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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2019

La poltica malsana

Jaime Richart
Rebelin


Por mi carcter ocupo ese puesto en el teatro de la vida, desde donde se observa a las personas, a los polticos y los acontecimientos. Todo lo que he escrito lo ha sido para satisfaccin propia. Por ello, aunque aprecio mucho a quien lo aprecia, me es indiferente el nmero de quienes lo aprecian. Es ms, a veces, segn la materia de que se trate, valoro ms lo que escribo de manera inversamente proporcional al nmero: cuanto menos lo aplauden, ms sensacin tengo de haberme acercado ms a la verdad, o por lo menos a lo ms correcto...

En cualquier caso, hablando de polticos espaoles, los polticos, todos, a diferencia del trabajador comn, viven ms del hablar que del hacer. El trabajo del trabajador comn no es necesariamente fsico ni penoso, pero s material y se puede medir de varias maneras. Pero en todo caso (aunque no es esto lo que se computa precisamente en el mundo del trabajo), por el esmero en desempearlo o por las horas del esfuerzo dirigido a un fin concreto. El poltico (y naturalmente me refiero a los que llevan la voz cantante, no a los que estn ah de relleno), por el contrario, consume la mayor parte de su tarea hablando. Pero slo una pequesima parte de su tiempo la emplea en deliberar y en realizar la accin poltica propiamente dicha que se traduce en medidas; unas veces en forma de propuesta y otras llevadas a la norma: leyes, decretos, circulares u ordenanzas municipales. Y slo una parte ms pequea todava de polticos habla con elocuencia. Se puede decir que en Espaa, ya, ni hay oradores ni hay estadistas...

Buena parte de ese trabajo del poltico espaol que consiste en hablar, lo realiza en sus intervenciones no slo en el parlamento de la nacin o en los parlamentos locales, sino en sus apariciones en los medios de comunicacin para explicar o contarnos las intenciones del partido. La educacin cvica consiste en esto, en presenciar las peroratas de los polticos o saber de ellas a travs del periodismo.

Pues bien, si el nivel de perspicacia del ciudadano y de la ciudadana espaoles subiera un peldao, ambos tomaran la determinacin de prestar slo atencin a los titulares de los medios de comunicacin, ignorando los detalles del camino seguido por un avatar. Y no slo eso, juzgara exclusivamente a polticos y gobernantes no por lo que dicen y por lo que dicen que van a hacer, sino por lo que han hecho. Eso es lo nico que tiene valor. Lo dems, lo que han dicho, lo que dicen, lo que han prometido y prometen no hace ms que exasperar a los prudentes. Pues en Espaa, casi es regla la costumbre de decir y desdecirse del poltico; de decir lo que se propone hacer, para luego olvidarlo y en cualquier caso incumplirlo. Y, en ltimo trmino, la costumbre de culpar de su fiasco al adversario.

Si la ciudadana apenas escuchase a los polticos, si cerrase los odos a sus monsergas, y esperase a conocer sus decisiones, no s si los polticos lo haran mejor o peor, y tampoco s si todos seramos ms felices. Pero de lo que estoy seguro es que no sufriramos continuos desengaos y no nos intoxicaran, a menudo hasta envenenarnos...


Jaime Richart, antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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