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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2019

Entrevista a Raimundo Cuesta, Premio Nacional a la Innovacin Educativa
Unamuno fue un profeta en el infierno del 1936

Javier Cortines
Rebelin


Entrevista realizada al historiador Raimundo Cuesta, Premio Nacional a la Innovacin Educativa, al trmino de la Mesa debate, Paraninfo: Unamuno ante el 12 de octubre de 1936, que se celebr el pasado jueves, 5 de septiembre, en El Centro de Documentacin de la Memoria (Salamanca). Cuesta, profundo conocedor de la vida y obra de Miguel de Unamuno, es co-fundador de las plataformas de pensamiento crtico Cronos y Fedicaria. De formacin marxista y eclctica, ha dirigido proyectos de investigacin acadmica sobre historia, memoria y didctica crtica en Espaa y en Amrica Latina. Es asimismo experto en la Guerra Civil espaola y autor de numerosos artculos acadmicos y obras de marcada relevancia, como Felices y Escolarizados (una dura crtica a la educacin tradicional) y La venganza de la memoria y las paradojas de la Historia.

 

P . En tu intervencin te referiste a Unamuno como animal prepoltico y como un profeta en el infierno del 36, Por qu?

R. En efecto, a fin de dar una mayor perspectiva de fondo histrico al acto sobre el 12 de octubre del 36 celebrado en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, adelant algunas de las caractersticas que revisti la trayectoria de Unamuno como intelectual pblico. El pensador vasco perteneci a una especie de intelectual que empezaba a dar muestras de extincin en vsperas de la guerra civil espaola. l era, ciertamente, una suerte de persona que se deleitaba predicando, cual mistagogo (1) y agitando las conciencias desde la ctedra y desde otras tribunas pblicas. Lo suyo era un estado de agitacin permanente y una militancia individualista que no apelaba a programas de partido -ya que l era su propio partido- sino a grandes valores y enormes descalificaciones del adversario (bien fuera Alfonso XIII, o el dictador Primo de Rivera o Azaa, el presidente de la II Repblica). Su tono era prepoltico (casi de profeta bblico), agudamente crtico, a menudo desmesurado y a veces enormemente ofensivo (por ejemplo, no se priv de llamar enano epilptico al ministro y general Martnez Anido).

Unamuno, que sufri el destierro y exilio durante la dictadura de Primo de Rivera, cuando regresa a Espaa, en olor de multitudes, queda como desconcertado. A la sazn emergan fuerzas y planes polticos que tenan la repblica como norte y su discurso prepoltico sobre las esencias y latencias del pueblo espaol y la civilizacin occidental casaban mal con el momento. Pronto Unamuno, incluso tras la proclamacin de la Repblica el 14 de abril de 1936 y a pesar de los muchos honores y reconocimientos recibidos por este rgimen (rector perpetuo de la Universidad salamantina, Presidente del Consejo de Instruccin Pblica, parlamentario constituyente, etc.) se muestra cada vez ms esquivo y crtico con el nuevo sistema poltico. Se enfrenta acerbamente a las reformas del bienio azaista (1931-1933) y desde su discurso del Ateneo de Madrid en 1932 se puede decir que es un opositor, un irreconciliable enemigo de la poltica del momento. Cuando el 18 de julio del 36 da su bienvenida a la rebelin militar de Franco sigue sin entender nada de lo que ocurre. Cuando el 12 de octubre, rodeado de la mujer de Franco, Milln-Astray etc., el animal poltico estalla en el paraninfo con su alegato a favor de la razn y contra la fuerza bruta; su gesto hace justicia a su acreditado coraje de decir la verdad (decir lo que uno piensa a pesar de las consecuencias que pudiera tener) pero demuestra que ha quedado abrasado por las ascuas del infierno de una guerra que nunca comprendi.

Desde luego, su obra literaria goza por lo comn de una alta estima, que comparto. En cambio, su vida pblica y sus intervenciones de profeta en la vida poltica son harina de otro costal. Ni el propio Unamuno estaba a favor de todos los gestos y actitudes que l haba protagonizado durante la guerra civil. Sin embargo, los dems tienden a convertir su figura y sus actos en bandera de sus propias apetencias ideolgicas, no en vano su quehacer bien vale para estar en contra o a favor de esto o de aquello otro.

P .-Adems de Unamuno como profeta, hablaste de Azaa como un revolucionario republicano y de Ortega (La rebelin de las masas) como maestro de las clases dirigentes o -como dira hoy Podemos- de la casta. Podras desglosar esa valoracin.

