Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2019

Ni guerra total ni paz completa, eso ha sido Colombia los ltimos 60 aos

Oto Higuita
Rebelin


El ala ms violenta de la oligarqua colombiana ha incrementado su poder, capitales, tierras e influencia poltica, a partir del fracaso de los acuerdos de paz de los ltimos 60 aos. En esa cmoda realidad viven, a ella se deben y por eso la vigilan celosamente, como perros guardianes contra todo el que contra ella se atreva.

Pareciera mentira esa afirmacin, sino fuera porque es una verdad que incomoda y se niegan a aceptar tercamente, armados hasta los dientes y un ejrcito de 500 mil hombres, no solo los que se han beneficiado de la contnua traicin a todos los acuerdos de paz que se han acordado o pactado, sino quienes hoy se aferran como fervientes, aunque valientes y honestos, creyentes a lo nico posible, una paz como la que siempre ha querido por ventajosa y conveniente, los que la han impuesto a medias, incompleta, miserable, humillante, moribunda.

Tampoco es cierto que ha existido una guerra civil declarada y total, que por la va cruenta entre dos ejrcitos y con millones de muertos y destruccin, como es una verdadera guerra civil, haya resuelto las contradicciones profundas acumuladas a lo largo de dcadas. Por ahora no.

Ni guerra total ni paz completa, como si el pndulo de la historia se hubiera quedado paralizado despus de la guerra de Independencia. Si se lee un poquito en los anales se encuentra que esa ha sido la tendencia, guerras civiles entre facciones que se disputaban el poder, post Independencia, y que finalizaron con armisticio y sometimiento a medias de los perdedores, con la firma de una paz condicionada, a medias y con una nueva carta Constitucional a la medida de los vencedores.

El anuncio de la II Marquetalia ha sido recibido con todo tipo de reacciones por la nueva profesin de pazlogos y opinlogos de todos los pelambres, incluido el que escribe, una de las raras ganancias del Acuerdo que le permite a la izquierda (si se consiente) volver a discutir o despedazarse, segn como se mire.

El sartal de ataques con que ha sido recibida la proclama de la nueva guerrilla , que realmente no es nueva, ya que lo que se est dando es una reconfiguracin del conflicto, as como de sus principales actores, hace que muchos pierdan la cabeza y se salgan de casillas ante un nuevo escenario del conflicto que no se esperaban, ataques provistos de una carga de odio y veneno tal que est abriendo una herida cada vez ms profunda.

La proclama de Mrquez, Santrich y cia., solo ha recibido condenas y acusaciones que le hacen gala al leguleyismo tan caracterstico de Colombia. Que se tiraron en el acuerdo de paz (sic), dejando de lado a los verdaderos responsables de la tragedia histrica del pueblo colombiano, que no ha sido otra que la tramposa y criminal oligarqua bipartidista y hoy mafiosa, sugiriendo incluso que los nuevos marquetalianos son los salvavidas de sta.

Se les acusa de no haberse anunciado con una gran toma guerrillera ni disparar un tiro, un pecado imperdonable de la vieja guerrilla; de tomar una decisin delirante, dicho por sus ex compaeros de lucha; que no hay razones polticas para volver a las armas, que traicionaron (sic) los acuerdos y a sus propios compaeros decididos a resistir heroica y estoicamente el exterminio e incumplimiento; que son una banda ms de narcotraficantes y jams nueva guerrilla; que fueron armados y protegidos en Venezuela por el presidente Nicols Maduro, la mentira y excusa de siempre para agredir a la hermana nacin; que estn haciendo una pataleta; que son un grupito que no entienden el momento ni el contexto para esas nuevas aventuras; que pelaron el cobre, son los falsos de siempre; no les bajan ni de enfermos mentales.

Qu adjetivo no se ha usado para referirse a un acontecimiento que de alguna manera se vea venir, era previsible, a pesar del dolor y condena de los que lo critican con una estridencia y rabia inocultable?

Son un sartal de cosas emocionales y viscerales las que se han dicho, donde lo que va por delante, como se seal, es el odio, la rabia y la condena, ms que crticas fundadas en anlisis serios que partan de argumentos slidos y den cuenta, principalmente, de la historia detrs del fracaso repetido de los acuerdos de paz de los ltimos 60 aos, y quines cargan con esa responsabilidad; de discutir hasta dnde es legtima y justa una decisin tan fundamental, como la de regresar a las armas.

Lo que s es claro es que no se trata de un grupito de jvenes calenturientos que quieren irse al monte a jugar a la guerra, como irresponsablemente quieren muchos hacerlos ver, omitiendo que una cosa son los discursos y otra la historia. Donde el papel puede con todo, pero la historia es la nica que da sorpresas, sobre todo a los que se dejan guiar por los sentimientos, en lugar de la razn y reflexin.

Se les condena frenticamente como si lo nico razonable y cuerdo en el gran pabelln psiquitrico en que est sumida Colombia hace dcadas, fuera aguantar y soportar el lcido y normal exterminio, lento unas veces, a chorro otras, que ha propinado la oligarqua bipartidista a quienes se han atrevido a desafiarlas con las armas en la mano y exigirles que los dejen en paz, incluido el puado de campesinos encabezados por Manuel Marulanda por all en los aos 50 y despus en los 60s, en Marquetalia, donde no tuvieron que esperar que todo el pueblo estuviera detrs para ejercer el derecho a la rebelin y el levantamiento contra el verdugo.

