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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2019

Cuaderno de augurios 1
Economistas perplejos

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

Mi ltima entrega antes de las vacaciones la dediqu a comentar el elevado grado de incertidumbre a la hora de pronosticar si estbamos a las puertas de una nueva recesin global. La economa capitalista contiene muchos elementos que la predisponen a las crisis, pero estas no se producen automticamente. Ni tampoco ha tenido lugar hasta ahora el tipo de derrumbe que esperaban algunos de los principales tericos marxistas de principios del siglo pasado. La economa capitalista ha seguido expandindose en medio de altibajos y profundas convulsiones, y hoy por hoy ha alcanzado un grado de hegemona social mayor de lo que posiblemente tuvo en el pasado; en parte por mritos propios y en buena medida por demritos de los que en algn momento trataron de desarrollar sistemas alternativos.

La economa capitalista est, sin embargo, lejos de representar una frmula deseable de gestin de la actividad econmica. No slo por su inestabilidad intrnseca, sino sobre todo porque est lejos de garantizar niveles satisfactorios de vida al conjunto de la humanidad. Ms bien resulta evidente que constituye el principal determinante de la crisis ambiental que asola a la sociedad y del aumento de las desigualdades que se ha producido en muchas partes del planeta. Su impacto es tan evidente que ambos temas, el de las desigualdades y el de la crisis ambiental, empiezan a aparecer en las agendas de los foros oficiales, aunque se trata casi siempre de una inclusin retrica, sin ninguna estrategia real de cambio.

Lo que resulta novedoso es la proliferacin de malos augurios que domina el ambiente econmico en los ltimos meses, algo que se ha reforzado a lo largo del verano. Hay nerviosismo en las bolsas, en los gobiernos y en los organismos reguladores. A esta situacin contribuyen diversos factores. Muchos de origen poltico, especialmente provocados por las intervenciones proteccionistas de Trump y la amenaza del Brexit. Otros generados por los indicadores econmicos, que muestran una clara desaceleracin de la actividad en Europa y Asia y la posible entrada en recesin de algunos pases. Pero, con ser importantes estos aspectos, lo ms relevante es el desconcierto de los gurs econmicos. Un desconcierto que tiene que ver con lo ocurrido tras la crisis de 2007.

II

Ms all de las posibilidades de que se produzca una recesin, lo que preocupa a muchos economistas ortodoxos es la conciencia de no tener polticas de respuesta claras ante una nueva crisis. De hecho, para la inmensa mayora de las lites la propia crisis de 2008 constituy una mala sorpresa inesperada. La respuesta que se dio a la crisis fue diversa. En un primer perodo se adoptaron moderadas polticas expansivas del gasto pblico, que generaron algunos impactos positivos pero que al provocar un aumento de los dficits pblicos dieron paso, especialmente en Europa, a polticas de austeridad que agravaron la situacin all donde se pusieron en prctica. Pero lo que prevaleci en conjunto fue el papel predominante de la poltica monetaria por encima de cualquier otra. Una poltica supuestamente en manos de personal altamente cualificado que tiene las claves de la actividad econmica. En la prctica, al final ha prevalecido una poltica monetaria bastante heterodoxa, tanto por parte del Banco Central Europeo como por la Reserva Federal, basada fundamentalmente en mantener bajos los tipos de inters y realizar inyecciones masivas de dinero al sistema financiero (bien a travs de ayudas directas a la banca, bien mediante la compra masiva de bonos en los mercados muchos tambin de origen bancario).

El objetivo esperado de esta poltica era que la inyeccin masiva de dinero provocara tanto una reactivacin de la demanda agregada como un repunte de la inflacin que permitiera aliviar la situacin de personas y empresas con deudas. Lo que ahora se plantea es que, a pesar de este masivo estmulo monetario, ni se ha fortalecido la demanda global ni se ha dado el pronosticado repunte de la inflacin. Todo apunta a que estamos ante una situacin a la japonesa. Japn vivi una profunda crisis de deuda en la dcada de los noventa y, desde entonces, lleva practicando sin xito polticas de expansin monetaria. Lo que ms preocupa ahora es la inexistencia, por parte de la economa convencional, de respuestas alternativas ante una nueva recesin. De hecho, si de algo ha servido la poltica de expansin cuantitativa es para mantener bajos los tipos de inters de la deuda, lo que ha permitido a muchos pases (como es el caso de Espaa) mantener altos niveles de endeudamiento a un coste soportable. Pero este elevado endeudamiento dificulta, a su vez, que la respuesta a una nueva recesin sea un aumento del gasto pblico con ms dficit. Esta poltica ha sido tambin para salvar a los grandes bancos, pero, al mismo tiempo, los bajos tipos de inters afectan negativamente a la rentabilidad de los mismos. En suma, las medidas adoptadas como respuesta a la crisis no han funcionado como sus promotores pensaban, y ahora cunde un clima de confusin y de no saber qu respuestas dar a los nuevos retos.