R. Habra mucho que matizar sobre lo que me preguntas. Entre Unamuno, ms viejo y perteneciente a la generacin de 98, y Ortega y Azaa, ms jvenes y miembros de la generacin de 1914, se materializan los tres tipos de intelectuales pblicos que representan, respectivamente, tres proyectos de futuro en lo que se llama la edad de plata de la cultura espaola (del 98 a la guerra civil). Unamuno es el profeta; Ortega el forjador de elites ilustrada y europeizantes; Azaa es el poltico capaz de articular un intento de modernizar Espaa mediante una revolucin republicana, sustentada en los intelectuales progresistas y la clase obrera. La revolucin de Azaa, un intelectual de la pequea burguesa y de talante sosegado, consista en dar la vuelta pacficamente a las antiguas estructuras heredadas de la monarqua (el latifundismo, el caciquismo, el Estado confesional y la influencia de la Iglesia, la pauprrima educacin, la condicin de las clases trabajadoras, el Estado centralista, etc. Aunque en el diagnstico de algunos de estos problemas temas haba coincidencia con Unamuno y Ortega, no la haba en los medios y las alianzas de clase que podran solucionarlos. La nota distintiva de Azaa era que no crea, a diferencia de sus colegas, que la solucin fuera solo o preferentemente un problema de educacin. Para l era una cuestin de armar una formidable alianza de clases entre partidos republicanos y partidos obreros.

Al final los tres acabaron mal: Unamuno muri aislado en su casa el ltimo da del ao 1936; Azaa tuvo que refugiarse en el exilio francs y muri all en 1940; los funerales de Ortega tuvieron lugar en un otoal y grisceo Madrid de 1955, imagen mustia de un liberalismo de minoras selectas, apenas tolerado por el franquismo.

Lo que t llamas la casta, en Espaa haba sido tradicionalmente denominada como la oligarqua (un reducido grupo de terratenientes, financieros, altos funcionarios y propietarios industriales cobijados bajo el paraguas de la Iglesia catlica) que haba mantenido su dominio mediante el caciquismo (una red clientelar en los ncleos rurales que les permita controlar a su antojo los resultados electorales. Ninguno de los tres intelectuales perteneca a esa casta; es ms cada uno de ellos, desde diferentes pticas, plantearon romper con la vieja poltica (as se expresaba tempranamente Ortega). Ahora bien, Espaa entr, como toda Europa, en una dinmica infernal, de modo que estall una guerra civil que abri un foso insalvable entre dos Espaas. La encrucijada del 36 llev a nuestros tres personajes a adoptar posiciones muy contradictorias: Unamuno acept el levantamiento militar pero luego vivi en estado de continua pesadumbre; Ortega dej la zona republicana y se refugi en el exilio; Azaa tom las riendas de la Repblica durante la guerra y se desvanecieron sus sueos de una va pacfica para construir un revolucin republicana.

En fin, eso de la tres Espaas no me gusta. Eran dos con muchos matices. No obstante, algunos, como el escritor Andr Trapiello (Las armas y las letras), han llevado el agua a su molino y han erigido a Unamuno en encarnacin de esta tercera Espaa que pudo ser y no fue. Para que el lector se site, hoy el partido Ciudadanos se pretende albacea de esa tercera Espaa, que en su da inventara Salvador de Madariaga. Ya se ve cul es el fuste del actual centrismo espaol. La invencin ha sido, pues, una nadera con ribetes literarios.

P. Por qu sigue habiendo en Espaa Dos bandos herederos de las partes enfrentadas en la Guerra Civil? Qu recetas propones para pasar pgina e iniciar otro captulo histrico con los temas que actualmente preocupan a la gente y a la juventud, por ejemplo, el paro, la inseguridad ante el futuro, la cada de los valores, el trabajo precario, etc. Hay algunos pensadores que dicen, incluso, que la poltica ha muerto y ha sido enterrada por las grandes finanzas.

R. La historia pasa pero pesa. La historia de la guerra civil sigue pesando tanto o ms que la losa bajo la que todava se encuentra Franco en la baslica de Cuelgamuros. A poco que salga un tema sobre la guerra, a pesar de que han pasado ochenta aos de su final en abril de 1939, eaparece la pasin banderiza y el aprovechamiento poltico de la situacin. Eso a pesar de que la inmensa mayora de la poblacin espaola no vivi la guerra civil y por tanto, tienen solo eso que se llama posmemoria (una memoria inducida por familiares, textos escolares, etc.). Hay que tener en cuenta que nuestra conciencia poltica est todava decididamente marcada por la guerra, la dictadura y la transicin a la democracia. Esas son las tres heridas sangrantes que a la menor se abren a borbotones. Valga el ejemplo que nos ocupa: un director como Amenbar hace una pelcula que refleja el enfrentamiento entre Unamuno y el general Jos Milln-Astray y saltan todas las alarmas de la pulsin destructiva.

En todo caso, en referencia a lo que dices, las pginas del pasado se pasan cuando no quedan deudas pendientes y cuando en una sociedad como la nuestra prime una representacin colectiva, con muchos matices diferenciales, que sea compatible con los valores de una democracia avanzada y no con los esgrimidos por los herederos y hoy defensores del fascismo a la espaola.

No creo que la poltica haya muerto. Basta recordar el movimiento de masas que dio origen a Podemos y que abri tantas esperanzas en 2011 (hoy en parte agostadas). La juventud, las mujeres, los adultos, los jubilados, etc. tienen problemas especficos y formas de movilizacin a veces espectaculares. Las grandes finanzas hacen lo que pueden para evitarlo, pero, en realidad, nada podra parar a la confluencia de movimientos que hoy se encuentran dispersos y fragmentados. Desde luego, el espectculo dado en 2019 por los partidos de izquierdas, con vistas a la formacin de nuevo Gobierno, pone de relieve que la organizacin partidaria y la va parlamentaria no son ni deben ser la nica forma de hacer poltica.

P. Te sorprendi que Amenbar dijera en una reciente entrevista con El Pas, con ocasin del prximo estreno de su pelcula Mientras dure la guerra, que Unamuno haba sido una persona fra y seca. T, como profundo conocedor de la vida y obra del pensador vasco, qu te parece ese comentario del director chileno-espaol y ganador de un scar?

R. Tengo entendido que el director de cine ha gozado del asesoramiento de excelentes historiadores. Yo todava no he visto la pelcula que se estrena en los prximos das de este mes, pero sorprendieron sus declaraciones de que Unamuno era una persona fra y seca, porque lo ms parecido a Unamuno son unas zarzas ardiendo el en el desierto; todo su pensamiento y actitudes vitales estn revestidas de pasin, de alta temperatura anmica.

P. Creo que dijiste off the record que no te haba gustado el curso que tom el debate sobre Unamuno celebrado el jueves en Salamanca. Por qu? A tu juicio qu cosas se pasaron por alto y en qu puntos se tena que haber hecho ms hincapi?

R. El acto celebrado en el Centro Documental de la Memoria Histrica fue interesante y concurrido. A l asista, entre otras personas, Severiano Delgado, el bibliotecario de Salamanca que ha escrito Arqueologa de un mito desatando desde mayo de 2018 una polmica que dura hasta hoy en torno a los que realmente se dijo el 12 de octubre y acerca de los mitos que se ha transmitido sobre el mismo. Para m se pas por alto, ms all de la exactitud de lo dicho, las razones profundas de Unamuno, intelectual proftico, en la encrucijada de 1936. El evento no entr en el hecho de que todava en el espacio pblico aparezcan voces procedentes del neofranquismo historiogrfico que pretenden presionar y gestionar una memoria triunfalista respecto al bando franquista y a la dictadura. La aparicin de Vox es una secuela de ese intento de revertir el significado de la historia, intento que es muy claro desde los aos noventa y que tiene un precursor en el curioso historiador Po Moa, antiguo militante durante la Transicin de un grupo terrorista de extrema izquierda y hoy orculo de Franco resucitado.

P. Qu hay de cierto y qu hay de leyenda en el enfrentamiento blico-verbal que protagonizaron en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca Unamuno y Milln- Astray?

R. En la polmica actual los neofranquistas tratan de quitar hierro al asunto, basndose entre otros, en el trabajo de Severiano Delgado. No s si saben que Severiano es un notable militante de la recuperacin de la memoria histrica y mximo especialista en la terrible represin habida en Salamanca, que comenz el 19 de julio con una descarga de fusilera militar que acab con la vida de varios ciudadanos que paseaban por la Plaza Mayor y que prosigui con el asesinato del alcalde de Salamanca, Casto Prieto Carrasco, catedrtico de Medicina y gran amigo del propio Unamuno. As se dio cauce a lo que el historiador Ricardo Robledo llama, en un excelente libro, La salvaje pesadilla. Algunos peridicos de derechas y una asociacin de ex legionarios, se agarraron a unas supuestas declaraciones de este historiador y se aferraron a su interesante reconstruccin de la genealoga de la versin literaria y cannica de lo ocurrido el 12 de octubre en el paraninfo, fraguada en 1941 por un exiliado republicano, para convertir la obra de Delgado en un alegato sobre las falsedades y mitos de la izquierda. De esta suerte, se contrapuso el trabajo de Delgado con el del matrimonio Rabat (Colette y Jean Claude) franceses y mximos especialistas en Unamuno, que acababan de publicar un notable libro por esos das (En el torbellino. Unamuno en la guerra civil espaola, Marcial Pons, 2018).

