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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2019

El discurso de la identidad y la reaccin

Hctor Xaubet
Mientras tanto


I

El 12 de agosto de 1999 se produjo un curioso acto de protesta y reaccin contra la globalizacin, que afectaba negativamente a los campesinos franceses: Jos Bov, dentro del movimiento campesino, fue a intentar destruir con su tractor (y seguramente con algunos compaeros) el McDonald's que se estaba construyendo en su pueblo francs. Se trata de un acto de protesta externalizado contra los que encarnan esa globalizacin desregularizadora; se trata de un acto de lucha poltica y rebelda. Ese espritu de lucha tambin lo podramos encontrar hoy en da, pero con una orientacin muy clara: la rebelda contra la globalizacin, en tanto que llamada a la recuperacin de la soberana, es fructferamente cultivada por la derecha populista y nacionalista [1]. Pero encontrar ese espritu, en cualquier caso, no es lo comn. Bien al contrario, la reaccin frente a los desajustes estructurales de la globalizacin se expresa en un recogimiento interior, en un robustecimiento del yo ante un contexto negativo. Se propugnan las ideas ms variopintas sobre paz interior (como el mindfulness), se extiende el individualismo atomizado, aparecen estilos de vida con pretensin de ser ticamente ms justos y, tambin, aumenta la adscripcin a los valores supuestamente progresistas que individualmente cualquiera encarna.

Se produjo en un momento dado un cambio en la izquierda perfectamente acorde con esto. Quizs consecuencia de estos cambios simblico-culturales, o quizs fue causa de ellos. O, quizs an, como entramado complejo en la dialctica social, tal cambio funcion a la vez como causa y consecuencia a partes iguales. Sea como fuere, el paradigma de izquierdas cambi: la izquierda poltica pas de intentar cambiar el contexto a intentar cambiarse a s misma. Ante situaciones como la que afectaban al campesino Jos Bov, que seal claramente quienes son los amos del mundo, actualmente uno optara por comprar productos ecolgicos y se hara vegano. Incluso podra ir perfectamente al McDonalds a comprarse una ensalada. Todo esto, adornado por el discurso del progresismo. Como se ve, una actitud muy distinta. La diferencia radica en el hecho que el punto de partida para ―tericamente― cambiar las cosas es el individuo.

II

Desde ya hace dcadas se ha producido un gran cambio cultural y poltico en las sociedades avanzadas. Se trata de un profundo proceso de individualizacin, que implica subjetivacin, es decir, la preeminencia del sujeto, su configuracin como punto de partida para entender la poltica y realizar las acciones polticas. Esto es, no se pone atencin en el contexto, las relaciones de poder ni las condiciones materiales, sino en la mera subjetividad, es decir, la vivencia de uno ante y dentro de ese contexto como algo ya dado. Desde este punto de vista, como las subjetividades son incomparables, todo resulta legitimado y positivizado. Como consecuencia de esto, emerge de forma paralela un proceso de moralizacin: al no fijarnos en el contexto para cambiarlo, no tenemos pues un contenido o condiciones materiales cambiables. La materia primera, podramos decir, de nuestra intencin de cambio poltico soy yo mismo, lo que me gusta, lo que quiero y los valores que tengo.

Politizar los elementos individuales significa utilizarlos como contenido de la poltica, a falta de cosas ms slidas y de un anlisis material. Y utilizarlos como contenido significa objetivarlos en su forma, pues no se discuten porque son subjetividades. Y objetivarlos en su forma significa apreciarlos tal y como se presentan, como si fueran verdaderos, como si su expresin (su forma) fuera ciertamente su esencia. El discurso que inici la nueva izquierda penetra gracias a estas condiciones de individualizacin, de politizar todo: lo poltico se generaliza para convertirse en la poltica: la identidad y las situaciones de poder sobre el sujeto que uno mismo vive pasan a ser las condiciones mismas del ejercicio de la poltica, con lo cual se parte de una visin particularista y esencializada en la que, como las subjetividades tienen valor moral y no son comparables, cada uno se ver como modelo y con la razn (compartida con los otros con este mismo perspectivismo particularista). As, pues, desde este punto de vista, las subjetividades se vuelven irrebatibles. Es as como, siguiendo con el ejemplo, el gnero se vuelve una categora sin contenido definido ms all del que la subjetividad en s entienda, con lo cual se subvierte lo que el gnero iba siendo desde siempre, que, incluso siendo un producto histrico-cultural, no deja de ser una categora distinta del sexo que se aplica para entender la realidad, ms que un manto (una forma, una esttica) que un individuo se pone sobre s a su gusto y que condiciona su forma de entender al mundo [2].

