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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2019

Reaccion del neomachismo & Feminismos
Cartografiar la contraofensiva: el espectro del feminismo

Vernica Gago
https://nuso.org

Los feminismos han desafiado a los poderes establecidos y estos han desencadenado una triple contraofensiva: eclesial, econmica y militar, que tiene uno de sus anclajes en la denuncia de la ideologa de gnero. Una de las operaciones relacionadas es asociar la ideologa de gnero al colonialismo. Otra consiste en infantilizar el feminismo como poltica trivial, de clase media, frente a la urgencia popular del hambre.


Estamos presenciando un momento de contraofensiva: es decir, de reaccin a la fuerza desplegada por los feminismos en la regin. Es importante remarcar la secuencia: la contraofensiva responde a una ofensiva, a un movimiento anterior. Esto supone ubicar la emergencia de los feminismos en relacin con el posterior giro a la derecha en la regin, incluso con tonalidades protofascistas, y a escala global. Se desprenden de aqu dos consideraciones. En trminos metodolgicos: ubicar la fuerza de los feminismos en primer lugar, como fuerza constituyente. En trminos polticos: afirmar que los feminismos, en su capacidad de devenir masivos y radicales, ponen en marcha una amenaza hacia los poderes establecidos y activan una dinmica de desobediencias que se intenta contener contraponindole formas de represin, disciplinamiento y control en varias escalas. La contraofensiva es un llamado al orden y su agresividad se mide en relacin con la percepcin de amenaza a la que est respondiendo. Por eso, la feroz contraofensiva desatada hacia los feminismos nos da una lectura a contrapelo, en reversa, de la fuerza de insubordinacin que se ha percibido como ya aconteciendo y a la vez con posibilidad de radicalizacin.

Veamos las lneas de la contraofensiva para luego volver sobre los contornos de la caracterizacin de qu es lo que se delinea como amenaza, ya que eso nos permitir entender por qu estamos presenciando la construccin del feminismo como nuevo enemigo interno. O por qu el feminismo funciona como espectro al que distintos poderes se proponen conjurar.

Uno: la contraofensiva eclesial

Mediante el concepto de ideologa de gnero se sintetiza hoy una autntica cruzada encabezada por la Iglesia catlica contra la desestabilizacin feminista. La ideologa de gnero es una estrategia discursiva ideada desde el Vaticano y adoptada por numerosos intelectuales y activistas catlicos y cristianos para contraatacar la retrica de la igualdad de derechos para mujeres y personas lgbti, argumenta Mara Viveros Vigoya. Eric Fassin seala que la embestida contra el trmino gnero empieza abiertamente a mediados de la dcada de 1990 desde grupos catlicos de derecha estadounidenses, en ocasin de la Conferencia sobre Poblacin y Desarrollo de la Organizacin de las Naciones Unidas ( onu ), realizada en El Cairo en 1994, y durante las reuniones preparatorias de la Conferencia de Beijing (1995) en Nueva York. Varias crnicas sealan como la lobbista ms activa del Vaticano a Dale OLeary, una periodista catlica conservadora que plasm esta discusin en el libro The Gender Agenda [La agenda de gnero], cuyo argumento principal es que el gnero se presentaba como una herramienta neocolonial de una conspiracin feminista internacional. Segn Mary Anne Casey, el ataque surge primero contra leyes y polticas y luego se concentrar en la teora y sealar a Judith Butler como la papisa del gnero. Son campaas impulsadas desde arriba, como argumenta Sonia Corra en una entrevista con Mara Alicia Gutirrez: no han sido gestadas en la base de nuestras sociedades, sino ms bien en las altas esferas de las negociaciones internacionales y la elucubracin teolgica.

Uno de los textos ms emblemticos de la cruzada es (editado originalmente en italiano por Edizioni Dehoniane de Bologna en 2003). La entrada gnero est escrita por (1952-2010), teloga catlica alemana que traza las coordenadas de la discusin apuntando a Butler como responsable de desacoplar el sexo biolgico de la categora cultural de gnero y de habilitar su proliferacin indiscriminada. Como tambin se constata en otros tantos textos eclesisticos, Burggraf muestra preocupacin por la recepcin de la palabra gnero en organismos internacionales como la onu y la va de recursos que estas instancias implican. Pero lo que ms me interesa remarcar para luego seguir el hilo de esta argumentacin es la afinidad que ella traza entre la ideologa de gnero y una antropologa individualista del neoliberalismo radical.

Antes de Butler, el linaje terico que se describe en estas publicaciones de pelaje variado se remonta a Friedrich Engels y Simone de Beauvoir. De manera particular, sin embargo, el nfasis del antecedente de la ideologa de gnero se traza con las teorizaciones de la Escuela de Frncfort en la dcada de 1930 y, en particular, con el modo en que sus conceptos se diseminaron en las revueltas de los aos 60 en los movimientos radicales. El marxismo cultural de la Escuela de Frncfort sera el enemigo de la cristiandad occidental. La conversin del vocablo gnero en un anatema, una maldicin, recrea y actualiza toda la fbula de la amenaza a la civilizacin cristiana y occidental, pero con un agregado: destacando su capacidad de transversalidad ideolgica y, por tanto, su fuerza de propagacin que ira ms all de la reconocible izquierda.

La disputa es enorme. Segn la Iglesia catlica, lo que est en juego es la naturaleza humana porque se est cuestionando el binarismo de gnero que constituye la clula base de la reproduccin heteronormada; es decir, la familia. Por eso, en la cruzada toman tambin progresiva relevancia las identidades y corporalidades trans y las tecnologas dedicadas a la reproduccin. Ambas cuestiones son representadas como una etapa superior de la ideologa de gnero, la consagracin del desacople del sexo respecto del gnero y, por tanto, la amenaza a la teora antropolgica-teolgica cristiana de la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. Para resumirlo en palabras de Sarah Bracke y DavidPaternotte: El Vaticano considera la nocin analtica de gnero como una amenaza a la Creacin Divina. La nocin de gnero, entonces, usurpa y por eso amenaza el poder divino de creacin. Crear gneros diversos o poner el gnero en disputa para usar el ttulo ms famoso de Butler aparece, desde la Iglesia, como una disputa directa con Dios.

En 2017, los investigadores David Paternotte y Roman Kuhar se preguntan algo fundamental: cmo se ha producido la traduccin de un concepto terico a los discursos religiosos y, especialmente, cmo luego esos discursos pasan a convocar movilizaciones a escala global. La hiptesis que exploran es, en el contexto europeo, su interseccin con el nacionalismo y los populismos de derecha. Con la misma preocupacin por su articulacin poltica con la derecha, Agnieszka Graff y Elżbieta Korolczuk subrayan a partir del anlisis del caso polaco, pero luego extendindose a Europa que el ataque antignero identifica a quienes propagan la ideologa como liberales, miembros de elite, mientras que la cruzada religiosa estara defendiendo a las clases trabajadoras, que portaran una suerte de conservadurismo que emana de la condicin de ser las vctimas de la globalizacin: los generistas estaran bien financiados y conectados con las elites globales mientras que la gente comn estara pagando el precio de la globalizacin. La asociacin entre neoliberalismo y gnero insiste por varias vas y prepara el terreno para argumentar como lo veremos en relacin con el debate argentino que el antineoliberalismo solo puede venir de la mano de una conservacin de los valores familiares y de la disciplina del trabajo a los que estos estn ntimamente asociados.Uno de sus voceros argentinos se jacta de estar a la vanguardia de esta teorizacin. El abogado catlico cordobs Jorge Scala public en 2010 el libro La ideologa de gnero. O el Gnero como herramienta de poder (segn afirma el autor, con ms de 10 ediciones en Espaa). All caracteriza la ideologa de gnero como un totalitarismo: La ideologa de gnero busca imponerse de forma totalitaria, mediante el ejercicio del poder absoluto, en especial a nivel supranacional y desde all recalar en los distintos pueblos y naciones, mediante el control de los medios de propaganda y de elaboracin cultural, sintetiza en su publicidad. Dice detectar tres vas por las cuales la ideologa de gnero se expande: el sistema educativo formal, los medios de comunicacin y los derechos humanos. Lo totalitario sera lo propio de un sistema cerrado, de un lavado de cerebro global. En 2012, el libro fue traducido y publicado en Brasil. En marzo de 2013, ante la consagracin de Jorge Bergoglio como papa Francisco, Scala escribi:

Hay una coincidencia que me resulta particularmente significativa: el 13 de marzo de 2012 la Corte Suprema de Justicia de la Repblica Argentina dict un fallo inicuo pretendiendo legalizar el aborto a peticin en dicha Nacin. Exactamente un ao despus, el 13 de marzo de 2013, el Colegio Cardenalicio eleva a la Sede de Pedro al cardenal primado de la Argentina. Es como una caricia del Espritu Santo.

