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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2019

Recurrencias?

Jordi Bonet Prez
Mientras tanto


El negocio conduce por este camino a la filosofa, pues slo los criminales se atreven hoy en da a hacer dao a los dems hombres sin filosofar. Robert Musil, El hombre sin atributos, cap. 48

No, la frase reproducida no es empleada con voluntad alguna de polemizar sobre qu es la Filosofa o para que sirve esta: no me atrevera. Tampoco para vivificar simplemente los paralelismos entre la poca en que transcurre la accin de la novela (la Viena capital del Imperio austrohngaro antes de la Primera Guerra Mundial), cuando fue escrita (entre 1930 y 1942), o los das en que transcurren nuestras vidas europeas. Ese ejercicio se deja al libre albedro de cualquier lector que crea que mereca la pena leer estas lneas.

La verdad es que, sea lo que sea filosofar, los acontecimientos que en los ltimos aos (y en los ltimos das, como se intentar poner ms tarde de manifiesto) sacuden las conciencias de muchos, y las vsceras de otros, deberan llevar a reflexionar sobre las razones por las que relativamente amplias masas de la poblacin europea son permeables, y hasta cierto punto de vista conversas, a un discurso banal, fcil y directo basado en la negacin del otro que nos resulta por algn motivo ajeno o extranjero (nacionalidad, condicin social, orientacin sexual, etc.).

Frente a esta facticidad, quiz habra que proponer dos hiptesis no necesariamente opuestas:

Una, que la criminalidad ha aumentado notablemente porque hay ms personas que, sin la debida motivacin hacia el discurrir sereno y fundamentado axiolgicamente sobre la significacin de la vida y de lo comn (sera esta operacin mental una aproximacin a algo semejante a filosofar?), son capaces de transmitir ideas y cometer actos que daan a otros seres humanos, principalmente a aquellos que se identifican, real o ficticiamente, con alguien distinto al colectivo mayoritario y/o dominante. Sin perjuicio de que la idea de criminalidad pueda emplearse en un sentido ms simblico que jurdico-penal, no est de ms sealar que muchas conductas vinculadas a esta forma de pensar y de hacer pueden encuadrarse en tipos penales vigentes en muchos Estados europeos, e incluso en tipos penales que, desde el ordenamiento jurdico internacional y/o comunitario europeo, se impulsan como acervo comn de la cooperacin multilateral en asuntos penales. Los debates sobre el alcance de los delitos denominados de odio es un buen indicador al respecto, sin perjuicio de que sean reiteradas las conductas violentas sobre personas (y, en ocasiones, bienes) de colectivos estigmatizados.

Dos, que el desprecio hacia el diferente, adecuadamente sembrado en sectores sociales especialmente sensibles por motivos diversos a un discurso de esta naturaleza, sea fruto de un pensamiento consciente y ms o menos elaborado, destinado a obtener influencia social y, en definitiva, para proyectar una voluntad de poder sobre argumentos con pretensin de racionalidad y coherencia (pese a estar, en buena medida, dirigidos a lo ms primario de nosotros mismos). No parece fcil admitir que este oportunismo de las ideas, focalizado en perspectivas polticas y electorales alentadas por individuos y medios de comunicacin social afines (conversos), diletantes (en su acepcin ms peyorativa marcada por la superficialidad) o radicalmente opuestos (que, muchas veces, por su oposicin en exceso visceral generan flujos de adhesin a esas nuevas ideas), sea producto de mentes que se han dedicado a filosofar. Las medias verdades y/o las falsedades argumentales intencionadamente elaboradas para construir un adecuado argumentario ideolgico y poltico no pueden ser tildadas como ejercicio de una voluntad filosfica. El dominio del argumento de sostenibilidad ante la opinin pblica del discurso (poltico) predomina sobre la bsqueda de una fundamentacin racional y moral. En este sentido, no est de ms volver al principio de este texto, acudiendo a las palabras de un autor que observaba con sarcasmo la sociedad europea y que seal que, por desgracia, el humor del tiempo [hizo que la sociedad] se apartara de las antiguas mximas del liberalismo, [...], y de los grandes principios de la libertad de pensamiento, de la dignidad humana y del librecambio, y razn y progreso fueron suplantados en los pases occidentales por teoras racistas y tpicos callejeros (Robert Musil, El hombre sin atributos, cap. 51).

Aun cuando los ltimos aos estn llenos de palabrera y de conductas que expanden corrientes de pensamiento racistas, xenfobas y/o excluyentes (que bien pudieran sintetizarse en una frase coloquial: primero y siempre, los de casa), henchidas de frases y gestos despectivos como forma de captar adeptos, este texto es fruto de la observacin en los ltimos meses de la direccin en que algunos dirigentes polticos pretenden llevar a Italia, sin perjuicio de que el detonante sea una aproximacin veraniega al ltimo episodio que envuelve la admisin o no en el puerto de Lampedusa (Malta o Espaa) de un barco de salvamento de personas a la deriva, unidas por una voluntad compartida y por una coincidencia particularmente peligrosa derivada de su procedencia y nacionalidad.

