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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2019

De elecciones, gallinas y tareas pendientes

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

Qu poco dura la alegra en la casa del pobre! Hay veces que las sentencias populares sirven para definir bien una situacin. El pasado 28 de abril fue un da de cierta alegra. El resultado electoral haba cerrado el camino a la triple alianza reaccionaria y se abra la posibilidad de que un Gobierno de izquierdas reformista ayudara a cambiar, aunque fuera de forma modesta, la orientacin de las polticas. Puestos a soar, hasta poda pensarse que haba alguna remota posibilidad de generar alguna alternativa ms racional al problema cataln en particular. El margen para que ello ocurriera era estrecho pero no cerrado. Todo dependa de cmo operaran los dirigentes polticos de las dos principales fuerzas de izquierdas y su capacidad de alcanzar algn tipo de acuerdo aceptable.

Con el paso del tiempo estas esperanzas se fueron desvaneciendo. Primero estuvo el impasse de las elecciones municipales y regionales (que sirvi como justificacin para no empezar a trabajar una propuesta). Y despus de las mismas, con un PSOE reforzado y un Unidas Podemos francamente en retroceso, se fue haciendo patente que las posibilidades de alcanzar un acuerdo iban a ser complicadas.

Sin duda la mayor responsabilidad est en el PSOE. Era el partido que tena la obligacin de promover una coalicin de gobierno viable. Y es evidente que no ha tenido ninguna voluntad de hacerlo. Su negativa a impulsar una coalicin de izquierdas es el resultado de diversos elementos que blindan al partido de veleidades izquierdistas. Estn sin duda sus compromisos y lealtades frente al poder econmico. Un poder que seguro ha presionado entre bambalinas para que no haya ningn cambio medianamente radical. Est tambin, como ha sugerido Joan Subirats, la presin de las lites de la Administracin, siempre temerosas de que algo cambie su estatus y su modus operandi (como ya explic de forma grfica una serie de la BBC de la primera mitad de los aos ochenta, Yes, Minister). Y a ello se suman la cultura y la tradicin polticas del propio PSOE, acostumbrado al poder compartido o slo dispuesto a aceptar la coalicin como un mal menor. No hay que ser un gran muy conocedor de los entresijos del partido ms votado para suponer que, tras el resultado de las municipales, una buena parte de sus mentes pensantes sacaron la conclusin de que con una repeticin electoral podan mejorar su correlacin de fuerzas frente a Unidas Podemos. El bochornoso llamamiento a que Ciudadanos y Partido Popular se abstuvieran (a Pedro Snchez slo le falt aadir: Para no tener que pactar con estos zarrapastrosos), y las declaraciones y actitudes posteriores a la investidura fallida, obligan a pensar que para la cpula del PSOE la posibilidad de un gobierno de izquierdas amplio es una opcin desechada. Sorprende y escandaliza que nadie en los medios obligue a los portavoces socialistas a que expliquen razonadamente por qu es imposible un Gobierno de Coalicin.

Unidas Podemos ha sufrido un claro ninguneo, pero no ha sido capaz de jugar buenas cartas. De hecho parece que ha tomado como propuesta una nica opcin, la de un Gobierno de coalicin con una presencia notable del partido (una vicepresidencia), sin considerar otros planes alternativos que ayudaran a romper el bloqueo. Por ejemplo, no fueron capaces de tomar iniciativas como la adoptada por el PSOE de realizar una campaa sistemtica de reuniones con diversos movimientos y entidades sociales, a fin de generar un clima de presin social en pro del acuerdo y de marcar lneas programticas comunes. Lo han jugado todo a una negociacin cupular, con un marcado protagonismo de Pablo Iglesias que, a menudo, ha facilitado el argumentario del PSOE. Hay que destacar al respecto que el momento en el que consiguieron provocar mayor profundidad en las negociaciones fue cuando Iglesias dio un paso atrs y oblig a su oponente a mover ficha. Pero esta sutileza en la accin poltica no suele abundar en el espacio de UP. Hay demasiado convencimiento en la bondad de las propias propuestas y demasiada poca percepcin del impacto que generan sus acciones ms all de sus bases ms fieles.

