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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2019

Modales, revolucionarios y burgueses

Samuel Farber
Jacobin


En su anlisis sobre la cooperacin en el Volumen 1 de El Capital, Marx hace la siguiente distincin analtica: Del mismo modo que la fuerza productiva social del trabajo que se desarrolla mediante la cooperacin parece ser la fuerza productiva del capital, la cooperacin en s, en contraste con el proceso de produccin llevado a cabo por los trabajadores independientes aislados, o incluso los pequeos empresarios, parece ser una forma especfica del proceso de produccin capitalista.

La misma distincin se aplica en el caso de los modales: los modales implican reglas de comportamiento cuyo contenido est determinado por la naturaleza de clase y la cultura de las sociedades especficas pero, al igual que la cooperacin, tambin desempean una funcin indispensable en la sociedad contempornea.

Esto fue claramente entendido por nadie menos que Len Trotsky, quien describi acertadamente los modales como un lubricante necesario en las relaciones diarias en una sociedad humana y civil. Escribi largo y tendido sobre el tema en las pginas de Pravda, el principal y ampliamente ledo diario del Partido Comunista. El argumento de que los modales eran una parte esencial de un proyecto ilustrado ms amplio con que l, junto con dirigentes soviticos como Vladimir Lenin, Krupskaia (la esposa de Lenin ), y Anatoly Lunacharsky (Comisario del Pueblo para la Educacin), se haba comprometido para transformar la cultura de la Rusia prerrevolucionaria, enraizada en la servidumbre campesina y los privilegios aristocrticos, en una direccin racional y humanista.

Para la izquierda de EE.UU. de hoy, los modales deben ser vistos como un elemento de una visin ms amplia de la interaccin social humana, as como una consideracin inmediata en la organizacin poltica. Debido a que los modales son el aceite lubricante de las relaciones dentro de las organizaciones y que desempean un papel importante en el funcionamiento democrtico de la izquierda, fomentan el respeto mutuo y la consideracin que los miembros se deben mutuamente, y que los lderes deben a los militantes de base.

Los modales burgueses

Los modales burgueses, como se ilustra en los libros de etiqueta americanos, consisten en una combinacin peculiar. Impregnados de un espritu elitista y de clase, incluyen reglas carentes de contenido sustantivo que son, no obstante, importantes marcadores de distincin y reglas sociales con un contenido humanista y cuya funcin es lubricar la interaccin social.

En su edicin de 1934 Etiqueta: El Libro Azul de los usos sociales, Emily Post, la decana de la etiqueta americana, presenta sus reglas como diseadas para la mejor sociedad, que segn ella no se refiere a la confraternidad de los ricos, sino a los que no son ricos, sino gentes con buenas formas en el habla, encanto, modales y consideracin instintiva de los sentimiento de los dems. Sin embargo, su manual dedica un espacio considerable a la etiqueta prescrita para las personas en posiciones sociales altas - presidentes, reyes , cardenales - y refuerza la nocin de que la gente debe conocer su lugar en la jerarqua social, por ejemplo, desaconsejando la presentacin de una persona de posicin [alta] a alguien que no le interesa conocer.

El mismo nfasis impregna La etiqueta de Emily Post, una versin revisada de 1995 editada por Elizabeth L. Post, la nieta de Emily Post. Las personas de posicin social ms baja deben esperar a ser presentadas a una persona en una posicin ms alta y no al revs, y no pueden dirigirse a las personas de mayor rango por su nombre, al menos de que est expresamente permitido. Del mismo modo, los buenos modales exigen que los huspedes invitados a una cena estn sentados en funcin de su posicin social; que los restaurantes o los clientes se dirigen a las camareras como miss (seora), pero no a los camareros como sir (seor) -al parecer, sir connota una posicin ms alta en la jerarqua social que miss y por lo tanto es inapropiado para los camareros).

Los mismos manuales establecen otras reglas que no son explcitamente jerrquicas pero que tambin carecen completamente de sentido, como las que orientan a los lectores a nunca dar la hora como 'las nueve y treinta' sino como 'las nueve y media' o, mejor an, como la media despus de las nueve; o que los invitados en una cena formal esperen a que la anfitriona se ponga la servilleta en su regazo primero; o tambin responder la correspondencia a una pareja casada con diferentes nombres en la misma lnea, y en lneas separadas si la pareja no est casada.

La falta de propsito es pura apariencia, sin embargo, porque la adquisicin y uso de este conocimiento arcano cumple una funcin jerrquica de clase: diferencia al superior de la gente comn. Estas reglas son especialmente pertinentes para la bsqueda de estatus, para las personas con movilidad ascendente, sobre todo en la clase media alta, que utilizan este conocimiento como palanca para impulsar su posicin social en la sociedad. Tambin juegan un papel importante para los miembros de la clase alta, sobre todo el viejo rico, que puede construir un muro de comportamiento, protegindolos de las incursiones de los nuevos ricos y de clase media alta.

Curiosamente, sin embargo, estos manuales tambin contienen reglas neutrales que, aunque no particularmente igualitarias, funcionan como lubricante necesario en las relaciones diarias, como apunta Trotsky, entre las personas en una sociedad urbana contempornea caracterizada por relaciones interpersonales impersonales y anmicas (en contraste con las sociedades tradicionales, donde esas relaciones son ms propensas a ser familiares entre personas de rango social equivalente). La joven Post informa que es de mala educacin avergonzar intencionalmente a otra persona; la maledicencia, imponerse, o hacer preguntas personales; pararse a mirar y sealar con el dedo a alguien; o hablar slo de uno mismo, mientras se est en compaa de otros. Post cree que es de buena educacin ser consciente de la seguridad de los dems y que, por lo tanto, es importante no dar informacin sobre otros a llamadas telefnicas de desconocidos.

Sin duda, todas estas reglas comparten un elemento de rigidez en cuanto no tienen en cuenta las diferencias circunstanciales a las que se aplican. A veces, esta rigidez es llevada al extremo: Amy Vanderbilt, otra autoridad bien conocida en la etiqueta, considera a los nios brbaros cuando llaman a los padres por sus nombres en vez de llamarlos pap o mam. El motivo por el que los nios llaman a sus padres por sus nombres puede diferir radicalmente y, por lo tanto, no puede ser condenado, como lo hace Vanderbilt, como una cuestin de principio general.

En ciertos puntos, la joven Post afirma que algunas reglas son tan viejas como el tiempo y que durarn para siempre. Pero su libro pone en evidencia un grado de flexibilidad que muestra cmo las costumbres se ven inevitablemente afectadas por la historia y el cambio social y cmo las clases altas, cuyos puntos de vista son reflejados por los autores de los manuales, han tratado de adaptarse a estos cambios, preservando la jerarqua social establecida.

Suavizando un poco el elitismo y conservadurismo social de la abuela Post, la joven Post ampla su anlisis a las costumbres tnicas y las relaciones raciales, criticando de manera progresista conductas ofensivas cuando hay insultos tnicos o racistas, y aconseja una respuesta crtica a los insultos, incluyendo alejarse del ofensor. Aceptando la realidad de las parejas heterosexuales no casadas que viven juntas, seala que cuando uno o una presenta a su pareja, por lo general es innecesario ir ms all de mencionar su nombre, y basta acompaarlo diciendo que es con el hombre (o la mujer) con la que vivo. Las personas LGBT no se mencionan en el manual, una indicacin de su falta de aceptacin entre la alta sociedad en ese momento. Sin embargo, posiblemente influenciado por los efectos devastadores de la epidemia del SIDA, la misma versin asiente como perfectamente formal la peticin de la mujer de que su pareja masculina se ponga un condn y la iniciativa masculina de ponerse uno.

La Ilustracin cultural revolucionaria de Trotsky

Len Trotsky es bien conocido como el principal organizador del Ejrcito Rojo, terico e historiador de la Revolucin Rusa, el principal oponente al rgimen totalitario de Stalin, y crtico literario brillante. Mucho menos conocido es su papel como defensor tenaz de una ilustracin cultural. El objetivo de Trotsky era una sociedad sovitica rusa no slo socialista e igualitaria, pero tambin moderna, que para l significaba, entre otras cosas, la alfabetizacin, la apertura a una visin del mundo racional, cientfica (por ejemplo, la medicina moderna), e igualitaria entre gneros. Sus discursos y escritos de la dcada de 1920, reunidos en Problemas de la vida cotidiana, lo muestran abordando estas cuestiones con detenimiento.

Trotsky escriba en el momento de la Nueva Poltica Econmica (NPE), que desde la primavera de 1921 haba liberalizado la economa, permitiendo la inversin extranjera, el comercio privado, y la produccin campesina. El apoyo de Trotsky a la NPE, que ya haba anticipado con sus propuestas anteriores que el partido rechazara en 1920, represent una inversin parcial de sus anteriores polticas de la Guerra Civil, durante las cuales haba sido uno de los principales defensores de la centralizacin, la militarizacin, y una dictadura industrial virtual. Fue durante la NPE que Trotsky se preocupara por la creciente burocratizacin de la revolucin (aunque todava apoyaba la dictadura de un solo partido). A su juicio, no slo era importante abordar este problema, sino tambin el terreno en el que se asentaban, es decir la pobreza y los males sociales del pasado zarista: el analfabetismo, el alcoholismo y el soborno sistmico. Fundamental para este proyecto era abordar las relaciones interpersonales, en particular los modales.

Lejos de defender la nocin romntica de que los oprimidos, como buenos salvajes, no eran parte de (o podran superar automticamente despus de la revolucin) la cultura de brutalidad diaria heredada de los tiempos zaristas, Trotsky arremeti contra la grosera, la vulgaridad, y la crudeza que todava marcaba la sociedad sovitica. Para l, una revolucin cultural y la autotransformacin eran un requisito previo para una sociedad racional poblada por individuos civilizados. En esto se hizo eco de Karl Marx, el cual anuncio en un discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1850: Le decimos a los trabajadores: Tienen por delante quince, veinte, cincuenta aos de guerras civiles y luchas populares, no slo para cambiar la condiciones existentes, sino para cambiarse a s mismos y hacerse aptos para el poder poltico'.

La discusin multifactica de Trotsky sobre los modales se centraba en aquellos en los que vea smbolos particularmente problemticos de un pasado brutal. En su artculo La cortesa y la educacin como lubricante necesario para las relaciones cotidianas, publicado en 1923 en el famoso peridico Pravda, critic fuertemente lo que l vea como la rudeza generalizada que caracterizaba las interacciones personales y contrast las diferentes formas que adopt entre las diferentes clases y grupos sociales. La simple grosera campesina era poco atractiva, pero libre de la degradante y descorazonada formalidad con la que muchos de los burcratas aristocrticos a quienes la revolucin se vio obligada a incorporar en su primer sistema administrativo trataban a las clases inferiores. Trotsky sostuvo que a pesar de que existan medidas organizativas que podran adoptarse contra este problema - as como contra las expresiones diversas de los trmites burocrticos, en particular contra los peores funcionarios que las perpetuaban lo que ms contribua a su persistencia eran la vieja cultura de sumisin y el analfabetismo de las zonas rurales rusas.

En su artculo La lucha por la expresin cultivada, tambin publicado en Pravda en 1923, Trotsky se centra en un fenmeno generalizado: el uso de los insultos. Entre los bajos fondos de la sociedad rusa, escriba, maldecir era el resultado de la desesperacin, la amargura, y sobre todo, la imposibilidad de escape de la servidumbre; para las clases altas, eran la expresin de la dominacin de clase, el orgullo del propietario de esclavos, y la sensacin de poder inquebrantable. Exaltando la necesidad de un lenguaje digno entre compaeros, escribi favorablemente sobre los trabajadores de la fbrica de zapatos Comuna de Pars, en la que llegaron a un acuerdo en una junta general de prohibir los insultos e impusieron multas por violar la regla.

En contraste con el espritu jerrquico de Emily Post, Trotsky pensaba que los modales podan democratizar y dignificar las relaciones interpersonales, incluso en situaciones muy estratificadas. En su artculo 'T' y 'Usted' en el Ejrcito Rojo, publicado en Izvestia en 1922, critic la costumbre de mandos y oficiales del ejrcito de tratar a sus subordinados con la forma familiar ( ty, t) mientras que sus subordinados respondan con la forma formal y educada ( vy, usted). Que los subordinados en el ejrcito deban obedecer las rdenes, Trotsky argument, no significa que no puedan ser tratados personalmente como iguales. (De hecho, la prctica que Trotsky denunci ya haba sido prohibido oficialmente por la nueva Duma y el Soviet de Petrogrado despus de la Revolucin de febrero de 1917.)

