, es posible formular juicios de valor discretos sobre fenmenos sociales y disear estrategias racionales y justas, no criminales ni inhumanas, para intervenir en ellos. La mitologa debe ser desterrada de las ciencias sociales en general y de la historia en particular y el libro de Rodrigo y Alegre intenta hacerlo por lo que respecta al fenmeno de los conflictos armados internos. En resumidas cuentas, como advierten los autores en la pgina 643, el papel de la historia no es moral, no es el de juzgar, sino el de comprender [2]. As que quien nicamente espere encontrar en su obra una historieta de buenos y malos o una complaciente confirmacin de su visin ideolgica de la historia humana, har mejor en abstenerse de leer este libro [3].

Se ha dicho tambin al principio de esta resea que Comunidades rotas es una historia de casos concretos, pues el estudio cabal de cualquier fenmeno histrico y, con mayor razn, de un fenmeno tan especfico como el de la guerra civil, exige observar de un modo pormenorizado cada una de las guerras civiles que integran dicho fenmeno o, por lo menos, dada la imposibilidad de ocuparse de todas ellas en un mismo volumen, de una muestra suficientemente amplia y significativa de supuestos. Las guerras civiles abordadas en Comunidades rotas se agrupan en cuatro grandes perodos, que dan lugar a otros tantos captulos del libro: el perodo de la revolucin-contrarrevolucin (entre 1917 y el ascenso del nazismo al poder, aproximadamente: guerra civil rusa; conflictos menores por comparacin en Finlandia, Hungra e Irlanda); el perodo fascismo-antifascismo (aos treinta y Segunda Guerra Mundial: guerra civil espaola; conflictos armados internos dentro de la Segunda Guerra Mundial, en especial, Italia Repblica de Sal, Yugoslavia y Grecia, incluida la prolongacin de la guerra civil griega en los primeros aos de la posguerra); el perodo de la posguerra y la guerra fra (guerra civil china; guerra de Corea; guerras de Indochina; conflictos armados internos en frica, en particular, en el Congo de los aos sesenta; conflictos armados en Centroamrica Nicaragua, Guatemala, El Salvador; Afganistn, hasta la actualidad); el perodo posterior a la guerra fra (guerras civiles yugoslavas; guerras del Cucaso, sobre todo el conflicto del Alto Karabaj y Chechenia; conflictos armados en el Congo en 1997-2003, como eptome del estado fallido). El libro dedica bastante ms espacio a los ltimos dos perodos el de la guerra fra y el ms reciente posterior a la misma que a los dos primeros revolucin versus contrarrevolucin y fascismo versus antifascismo.

Estas etiquetas no deben llevar a engao: los autores las utilizan por comodidad y para designar de un modo operativo los distintos ciclos de guerras civiles en que cabe dividir la historia del siglo XX y comienzos del siglo XXI desde la perspectiva de los conflictos armados internos, no porque realmente crean que estos conflictos se expliquen simplemente como un enfrentamiento entre revolucin y contrarrevolucin, fascismo y antifascismo o las dos grandes superpotencias de la guerra fra o por la situacin de desorden e intentos de reconfiguracin del orden global posteriores a la desaparicin de la URSS.

Estara fuera de lugar sintetizar en una breve resea la descripcin-explicacin que de cada uno de los conflictos enumerados hacen los autores del libro reseado en sus ms de setecientas pginas. Pero s resulta conveniente subrayar algunas ideas muy extendidas en torno a los conflictos armados internos cuya incorreccin se desprende de la lectura de Comunidades rotas:

- Los conflictos armados internos son el producto de factores internos y la intervencin de potencias extranjeras no juega en ellos ningn papel destacable. O bien, en lo que resulta ser el reverso opuesto pero simtrico de la anterior afirmacin, los conflictos armados internos son una invencin o creacin de las grandes potencias en los cuales los agentes internos suelen ser meros peleles o tteres de las primeras. Por lo general, lo cierto es que las guerras civiles se explican por la interaccin entre factores externos e internos, con ambos, tanto las potencias extranjeras como los agentes internos, como protagonistas en diversos grados del conflicto y cada uno de ellos con sus propias agendas en un interminable juego de mutua instrumentalizacin.

- Las guerras civiles son inevitables, ya se derive esta inevitabilidad de factores estructurales socioeconmicos y geopolticos, ya lo haga de los supuestos atavismo o barbarie naturales o de la cultura premoderna inherentes a la sociedad fracturada por la guerra civil. No es cierto: la agencia humana, las decisiones y errores de las elites y los gobiernos siempre juegan un papel de primer orden en el origen, desarrollo y, en su caso, final de los conflictos armados internos, si bien esta constatacin no debe conducir a infravalorar los factores estructurales que favorecen su gnesis. Sobre todo, nunca se insistir lo suficiente en la idea de que ninguna sociedad est condenada a la violencia colectiva porque en su seno existan una pluralidad de grupos culturales o tnicos. La otra cara de la moneda de todo esto que tampoco conviene olvidar es que no hay sociedad inmune a la guerra civil, por muy avanzada o civilizada y muy poco conflictiva que pueda parecer en un determinado momento.

- Las guerras civiles son relativamente excepcionales (aunque tal vez esta idea ya no est tan extendida como antes a causa de la visin del mundo transmitida por los medios de comunicacin de masas). Nada de eso: las guerras civiles son ms bien relativamente frecuentes. En especial, desde el inicio de la guerra fra y la descolonizacin (o el neocolonialismo, segn cmo lo queramos ver), la recurrencia de los conflictos armados internos en los llamados pases en vas de desarrollo, Tercer Mundo o ꞌperiferiaꞌ es aterradora (con importantsimas excepciones: por ejemplo, las guerras civiles yugoslavas de la ltima dcada del siglo XX). Se trata de guerras cuyo escenario son pases pobres, sin grandes contingentes armados y predominantemente irregulares en la gran mayora de los casos, en las que la principal vctima y objetivo es, con mucha diferencia, el no combatiente de hecho, la misma distincin entre combatiente y no combatiente se esfuma por completo [4]. Suelen ser guerras de larga duracin, algunas tan largas que generaciones enteras no llegan a conocer otra cosa que la guerra (ejemplos paradigmticos de ello son los vietnamitas, en guerra permanente, salvo breves intervalos, desde la invasin japonesa de la Indochina francesa en los aos cuarenta hasta la unificacin de Vietnam en 1975; o los afganos, que no han conocido la paz desde 1979). Estas guerras estn conduciendo desde los aos ochenta a la proliferacin de estados fallidos aunque en la mayora de los casos es, en realidad, la entrada en barrena del estado lo que propulsa el conflicto armado interno y estn estrechamente conectadas con el auge de la economa criminal global y con el terrorismo internacional. Los factores estructurales econmicos (y, ltimamente, ecolgicos) y la poltica de las grandes potencias en la defensa de sus intereses son muy relevantes en estos conflictos.

- Los conflictos armados internos son nicamente destructivos. Esta afirmacin no es exacta: por desgracia, la violencia masiva y la guerra civil son algo a lo que individuos, grupos y gobiernos sin el menor escrpulo moral o con una moralidad depravada estn dispuestos a recurrir con el fin de hacer realidad sus agendas polticas, sobre todo sus modelos de estados-nacin fundados en la homogeneizacin ideolgica, cultural y/o tnica forzosa de sus sociedades y sus concepciones del orden internacional. Estamos aqu ante la construccin de un determinado orden social (nacional o internacional) sobre la base de la aniquilacin de vidas humanas y la destruccin material.

Tal vez la impresin ms inquietante que nos deja la lectura de Comunidades rotas es la de hobbesiana fragilidad de las sociedades en que vivimos. La confluencia de una pluralidad de factores muy variados, a saber, la presin de estructuras y sistemas socioeconmicos generadores de desigualdad y privacin presin que en la actualidad se puede combinar con la del deterioro de los sistemas ecolgicos y los recursos naturales, la tecnofilia irreflexiva [5], los nacionalismos, la debilidad del estado a la hora de imponer la ley de forma equitativa y sensata y de controlar su territorio, las ambiciones de las elites locales y transnacionales y la rapacidad y mezquindad de las grandes potencias y corporaciones, pueden convertir la vida de millones de seres humanos en un suplicio sin fin. La lectura de Comunidades rotas debera servir tambin de advertencia a quienes en este pas juegan o coquetean con los nacionalismos, siendo como es el nacionalismo uno de los artefactos ideolgicos ms peligrosos para la coexistencia pacfica dentro de una misma sociedad o entre distintas sociedades.

 

Notas:

[1] El ejemplo ms lamentable, extremo, repugnante y ridculo que se me viene a la cabeza en este momento lo constituye el Institut Nova Histria (INH). Por toda muestra, lanse referencias al mismo en Alonso, M., El catalanismo, del xito al xtasis. La intelectualidad del proceso, El Viejo Topo, 2015. La labor de intoxicacin del INH ha proseguido desde la fecha de publicacin de la obra del profesor Alonso, como muestra la hemeroteca.

[2] Esta resea no sigue la mxima citada en el cuerpo del texto, pero tampoco pretende ser un escrito cientfico o historiogrfico.

[3] Nuestros historiadores contraponen de un modo algo sorprendente la historia a las ciencias sociales con la intencin de criticar la aproximacin usual de los socilogos y los politlogos a la cuestin de los conflictos armados internos, demasiado abstrusa, determinista y reductiva en su opinin. Parece que consideran la historia una rama de las humanidades y no de las ciencias sociales. Aun compartiendo en parte la crtica de los autores a determinadas formas de hacer sociologa o ciencia poltica una denominacin que algunos consideran un oxmoron, el autor de esta resea prefiere ubicar la historia dentro de las ciencias sociales.

[4] La guerra de aniquilacin nazi en la URSS, la guerra nazifascista antipartisana en Yugoslavia, las matanzas de civiles chinos a manos del ejrcito imperial japons, los bombardeos britnicos de ciudades alemanas y el lanzamiento sobre Hiroshima y Nagasaki de sendas bombas nucleares por el gobierno de EEUU, todo ello en la Segunda Guerra Mundial, ya fueron un anticipo de este fenmeno.

[5] Un ejemplo de tecnofilia de lo ms siniestra, aunque, he de admitir, sin relacin directa con el tema tratado en el libro reseado, lo podemos encontrar en el artculo "A scent of Musk. The boss of Tesla and SpaceX wants to link brains directly to machines", aparecido en The Economist, nmero de 20 de julio de 2019. Pero a la innovacin tecnolgica siempre se le halla una aplicacin militar que hace ms fcil practicar la guerra.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-182/la-biblioteca-de-babel/comunidades-rotas



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