Para Mary Anne Casey, los dos papas que han encarnado la guerra del Vaticano contra la ideologa de gnero son Benedicto xvi y Francisco. El hecho de que provengan de Alemania y Argentina respectivamente no pasa inadvertido:

De maneras no previamente analizadas, Ratzinger parece haber estado reaccionando directamente a los acontecimientos recientes de entonces en Alemania, incluyendo, por un lado, la presencia de libros de feministas que subrayaban la construccin social de los roles de gnero () en las listas de best-seller locales y, por otro lado, el mandato constitucional de la legislacin federal alemana que garantiza a los individuos la oportunidad legal de cambiar de sexo. Los reclamos de derechos trans fueron, junto con los reclamos feministas, un componente fundacional, y no un agregado reciente, a la esfera de preocupaciones del Vaticano sobre el gnero y al enfocar tal preocupacin en el desarrollo de las leyes seculares. Tal como Ratzinger puede haber llevado con l a Roma su memoria de los acontecimientos en Alemania, lo mismo Jorge Mario Bergoglio, quien viaj a Roma en 2013 para convertirse en papa Francisco, dejando atrs una Argentina que solo un ao antes haba aprobado, con la oposicin de Bergoglio pero sin ninguna oposicin legislativa, una ley sobre identidad de gnero que est entre las ms generosas del mundo respecto a las personas que desean legalmente cambiar de sexo.Segn la investigadora, sin embargo, lo que caracteriza a Francisco es haberle encontrado un giro tctico al combate: la ideologa de gnero pasa a ser asociada por el papa argentino con una ideologa colonizadora, especialmente impulsada por ong y organismos internacionales. De este modo, el papa que viene del Tercer Mundo moviliza una retrica pseudoantiimperialista para librar la batalla contra los derechos de mujeres y lgtbi +. Un segundo logro le atribuye Casey a Francisco: haber conseguido unificar distintos credos (especialmente catlicos, evanglicos y mormones) en la cruzada contra la ideologa de gnero, amalgamados por la expansin de la amenaza. Fue en los ltimos pocos aos cuando la doctrina eclesial devino hashtag multiuso y herramienta de movilizacin que sali a disputar las calles: . En ella se inscriben, por ejemplo, las manifestaciones alrededor del eslogan Con mis hijos no te metas. La ideologa de gnero sera, en este caso, el contenido de una nueva currcula escolar que al incorporar nociones como igualdad de gnero e identidad de gnero promovera, segn los manifestantes en Per, por ejemplo, la homosexualidad y el libertinaje sexual en los escolares. En Argentina, hay que notar la ofensiva contra la ley nacional 26150 que crea el derecho a recibir Educacin Sexual Integral ( esi ) desde el inicio de la escolaridad; ley que fue defendida por organizaciones que popularizaron la consigna La educacin es una causa feminista, mientras monseor Hctor Aguer (arzobispo de La Plata) declaraba que el aumento de los femicidios tiene que ver con la desaparicin del matrimonio. En Colombia, la llamada ideologa de gnero jug un papel clave en la campaa que agit la amenaza del gnero a favor del triunfo del No a los Acuerdos de Paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ( farc ) de 2016. Sonia Correa agrega sobre el mapa latinoamericano:

A principios de 2017, las campaas antignero estallaron en el contexto de la Reforma Constitucional del Distrito Federal en Mxico y poco despus un autobs antignero comenz a circular por todo el pas. Dos meses despus, el mismo autobs estaba viajando por Chile, justo antes de la votacin final de la reforma a la ley que dej atrs la prohibicin de la terminacin del embarazo promulgada por el rgimen pinochetista en los 80. Llevaron a cabo tambin una campaa contra la ideologa de gnero en el plan de estudios de la educacin pblica en Uruguay, un pas conocido por su laicismo. En Ecuador, una disposicin legal que intentaba limitar la violencia de gnero fue atacada por grupos conservadores religiosos antignero. La Corte Constitucional boliviana derog la Ley de Identidad de Gnero recientemente aprobada, argumentando que la dignidad de la persona tiene su raz en el binario sexual de lo humano.

Este 2019 se abri con el estreno del extremista de derecha Jair Bolsonaro en Brasil, cuyo primer discurso presidencial estuvo referido al combate contra la ideologa de gnero. Unas semanas despus, el joven empresario Nayib Bukele gan la Presidencia de El Salvador con la misma bandera. La batalla del siglo xxi va as tomando diversas escenas y modalidades. Pero lo que cabe resaltar es de qu manera se declina esta batalla como contienda poltica en cada situacin local y cmo logra justamente presentarse enhebrada a coyunturas bien diversas, construyendo un paisaje del giro conservador en la regin. Es imposible entender este devenir en consigna de movilizacin de la cruzada religiosa fundamentalista es decir, fabricarle su movimiento social sin tomar en cuenta el auge de masividad y radicalidad de los feminismos que han tomado las calles en dinmicas transnacionales.

En Argentina hay un punto de quiebre: es la marea verde a favor de la legalizacin del aborto que durante 2018 inund las calles y difundi su impacto a escala mundial. La ampliacin del debate sobre el aborto en trminos de soberana, autonoma y clase, su radicalizacin militante por las nuevas generaciones y la proyeccin poltica de sus demandas en la atmsfera feminista desataron una virulencia nueva de la contraofensiva eclesial. Hemos visto el lanzamiento a las calles del movimiento celeste, las frases de defensa sobre las dos vidas y llamamientos al odio en escuelas religiosas y plpitos. Pero, sobre todo, una militancia enardecida en hospitales, en juzgados y en los medios de comunicacin contra el aborto. Esta campaa lleg a la aberracin durante 2019 con los casos de una nia de 12 aos en Jujuy y otra de 11 en Tucumn y la reivindicacin de la violacin y maternidad forzada de las menores por un editorial del diario La Nacin.

Espiritualidad poltica. Como movimiento mltiple, el feminismo pone en escena la disputa por la soberana de los cuerpos. Y claro est: de los cuerpos feminizados en trminos de su jerarqua diferenciada. De esos cuerpos que histricamente fueron declarados no soberanos. Sentenciados como no aptos para decidir por s mismos. Es decir: de los cuerpos tutelados.

Pero el feminismo habla de los cuerpos al mismo tiempo que pone en disputa una espiritualidad poltica. Y que es poltica justamente porque no separa el cuerpo del espritu, ni la carne de las fantasas, ni la piel de las ideas. El feminismo (como movimiento mltiple) tiene una mstica. Trabaja desde los afectos y las pasiones. Abre ese campo espinoso del deseo, de las relaciones amorosas, de los enjambres erticos, del ritual y la fiesta y de los anhelos ms all de sus bordes permitidos. El feminismo, a diferencia de otras polticas que se consideran de izquierda, no despoja a los cuerpos de su indeterminacin, de su no saber, de su ensoamiento encarnado, de su potencia oscura. Y por eso trabaja en el plano plstico, frgil y a la vez movilizante de la espiritualidad.

El feminismo no cree que haya un opio de los pueblos: cree, por el contrario, que la espiritualidad es una fuerza de sublevacin. Que el gesto de rebelarse es inexplicable y, a la vez, la nica racionalidad que nos libera. Y que nos libera sin volvernos sujetos puros, heroicos ni buenos.

La Iglesia ha entendido esto desde todos los tiempos. Podemos referirnos una vez ms a Calibn y la bruja, de Silvia Federici, para recordar por qu la quema de brujas, herejes y sanadoras fue una escena predilecta para desprestigiar el saber femenino sobre los cuerpos y aterrorizar su efervescencia curadora y su fuerza de tecnologa de amistad entre mujeres. O al an ms clsico Witches, Midwives and Nurses: A History of Women Healers [Brujas, parteras y enfermeras. Una historia de las mujeres sanadoras] de Brbara Ehrenreich y Deirdre English, donde por ejemplo se analiza la gua de quema de brujas del siglo xv Malleus maleficarum [El martillo de las brujas],que aseguraba que nada le hace ms dao a la Iglesia catlica que las parteras, que por supuesto son tambin las aborteras.