Trotsky escribi tambin sobre los modales no verbales. En su artculo La atencin a las minucias, tambin publicado en Pravda en 1921, insisti en la importancia de prestar atencin a la limpieza, as como las normas contra el escupir y tirar las colillas de cigarrillos en lugares pblicos. En la misma lnea, critic a soldados del ejrcito sovitico, incluyendo a comandantes y comisarios por su falta de atencin en su apariencia y en el mantenimiento de sus botas y armas. Como respuesta a las crticas que recibi por sus regainas burocrticas, Trotsky argument que los modales eran la expresin de una falta de respeto por los dems, y que en instituciones en las que la vida en comn era la norma, era imperativo que cada miembro dedicase toda su atencin al orden y la limpieza.

La transformacin cultural ms all de modales

La preocupacin de Trotsky por una transformacin cultural revolucionaria, de amplia base, en la joven Unin Sovitica le llev a abordar tambin cuestiones ms all de los modales. Uno de ellas fue el correcto uso del lenguaje, que l crea indispensable para un pensamiento preciso. El terico de la literatura era muy crtico con la tendencia general (probablemente de las escuelas) de evitar la correccin de las faltas de ortografa de la clase trabajadora y el uso errneo o pobre del lenguaje. Argument que la clase obrera en Rusia necesitaba un lenguaje preciso y correcto ms que las dems clases porque por primera vez en la historia haba comenzado a pensar de manera independiente sobre la naturaleza, la vida, y sus fundamentos - y para pensar necesitaba como instrumento un lenguaje claro e incisivo.

La misma preocupacin por la transformacin cultural subyace tambin en sus reflexiones sobre el tiempo, la exactitud y la precisin en la vida cotidiana, como por ejemplo en Ay!, no somos lo suficientemente precisos, publicado en Izvestia en diciembre de 1921. Durante la guerra civil, relata Trotsky, se encontr con una actitud descuidada y peligrosa en relacin con la distancia y el tiempo por parte de los campesinos locales que servan como guas, y con frecuencia por parte de los comisarios y los comandantes del propio Ejrcito Rojo. Aunque su anlisis deja fuera algunas de las bases materiales de ello, tales como los diferentes ritmos de la vida rural y agrcola, Trotsky seala otros factores materiales importantes, como el clima tan inhspito y el sistema salvaje de esclavitud seorial que anim la pasividad, la paciencia y la indiferencia al tiempo. (Era la costumbre de los campesinos esperar durante horas en silencio, con paciencia, y pasivamente cuando reciba a un superior, una costumbre que tambin expresaba el desprecio de la nobleza por el tiempo del campesino). Trotsky rechaz enrgicamente esta dilacin heredado del pasado zarista, sealando que una economa moderna era impensable si no haba precisin y exactitud.

Trotsky dio prioridad a la participacin de las mujeres en su proyecto civilizador, en especial luchando contra el alcoholismo y la embriaguez. Pero fue mucho ms all, argumentando que, si bien haba sido relativamente fcil establecer la igualdad poltica de las mujeres despus de la revolucin, era mucho ms difcil establecer su igualdad econmica en la produccin, en los sindicatos, y ms an en la familia. La participacin casi exclusiva de las mujeres en las tareas domsticas, seal, reduca drsticamente la capacidad de las mujeres para participar en la vida social y poltica, y esas condiciones, insisti, tenan que cambiar radicalmente. Con el fin de lograr un cambio eficaz, argument que era crucial entender las condiciones de las mujeres, a travs de los ojos de las mujeres.

Es importante tener en cuenta que Trotsky no vea su proyecto de transformacin cultural como una empresa exclusiva del estado y del Partido Comunista. Dio la bienvenida y apoyo la creacin de una amplia variedad de asociaciones voluntarias, como la Sociedad de Amigos del Cine Rojo y la organizacin de escritores proletarios y campesinos.

Lejos de hacer un fetiche de la planificacin central, argument que el proyecto no era:

un a priori, que todo lo ve, un plan preconcebido en todos los detalles. . . sino un plan que. . .debe ser verificado y mejorado en su desarrollo, hacindose ms vital y concreto en la forma en que la iniciativa pblica influye en su evolucin y elaborando [y abriendo] un vasto campo para las actividades de las asociaciones de voluntarios y las unidades cooperativas.

El proyecto de la Ilustracin de Trotsky y el comunismo

Trotsky dej claro que el objetivo de su proyecto era emancipar al pueblo sovitico de la brutalidad cultural de la Rusia prerrevolucionaria - no crear, en un instante, la nueva sociedad comunista. Se opuso a la descripcin de la lucha contra el alcoholismo, la grosera y el soborno como parte de una tica comunista o una cultura comunista en lugar de lo que en realidad era: un intento de eliminar el legado de la barbarie pre-burguesa en Rusia. Como l mismo dijo, los comunistas no necesitan engaarse a s mismos adornando nuestro trabajo preliminar con etiquetas falsas.

Esto era consistente con la opinin de Trotsky de que era prematuro hablar de una literatura y de una cultura proletaria en Rusia, cuando el pas segua siendo terriblemente subdesarrollado.

Su enfoque difiere radicalmente de las corrientes de pensamiento voluntaristas (en contraposicin a las materialistas), que pensaban que el ejercicio de la voluntad poltica pura era suficiente para superar las condiciones econmicas adversas, sin importar su envergadura, tras la revolucin. A los ojos del Che Guevara, por ejemplo, era posible construir el socialismo y el comunismo en Cuba (y en la temprana Unin Sovitica). Slo dependa de fomentar el tipo de moral y de conciencia revolucionaria que pudiera compensar las condiciones de escasez. Este argumento, articulado en El socialismo y el hombre en Cuba, la obra terica ms completa de Guevara, explica la crtica y la oposicin a la NPE de Lenin que ms tarde articula en sus diarios sobre la base de su argumento de que en la Unin Sovitica de la dcada de 1920 no haba lmites materiales a la construccin del socialismo y el comunismo.

Para Guevara, el nuevo hombre forjado por el comunismo cubano tena que ser asctico e idealista, impregnado de los valores y las prcticas del herosmo, dedicado al bien de la sociedad, y contrario a la expresin o autorrealizacin individual. La pobreza voluntaria sera su suerte, a expensas de la libertad personal y su estrecha relacin con el bien colectivo que Marx haba explorado a fondo, sobre todo en sus primeros escritos. Tambin es relevante que, aunque el folleto de Guevara era sobre El socialismo y el hombre en Cuba, era muy abstracto, con muy poca discusin y ejemplos, a diferencia de los artculos de Trotsky, de los problemas sociales y culturales concretos implicados en la transicin postrevolucionaria cubana, especficamente en cmo las condiciones sociales y culturales de Cuba a principios de los aos sesenta pudieron haber contribuido o dificultado el desarrollo del socialismo.

Modales y la izquierda americana de hoy

En 1965, junto con un grupo de otros estudiantes blancos radicales de la Universidad de California en Berkeley, asist a un discurso de Fannie Lou Hamer, el destacado lder negro del Partido de la Libertad Democrtica de Mississippi, en una modesta iglesia negra en el lado oeste de la ciudad. Mientras que los feligreses y activistas negros se presentaron en ropa formal, la mayora de los estudiantes radicales blancos de Berkeley estaban vestidos con la misma ropa muy informal que normalmente habran usado para una manifestacin poltica al aire libre, sin tener en cuenta los usos y costumbres de sus anfitriones. Para su inmenso crdito, los feligreses negros y activistas ignoraron la desconsiderada conducta de los estudiantes radicales blancos. Pero como activistas polticos que trataban de construir puentes y expresar su solidaridad con los afroamericanos, el comportamiento de estos radicales blancos era de una gran falta de respeto.