En un escenario poltico en el que lo que se esgrime son las subjetividades y se olvida el contexto, el paso a la identidad, con sus respectivas externalizacin y expresividad, como elemento inherente de la poltica y englobador de los agentes (sujetos) es consecutivo y lgico. As es tambin como corre en paralelo el auge del discurso efectista en poltica, porque es lo que llega a la gente (efecto emocional), es lo que acaba de dar forma a la esttica (efecto declarativo) y es la identificacin simblica (por tanto, tambin moral) con una causa [3]. El activismo desde este punto de vista significa incorporar o adentrarse ms o menos intensamente en esa esttica envuelta en grandes discursos sin muchos efectos reales [4]. Veamos otro ejemplo: desde el ecologismo se insiste en el hecho que uno tiene que cambiar sus pautas de consumo para cambiar el mundo. O sea, uno mismo es agente y contenido de la poltica y debe seguir la correcta pauta moral para cambiar el mundo [5].

Es importante pararse a pensar qu lgica aparece en la creacin de subjetividades, que se construyen por referencia y/o oposicin a otras, es decir, segn la lgica de la diferencia. Se conforman, ciertamente, colectivos de identidad. Lo poltico se generaliza al grupo, de tal forma que, igual que ocurre con las subjetividades, el mundo se constituye como diverso y plural, con mltiples grupos e identidades. Estas diferencias se reivindican a s mismas y se mantienen as estables y homogneas, de tal forma que, por adscripcin, identifican los individuos que forman parte de tales grupos. En la lgica poltica, pues, la diferencia se vive y se institucionaliza y al ser contenido mismo de la poltica, como hemos visto, son punto de partida del discurso y de accin poltica a la vez que objeto de tal discurso y tales polticas.

De esto se deducen unos problemas y contradicciones, que son lo que, a nuestro parecer, caracteriza realmente la poltica de la identidad. Vemoslos en detalle.

a) La poltica por definicin es la discusin y la toma de decisiones pblicas sobre asuntos generales y de inters comn. Si algo tan especfico y que es vivido privadamente como la sexualidad, por ejemplo, se politiza, significa, pues, que entra en esta definicin, se convierte en pblico. Pero esto en verdad no tiene una dimensin de inters comn, ms all de los derechos elementales de cualquier ciudadano y ser humano que son por s mismos vlidos y tienen valor independientemente del gnero sentido o de la sexualidad privadamente practicada por cada uno de todos los individuos concretos que viven en este mundo. En la medida que se han politizado, son objeto evidentemente de discusin pblica, con lo cual cualquiera puede hablar al respecto. Y aqu hay la contradiccin: los activistas que defienden que todo es un asunto de poltica y de poder no pueden pretender tomarse las discusiones que pblicamente se generan sobre temas que ellos han politizado como algo personal (sera contradictorio con su base terica) ni mucho menos pretender hacer callar a aquellos que dan una visin divergente.

b) La lgica autorreferencial e incluso autocomplaciente lleva a un concepto de sociedad neotribal: con cada grupo con sus cdigos y su espacio de expresin por oposicin a los dems. Es, pues, una sociedad conformada por grupos identitarios excluyentes, en doble sentido: no se va a incluir dentro de la diferencia a quien no es diferente (pero igual a los dems dentro del grupo), lgico. Y excluyente tambin porque tiene un espacio de expresin privativo que no acepta interferencias, de tal forma que, de ser experimentadas por los individuos, se interpretaran como ofensas [6] o impurezas. Es ms, la forma de poltica que conocen los individuos recae sobre s mismos, sobre su presentacin en sociedad: vestimenta, cdigos, valores morales profesados, alimentacin, lo que sea. Esto nos remite todava al esencialismo, porque a un grupo se le atribuyen sus caractersticas identitarias propias, como algo homogneo e inamovible [7]. Con esto, los grupos e identidades, segn sus estereotipos, se refuerzan, en vez de desaparecer como se supone que conscientemente es profesado desde el activismo [8].

c) La diversidad, positivizada y ensalzada como valor primordial segn la ideologa liberal imperante, para la cual la igualdad y en su defecto la homogeneidad son algo indeseable, se entroniza como mximo valor como un manto que cubre o se confunde con la diferencia. De hecho, su efecto moralizante tapa las diferencias reales existentes, sobre las cuales no puede actuar porque, como hemos dicho, el contenido de su poltica no deja de ser exteriorizacin de la identidad. As, la celebracin de la diferencia puede no ser nada ms que efectivamente solo meramente eso, en su sentido performativo.

III

Haber politizado lo personal supone convertir las aspiraciones y deseos en motor poltico, supone una exigencia de autonoma personal para conseguirlos, lo cual casa perfectamente con el ideal de libertad individual: ms libertad, y por tanto ms respeto hacia esa diferencia y ms diversidad, cuanta ms autonoma. En poltica esto se traslada en la palabra en boca de todos los activistas hoy en da: empoderamiento.

Pero el empoderamiento es solo un instrumento, es decir, no tiene por s mismo un objetivo, y se puede realizar de muchas formas. La lgica y las leyes imperantes del orden capitalista se imponen. Y as es como se ha desarrollado y se desarrolla un extenso mercado de consumo perfectamente adaptado a las aspiraciones de los individuos, legitimado por el ideal de diversidad y el imperativo de libertad individual, mercado que abre posibilidades infinitas de identificacin y da la apariencia de igualdad (en sentido literal: la esttica iguala). Los deseos propios y las opiniones, las identidades y estilos de vida propios, se autonomizan y, por lo tanto, como se proyectan en la esfera pblica, exigen el reconocimiento de la igualdad civil e imponen el yo en la esfera relacional. As, este proceso de individualizacin que se configura por medio del empoderamiento permite una ligazn entre la dimensin poltica y la cultural.

Nos encontramos ante una situacin en la que uno se transforma en consumidor, operador o accionador de su propia vida. De nuevo, se ha realizado el ideal liberal: una sociedad de individuos libres atomizados que se relacionan como productos (estereotipados) entre ellos y que fragmenta otras identidades colectivas, y tienen como base para su identidad los grupos que libremente consideran ser los suyos: de la ordenacin espontnea de los elementos de la sociedad dejados a su libre albedro sale el orden, en este caso en forma de grupos constitutivos y englobadores por adscripcin. As, la comunidad no es ms que el agregado de los hechos diferenciales, parafraseando la sentencia liberal segn la cual la sociedad no es ms que el agregado de individuos [9].

Aqu surge un importante y grave problema. No se puede aspirar a ser sujeto autnomo ni ciudadano de pleno derecho si se sigue arraigado en la diferencia necesariamente estereotipada, con lo cual ni se diluye ni permite ver a los individuos como seres singulares, sino como seres (estereotipados) idnticos. Dicho de otra forma, el empoderamiento como va de individualizacin funcional suplanta lo que toda la vida ha sido el principio de cambio social de la izquierda: la emancipacin.

IV

Finalmente, entendemos que, al contrario de lo que algunos autores podran pensar [10], el lado positivo de la poltica de la diferencia no se da de hecho. En cambio, observamos que la lgica de la identidad es autorreferencial, y as es como creemos que es por todos constatable el recurso al victimismo y al agravio para silenciar posturas disidentes; es tambin particularista, lo cual lleva a la fragmentacin con tintes incluso comunitaristas de las luchas sociales en grupos autodefinidos autnomos e incluso constitutivos de la misma naturaleza poltico-social [11]; y, finalmente, la lgica de la identidad armoniza completamente con el proceso de individualizacin (neo)liberal. Por tanto, no se puede inferir de ella un carcter emancipador. Al contrario, podemos afirmar que, al desactivar las luchas polticas profundas porque la poltica, en todo este contexto de individualizacin, se privatiza, en el sentido que se retrotrae a la esfera privada personal y aleja la accin pblica del ejemplo que Jos Bov nos dio, acaba, en definitiva, siendo funcional al orden establecido al evitar, como es propio de la alienacin, tomar consciencia de la situacin social propia y cobra un carcter reaccionario.