No fue tras una reunin general del pueblo colombiano, que ese puado de heroicos campesinos invocaron el derecho a la rebelin y fundaron un ejrcito revolucionario, que marcara un antes y un despus en la lucha por la paz, la dignidad, la tierra, y luego el socialismo en Colombia. Lo hicieron por una razn fundamental, para defender su vida, que es el mismo derecho a la paz, derecho violentado por todas las formas y medios en este pas.

Esperemos no estar revisando la historia, ni tampoco negndola como desea con persistencia el partido de la guerra, el Centro Democrtico, que es el que gobierna Colombia a travs de su maniquea alianza con los sectores ms reaccionarios, mafiosos y criminales.

Olvidan quienes denostan con rabia en lugar de argumentos a los neo marquetalianos, a la nica responsable histrica del desangre y conflicto, generacin tras generacin, enceguecidos pierden de vista que los levantamientos y rebeliones a lo largo de la historia de la humanidad casi siempre estuvieron iniciados por ese puado de indignados que se atrevieron a desafiar al monarca, al tirano o el explotador; que un pueblo por s solo, sin quien lo convoque a convertir la indignacin en Revolucin, a levantar la voz y la mano armada en defensa de su vida, sus derechos y la paz, no existe ni siquiera en la biblia.

La mayora de los artculos y anlisis que se refieren a la declaracin de la II Marquetalia tienen en comn fijar posicin e influir en la opinin pblica, para que sta de buenas a primeras y animada por el sentimiento de rechazo o de aceptacin, de odio o simpata con el anuncio, de un paso hacia su constitucin como movimiento de carcter nacional, democrtico y decisorio en favor de la paz definitiva, completa, y duradera que no ha podido ser hasta ahora. Y asuma hoy, como no pudo hacerlo ayer, el apoyo a la poca paz alcanzada o traicionada.

Partamos de que un movimiento nacional mayoritario en favor de esa paz completa y definitiva, an est por construirse. All radica el meollo del asunto. Cmo romper el consenso mayoritario de las fuerzas de extrema derecha que se han opuesto histricamente a la paz y que adems hoy gobiernan la nacin? Esa es la pregunta que hay que resolver.

El movimiento en favor de la paz ha dado pasos s, pero tambin ha retrocedido. Asumi casi solo la tarea de la lucha por el dilogo y la defensa de los acuerdos en su etapa previa a la firma, hizo grandes convocatorias y movilizaciones en el pas, como el paro nacional agrario del 2013 que fue respondido con represin y decenas de muertos, heridos y encarcelados.

Busc despertar las conciencias en apoyo a los dilogos y un acuerdo definitivo, pero la represin, macartizacin, su propia debilidad, su falta de claridad y cohesin, le impidieron trascender el lmite de movimiento coyuntural conformado por activistas, aquellos que decidida y atrevidamente levantaron la bandera de los dilogos para alcanzar un acuerdo de paz.

Adems, ese movimiento originario por la paz actu en un contexto en que ms de medio pas segua hipnotizado por el discurso de la guerra, discurso que se basa en el miedo, la mentira y la amenaza.

Ese miedo inoculado a lo largo de dcadas desde matrices de opinin que ayudaron activamente a ello, junto a las mentiras difundidas asiduamente, tiene sumido ms de medio pas en la obediencia ciega a un discurso autoritario, que sigue como zapa pensando y preparando la guerra que no ha podido concluir.

Es el mismo fenmeno que impidi al derecho a la paz, el imperativo moral y constitucional de todo pueblo, ganar el apoyo de la mayora en la campaa pedaggica en el plebiscito por el S del 2 de octubre de 2016.

Hay que dejarse de prejuicios o tapujos y decirlo con franqueza, quienes afirman anticipadamente el fracaso del anuncio de Ivn Mrquez, Santrich y cia, pierden de vista las particularidades de la historia de Colombia, olvidan que la historia sin ser un capricho personal o particular, est condicionada por las fuerzas y actores que la forjan.

En ellos no hay ingenuidad o carencia de conciencia poltica e histrica, su comportamiento es consecuente con lo que precisamente han dicho, sido y firmado, en ningn momento se dijo que haba que cumplir y seguir a pie juntillas un acuerdo como parte, cuando la otra no lo hace.

Porque entonces no se estara hablando de un acuerdo, sino de un sometimiento o una rendicin que es muy diferente a lo que firmaron y cumplieron, y que incluso hasta hoy ciento cincuenta guerrilleros y guerrilleras han pagado con su propia vida, demostrando que es cierto que fueron formados en una disciplina militar y poltica donde el respeto por la palabra empeada es un principio que, sin embargo, ante la traicin, la amenaza de muerte, la crcel o la extradicin no tienen porqu seguir cumpliendo. Que se sepa no se firm ir voluntariamente al cadalzo.

Nunca ser acuerdo de paz ni pacto de partes aquel que solo cumple disciplinada y obedientemente, incluso a costa de su propia vida, sola una de las partes. Lo dems llmenlo como quieran, es lo de menos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter