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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2019

De honras y barcos

Llus Rabell
Blog personal


El tiempo se acaba. El fracaso del encuentro de hoy entre las delegaciones del PSOE y de UP parece abocarnos a una repeticin electoral. Los gurs de las encuestas que nunca se hacen responsables de sus pronsticos fallidos pueden especular cuanto quieran acerca de los resultados de una nueva cita con las urnas. Pero la acumulacin de factores que impactarn sobre la opinin pblica en las prximas semanas, desde la sentencia sobre el 1-O hasta un posible brexit sin acuerdo, pasando por los indicios de recesin en la economa mundial, hacen aventurado cualquier pronstico. Sobre todo si tenemos en cuenta la decepcin del electorado de izquierdas ante la incapacidad de entendimiento de sus partidos. Ir a elecciones es jugarse el escenario poltico a la ruleta.

Ha llegado la hora de la responsabilidad. Y, quienes nos reconocemos en la tradicin de la izquierda alternativa, debemos pedrsela de modo muy especial a nuestros propios dirigentes. No es el momento de repartir culpas, sino de hacer frente a la situacin. A estas alturas, es evidente que el PSOE ve ms arriesgado un gobierno de coalicin que unos comicios. Como era de prever, la cuestin catalana en particular, las ambigedades exhibidas por los comunes generan un recelo insalvable en la Moncloa. Puede parecernos injusto. Tenemos derecho a sentirnos agraviados. Podemos sospechar incluso que haya otros motivos tras la cerrazn a que ha llegado el equipo negociador socialista. Pero el dato est ah. Y UP no tiene tiempo, ni posibilidad de modificar ahora esa percepcin. Puede, eso s, mantener el pulso y decidir el fracaso de la investidura.

Sera un grave error hacerlo. Hay que renunciar al gobierno de coalicin. Si entendemos que una repeticin electoral pone en riesgo que haya un gobierno progresista un gobierno capaz, cuando menos, de restituir derechos, atenuar desigualdades sociales y encarar los retos de la transicin ecolgica-, la izquierda alternativa debe evitarla. An al precio de tragarse el orgullo y algn sapo. Eso de que ms vale honra sin barcos que barcos sin honra puede valer como lema para el ocaso de un imperio, pero no tiene nada que ver con el espritu del movimiento obrero: los susodichos navos llevan a bordo una sufrida marinera. Y, ante todo, nos debemos a ella.

El Manifiesto Comunista de Marx y Engels sealaba algunos rasgos de la izquierda que, ms all del lenguaje de la poca, siguen siendo vigentes y convendra recordar: Los comunistas no forman un partido aparte de los dems partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado () Cualquiera que sea la etapa histrica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesa, mantienen siempre el inters del movimiento enfocado en su conjunto. Unidas Podemos representa a 37 millones de hombres y mujeres que le han dado su voto. Pero su poltica debe responder al inters general del conjunto de la clase trabajadora que hoy pasa por evitar su desnimo y por cerrar el paso a una recuperacin de las derechas, facilitando el gobierno ms a la izquierda posible. De poco vale aferrarse a la idea de una coalicin, hoy manifiestamente inviable, si ello supone que no va a haber ningn gobierno progresista antes del 23-S.

Estos das han circulado algunos artculos denunciando la perfidia de la socialdemocracia que se remontara al asesinato de Rosa Luxemburg y explicara la obsesin del PSOE por destruir a Podemos. (Arrojar el cadver de Pablo Iglesias a las fras aguas del Speer). No es lugar para desarrollar la crtica que la tradicin marxista revolucionaria ha hecho de la socialdemocracia, crtica materialista de una formacin histrica del movimiento obrero. Digamos simplemente, para quienes gustan de las simplificaciones y las evocaciones sesgadas del pasado, que la revolucin alemana de 1918, efectivamente sofocada por el gobierno de Ebert, Scheidemann y Noske en connivencia con la burguesa y el militarismo, no fue un levantamiento espartaquista una corriente an incipiente-, sino un movimiento de trabajadores mayoritariamente socialdemcratas, deseosos de instaurar una repblica democrtica avanzada. Y no est de ms recordar tambin que, poco despus y a pesar de todo ello, cuando refluan en toda Europa los movimientos revolucionarios de la posguerra, Lenin y Trotsky defendieron vehementemente la unidad de accin de los jvenes partidos comunistas con esa misma socialdemocracia, frente a una nueva ofensiva del capitalismo. Porque, a pesar de las terribles experiencias que acababa de vivir la clase trabajadora, una franja decisiva de la misma segua alineada con sus lderes reformistas. La necesidad de organizar una accin defensiva conjunta del movimiento obrero pasaba por delante de los legtimos y fundados reproches que caba hacer a esas direcciones. El drama de Alemania consisti precisamente en que, frente al ascenso del nacional-socialismo, el poderoso Partido Comunista, con la Internacional ya en manos de Stalin, consider que el SPD era un partido social-fascista con el que era imposible aliarse. Las consecuencias de esa lnea sectaria son bien conocidas: Hitler empez por unificar a toda su oposicin en los campos de concentracin.

Es normal que un espacio tan joven y an tan poco templado por la experiencia como Unidas Podemos resuenen con fuerza las voces que invocan la voluntad de no dejarse doblegar por el PSOE. Se oyen argumentos que recuerdan los de aquellos izquierdistas que, segn Lenin, acusaban una enfermedad infantil. Pero hay que reaccionar. Hay mucho en juego. Que los cuadros ms experimentados hablen y asuman sus responsabilidades dentro de las confluencias. No se ha venido aqu a gozar de una jubilacin, ni a evitar debates incmodos. Hay que acabar con este desafo en el que es nuestra gente quien tiene todas las de perder. Es necesario obligar a retomar las conversaciones con el PSOE, tratando de afinar tanto como sea posible un acuerdo programtico hemos perdido un tiempo precioso-, ajustando la hoja de ruta de un gobierno progresista y sus mecanismos de control Pero abandonando la obsesiva pretensin de acceder al consejo de ministros; una pretensin que puede dar al traste con todo. La cuestin no es saber cmo seramos juzgados unos y otros en trminos electorales, si fracasara definitivamente la investidura; no se trata de saber si ganaramos o perderamos apoyos. El verdadero dilema es otro: una direccin poltica que, en la actual encrucijada, no supiera estar a la altura, poniendo por delante el inters del movimiento enfocado en su conjunto, sera una direccin fallida, incapaz de levantar un verdadero partido transformador.

Fuente: https://lluisrabell.com/2019/09/10/de-honras-y-barcos/



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