Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2019

La duda es un arma cargada de futuro

Juan Alberto Snchez Marn
CLAE / Rebelin


Economa, poltica y medios: la temible triloga del poder. Tres bienaventuranzas huecas y un solo mal verdadero: el orden que trastoca los permetros que jerarquiza. La doctrina que vuelve espurio lo que toca. Apenas, acaso, aprovecha la capacidad de personas y sociedades para diseccionar con bistur los peculiares relatos del poder e identificar sin lupa los cdigos de cada narrativa poltica y meditica.

Las ilusiones totalitarias del capitalismo, al final del siglo XX, se convirtieron muy pronto en pesadillas de exterminio, negacin, racismo y miseria. La gloria apenas fue gloriosa para unos pocos, y, en cambio, fue una angustia para las extensas y crecientes franjas de poblacin de los pases desarrollados, clases medias en declive, clases bajas siempre abajo. Y, claro est, fue un suplicio para los excluidos habitantes de los pases perifricos.

En el remate de feria global, los grandes medios de los grandes capitales jugaron un papel central. Ellos impulsaron todos y cada uno de aquellos eventos ambulantes de la plutocracia poseedora y poseda: el filosfico (la posmodernidad), el ideolgico (la debacle del comunismo), el histrico (el fin de una historia sin fin), el econmico (capitalismo a sus anchas, neoliberalismo lanza en ristre) y el poltico (el gobierno especfico de unos cuantos pillos como la democracia ideal).

Indisociables

 

Esos medios siguen jugando un papel decisivo en el desespero social consecuente, el del presente, fortalecido con la eclosin digital, internet y las dem s tecnolog as magnficas y escalofriantes que alientan los odios de unos contra otros, exacerban miedos y prejuicios, o tientan con las salidas de emergencia que dan hacia los regmenes abusivos y dictatoriales de la ultraderecha, de Trump y sus cmplices a Bolsonaro y los suyos, por ejemplo.

Thomas Piketty (2013), el economista francs de moda hace un lustro, incluye a los medios de comunicacin como uno de los sectores (junto a la educacin, la salud y la cultura) en que las principales estructuras de organizacin y propiedad algn da no tendrn mucho que ver con los paradigmas polares del capital puramente privado (como el modelo de la sociedad por acciones, totalmente en manos de sus accionistas) o del capital puramente pblico (con una lgica igualmente top down [de arriba hacia abajo] en cuyo caso el gobierno decide soberanamente qu inversin hacer).

Las formas organizativas y de capital que conjugan en distintos grados ambos paradigmas polares han sido un ejercicio del neoliberalismo, y son el primer paso para la desregulacin absoluta o el modelado de empresas que, antes que mixtas, son un mixtifori. Trucos del establecimiento, y de la autocracia corporativa y financiera como cuerpo tangible de la democracia invariablemente en ciernes.

De seguro, como sostiene Piketty, emergern despus nuevos tipos de organizacin y gobernanza. Incluso, aceptmoslo, probablemente irrumpirn nuevas formas de intervencin colectiva y quizs llegue a existir una verdadera transparencia contable y financiera. Pero trabajoso que eso de por s se traduzca en transparencia econmica y control democrtico del capital, como lo seala hacia el final de El capital en el siglo XXI .

No, mientras las polticas estatales y la orientacin de esos sectores mencionados continen a cargo de quienes defienden a capa y espada (es decir, a sueldo jugoso) los intereses del capitalismo que deberan controlar. Las puertas giratorias en la cspide. Cuando el problema es consustancial, ni las transformaciones ms significativas dejan de ser accesorias.

Jams, en tanto que los grandes medios, las extendidas redes y las tecnologas en permanente progreso no construyan las otras historias necesarias (a las que se refiere Chimamanda Ngozi Adichie), sino las realidades paralelas que equivocan el rumbo de las sociedades. Sobre todo, cuando stas se las creen a fe ciega y las habitan de por vida.

Lo constatable es que las lites en Occidente, desde la Antigua Grecia, hace dos milenios y medio, mantienen a la democracia representativa en cintura, as como a sus derivaciones y armonizaciones fatdicas, gracias al control de los cargos gubernamentales y a los puntales mafiosos del chantaje, la dependencia, la cohesin arriba y la escisin de pueblos y ciudadanos abajo.

Es claro que las evoluciones econmica y poltica son indisociables. Fue as en los siglos precedentes, lo ser hasta quin sabe cundo. Y, desde hace algunos aos y con un mpetu en ascenso, otro componente aparece coligado: el meditico. El trpode del poder donde los elementos son ya indisolubles y actan al unsono en la configuracin del mundo desequilibrado que ocupamos, y que no tiene nada de ficticio.