El resultado de esta incapacidad para el acuerdo puede ser catastrfico. La posibilidad de una repeticin electoral parece cada vez ms probable. Si se concreta, es posible que las urnas den un resultado parecido al que indican las encuestas: que el PSOE salga algo ms reforzado y UP debilitado. El problema es que estaramos en una situacin parecida a la actual donde se volveran a plantear los mismos dilemas. Y an hay una posibilidad peor: que la desmovilizacin de parte del electorado de izquierdas (proclive a adoptar esta actitud) propicie un resultado mucho ms favorable a la derecha y al final acabe pasando lo que se evit en abril. En conclusin, sea cual fuere el resultado, aumentara el enojo, el desapego frente a unos polticos de izquierdas que no han sido capaces de construir un compromiso aceptable. Solo los fans ms fanticos de cada formacin se sentirn felices.

II

Llegados a este punto, lo de menos es evaluar las responsabilidades de cada cual. Lo que conviene es pensar qu lnea de intervencin es la ms inteligente desde una posicin de transformacin social. Y esta es una pregunta que compete especialmente a Unidas Podemos.

Resulta evidente que el enfrentamiento actual entre PSOE y UP tiene muchos elementos que nos sitan en la ensima versin del juego del gallina. Y, para expresarlo claramente, mi punto de vista es que, en este juego perverso, quien tiene ms posibilidades de ganarlo es quien lo pierde. En la pelcula de Nicholas Ray Rebelde sin causa queda ejemplificada la lgica de este juego. Dos jvenes (dos especmenes aspirantes a macho alfa) compiten por el liderato de una pandilla juvenil lanzando sus coches a toda velocidad hacia un acantilado. El que primero frene por temor a caer ser el gallina. En la pelcula, el protagonista interpretado por James Dean es el que frena, y su oponente, el terico vencedor, se despea y muere. Ha ganado una batalla, pero quien ha ganado la baza estratgica de seguir viviendo (y hasta de recuperar las posibilidades del liderazgo) es el terico perdedor. Aunque, viendo la dinmica de muchos enfrentamientos, la enseanza resulta simple, parece que la mayora de lderes an no la han aprendido. Por eso, a estas alturas la opcin ms inteligente por parte de Unidas Podemos, pasa por ceder a las pretensiones del PSOE y votar un Gobierno de Pedro Snchez, evitando nuevas elecciones.

Entiendo que, para una parte importante de la militancia de base de UP, esto puede resultar un trgala insoportable. Una concesin al Ibex 35, al sectarismo psoeista, a la OTAN... Pero hacer poltica no es una cuestin de visceralidades, sino de accin reflexiva. Por ello me parece oportuno explicar por qu me parece la mejor opcin.

Hay cuatro razones, de ndole diversa, que apoyan mi posicionamiento:

a) La ms instrumental. Si las encuestas no fallan, y el resultado en noviembre se parece ms al de mayo que al de abril, el peso institucional de UP se ver notablemente disminuido. Y hay diversos elementos que conspiran para que ello ocurra, desde los poderosos aparatos mediticos al servicio del PSOE, pasando por la concentracin del voto til para evitar el ascenso de la derecha, la tradicional volatilidad (ms en trminos de participacin) del electorado de izquierda, el agotamiento de las propias bases, etc. Como asigno una elevada probabilidad a este descenso electoral, es poco razonable que se apueste por ir a una confrontacin electoral en estas condiciones.

b) En la actual situacin parlamentaria, Unidas Podemos puede jugar un papel importante de marcaje de la poltica del Gobierno. Empezando por tomarle la palabra en cuanto a la oferta de un trato preferente para tratar de conseguir resultados del tipo pacto de legislatura, o nombramiento de algunos altos cargos relevantes. No se trata tanto de controlar el Gobierno como de utilizar la capacidad de influencia en l.

c) La posibilidad de ganar credibilidad y hegemona social. Posiblemente, una cuestin ms importante que las dos anteriores a largo plazo. Un movimiento de este tipo permite explicar que una fuerza poltica antepone el inters pblico a sus legtimos intereses programticos y de poder. Con esta opcin se cierra el paso a una repeticin electoral de resultados inciertos, se reduce la fatiga electoral que soporta una poblacin con un muy bajo nivel de cultura poltica, y se cierra un ciclo de gobiernos que llevan sucedindose en situacin de interinidad. La situacin de prrrogas presupuestarias a que estamos sometidos (los catalanes llevamos viviendo ms tiempo en esta situacin) est propiciando un segundo ajuste presupuestario que afecta a muchas polticas pblicas. En la posibilidad de una recesin, la prolongacin de la situacin puede tener efectos devastadores para una sociedad que lleva aos viviendo en estrs social.