La primera constatacin es que los polticos que mantienen aproximaciones ideolgicas contrarias a esta lnea de pensamiento parecen incapaces, hoy por hoy, de hilar un discurso alternativo potente y compartido frente a un argumentario poltico con idas fuerza sencillas, pero que cala en quienes tienden a situarse entre los perdedores o los desaventajados de los procesos econmicos y sociales acaecidos en las ltimas dcadas. Es tan difcil rebatir con una voz igualmente estridente pero compartida tales argumentos? Tal vez, s. Pero de momento las voces opuestas no solo no se coordinan, sino que en muchas ocasiones se acusan mutuamente de abrazar la misma demagogia (por otras razones) que fundamenta la accin poltica de quienes apelan a lo primario y ms elemental del ciudadano. Tambin, por ahora, lo atractivo de lo primario y ms elemental tiene un predicamento en ciertas capas sociales que paraliza y/o desnaturaliza la accin poltica de otros (miedo a perder lo disponible?).

La segunda constatacin es que las medias verdades e incluso las falsedades han ocupado naturalmente el espacio pblico y que se revelan como giles instrumentos de atraccin de parte de la ciudadana, sin perjuicio de que el proyecto aspire a abarcar a la totalidad de la poblacin. Lo importante es encontrar un chivo expiatorio sobre la base del cual construir el propio discurso: no importa si este es, debido a las circunstancias concurrentes, por s mismo vctima. Hace aos tuve una experiencia significativa a este respecto: le traslad a una estudiante universitaria no arquetpica por edad un informe de una entidad bancaria en el que se subrayaba la necesidad de abrir a la inmigracin el pas en favor del futuro de su economa. Es probable que, en el fondo, yo no estuviese del todo convencido por el argumento econmico predominante en la exposicin de la entidad bancaria, pero lo que me sorprendi fue la reaccin de la estudiante: solo ley las conclusiones y las consider todas mentira, porque era obvio que los extranjeros se llevaban todos los beneficios (quiz le debera haberle facilitado, por ejemplo, un vdeo de los extranjeros temporeros que son explotados en el campo, aunque a lo mejor tampoco lo hubiese credo).

La tercera y ltima constatacin es que todo este proceso poltico, que en el fondo desvirta muchas de las bases de eso que suele llamarse sistema democrtico (pues es difcil sustentar este en el desprecio y la exclusin), ni siquiera tiende a considerar el argumento jurdico (incluido el jurdico internacional o comunitario): el respeto al Estado de derecho y al principio de legalidad parece ser un mantra requerido solamente cuando no frena los argumentos polticos que se pretenden. Si limita la accin fundamentada en ellos o directamente ataca a esos argumentos polticos, el Derecho es incompetente, innecesario o despreciable, y se tiende a intentar ignorarlo o incumplirlo. De ah la responsabilidad social, ms all de la dimensin poltica, de los operadores jurdicos y de quienes en suma han de hacer aplicar finalmente el Derecho: los jueces. Claro est, contando con el riesgo de que sus decisiones judiciales finalmente acaben siendo no ejecutadas o deficientemente ejecutadas, previa desautorizacin pblica por coartar la voluntad poltica legtima.

En este sentido, cabe constatar que, por muy duro que sea el ordenamiento jurdico con la inmigracin irregular, el principio del respeto a la dignidad humana y las normas jurdicas internacionales aplicables son sensibles a un trato digno y adecuado a las personas que se embarcan en un proceso migratorio de estas caractersticas. As, por ejemplo, el Protocolo contra el trfico ilcito de migrantes por tierra, mar y aire, que complementa la Convencin de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, del que Italia es parte, y que no resulta nada sospechoso de ser un instrumento jurdico que fomente la inmigracin irregular, en su artculo 2 predica que, entre sus objetivos, se encuentra la represin de este tipo de prcticas, disponiendo a su vez que debe hacerse protegiendo al mismo tiempo los derechos de los migrantes objeto de dicho trafico.

Lo que quiere expresarse es que, ms all de la concrecin de las normas jurdicas internacionales o comunitarias represivas, en todo caso el principio de humanidad debe regir cualquier decisin o accin institucional en esta materia, salvaguardando la vida y el trato humano a esas personas; no hace falta decir que esto incluye la erradicacin de discursos despectivos, envilecedores o criminalizadores de estas personas. De otra parte, en este mismo sentido, de verdad que hay argumentos slidos para considerar que Libia es un pas seguro para la vida y la integridad fsica, ya no en general para personas extranjeras que pretenden dar el salto a Europa sino para personas que por proceder de zonas en conflicto armado, u otras razones humanitarias merecen especial proteccin, son susceptibles de ver reconocido el estatuto de refugiado?

La preocupacin por los recientes acontecimientos en Italia es una nueva muestra de algunas de las tendencias ms sombras hacia las que la poltica de muchos grupos polticos y gobiernos europeos est derivando: la persona, a partir de lo que se dice y se hace con ciertos colectivos atendiendo a unos datos distintivos, es devaluada como centro de la accin y de las ideas polticas, subrayando el peso de otros intereses que no parecen en exceso compatibles con el perfil de un ideal democrtico. La pregunta es hasta dnde llegar esta aparente recurrencia cclica (que, en todo caso, se cree que adquiere alegricamente la forma de una espiral, pues un retorno al pasado con todas sus experiencias histricas previas se espera que no sea posible).

Finalmente, se desea subrayar el valor de aquello que, retrospectivamente, evoca la literatura: no hay garantas de que la indolencia humana no lleve a la repeticin de situaciones pretritas.


Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-182/notas/recurrencias

 



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