El problema de fondo es de concepcin intelectual de las polticas y de configuracin de estas ltimas. La contrarrevolucin neoliberal orientada a limitar la capacidad de intervencin del sector pblico (y de la democracia) sobre la economa, a ampliar el poder del capital privado, y a abrir numerosas posibilidades al enriquecimiento especulativo, es lo que nos ha conducido hasta aqu. En el plano de la poltica econmica, dej toda la iniciativa a la poltica monetaria gestionada por instituciones "independientes". (Una poltica monetaria sustentada en teoras que en muchos aspectos se han mostrado falaces e incapaz de entender que, en un sistema con una maraa tan inmensa de mecanismos financieros, la inyeccin de ms dinero en el sistema puede canalizarse por vas completamente diferentes de las previstas en los modelos tericos ms simplistas.) Y, al mismo tiempo, destruy gran parte de los mecanismos de accin pblica y colectiva que en gran medida condicionaban el funcionamiento del capitalismo real. (Lo que se llam "capitalismo keynesiano" no fue solo la introduccin de una poltica presupuestaria expansiva para paliar las recesiones, sino adems la introduccin de numerosas reglas e instituciones nacionalizacin de servicios bsicos, regulaciones restrictivas del sector financiero, leyes de proteccin a la accin sindical, introduccin de algunas medidas de planificacin, etc. que limitaban los impulsos ms destructivos del capitalismo.) Cuando todo esto ha quedado fuera de la poltica real (y no ha sido sustituido por nuevos mecanismos de regulacin eficaces), poner el juego de la poltica monetaria en manos de mentes expertas resulta una quimera.

III

Hay un segundo elemento de desconcierto, quiz menos extendido pero palpable, que tiene que ver con la llamada "nueva revolucin tecnolgica". Hasta ahora gran parte del pensamiento econmico, incluido buena parte del alternativo, ha pensado que los grandes ciclos expansivos estn asociados a la introduccin de un nuevo paquete de tecnologas que generan un nuevo flujo de innovaciones, productos que favorecen la expansin de la actividad econmica, el empleo, el bienestar... Esto es lo que se piensa de las "revoluciones industriales precedentes". Y, en cambio, no se percibe que el ltimo perodo de innovaciones basadas en lo digital haya tenido ese impacto. Es posible que en esta evaluacin pese un punto de vista escorado en los pases centrales y no se tenga en cuenta la poderosa expansin de economas como la china o la india. Pero hasta el momento una digitalizacin econmica ya sostenida no ha provocado la dinamizacin que esperaban sus promotores. Lo que quiz tenga que ver con la diferente naturaleza de las nuevas tecnologas, que en muchos casos no introducen nuevos productos sino que se limitan a sustituir a los viejos o a cambiar las formas de producirlos. Mientras que el ciclo expansivo de los aos cincuenta y sesenta se basaba en la introduccin de nuevos productos que ampliaban la cesta de consumo de la gente (coches, electrodomsticos), ahora muchas de las nuevas tecnologas nicamente sustituyen unos productos por otros (algo muy evidente en los bienes destinados al ocio). Frente a la idea de que todo cambio tecnolgico ha de introducir una modificacin de las viejas estructuras, lo que parece hacer el actual es acentuar algunos de efectos ya conocidos (por ejemplo, en relacin con su impacto visible sobre el sistema del comercio de proximidad, aunque aqu no solo intervenga una cuestin tecnolgica).

Todo esto se produce, adems, en un contexto en que los salarios de la mayora de la poblacin estn estancados o a la baja, lo que supone que cualquier nuevo consumo sustituir a otro precedente, y por tanto no dar lugar a un crecimiento del gasto que incentive a la postre un aumento de la actividad.

Todo el debate sobre la nueva revolucin tecnolgica est lleno de confusin (hay por todas partes apologistas y detractores a ultranza) y se echa en falta una evaluacin de los contextos sociales en los que se introducen los nuevos productos. Hoy por hoy, el cambio parece avanzar ms en las actividades especulativas y de manipulacin de las conciencias que no en ofrecer un horizonte de bienestar humano generalizado.

IV

A todo lo anterior se suma la cuestin de la crisis ambiental. Tras aos de olvido (y negacionismo) por parte del pensamiento econmico dominante, la percepcin de estar ante una crisis ecolgica de insospechadas repercusiones se est abriendo paso. Y esto genera una enorme dificultad en muchos campos. En el del anlisis terico es difcil introducir los problemas ambientales en el marco de los esquemas habituales (no slo los de la economa neoclsica; tambin para muchos economistas marxistas se plantea la misma dificultad). Para el pensamiento ecolgico, en gran parte alimentado por cientficos naturales, la dificultad es otra: la de entender y disear adecuadamente los efectos sociales de las polticas ambientales. Pero las dificultades se multiplican cuando se pasa de la teora a la implementacin. La opcin de descarbonizar la actividad econmica choca, por ejemplo, con los intereses y las opciones de los pases y los sectores que han basado su economa en el petrleo, tiene un impacto social y geoestratgico de gran alcance y puede generar enormes convulsiones por los movimientos reactivos de los an poderosos intereses de la vieja economa. Todo ajuste hacia una economa verde implica cambios en formas de vida, en organizacin social, que a menudo son difciles de concebir y de poner en prctica sin resistencias paralizantes. Y, hasta el momento, tampoco el pensamiento alternativo ha conseguido elaborar una hoja de ruta mnimamente coherente y orientadora.

V

La perplejidad de la economa convencional sera mero motivo jocoso si de verdad tuviramos propuestas slidas. Pero a corto plazo podemos estar ante una situacin verdaderamente complicada, con repuntes del desempleo, con polticas incoherentes e ineficaces. Entramos en un perodo de enorme confusin, donde los augures de diverso signo proliferarn. Precisamente cuando hace ms falta que nunca claridad en el diagnstico y propuestas acertadas. Al menos ahora sabemos lo que no funciona, sabemos que el crecimiento sostenido es inviable e indeseable. Pero puede resultar insuficiente ante la proliferacin de demagogos y reaccionarios que propicia la situacin. Por eso, ms que nunca, nos hace falta un buen trabajo intelectual y una intervencin social responsable y en continua autoevaluacin.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-182/notas/economistas-perplejos

 



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