Renunciando a lo inmediato se abre un enorme espacio donde es posible seguir cuestionando el sectarismo y las debilidades polticas del PSOE. Y, sobre todo, donde es posible mostrar que Unidas Podemos se mueve por parmetros diferentes a los de los partidos de orden tradicionales. El 15-M fue en gran parte un cuestionamiento de las formas y las lgicas de la poltica institucionalizada y mucho de esto se ha perdido en la experiencia posterior de Podemos. Lo alternativo ha tendido a reducirse a la introduccin de mecanismos internos plebiscitarios, algo que tiene tantos defectos como ventajas. Pero en lo dems, el hiperliderazgo, la incapacidad de desarrollar una accin prepoltica fuera de las instituciones, el empeo en anteponer la negociacin de cargos, el sectarismo y la mala resolucin de los conflictos internos revelan un conjunto de prcticas ms propias de la vieja poltica que de otra cosa.

La sociedad espaola viene lastrada por un notable nivel de incultura poltica. Al destrozo cultural de cuarenta aos de dictadura se le ha sumado el impacto de la cultura del espectculo impuesta por los medios neoliberales. No hay, desde ese punto de vista, otra forma de cambiar las cosas que prestigiando formas de actuacin diferentes, con personas que participen en la poltica prestigiando el inters colectivo y el debate democrtico. Y eso se gana con un modelo persistente de organizacin y trabajo y tambin adoptando acciones audaces en momentos concretos. Seguir empeados en la pelea interpartidista es un error. Cambiar la lgica, explicando bien las razones, abre una credibilidad que de otra forma se pierde. O, dicho de otra forma, actuar en la lgica de lo que nos pide el cuerpo es la mejor forma de hacer el juego a quien trata de ningunearte.

d) Por ltimo, aunque igualmente relevante, est la cuestin de la propia organizacin, de su implantacin social. En el ciclo poltico que abri el 15-M se opt claramente por una accin de movimientos rpidos hacia el poder. La coyuntura se mostr favorable y hubo aciertos innegables, por ejemplo en la configuracin de candidaturas municipales abiertas. Pero despus se han ido haciendo visibles los lmites de esta poltica en muchos aspectos. Algunos tan simples como el agotamiento de muchos de los activistas que adquirieron responsabilidades polticas en los ayuntamientos y que han tenido que multiplicarse para llevar a cabo una actuacin aceptable. Otros, ms complejos, como la constatacin de la limitada implantacin en el tejido social de estas nuevas y viejas fuerzas. Un problema que ha influido en el trabajo institucional y que ha tenido un impacto decisivo en las ltimas elecciones municipales: el PSOE tena una maquinaria ms prxima a la sociedad y ms capaz de llegar a muchos sitios. Y a todo ello se suman todos los problemas internos, tanto en Podemos como en Izquierda Unida, que han generado rupturas, enfrentamientos, y que muestran que no hay un modelo organizativo asentado que pueda servir de referente a un amplio espectro de activistas.

La necesidad de desarrollar un modelo organizativo que sirva para organizar a la gente desde abajo, de generar cultura poltica, es hoy ms urgente que nunca. Estamos en tiempos muy convulsos, donde a los viejos problemas se suman otros nuevos, como el impacto social de las polticas ambientales, la degradacin de barrios perifricos, etc. El auge de las fuerzas reaccionarias en Europa tiene mucho que ver con estas problemticas y la nica forma de hacerles frente es a travs de un tejido social consistente. Desde la perspectiva de Barcelona, por lo menos, es detectable que en muchos casos la evolucin de un conflicto depende crucialmente de la calidad y densidad del tejido organizado de cada barrio.

Y ms que centrarse en una guerra de movimientos para la que no hay fuerzas ni dinmica, lo que necesita el espacio de Unidas Podemos es una reflexin, un debate y un esfuerzo organizativo para desarrollar de verdad su espacio social. Mientras todas las energas se gasten en accin por arriba seguiremos en el pramo actual. Seguiremos jugando en un terreno donde se cuenta con pocos medios y escasa experiencia.

III

Este verano est siendo terrible. A estas alturas, uno tiene pocas esperanzas de que el otoo depare una mejora palpable. La nueva poltica parece moverse en los mismos espacios cerrados que los de los poderes de toda la vida. Y una parte de las bases a menudo se mueve ms como un club de fans que jalea a sus lderes que como individuos con capacidad autnoma de accin. Pero queda una posibilidad de que al final se evite lo peor. Y desde esta intencin reflexiva se han escrito estas lneas.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-182/notas/de-elecciones-gallinas-y-tareas-pendientes



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