Inventores

Los opresores han inventado el conjunto de los mecanismos de dominacin y los imperios. La Historia indica que lo han hecho relativamente bien, pero, tambin, es concluyente al mostrar que todos, con sus mandos, ejrcitos, riquezas, colonizaciones, atrocidades, en fin, cuentan con trmino fijo, y que a mayor convencimiento de la perpetuidad imperial ms raudo se arrima el declive. El imperio de mil aos de los nazis dur doce.

Las guerras, el clima, las pestes, las deudas acumuladas, los excesos fiscales, por supuesto, son factores que contribuyen al ocaso, pero ninguna calamidad tan definitiva como la tranquilidad. La Roma Eterna no se vino abajo con los alaridos ni el saqueo del brbaro visigodo Alarico porque ya llevaba buen tiempo en tierra. El hundimiento acompa las triunfales celebraciones de guerras que no se ganaban, las hondas desigualdades sociales que nadie atenda, y las agudas y continuas depresiones financieras parecidas a las especulaciones de bolsa recientes.

Los opresores fraguan los artilugios con los cuales proyectan el poder, y ni unos ni otros son ciertos. El chamn se hizo gua imprescindible ingenindoselas para hacerle creer a la tribu que domeaba las fuerzas de la naturaleza; el yax griego ech mano de dioses olmpicos y hroes legendarios para convencer a los esquivos sbditos reales de su reinado sobre reyes; el liberal inund la democracia con instituciones y discursos polticos, y as le dio cuerpo al vocablo y pudo prescindir de la significacin. Un lenguaje sin sentido, sentenci rotundo el ingls Thomas Hobbes (1651) en su Leviatn.

Los poderes de nuestro tiempo, cmo no iban a convencernos de que el pacto a hurtadillas entre unos pocos cretinos de tres o cuatro pases desarrollados es el consenso internacional vlido y pleno? O cmo no van a hacernos creer que la arquitectura financiera global no es su seoro y que casi la totalidad (menos el uno por ciento, obviamente, que son ellos) de los habitantes insulares y de tierra firme no somos los esclavos de su plantacin monetaria?

Guin de hierro

Desfilamos por la cuerda floja de la incertidumbre, interpuestos entre la particular pasin por lo real de Badiou (1999) y el inexorable desierto de lo real de iek (2002). Nos debatimos entre la intimidad anodina del cuarto aislado y la socialidad insustancial de los entornos virtuales. Negamos la pertenencia a la calle ruidosa, y en la impertinencia no hay reafirmacin. Somos libertades figuradas en los universos informticos, que tantas veces no son sino mundos reflejo de la particular calle ruidosa que nos circunda.

Del colectivo global a la colectividad local, la libertad deambula premeditada; la inteligencia es excesivamente correcta; la imaginacin como otra imaginera del sentido comn. En la convergencia de inquietudes uniformes va lijndose la realidad y logra el acabado lustroso, que deslumbra y, simultneamente, nos desorienta.

Los contenidos disfrazan la intensa persuasin. Las argumentaciones rebosan de cifras inexactas y datos tendenciosos, citas errneas, alusiones incorrectas, descr ditos adrede. Una vez hubo espacios con identidad propia y gneros definidos: el noticiario contena noticias; el debate fue la controversia; la telenovela era el melodrama.

De los Lumire, Flaherty o Dziga Vrtov a Chris Marker, Agns Varda o Santiago Alvarez, el documental gravitaba con cierta entereza en torno a lo que vea el ojo de la cmara, al menos, ms que sobre lo inexistente. Ya ni los formalismos son requeridos.

El entretenimiento suscita apegos, con sus cnones de cajn nos atrae. Las primicias de folletn activan la sugestin social que les parece. Abundan los juicios de valor sin ton ni son. La verosimilitud del discurso se ajusta y raciona para una audiencia predispuesta a admitirlo sin chistar desde la guardera.

No acogerlo implicara esa provocante forma del coraje que es el pensamiento crtico. Incluso una opinin es una especie de accin (Greene, 1955), reflexiona el personaje narrador de El americano impasible , periodista por lo dems. Manifestarse, que es resistir y rebatir, o sea, actuar, que es enfrentar. Y duele la cada desde el delirio pensado como el Paraso: la comodidad del desentendido puesta en apuros por el revuelo de conocer, es decir, de preguntar, y, en el perfil violento, de dudar.

Algo que no se aviene con la esttica residual de farndula en que vivimos; los hroes, malvados, y slo el antihroe tal vez nos redimir. Todos como parte de una puesta en escena que no acaba, en la que el guin de los hechos por ocurrir es de hierro.

Otras voces, otros mbitos

Por eso es debido y valioso el surgimiento de otras posibilidades, distintas miradas desde nuevos miradores; contrastar la vista monocroma, contrarrestar la visin vuelta divisin. Porque no se trata nicamente del falso sentido o de la exposicin sin contexto, la imagen alterada o la voz que alguien distorsion, sino de la misma cotidianidad descompuesta, que se asume, en lo superficial, como autntica, y, en lo esencial y ms peligroso, como incuestionable.

Hablamos de una subsistencia mediocre, mezquina, an ms grave, asumida a gusto, o con resignacin o indiferencia, por las sociedades lesionadas y por los propios individuos que habrn de ser inmolados. Cuando eso pasa, y pasa ms de lo que creemos, la historia contada por los vencedores no se revisa, las tesis carecen de anttesis. los criminales prominentes se ajustan a la ley. La especulacin es concluyente; la evidencia, circunstancial.

Olvidmonos de la independencia de los medios independientes. No pueden serlo si le apuntan de manera sensata a la confrontacin del discurso hegemnico. Son dependientes de postulados atpicos, pero elementales, que se llaman equidad, justicia, honestidad. Nunca de sus entornos simulados.

Descreamos de la objetividad, ese mito urbano flemticamente anglosajn que el periodismo estadounidense volvi obsesin matemtica ; las universidades, una tontera, y los medios criollos otra hipocresa. Y que ahora slo es una ms de las piezas de la trampa.

Dejemos de lado la idea de que los medios alternativos son alternativos. Difieren los medios dominantes, que, adems, son burdos e irrelevantes. La comunicacin sustancialmente poderosa yace tumbada al sol en las barriadas, las comunidades, los pueblos, con sus jergas, potencias y atrevimientos. Por eso se la teme tanto; por lo mismo es negada, fragmentada: incomunicada.

Los medios al servicio de las supremacas de lite, aunque apuntalados por avanzadas tecnologas e innegables capacidades de penetracin, advierten la fragilidad, y en el principal pertrecho radica a la vez su mayor carencia: la falacia.

Los grandes medios mienten porque lo requieren. No son los instrumentos de comunicacin que dicen ser ni detentan el fin social que segn las ilusas jurisprudencias deberan tener. Demandan la mentira porque son el flanco de intereses influyentes. La desmesura encierra un anuncio; una serenidad intensifica la propaganda.

Estn comprometidos con tejemanejes financieros, monetarios, comerciales, estratgicos y geoestratgicos, polticos y geopolticos, y se hayan supeditados a lgicas subyacentes de control y manipulacin. Son un compartimiento ms del armazn carcomido del sistema.

Del Sur

La seriedad pretendida no se encara con lo que se le parezca ni el cuento de la objetividad con terceros engaos; tampoco se contrarresta la imparcialidad del impostor con la prdica fervorosa ni los alegatos. Ante ninguna de las tretas sirve de algo la verdad, que, como cualquier afirmacin, lleva implcita su negativa.

Apenas, acaso, aprovecha la capacidad de personas y sociedades para diseccionar con bistur los peculiares relatos del poder e identificar sin lupa los cdigos de cada narrativa poltica y meditica. Hay que interpretar lo que sobreviene y los trasfondos: el carcter, los puntales y ataduras del suceso. Luego, despuntar la disposicin (las actitudes) para transformarlo. No pueden echarse las advertencias de Marx a un lado.

Economa, poltica y medios: la temible triloga del poder. Tres bienaventuranzas huecas y un solo mal verdadero: el orden que trastoca los permetros que jerarquiza.La doctrina que vuelve espurio lo que toca.

Entre la ecuanimidad remedada y la coherencia en remiendos se tornan imprescindibles las palabras exentas de gallardetes corporativos, la comunicacin sin banderines de enganche: una expresin colectiva y popular, contraria y contendiente, avezada para desconfiar de la certeza que se reitera, pero dispuesta a darle la cara a la esperanza sin mistificaciones.

Un mundo raro en el que no encantan las hadas, sino las dudas, sobre lo que se oye y ve, se profesa y aprende. Otra regin transparente, no tan definida como el alto valle metafsico de Anhuac por el cual preguntaba don Alfonso Reyes (1953). Pero, al fin y al cabo, lo respondi Carlos Fuentes (1958), su compatriota y proslito: Aqu nos toc. Qu le vamos a hacer. En la regin ms transparente del aire.

Otra ms en medio de las insuficientes que se resisten a las ambiciones imperiales, las cargas coloniales, la depredacin estadounidense, donde no dejarn de ser factibles las aldeas con casas de paredes de espejo soadas una vez por Jos Arcadio Buenda (Garca Mrquez, 1967), y que ya hoy habitamos en la resonancia sobrenatural del Sur.

Juan Alberto Snchez Marn: Periodista, escritor y director de televisin colombiano. Analista en medios internacionales. Colaborador del Centro Latinoamericano de Anlisis Estrat gico (CLAE). Fue consultor ONU en medios. Productor en Se al Colombia, Telesur, RT e Hispantv.

http://estrategia.la/2019/09/07/la-duda-es-un-arma-cargada-de-futuro/



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