Hoy vemos en las calles, en las casas, en las camas y en las escuelas una batalla por la espiritualidad poltica (que, en su movimiento masivo, tie todo de verde, como un principio-esperanza). Y por eso, de nuevo, la Iglesia catlica, a travs de sus representantes y voceros varones, siente que tiene una misin que cumplir, una tarea de salvacin de almas que se traduce en una guerra por el monopolio del tutelaje sobre los cuerpos femeninos. Hay un punto fundamental en la actualidad de esta cruzada y es el rol del papa Francisco, especialmente por su conexin en Argentina con varios movimientos sociales.

La Iglesia de los pobres. Con particular nfasis, esta disputa por los cuerpos se despliega cuando se trata del tutelaje de mujeres pobres. Y sucede justo en el momento en que el feminismo se hace fuerte desde los barrios, desde las generaciones jvenes pero al mismo tiempo como nueva alianza entre madres e hijes, y cuando hay un debate clasista sobre la diferencia de riesgos que comporta el aborto. Como lo expuso en el Congreso de la Nacin una joven de la organizacin Orilleres de la Villa 21-24 y Zavaleta, en la ciudad de Buenos Aires: En nuestros barrios intervienen instituciones como las iglesias que se encargan de moralizar nuestros cuerpos, nuestras decisiones, y que operan para que las mujeres no tengamos acceso al aborto legal. Sin derechos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas estamos condenadas a seguir siendo vulneradas.

Unos das antes, un conocido cura villero haba insistido en que el aborto no es un reclamo popular. Argument que el fmi [Fondo Monetario Internacional] es aborto (ttulo con el que circul mediticamente su discurso). Con esto, la Iglesia pretende instalar que la autodeterminacin de las mujeres, el propio derecho a decidir sobre el cuerpo, es una cuestin neoliberal. Desconocen y falsean tanto las luchas histricas por el aborto como la actualidad del movimiento feminista, donde esta demanda est asociada a un reclamo de vida digna y contra el ajuste neoliberal, y en cuya amalgama se hicieron pauelazos en muchos barrios y villas.

En su pretensin de mostrarse como los nicos antiliberales, los voceros de la Iglesia refieren esta argumentacin a las mujeres pobres: a quienes ellos consideran que deben conducir especialmente, a quienes quitan la capacidad de decisin en nombre de su condicin social, a quienes visibilizan como resistentes solo si son madres. De este modo, la trampa que tienden parece reivindicarse clasista, pero en verdad es justamente lo contrario: intentan trazar una distincin de clase que justificara que a las mujeres pobres no les queda ms alternativa que ser catlicas y conservadoras, porque solo tienen como opcin su maternidad. De este modo, se intenta reducir el abortar (es decir, decidir sobre el deseo, la maternidad y la propia vida) a un gesto excntrico de la clase media y alta (que, claro est, puede poner en juego recursos econmicos diferentes). El argumento clasista, que por supuesto existe en trminos de posibilidades diferenciadas para acceder a un aborto seguro, se invierte: pasa a funcionar como justificacin de la clandestinidad. El derecho a decidir, para la Iglesia, debe permanecer as alejado de los barrios populares. Esta cruzada por infantilizar a las mujeres pobres es la punta de lanza, porque si se desarma, la Iglesia misma se queda sin fieles. Lo ms brutal es el modo en que, para sostener esto, tienen que hacer odos sordos desconocer y negar lo que dicen las propias mujeres de las villas y las organizaciones que trabajan en ellas. Aun cuando ellas estn insistiendo en todos lados con la consigna dejen de hablar por nosotras.

Queda claro que la Iglesia, a travs de sus voceros varones, no quiere dejar de legislar sobre el cuerpo de las mujeres y que encuentra en el movimiento feminista una amenaza directa a su poder, edificado sobre el control de los cuerpos y las espiritualidades feminizadas. Porque es el control de la vida y de los modos de vida (toda una guerra se despliega sobre el propio vocablo vida) lo que est en juego para hacer de la espiritualidad un sinnimo de obediencia y de renovadas formas de tutelaje.

Volvamos al argumento que se renueva y refuerza: querer asociar feminismo y neoliberalismo. El aborto como sinnimo de cultura del descarte que enarbola la propaganda eclesial tiene este propsito. Pero es justamente un feminismo anti-neoliberal lo que se ha venido fortaleciendo en los ltimos aos y lo que pone en jaque esta falaz argumentacin de la institucin que es del reino celeste.

Dos: la contraofensiva moral y econmica

Estamos hablando de la disputa por la definicin de neoliberalismo y, en particular, de qu sera el antineoliberalismo. Y an ms: de qu prcticas implica lo popular en su capacidad estratgica de construir antineoliberalismo. Ah est el corazn del debate. Quienes denuncian la ideologa de gnero proponen un combate al neoliberalismo a travs de un retorno a la familia, al trabajo disciplinado como nico proveedor de dignidad y a la maternidad obligatoria como reaseguro del lugar de la mujer.

El neoliberalismo, as, queda definido como una poltica y un modo de subjetivacin de la pura disgregacin del orden familiar y laboral. Que ese orden sea patriarcal, por supuesto, no es problematizado, sino ratificado. Llegamos a una suerte de contradiccin lgica: puede el antineoliberalismo sustentarse en un orden patriarcal cuya estructura biologicista y colonial es indisimulable? Esto es justamente lo que han dejado claro los feminismos en su radicalizacin masiva: no hay capitalismo neoliberal sin orden patriarcal y colonial. La trinidad es indisimulable.El argumento que intenta instalar la doctrina de Francisco es que la ideologa de gnero es colonial y liberal. Parece paradjico que la institucin que debe sus cimientos en nuestro continente a la colonizacin ms cruenta enarbole un discurso anticolonial. Parece paradjico que, en un momento en que la jerarqua de la Iglesia catlica se ve impugnada por las denuncias de abuso sexual a menores por parte de sus integrantes, surja por arriba la bandera de un antineoliberalismo de corte miserabilista y patriarcal para sealar al feminismo como enemigo interno. Parece paradjico que en un momento en que el inconsciente-colonial como lo llama Suely Rolnik o las prcticas descolonizadoras de las que habla Silvia Rivera Cusicanqui tienen en los feminismos un enorme espacio de problematizacin y resonancia, sea la Iglesia catlica apostlica romana la que quiere presentarse como anticolonial.

Veamos cmo se articula la contraofensiva eclesial con la contraofensiva econmica. El ajuste econmico de los ltimos aos, que en el caso de Argentina se traduce en inflacin y aumento de tarifas bsicas, en despidos y en recortes de servicios pblicos, tiene especial impacto sobre las mujeres y, de modo ms general, sobre las economas feminizadas. Varias integrantes de organizaciones sociales cuentan que no cenan como modo de autoajuste frente a la escasez de comida y para lograr repartir mejor lo que hay entre hijos e hijas.

Tcnicamente se llama inseguridad alimentaria. Polticamente, evidencia cmo las mujeres ponen de manera diferencial el cuerpo, tambin as, ante la crisis. Esto se ve reforzado por la bancarizacin de los alimentos mediante las tarjetas alimentarias (parte de la bancarizacin compulsiva de las ayudas sociales de la ltima dcada), que se canjean solo en ciertos comercios y que estn atadas a la especulacin de algunos supermercados a la hora de fijar precios. El fantasma del saqueo a los comercios de alimentos se agita como amenaza de represin e incentiva la persecucin de las protestas en nombre de la seguridad.

Encierro, deuda y biologa. Con la contraofensiva econmica vemos un rasgo fundamental del neoliberalismo actual: la profundizacin de la crisis de reproduccin social que es sostenida por un incremento del trabajo feminizado, que reemplaza las infraestructuras pblicas y queda implicado en dinmicas de superexplotacin. La privatizacin de servicios pblicos o la restriccin de su alcance se traducen en que esas tareas (salud, cuidado, alimentacin, etc.) deben ser suplidas por las mujeres y los cuerpos feminizados como tarea no remunerada y obligatoria.

Varias autoras han destacado el aprovechamiento moralizador que se articula a esta misma crisis reproductiva. Ac surge una clave fundamental: las bases de convergencia entre neoliberalismo y conservadurismo. Como sostiene Melinda Cooper, necesitamos situar cundo el neoliberalismo, para justificar sus polticas de ajuste, revive la tradicin de la responsabilidad familiar privada y lo hace en el idioma de la deuda domstica! Endeudar a los hogares es parte de su llamado a la responsabilizacin neoliberal, pero al mismo tiempo condensa el propsito conservador de plegar sobre los confines del hogar cisheteropatriarcal la reproduccin social.