Mi opinin provisional es que esta confrontacin tuvo mucho de artificial. Estuvo promovida por El Pas y alimentada por el hecho de que en ese mes de mayo de 2018 Amnabar rodaba en Salamanca su film Mientras dure la guerra.

Sea como fuere, repondiendo ms directamente a tu pregunta, lo cierto y verdad, ms all de la literalidad de las palabras que intercambiaron, el rifirrafe verbal y gestual entre Unamuno y el general Milln-Astray fue extremadamente grave. Unamuno presida el acto en representacin de Franco, teniendo como compaeros de mesa a la esposa del caudillo, al obispo Pla y Deniel y a Milln Astray. Este ltimo era pieza clave en el aparato franquista de propaganda y censura. El propio fundador de la Legin en 1942 dej entre sus papeles un testimonio de la intensidad del momento, subrayando que de no haber sido por su invitacin a que el rector saliera del brazo de Carmen Polo, quiz se hubiera tomado alguna medida violenta contra el seor Unamuno. El propio Unamuno escribe, el 7 de diciembre de 1936 (muri el 31) una carta a un amigo: Hubiera visto usted aullar a esos dementes azuzados por el grotesco y loco histrin que es Milln-Astray. As pues, lo sucedido no fue algo sin trascendencia ni fue banal, el enfrentamiento de Unamuno, antimilitarista de larga data, con el fundador del Tercio de Extranjeros en 1920 (debera haber pagado de derechos de autor a la Legin Extranjera francesa, en la que se inspir) fue una erupcin volcnica. Ambos no se llevaron bien ni, como pretenden los neofranquistas, su confrontacin fue un leve incidente.

P. Qu hay de verdad en la versin de algunos intelectuales de que si no hubiera sido por la presencia de doa Carmen Polo de Franco, en el Paraninfo, es muy probable que Unamuno hubiera sido fusilado in situ?

R. Es difcil hacer suposiciones. Tras lo ocurrido, Unamuno fue destituido como rector y concejal, qued aislado y estuvo bajo arresto domiciliario hasta su muerte el 31 de diciembre de 1936. Las autoridades franquistas pienso que no quisieron ir ms lejos pues Unamuno ya les haba servido cuando dio apoyo al 18 de julio y firm manifiestos a favor del bando franquista. Ms aun despus de las repercusiones negativas del asesinato de Garca Lorca en Granada se aconsejaba minimizar y silenciar (como hizo la prensa local) la disidencia unamuniana en el acto del 12 de octubre. Trataron de reducir y dar poco eco a lo ocurrido en el paraninfo, pero, eso s, condenando al filsofo vasco al silencio, lo que para l era una suerte de muerte civil. En esos tiempos finales, escribi El resentimiento trgico de la vida y su actitud poltica sigui siendo contradictoria aunque no se priv de escribir en su correspondencia: Qu cndido y ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco (13 de diciembre de 1936). El broche final de esta triste historia es que los falangistas llevaron a hombros el fretro del filsofo sometindolo al macabro ritual de la apologa de la muerte y su delectacin, con imgenes parecidas a las de la Legin llevando a hombros al crucificado. As, los que fueron calificados por Unamuno de falangistera y jaura hidrofbica se encargaron de esa labor postrera. As acab una de las pginas ms lbregas de nuestra historia. Repugna el uso torticero que los neofranquistas hacen en el presente de la errtica trayectoria poltica del pensador tratando de descalificar el significado de la II Repblica al tiempo que ensalzan la dictadura que empez en Espaa con motivo del acto de insurreccin militar del 18 de julio de 1936.


Nota:

(1) Mistagogo: Sacerdote que en la antigua Grecia instrua en los misterios de su religin y celebraba los ritos de iniciacin.

Nota: En la citada mesa debate participaron, adems de Raimundo Cuesta, doctor con premio extraordinario en Historia; Severiano Delgado Cruz (bibliotecario e investigador); Isabel Muoz Snchez, presidenta de honor de la Asociacin de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio; Luis Castro Berrojo (historiador). El acto fue presentado y moderado por Luis Gutirrez Barrio, secretario de la Asociacin de Amigos de Unamuno.

Blog del autor: http://m.nilo-homerico.es/reciente-publicacion/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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