Los malos modales de comportamiento se superponen con la discriminacin racial y de gnero que son ms sistmicas (y mucho ms dainas), en el sentido de que refuerzan, tal vez sin quererlo, un patrn existente de exclusin. La falta de reconocimiento y de agradecimiento del trabajo de los militantes de base, la falta de voluntad para escuchar y hacer frente a lo que otros miembros del grupo tienen que decir, el control de la discusin por personalidades extrovertidas y fuertes, la intimidacin de los compaeros que pueden tener una opinin diferente respecto a la materia en discusin, la insensibilidad y la falta de respeto a las preguntas y dudas expresadas por los participantes menos experimentados y con menos conocimiento, la sistmica falta de puntualidad en llevar acabo las tareas prometidas que afectan al trabajo de otros camaradas y que expresan una consciente o inconsciente falta de respeto hacia los dems todos estos son problemas que han afectado a muchos movimientos progresistas y de izquierdas.

Algunos de estos problemas son especialmente pronunciados en los grupos que evitan debates estructurados y organizados en nombre de la informalidad y la espontaneidad. Como Jo Freeman ilustra en su clsico ensayo La tirana de la falta de estructura, el rechazo de plazos formales para los ponentes conduce inevitablemente a la monopolizacin del debate por las figuras dominantes, mientras que la informalidad y la falta de estructura fomentan la manipulacin de las bases y producen una direccin que no responde y no rinde cuentas a sus miembros.

El proyecto ilustrado de Trotsky ofrece una visin alternativa de los modales y su papel central en la interaccin humana, civilizada. Su enfoque, al igual que de otros revolucionarios ilustrados, era extender al mbito de la conducta personal una visin racionalista de la cultura. Los ilustrados crean que era parte de su deber seleccionar e incorporar al crisol cultural de la revolucin los anteriores logros culturales de la humanidad. El estado revolucionario, Trotsky escribi, que representa a una nueva clase, es una especie de heredero del legado (a partir del principio jurdico romano que prev que los herederos tengan el derecho de elegir lo que quieren del legado del fallecido) en relacin con la cultura acumulada.

Y al contrario de los que asocian el enfoque ilustrado de los revolucionarios rusos con el conservadurismo cultural, estaban guiados por las ultimas ideas y conceptos de la cultura occidental ms progresista, as como de las tradiciones socialistas y marxistas. De este modo, las ideas marxistas clsicas sobre la educacin politcnica, destinadas a reducir la brecha entre el trabajo intelectual y manual, se combinaron con los conceptos clave del pedagogo norteamericano John Dewey, como la nocin de que la educacin deba estar sobre todo destinada a fomentar la creatividad individual del nio. Visualizar a los nios y jvenes como sujetos, en lugar de objetos, de la educacin, haca que esta visin ilustrada y cultural autotransformadora difiriese radicalmente de la condescendencia, y el esfuerzo filantrpico y paternalista alentado por las clases altas para mejorar la educacin y la moralidad de los pobres.

El enfoque de los ilustrados de la libre transformacin cultural tambin contrasta con las opiniones de algunos intelectuales y acadmicos de la izquierda contempornea, que rechazan como elitista los esfuerzos para fomentar la educacin de las clases trabajadoras en todos los aspectos de la cultura humana, modales incluidos. Estos puntos de vista implican que el nivel actual de conocimiento y la cultura popular existente es suficiente para las necesidades de los sin-poder, e ignoran o descartan las formas en las que la divisin jerrquica del trabajo en las sociedades de clase priva sistemticamente a la mayora de la gente de bienes culturales vitales.

De hecho, son estos argumentos los profundamente elitistas. Perpetan la fisura existente entre los educados y los menos educados, entre los que participan en el trabajo de gestin y los que participan en el trabajo manual, todo lo contrario de lo que se requiere para abolir la distincin entre la gente y la lite, por no decir nada de las herramientas intelectuales que los trabajadores necesitan para adquirir y mantener el poder.


Samuel Farber, naci y creci en Cuba, pas al que ha dedicado gran parte de su trabajo de investigacin en EEUU. Fue uno de los activistas del movimiento por la libertad de expresin en la Universidad de Berkeley, California, en los aos 60 y un reconocido activista de la izquierda socialista de EEUU. Su libro ms reciente es 'The Politics of Che Guevara: Theory and Practice' (Haymarket Books, Estados Unidos, 2016), en francs: Che Guevara. Ombres et Luminires D Un Rvolutionnaire, Editions Syllepse (Francia), M Editeur (Qubec, 2017).


https://jacobinmag.com/

Traduccin de Alonso Ribera Permiso

http://www.sinpermiso.info/



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