Encierro, deuda y biologa: tal es la frmula de la alianza neoliberal-conservadora. La reinvencin estratgica de la responsabilidad familiar frente al despojo de infraestructura pblica permite esta convergencia muy profunda entre neoliberales y conservadores.

Esto lo vemos claramente en cmo la contraofensiva econmica es tambin contraofensiva moralizadora y saca su fuerza del empobrecimiento acelerado, que tiene como espacio de expansin la financiarizacin de las economas familiares que hace que los sectores ms pobres (y ahora ya no solo esos sectores) deban endeudarse para pagar alimentos y medicamentos y para financiar en cuotas con intereses descomunales el pago de servicios bsicos. Si la subsistencia cotidiana por s misma genera deuda, lo que vemos es una forma intensiva y extensiva de explotacin que encuentra en las economas populares feminizadas su laboratorio.

Pero la torsin conservadora es un aspecto fundamental que intenta reforzar, por un lado, la obligacin de contraprestacin de la ayuda social con exigencias familiaristas como lgica de cuidado y responsabilidad; por otro, hace que las iglesias sean hoy canales privilegiados para la redistribucin de recursos. Vemos consolidarse as una estructura de obediencia sobre el da a da y sobre el tiempo por venir que obliga a asumir de manera individual y privada los costes del ajuste y a recibir condicionamientos morales a cambio de los recursos escasos.

Caracterizamos as la contraofensiva econmica como terror financiero porque se despliega como contrarrevolucin cotidiana en dos sentidos: porque nos quiere hacer desear la estabilidad a cualquier costo y porque opera sobre el tejido del da a da, el mismo que los feminismos ponen en cuestin porque es all donde se estructura micropolticamente toda forma de obediencia. No es casual entonces que militancias polticas cercanas al Vaticano quieran construir un falso antagonismo: feminismo versus hambre. De nuevo, la operacin consiste en infantilizar el feminismo como poltica trivial, de clase media, frente a la urgencia popular del hambre. Ms bien lo contrario es cierto: no hay oposicin entre la urgencia del hambre a la que nos somete la crisis y la poltica feminista. Es el movimiento feminista en toda su diversidad el que ha politizado de manera nueva y radical la crisis de la reproduccin social como crisis a la vez civilizatoria y de la estructura patriarcal de la sociedad. A eso se contrapone una asistencia social focalizada (forma predilecta de la intervencin estatal neoliberal), que busca reforzar una jerarqua de merecimientos en relacin con la obligacin de las mujeres segn sus roles en la familia patriarcal: tener hijos, cuidarlos, escolarizarlos, vacunarlos.

Lo que la contraofensiva religiosa no soporta es que enfrentando al hambre se desafe tambin el mandato patriarcal de la reproduccin de la norma familiar, del confinamiento domstico y de la obligacin de parir. Lo que la contraofensiva religiosa busca en la contraofensiva econmica es una oportunidad para reponer una imagen de lo popular como conservador y de lo conservador como genuino porque, de nuevo, trae una idea de lo antineoliberal que no hace ms que ocultar la alianza entre neoliberalismo y conservadurismo que vemos hoy en el giro neofascista regional y global.El movimiento feminista crece dentro de organizaciones diversas y por ello est presente en las luchas ms desafiantes del presente, y desde ah realiza los diagnsticos no fascistas de la crisis de reproduccin social. El hambre no es una definicin biologicista. Las jefas de hogar sacan las ollas a la calle y le ponen el cuerpo a la denuncia del ajuste, la inflacin y la deuda. Las pibas en situacin de calle discuten qu son las violencias de las economas ilegales. Las presas denuncian la mquina carcelaria como lugar privilegiado de humillacin. Pero es necesario desconocer estos potentes lugares de enunciacin para poder sostener el falso antagonismo hambre versus feminismo.