Notas

[1] No es el caso del mismo Jos Bov, que actualmente est en el Parlamento Europeo como representante de Los Verdes.

[2] A alguien le han dicho alguna vez t no puedes opinar sobre este tema porque no eres mujer? Pues esto es la encarnacin del esencialismo que, aunque parezca exagerado decirlo, pone en duda el raciocinio de cualquier ser humano: un hombre no es capaz de pensar, reflexionar y criticar un asunto porque, por motivos esenciales externos a l, no tiene la capacidad.

[3] A todo este proceso de expresin de la poltica lo podramos llamar estetizacin poltica.

[4] Adems, la moralizacin lleva a un absolutismo, lo cual facilita la aparicin de la lgica del todo o nada.

[5] No pretendemos con lo que estamos diciendo desbaratar completamente el subjetivismo, pero nos interesa enfatizar todas las implicaciones que tiene y el nuevo paradigma que implica. Para este ltimo ejemplo, es conocida la crtica que personas como el pensador Slavoj Zizek hacen a estas actitudes moralizantes, al afirmar que solo sirven para tener la consciencia limpia ante los hechos reales que en verdad tienen consecuencias negativas.

[6] En EUA se ha desarrollado el trmino grievance politics ('poltica del agravio') para designar este fenmeno.

[7] Tambin en EUA se ha desarrollado un trmino, que es arma de los defensores de la identidad, que ejemplifica claramente este esencialismo: apropiacin cultural. Esto es, el hecho que un individuo que no pertenece a un grupo (vemos, pues, que a priori se le est clasificando) porque no tiene la esencia de aquel grupo (algo, pues, adscrito) utiliza, consume o expresa algunas de las caractersticas que se suponen propias de la identidad como un todo del grupo en cuestin, y esto evidentemente se ve como un agravio y como si fuera disonante. Por ejemplo, un blanco vestido al estilo de rapero negro tpico se estara apropiando, segn esto, de la cultura negra.

[8] A pesar del argumento no poco extendido que las etiquetas solo son un instrumento transitorio para poder conseguir la igualdad, vemos como paradigmticamente y paradjicamente la etiqueta LGTB, que era inicialmente la conocida, se ha extendido y es hoy LGTBI+ (el smbolo de ms ya no da una idea que es potencialmente infinito).

[9] Este sketch de un programa de humor australiano, que casualmente el autor de este artculo vio y, pues, lo puede citar como ejemplo, muestra muy bien esta realidad social de grupos identitarios con una hipersensibilizacin victimista ante aparentes referencias a la subjetividad de cada uno: https://www.youtube.com/watch?v=TwOGMNrFBiM . Esta problemtica est, a nuestro parecer, ms extendida de lo que de entrada nos podra parecer.

[10] Nos podemos referir, por ejemplo, al libro El reverso de la diferencia. Identidad y poltica, Nueva Sociedad, 2000, editado por Benjamin Arditi. Algunos de los autores que participan, entre ellos el mismo editor, indican ciertamente el lado negativo (reverso), sobre todo el ensimismamiento, pero creen que se puede reorientar para estimular su efecto igualitario e incluso universalizante, pues creen que, al defender los derechos, la poltica de la identidad tiene tambin esta orientacin. Como se observa, el autor de estas lnias es ms crtico al respecto y piensa que Arditi no es capaz de ver las contradicciones inherentes con la lgica liberal, que fragmenta en vez de universalizar.

[11] No es difcil imaginar un futuro en el que los grupos autodefinidos exigieran tener una cuota de representacin parlamentaria, solo en virtud de su identidad y de la diversidad. Se trata de una lgica antidemocrtica, pues se incorporaran en la representacin igualitaria e universal elementos estamentales: la configuracin de grupos segn determinaciones intrnsecas de origen que nada tienen que ver con la racionalidad poltica.


Fuente original: http://www.mientrastanto.org/boletin-182/notas/el-discurso-de-la-identidad-y-la-reaccion

 



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