Pero demos una vuelta ms al vnculo actual entre neoliberalismo y conservadurismo. Por qu se amalgaman en economas de la obediencia impulsadas desde la moral religiosa y desde la moral financiera? Por qu esta alianza encuentra en las economas ilegales un flujo paralelo y a la vez explotable de armas y dinero? Podemos ir a una pregunta anterior que hemos desarrollado para hacer una lectura feminista de la deuda: qu pasa cuando la moralidad de los trabajadores y las trabajadoras no se produce en la fbrica y a travs de sus hbitos de disciplina adheridos a un trabajo mecnico repetitivo? Qu tipo de dispositivo de moralizacin es la deuda en reemplazo de esa disciplina fabril? Cmo opera la moralizacin sobre una fuerza de trabajo flexible, precarizada y, desde cierto punto de vista, indisciplinada? Qu tiene que ver la deuda como economa de obediencia con la crisis de la familia heteropatriarcal? Qu tipo de educacin moral es necesaria para una juventud endeudada y precarizada? Como lo escribimos en Una lectura feminista de la deuda:

No nos parece casual que se quiera impulsar una educacin financiera en las escuelas al mismo tiempo que se rechaza la implementacin de la Educacin Sexual Integral ( esi ), lo cual se traduce en recortes presupuestarios, en su tercerizacin en ong religiosas y en su restriccin a una normativa preventiva. La esi es limitada y redireccionada para coartar su capacidad de abrir imaginarios y legitimar prcticas de otros vnculos y deseos, ms all de la familia heteronormativa. Combatirla en nombre del #ConMisHijosNoTeMetas es una cruzada por la remoralizacin de lxs jvenes, mientras se la quiere complementar con una educacin financiera temprana.

La respuesta eclesistica a la contraofensiva econmica es la reposicin familiarista de la reproduccin, el apuntalamiento de la obediencia a cambio de recursos, la despolitizacin de las redes feministas para enfrentar el hambre y la desestructuracin de las familias como norma y el intento de remoralizar el deseo. La respuesta econmica a la contraofensiva religiosa es unificar la moralidad deudora con la moralidad familiarista.

Tres: la contraofensiva militar

El asesinato de lideresas territoriales, la criminalizacin de las luchas de las comunidades indgenas y la persecucin judicial, as como formas de represin selectivas en las manifestaciones, se han incrementado en los ltimos aos. El asesinato de la activista lesbiana negra Marielle Franco en 2018 condensa el de muchas y en particular apunta a las mujeres negras y a las disidencias como nuevo enemigo y enemigo principal.

Entonces, cmo explicar la alianza actual entre neoliberalismo y neofascismos?

El fascismo actual es una poltica que construye un enemigo interno. Ese enemigo interno est encarnado por quienes histricamente han sido considerados extranjeros en el mbito pblico de la poltica. Hoy el enemigo interno al que apunta el fascismo es el movimiento feminista en toda su diversidad y los y las migrantes, como sujetos tambin feminizados. El fascismo actual lee nuestra fuerza de movimiento feminista, antirracista, antibiologicista, antineoliberal y, por tanto, antipatriarcal.

La agresividad del fascismo actual, sin embargo, no tiene que hacernos perder de vista algo fundamental: expresa un intento de estabilizar la continua crisis de legitimidad poltica del neoliberalismo. Tal crisis est siendo producida como despliegue de fuerzas por el movimiento feminista transnacional, plurinacional, que actualmente inventa una poltica de masas radical justamente por su capacidad de tramar alianzas inslitas, para usar el trmino de Mujeres Creando, ahora en una escala indita. Son esas formas prcticas de transversalidad las que materializan el carcter anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal del movimiento. Las alianzas, como tejido poltico construido pacientemente en temporalidades y espacios que no suelen ser reconocidos como estratgicos, formulan una nueva estrategia de insurreccin entre los histricamente considerados no ciudadanos del mundo.

Quisiera terminar con una pregunta recientemente lanzada por Butler, porque nos permite situar an ms precisamente la investigacin que nos queda por delante: Entonces podemos preguntarnos ahora si el movimiento de la ideologa antignero es parte del fascismo, o si podemos decir que comparte algunos atributos, que contribuye a los fascismos emergentes, o que es en algn sentido sintomtico del nuevo fascismo.

Nota: este artculo es un adelanto del libro La potencia feminista. O sobre el deseo de cambiarlo todo (Tinta Limn, Buenos Aires, en prensa).

Fuente: https://nuso.org/articulo/cartografiar-la-contraofensiva-el-espectro-del-feminismo/



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